Situaciones

Relatos de Situaciones

lunes, 19 de abril de 2010

Silenzio Adagio

Mirando por la ventana, con un cierto aire de ausencia, observa a la gente que al salir del trabajo se dirige a casa.

Después de un buen rato observando, suspira… cierra la ventana y camina sin prisa hacia el centro de su recámara.

Hoy de nuevo no vendrá, pero eso ya lo sabía, fue avisada en tiempo y forma de cómo estaban las cosas, pero dentro de ella espera una sorpresa, una rápida visita…

Toma el teléfono celular en sus manos, por millonésima vez mira si tiene algún mensaje, alguna llamada perdida… Nada…

Siente ese dolor de la ausencia, aunque no el duelo de la partida, puesto que esa partida tiene regreso, no tan cercano como quisiera.

Lo echa de menos, oír sus palabras, sentir sus manos… Morderse los labios y obedecer… Extraña el siempre, a pesar del tiempo, cosquilleo en sus entrañas al escucharlo llegar… Y piensa, piensa mucho en cómo serán ahora las cosas…

¿Será cómo si el día anterior se hubieran visto? ¿Será como re empezar? ¿Será capaz de contener el llanto? ¿Será capaz de hablar? ¿Se tirará a Sus Pies? ¿Se quedará parada, muda, emocionada?

“Piensas demasiado” siempre se lo ha dicho, y sin embargo, a pesar del tiempo, no ha aprendido como dejar de pensar…

Suspira nuevamente, deseando que los días corran más rápido, que pronto sea ese día de Su regreso y ella vuelva a ser Feliz a Los Pies de Su Amo, pero más aún, sentir como Su Amo es feliz sintiéndola a Sus Pies.

jueves, 15 de abril de 2010

Y Así Pasó (Parte 3)

-Levántate- Le dijo con tono autoritario.

-Tú, quítale el cinturón, sin tocarla.

Fernanda se estremeció ante la sorpresa de saber que había alguien más en la habitación.

Dejó que le quitara el cinturón y cerró los ojos.

-Mámale las tetas a esta zorra, ¿Qué no ves que se te está ofreciendo?

Marcos dio unas pequeñas mamadas a los pezones de Fernanda, ante lo cual Camila propinó un par de fuetazos en sus nalgas.

-Mama como hombre, ¿Acaso no te he enseñado como hacerlo?

Entonces Marcos lamió, chupo, disfruto de esas tetas firmes, duras, sujetaba entre los dientes los pezones, hasta que su verga estuvo muy dura y Fernanda escurría por entre las piernas.

-¡Basta!- dijo Camila, a la vez que daba un fustazo en la verga Marcos que se revolvió del dolor.

-A ver puta barata- le dijo a Fernanda mientras azotaba sus senos- Sigues de caliente y ofrecida, y eso tiene un castigo, ¿ya te diste cuenta como escurres?

Tomó una mano de Marcos y la pasó por entre las piernas de Fernanda, mojándola con sus jugos, para después, restregársela por la cara.

Volvió a poner la mano Marcos en la entre pierna y ahora la restregó en la cara de él mismo.

-Huele, huele la suciedad de esta puta.

Tomó a Fernanda por los hombros y la hizo girar y doblarse, mostrando a la luz de las velas, el dildo en su culo. Lo saco de un tirón y se lo metió en la boca a Marcos.

Dejó el dildo a un lado e hizo que Marcos se hincara frente a las nalgas de Fernanda.

-Lame toda esa basura que escurre por sus piernas, que no quede nada.

El sólo olor de Fernanda, volvió loco de deseo a Marcos que mamo su sexo desenfrenadamente.

Pasaba la lengua entre los labios, desde el clítoris hasta el culo, metió la lengua en la vagina, chupó el clítoris.

Fernanda estaba casi al borde del orgasmo, cuando sintió como el látigo de colas cortas cruzaba su espalda.

Gimió entre el dolor y el placer que sentía.

-No te detengas, sigue mamando y tú, no tienes permiso para correrte todavía, ni se te vaya a ocurrir hacerlo sin pedir permiso.

Por instinto, Marcos agarró su verga y empezó a pajearse mientras seguía mamando.

Un par de latigazos en la espalda, lo hicieron soltar su verga y dedicarse solamente a mamar a la muchacha, la cual sentía que sus rodillas se doblaban ante las dos sensaciones opuestas.

-Basta- dijo Camila - ahora te toca a ti.

Hizo señas para que Fernanda se arrodillara y Marcos se pusiera de pie frente a ella, poniendo su verga a la altura de la cara.

-Quiero que se la mames, como se la mamas a Bruno, vamos a ver que tal te ha enseñado.

La sola idea de hacer quedar mal a Bruno hubiera bastado para que Fernanda hiciera bien su tarea, pero ya era tanta su excitación que eso provocó que se tragara la verga de un golpe, hasta la garganta, jugara con la lengua por la superficie de la cada vez más excitada verga de Marcos, lamió sus huevos y toda el área del pubis, dejando un rastro de saliva, la cual ya escurría por la comisura de sus labios.

Marcos respiraba entrecortadamente, disfrutando el contacto de esa boca sobre su verga, la presión que hacia con los labios, el ritmo al entrar y salir de esa cavidad.

-No te vayas a correr porque lo pagarás caro. Debes pedir permiso.

Ese tener prohibido correrse, ejercía en ambos muchachos una excitación mayor.

Ahora los latigazos surcaban la espalda de Marcos, aumentando así la adrenalina en su torrente sanguíneo.

-Alto, es suficiente.

La desesperación por el tan postergado orgasmo, se notaba en la cara de los dos...
La puerta se abrió súbitamente, justo cuando Camila empezaba a lamer las heridas de Marcos.

-¿Pensabas hacerlo sin mi?- Dijo Bruno en tono por demás enfadado.

Fernanda corrió a postrarse a los pies de su Dueño, pero éste, lejos de consolarla o saludarla al menos, se acercó a Camila.

De un empeñón arrojó a Marcos hacia un lado colocándose frente a Camila.

No debes hacerlo, tu ansiedad podría fastidiar el trabajo de años.

-Me muero de hambre, ¿Es que no te das cuenta?- La voz de Camila sonaba casi desquicida.

Bruno giró sobre sus talones y en dos zancadas estaba al lado de Fernanda.

-¿Acaso te mordió? ¡Contesta!

Fernanda temblaba, jamás su Señor le había gritado de esa manera.

Tomo la fusta que estaba a su alcance y empezó a propinarle uno tras otro al cuerpo ya maltrecho de Fernanda.

Agotada, adolorida y sin aire, Fernanda no podía responder a la insistente pregunta de Bruno.

-¡Contesta puta!- le gritaba mientras seguia pegándole.

Marcos se lanzó sobre Fernanda para protegerla con su propio cuerpo y gritó:

-No, no nos ha mordido a ninguno de los dos, yo mismo no hubiera dejado que lo hiciera.

Bruno respiró aliviado, quitó a Marcos de encima de Fernanda y la abrazó, la acunó tiernamente, no parecía que hace un minuto la estuviera maltratando.

La levantó suavemente y la depositó en la cama. La hizo girar y checó sus heridas.

-Marcos, ven acá.

Marcos obedeció sumisamente, se acercó al otro lado de la cama.

-Lame, todas y cada una de sus heridas, que no quede rastro de sangre en su piel.

Marcos empezó a lamer, lentamente, quitando cada gota de sangre, fresca o seca de la piel de Fernanda.

Bruno examinó la espalda de Marcos, tenía marcas, costras, pero no había ya nada fresco.

-¿Marcos?

-Ordene Mi Amo- dijo mientras seguía lamiendo.

-¿Deseas a Fernanda?

Marcos dejó de lamer y empezó a temblar.

-¿Acaso debo repetir la pregunta?

Marcos se tiró a los pies de Camila, temblando, llorando.

-Perdón mi Señora, perdón.

Bruno y Camila intercambiaron miradas, unas extrañas miradas.

-Está bien mi perrito, no te preocupes, te perdono, pero debes seguir curándola, mientras te daré tu castigo, si lo resistes, te daré un premio.

Marcos retomó su labor en la parte posterior de Fernanda, bajando lentamente por su espalda hasta sus nalgas.

La sensación de alivio que le proporcionaba Marcos en su espalda, hizo que Fernanda se fuera relajando y disfrutando.

Bruno tomó el látigo de colas cortas y con voz firme ordenó.

-Fernanda, mámasela a Bruno, demuéstrale que eres una perra agradecida por haberte curado y defendido.

Camila tomó del brazo a Marcos y lo colocó con las piernas separadas y las manos sobre la cama.

Fernanda se puso debajo de Marcos y empezó a mamar.

Camila se situó frente a Marcos y descubrió su pecho.

-Chúpalas- fue la orden.

La excitación en Marcos era enloquecedora, pero para controlarla, estaba la mano diestra de Bruno con el látigo.
-Fernanda, deberás llevar el ritmo de los azotes y tu Marcos, recuerda que no puedes correrte sin pedir permiso.

A diferentes ritmos, Bruno propinó una buena tanda de azotes en la espalda y culo de Marcos, hasta levantar costras y hacerlo sangrar nuevamente.

-Por favor- gimió Marcos- no puedo mas, por favor, necesito correrme.

-Fernanda ven acá.

Fernanda se retiró de la verga de Marcos y se postró a los pies de su Amo.

-Ahora te toca curarlo a ti, lámele toda la sangre.

Camila tendió a Marcos sobre la cama, para que Fernanda hiciera su labor.

Los jóvenes estaban tan entretenidos en la labor, que no escuchaban los murmullos de la conversación entre Bruno y Camila.

-Casi lo arruinas ¿crees que no tengo hambre?

-Pero llegaste a tiempo, yo creo que mañana ya podremos concluir esto.

-Ahora ya han bebido su sangre, para mañana todo estará en su torrente sanguíneo-murmuro Bruno.

-Mañana será el gran día, me llevaré a Marcos para cuidar de que no se masturbe o se corra entre sueños- Dijo Camila

-No te vayas a dejar llevar por el hambre Camila.

-Es que esta como para comérselo crudo- Dijo Camila en tono de broma.

Bruno no quitaba la mirada de los jóvenes, quienes ya estaban excitados nuevamente.

-¡Suficiente!- dijo autoritario

Marcos regresó a los pies de Camila.

-Vístete, hoy dormirás conmigo.

La cara de Marcos se iluminó creyendo que le daría su premio. Se vistió rápidamente y siguió a su Señora.

Bruno acarició a Fernanda, quién melosa quiso entregarse.

-¡Eres una puta! Te dejó unos días sola y mira como te encuentro.

Fernanda miró a Bruno con sorpresa, ella sólo le estaba obedeciendo pero parece que su Dueño no estaba contento.

-Anda a dormir al suelo como la perra caliente que eres.

Y tomándola por el brazo la arrojó al suelo.

Fernanda se hizo un ovillo y entre sollozos se quedó dormida.

Bruno la observaba, lejos de dormir, parecía como si adquiriera fuerza.
Las imágenes en los sueños de Fernanda iban siendo cada vez más nítidas. Camila hablando con su padre y su madre. Vistas a la finca. Toda una amalgama que no parecían tener una coherencia.

Marcos vió rotas sus esperanzas de al fin poder correrse, cuando Camila lo ató a los pies de la cama.

-Así dormirás más tranquilo y sin tentaciones- dijo Camila con voz burlona y esa extraña mirada.

Marcos intentó acomodarse para dormir, hacia tanto que no sabia lo que era dormir tranquilo. Pero el cansancio pudo mas que la incomodidad, y quedó sumido en un sueño profundo.

La luz del sol empezaba a notarse en la ventana, cuando Fernanda sintió la mano de Bruno en su entre pierna, tanto deseo contenido, hizo que Fernanda cediera a las caricias, empapando la mano de Bruno rápidamente.

Abrió los ojos para mirar a Bruno, quién se acercó a ella, lamiendo su cuello... Fernanda no podía más ya con la excitación, cuando Camila irrumpió en la habitación.

-¿Qué estas haciendo, estas loco?- Gritó enfurecida.

-Tu perra sucia, ve a bañarte y vístete que tienes muchas obligaciones que atender. Y pobre de ti si te tocas mas de la cuenta.

Fernanda temblando de miedo, corrió al baño mientras Camila hablaba con Bruno.

-Yo también tengo hambre, yo también siento deseos, pero llevamos muchos años en el proceso, y hasta que encontramos a Marcos y a Fernanda que son perfectos. Así que no lo arruines, tu ya saciaste tu hambre en el pueblo.

-Su sabor es delicioso, no me digas que no la has probado.

-Te permití que la domaras, te permití que probaras a Marcos también, no me colmes la paciencia, eres necesario, pero no indispensable Bruno, no lo olvides.

Los gritos llegaban hasta el cuarto de baño, pero Fernanda no lograba entender a que se referían.

Salió del baño, envuelta en una toalla.

-Date prisa que no tengo toda la mañana, saludaras a los empleados y pondrás la mejor de tus sonrisas perra, quiero a los trabajadores tranquilos.

La voz y los modos de Camila cada vez eran mas autoritarios y Fernanda cada vez se mostraba mas sumisa antes sus señalamientos, pero aún esperaba que Bruno la rescatara de sus manos.

-Date prisa, ¿o necesitas que te ayude?- le dijo Bruno, agitando un fuete.

Fernanda se vistió rápidamente y bajó a desayunar, ante la mirada inquisidora de Camila.

Pasearon por las inmediaciones de la finca, Fernanda mostrando una espectacular sonrisa, con Bruno siguiéndole los pasos.

Saludo a los empleados quienes devolvían el saludo, aunque Fernanda no dejaba de notar las miradas tristes que le devolvían y los murmuraciones cuando se alejaban.

Al entrar en las caballerizas, miró a Marcos e instantáneamente le sonrió. El muchacho devolvió la sonrisa con una inclinación de su cabeza. Sostenía una paca de heno, para alimentar a los caballos, llevaba el torso cubierto con una camiseta húmeda que se le adhería al torso.

Fernanda se acercó a Marcos, aprovechando que un par de empleados hablaban con Bruno.

-Buen día Marcos, ¿Estás bien?.

-Buen día señorita, si, bien, algo preocupado por usted.

-Estoy bien gracias, aunque tengo mucho miedo.

Marcos suspiró y bajando el tono de voz le dijo:

-Váyase señorita, huya de aquí, no se quede ni un día más.

-Marcos- le dijo Fernanda sorprendida por el consejo- ¿Estas celoso de mi?

-No señorita, es por su bien, hágame caso, nací aquí y mucho he visto, hágame caso.

-¿Sabes lo que acabas de hacer Marcos?

La voz de Camila hizo que los jóvenes giraran para mirarla y un escalofrío recorrió su espalda.

-Ella no se irá a ningún lado, hoy es la gran noche. Entra a tu cuarto, me encargaré de que no andes dando esos consejos.

Marcos dejó la paca en el piso y camino a la covacha, con la mirada al piso y aire resignado.

Fernanda lo siguió con la mirada, hasta que Bruno la tomó fuertemente del brazo.

-Eres una ofrecida, una perra sucia, espero que estés contenta porque por tu culpa, Marcos será duramente castigado, anda, camina.

Sin soltarla, se dirigieron a la casa, subieron a la habitación y tumbó a Fernanda en la cama,

-Quiero que hagas tus maletas y te despidas de la servidumbre, dirás que regresas a la ciudad y que no sabes cuando regresarás.

Fernanda no entendía el porque debía de irse, pero obedeció, la situación ya estaba totalmente fuera de sus manos.
Pasado el mediodía, Fernanda se despedía de la servidumbre y de los empleados, les agradecía sus atenciones y les pedía que respetaran y obedecieran a Camila y Bruno. Subió al coche, sentándose al lado de Bruno.

Se alejaron de la finca, pero en el trayecto, Bruno se alejó del camino internándose en una brecha que cruzaba el Bosque.

Se detuvo y ordenó a Fernanda bajarse del auto. Caminaron un poco hasta llegar al claro donde se conocieron y ella se dejo someter.

Hizo que se desnudara y la ató a la rama con las extremidades tan tensas que prácticamente Fernanda estaba colgada.

Tomando unas ramas verdes, Bruno empezó a azotarla primero en los senos, hasta que estuvieron todos cubiertos de marcas, luego en el vientre, con movimientos precisos, que solo marcaban la piel sin golpear contundentemente.

Después, lentamente aprisionó sus pezones, retorciéndolos hasta dejarlos erectos, adoloridos.

Al principio Fernanda suspiraba con el castigo, después pedía que se detuviera, hasta que cayó en la cuenta de que seria inútil pedir clemencia.

Bruno la giró, burlándose de su postura, acarició sus nalgas y jugó con su entrepierna.

Fernanda estaba tan acondicionada a los tratos de Bruno, que su entrepierna cedió a la caricia, comenzando a humedecerse.

Bruno azotó sus nalgas, hasta que tomaron un tono carmesí, luego la desató, pero a diferencia de otras veces, no la recibió en sus brazos, sino que la dejo caer.

Fernanda intentó levantarse, pero Bruno ya blandía su verga frente a su cara.

Sin necesidad de esperar la orden expresa, Fernanda empezó a chuparla, con ansia, con deseo...

En la covacha, Camila platicaba con Marcos, ella sentada en el borde de la cama, con las piernas bien abiertas, teniendo a Marcos de rodillas frente a ella, a una distancia donde el no la podía tocar, pero si mirar perfectamente.

-Marcos ¿recuerdas aún a tus padres?

-Si Mi Señora- respondió sin lograr evitar un gesto de tristeza.

-¿Recuerdas lo bien que nos sirvieron a Bruno y a mi?

-Si Mi Señora- muchas imágenes pasaron por la cabeza de Marcos, imágenes que antes se le antojaban a pesadillas, pero que ahora empezaban a adquirir sentido.

-A ti y a Fernanda los hemos cuidado desde pequeños, su alimentación, su desarrollo, su educación. Tus padres y los de Fernanda nos los dieron como muestra de su entrega hacia nosotros, y porque creían que serían como nosotros, como notarás, no fue asi pero en ti y en Fernanda está el no terminar como sus padres.

Marcos inclinó la cabeza, pero Camila lo tomó por la barbilla y lo miró, después lo acercó a ella, poniéndolo de pie, tomó la verga del muchacho y comenzó a acariciarla, la erección de Marcos fue casi inmediata y la agitación de su respiración mostraba el grado de excitación que ya guardaba.

-Por favor Mi Señora, necesito correrme, ya me duele tanto semen acumulado.

Camila dio un manazo en la verga de Marcos a la vez que le decía:

-Eres un cerdo, pero no te preocupes, esta noche te correrás todo lo que quieres, así que mientras llega la hora de irnos- y lo amarró en la cama, para evitar que se tocara.

-Pero tenemos algo pendiente ¿No es así Marcos?

El muchacho tembló ante la pregunta...
-¿Acaso quieres terminar como tus padres o los padres de Fernanda?

Marcos solo movió la cabeza, bastante sabia que nada de lo que dijera cambiaria su situación.

Amarró los pulgares de Marcos a los hombros, para después bajar las cuerdas por la espalda y pasarlas por entre las piernas, atándolas finalmente al glande.

Después ató sus tobillos a un palo para que no pudiera juntar las piernas, y con una cuerda, ató el palo a la cuerda que bajaba por la espalda, haciéndolo doblar un poco las rodillas.

-Si bajas los brazos, o estiras las piernas ¿Qué crees que pase? Anda prueba a caminar.

Marcos no pudo, el mínimo movimiento tiraba de su verga.

-Así te quedarás un rato, para que no olvides que la boca solo se abre para mamar.

Camila se tendió en la cama, para mirar las reacciones de Marcos…

A los pocos minutos, Marcos empezaba a sentir la tensión en todos sus músculos, el sudor comenzaba a perlar su frente, cerró los ojos tratando de no pensar en como estaba,

Los calambres empezaban a hacerse presentes y Camila disfrutaba de verlo así.

Bruno tomó por el cabello a Fernanda para que se detuviera, le ordenó que se tendiera en el piso, doblo sus piernas casi hasta los hombros y pasando gruesa vara por detrás de su cuello la ató a las manos de la muchacha y a las rodillas dejándola hecha un ovillo.

Se sentó a la sombra a esperar que el sol se pusiera.

Al cabo de unos minutos, Fernanda empezó a sentirse entumida, le costaba respirar…

-Por favor- mustió Marcos

-¿Por favor qué?

Marcos no dijo mas nada, tratando de controlar el dolor. Su frente se perlaba por el esfuerzo, el color desaparecía ya de su cara, estaba a punto de desfallecer.

Camila se levantó de la cama, lentamente se acercó al muchacho y tomando una navaja, cortó las cuerdas que lo tenían aprisionado.

Marcos al sentirse libre se derrumbó a los pies de Camila, agradeciéndolo que lo haya liberado.

Ella lo tomó entre sus brazos y lo consoló, le susurraba lo hermoso que era, lo mucho que le importaba y que ella no disfrutaba castigándolo, pero que todo era por su bien….

-Por favor, no puedo respirar- Gimió casi sin aire Fernanda.

Bruno se levantó lentamente y con la misma lentitud desató a la muchacha, que ya jadeaba por la falta de aire, la brisa vespertina soplaba ligeramente, haciendo que los árboles se movieran emitiendo sonidos casi imperceptibles, el sol formaba juegos de luces y sombras al pasar entre las ramas y las nubes.

Tomó a la muchacha entre sus brazos, le acarició el cabello, besó su frente, y le ofreció un poco de agua. La reprendió por su mal comportamiento, le dijo cuanto la quería y lo mucho que la necesitaba.

Fernanda estaba agradecida de haber sido rescatada nuevamente.

Lo que nunca dijeron Bruno y Camila es para qué y porqué eran tan importantes Fernanda y Marcos.

Fernanda se quedó dormida recostando su cabeza en el regazo de Bruno, y cerca de la media noche, con la luna en el cenit, Bruno la despertó, Camila había llegado con Marcos…
Bruno abrazó a Fernanda, la besò largamente, y sus manos empezaron a recorrer el cuerpo de la muchacha como si no hubiera mas nadie a su alrededor, Camila hacia lo mismo con Marcos, ambos sabían como tocar a los jóvenes para manejar sus sensaciones al máximo, cuando Fernanda escurría entre las piernas y Marcos tenia una erección potente, los pusieron frente a frente, para que se vieran, se tocaran, se olieran…

-¿No la quieres poseer Marcos?

Marcos asintió con la cabeza, el viento jugaba con el cabello de Fernanda, y la luz de la luna le daba unos matices casi mágicos a su belleza.

Tomó a Fernanda por la cintura y la restregó con su cuerpo, sintiendo los duros pezones de la muchacha, enterrándose en su pecho, bajó lentamente las manos por su espalda, hasta llegar a sus nalgas, las cuales estrujo entre sus dedos, provocando un gemido de la muchacha, subió las manos hasta sus los hombros y la hizo girar, doblo el talle de la muchacha y separó sus piernas.

Fernanda se dejaba manejar, mucho era lo excitada que estaba y Marcos poseía un cuerpo escultural, sólo cerró los ojos y se dejo llevar.

Marcos miro el culo de la muchacha, alzó la mirada hacia Camila, la cual asintió con un leve movimiento de cabeza, luego miró a Bruno, quien ya tenía la mano acariciando su verga. Bruno sonrió al muchacho y le dijo:

-Tómala, es tuya por un rato, cabálgala con todo ese deseo acumulado, pero no te corras dentro de ella, dale por el culo, por la vagina, pero debes de hacer que tenga al menos tres orgasmos antes de correrte en su boca.

Marcos no espero más, tomo a Fernanda por la cintura y enterró su verga hasta el fondo de la vagina.

-Fernanda córrete las veces que quieras, disfruta esa verga de Marcos.

La sola indicación de Bruno aunada con la sensación de esa verga llenándola y todos esos días de orgasmos reprimidos fueron suficientes para que en unos segundos Fernanda se convulsionara por un potente orgasmo que no parecía terminar nunca.

Sentir las paredes de la vagina de Fernanda contrayéndose en ese orgasmo, casi hicieron que Marcos se corriera, pero Camila empezó a azotar sus nalgas, haciendo que el deseo disminuyera un poco.

Bruno se situó detrás de Camila, amasaba sus tetas con una mano, mientras la otra se metía por la entrepierna.

Marcos seguía cabalgando a Fernanda, con fuertes y potentes embestidas, para sacar la verga y meterla de un golpe en el culo de la muchacha, la cual dio un grito de dolor al no estar preparada.

Con las manos, Marcos jugaba con el clítoris de Fernanda, la muchacha jadeaba, sentía acercase un nuevo y potente orgasmo, y justo cuando empezaba la convulsión del segundo orgasmo, sintió como su espalda era fuertemente arañada por Camila, mientras Bruno metía la verga en su boca.

Camila lamió la espalda de Fernanda mientras la muchacha terminaba de disfrutar los últimos espasmos de su orgasmo.

Marcos sentía que no podía mas, así que sacó la verga de la muchacha, para controlar su corrida y lograr el tercer orgasmo.

Camila y Bruno se divertían con la muchacha mientras Marcos retomaba la compostura, la insultaron, la manosearon, no podían permitir que el nivel de excitación disminuyera.

Fernanda estaba como extasiada, no se oponía sino por el contrario parecía disfrutar de todo eso.

Marcos miró la escena y una mueca de tristeza asomó a su rostro.

Camila pareció intuir que Marcos estaba haciendo conciencia de lo que pasaba.

-Móntala, hazlo ya- fue la orden de Camila.

Marcos se acercó a la muchacha, miró sus ojos, tomó sus piernas y la ensarto de pie cargándola, haciendo que sus brazos movieran a la muchacha en el aire, como una muñeca, enterrándola en su verga más y más a cada movimiento.

Esa sensación provocó en Fernanda un torrente de orgasmos ininterrumpidos, hasta que Marcos exclamó que no podía mas, de inmediato soltó a la muchacha, quien se postró para mamar a Marcos.

Un potente chorro de semen llenó la boca de Fernanda que mamaba como desesperada.

-Trágala toda, no la desperdicies, trágatela- Gritaba Bruno

Al terminar, Marcos se desplomó en el suelo y Fernanda cayó de bruces sobre el cuerpo del muchacho.

Bruno completamente desnudo, se tendió en el piso, para después Camila mostrar un cuerpo de imponente belleza y abundantes curvas, se montó sobre la erección de Bruno y se clavó la verga hasta el fondo.

Los gritos de ambos hicieron que los muchachos se incorporaran, mirando a sus dueños follar.

-Ven acá puta- gritó Bruno.

La muchacha se hincó al lado de ambos quienes la tomaron cada uno por un brazo.

Sin dejar de cabalgar, arañaron los antebrazos de la muchacha profundamente, largos hilos de sangre aparecieron.

Marcos se situó detrás de Fernanda y la sostuvo por los hombros para que no se moviera.

-Córrete ya- grito Bruno a Camila.

Y al mismo tiempo, Camila tenía un fuerte orgasmo y Bruno una eyaculación mientras ambos lamían la sangre de Fernanda. Aún después de terminado el orgasmo conjunto, seguían lamiendo la sangre de la muchacha

Siguieron así hasta que Marcos gritó.

-¡La van a desangrar!

-Ve a curarla- indicó Camila.

Marcos lamió las heridas de Fernanda, logrando detener la hemorragia, después procedió a lavar y curar los rasguños.

Bruno y Camila se pararon frente a la muchacha.

-Tu sabor es delicioso, suerte que Marcos estará acá para cuidarte- dijo Camila.

Fernanda no alcanzaba a comprender bien que era lo que pasaba. Pero estaba tan débil que se desmayó.

Al despertar, estaba en un cuarto, muy pequeño, no le era nada familiar, salvo por un rincón que trajo a su memoria algunos recuerdos, recuerdos de sus padres y de Camila.

Entonces entendió muchas cosas. Camila se alimentaba de sus padres mientras ellos tenían relaciones.

Tal vez los padres de Marcos alimentaban a Bruno.

Miró a su alrededor y descubrió a Marcos durmiendo en la otra cama.

Bruno y Camila entraron en la habitación. Marcos se pusó de pie inmediatamente.

Camila tomo por la barbilla a Fernanda y le dijo:

-Después de muchos cientos de años de vivir escondidos y en la oscuridad, por fin dejamos de temer al sol, al fin podemos circular libremente y todo gracias a la mezcla del semen y sangre, y sobre todo sangre virgen, sangre cargada de endomorfinas y hormonas, la sangre normal nos alimenta, tu sangre, la sangre de Marcos, nos permite vivir…

-Este será tu hogar hasta que mueras. Nos alimentarás. Marcos te cuidará y será el responsable de que nada te falte, traerá tu comida, te mantendrá excitada, te azotará, nunca sabrás a que viene Marcos, si a mimarte o a hacerte sufrir, y así estarás lista para dentro de un mes.

Bruno y Camila salieron de la habitación llevándose a Marcos, el cual dirigió una mirada de compasión a la muchacha.

Fernanda dejó escapar una lágrima mientras miraba el sol por una rendija de la ventana, un sol que ella ayudaba a que otros disfrutaran y que no vería ya nunca más…

Escrito y publicado 050207 al 310307
monique[V]

miércoles, 14 de abril de 2010

Y Así pasó (Parte 2)


Ella se mira hermosa, entregada, radiante, dentro de la casa, es la dueña, la que ordena, altiva, imponente frente a sus demás empleados.

Segura de lo que hace y como lo hace, cada vez mas compenetrada en lo que sucede en la finca y la manera de sacarle provecho a la propiedad.

Hay veces en que no sale de su recámara, y todo lo atiende desde ahí.

Al menos cada tercer día pase lo que pase, ella se marcha al bosque y tarda horas en regresar.

Toma el camino de siempre y se mira como se pierde en la espesura del bosque, y regresa como siempre, radiante y acurrucada en los brazos del encargado.

Él la lleva a su recámara y la cuida toda la noche, sentado a su lado, vigilando su sueño o curando sus marcas.

Ciertamente los pocos empleados de la finca rumoraban y hacían conjeturas de lo que pasaba en el bosque.

Varios intentaron espiar lo que ahí sucedía, pero el Ama de Llaves siempre estaba atenta a tener a todo mundo ocupado y bajo supervisión estricta.

Dentro de las cláusulas del contrato, se establecía claramente que ningún trabajador podía salir de la propiedad en horas de trabajo.

Como el salario era generoso, y el trabajo por las inmediaciones era poco, nadie quería arriesgar su empleo.

Pero eso no quitaba los comentarios entre ellos.

-Que te digo que el capataz se tira a la dueña.

-Que no, hombre, es su guardaespaldas y la dueña tiene tendencias suicidas.

-No, no, la dueña sufre anorexia o bulimia, ¿Que no ven como regresá toda pálida y desencajada?

-¡Basta!- se oye la voz del Ama de Llaves- son peores que viejas de mercado, que no tienen algo mejor que hacer que decir tanta estupidez o es una competencia de poco cerebro.

El aspecto del Ama de Llaves, era imponente, más en su hacer que en su físico.

Pasaba los 40 años, pero mantenía una figura que muchas envidiaban.

-Es fácil tener ese cuerpo, cuando no se tiene marido ni hijos que atender-cuchicheaban las esposas de los empleados celosas de su porte, queriendo justificar el desgano que ponian en su propia apariencia.

A ciencia cierta nadie sabía nada de ella ni del como había llegado a ese lugar. Aunque era innegable que gozaba de toda la confianza de la dueña y del capataz.

Cierto día en que se avecinaba la feria del poblado próximo, el encargado tenía que ausentarse para atender algunos asuntos que lo mantendrían alejado por unos días de la finca.

-¿Llevas todo lo necesario?

-Por supuesto, sabes bien que soy lo bastante eficiente en todos los terrenos- le respondió con una leve sonrisa maliciosa.

Ella acarició su rostro y Ël frunció el ceño.

-Esto lo pagarás- le dijo en un murmullo.

La cara de ella palideció y mustió

-Perdón, no supe lo que hacia.

-Ya me encargaré yo de que no vuelvas a ser tan imprudente, recuérdame este detalle cuando regrese.

Ella sólo movió afirmativamente la cabeza.

-Para que no me extrañes tanto, le dí al Ama de Llaves indicaciones precisas de lo que debe hacer contigo. Debes obedecerla sin chistar después de las 8 de la noche y hasta las 10, ¿Te queda claro?

-Si Mi Señor.

-No quiero ninguna queja, ni nada que me ponga en mal frente a ella por tu conducta.

-Se hará como dice.

Ël acarició el rostro de ella y rozó los labios ligeramente con las yemas de los dedos, ella los entreabrió y sacó la punta de la lengua.

-Eres una zorra, no pierdes oportunidad- le dijo con una sonrisa de complacencia.

Subió en la camioneta y partió.

Los ojos se le humedecieron al mirar como se alejaba.

Después, miró de reojo al Ama de Llaves, que tenía una extraña sonrisa maliciosa...

El Ama de Llaves se acercó a ella y tomándola dulcemente por la barbilla le dijo mientras limpiaba sus lágrimas:

-Hoy a las 8 en tu habitación, vamos a ver que tan bien te han educado.

La soltó, dio media vuelta y entró en la casa.

Ella se quedó mirando el camino, por donde había partido Su Dueño, sin saber cuánto tardaría en volver.

Miró el reloj, eran las 10 de la mañana, tenía todo el día para prepararse y para extrañarlo.

Recobrando su postura de dueña de la finca, terminó de hacer los pendientes, tomó sus alimentos y a las 6 de la tarde se retiró a su habitación.

Tomó un baño, se depiló, untó con crema todo su cuerpo y al recorrerlo su mente viajó hacia las sensaciones causadas por Su Dueño.

Después se metió en la cama, dormiría una siesta para estar descansada ya que no sabía la que le esperaba.

Tomó el despertador, ajusto la hora, 7:30 PM eso le daría tiempo para estar fresca y despejada.

Desnuda se metió en la cama y se durmió...
Extraños sueños acompañaron a Fernanda en su descanso, imágenes de Camila y ella de cuando era una niña... Imágenes de sus padres y de ella cuando iban a la finca...

Sintió que una mano la sacudió levemente mientras le decía:

-Son casi las ocho, espero que no hayas olvidado tu cita.

De un brinco se puso en pie, asustada, azorada, sudorosa... Se despabiló y miro a su alrededor... No había nadie.

Las imágenes de sus sueños aún la acompañaban. Pero más aún le extrañaba la manera en que se había despertado.

-Debe ser mi imaginación- se dijo para sus adentros, miró el reloj y faltaban 5 minutos para las ocho de la noche... Por alguna razón no sonó la alarma.

Corrió hacia el baño a refrescarse un poco, y regresó a la habitación, se colocó a los pies de la cama, tomando la postura que asumía cuando iba al bosque.

A las ocho en punto se abrió la puerta de la recámara, y entró Camila, vestida toda de negro, en una especie de túnica, de una tela por demás ligera, aunque no transparente, y que dibujaba su cuerpo a la perfección.

No dijo nada, fue hacia la ventana y cerró las cortinas impidiendo las miradas curiosas o accidentales y sobre todo, la luz de la luna, encendió un par de velas que colocó en un candelabro y se acercó a ella.

La luz de las velas hacia unas extrañas sombras sobre su cara, pero sobre todo hacían brillar sus ojos de una manera sumamente especial.

Se paró a un costado de ella, acarició su cabeza, para tranquilizarla. Fernanda estaba tensa, pues no sabía lo que debía esperar. Sólo en su cabeza resonaban las palabras de Bruno, Su Dueño: “Obedecerás sin chistar todo lo que Camila te diga y no debes dejarme en mal frente a ella”

Fernanda sólo quería que Bruno se sintiera orgulloso de ella, pero estaba tan nerviosa, su respiración agitada la delataba.

-Tranquila zorrita, tranquila, acá no va a pasar nada que tu no quieras- le dijo Camila con una voz tranquila, pausada, casi dulce, sin dejar de acariciarle la cabeza- ni pasará nada que no hayas experimentado antes.

Fernanda respiró un poco más tranquila, extrañamente le tranquilizaba el contacto de Camila y su voz.

Cuando al fin su respiración fue normal, Camila tomó una cuerda y ató sus manos. Fernanda se dejó dócilmente aprisionar por esa cuerda, aunque la atadura no era como siempre, casi simbólica, ahora estaba mas tensa, y lentamente fue uniendo sus antebrazos uno sobre otro detrás de su espalda. Sintió como quedó un trozo de cuerda suelto. Después su cabello fue recogido en un lazo, el cual fue amarrado a la cuerda sobrante, jalando la cabeza hacia arriba, poniendo expuesto su cuello e irguiendo su torso desnudo.

Camila la ayudó a ponerse de pie, la giró de tal modo que pudiera ver su rostro.

-Recuerda- le dijo- que estás aquí porque quieres, y que todo lo que pase, se hará hasta donde tu lo quieras.

Fernanda trató de asentir con la cabeza, pero la rigidez de la cuerda no le permitió mover la cabeza.

La sentó en la cama y ató sus pies a las patas, dejándola totalmente abierta, expuesta e inmóvil.

-Ahora, quiero que mires estas velas, sigue las con la mirada, y sin dejar de verlas, contestarás mis preguntas, ¿Está claro?

-Si- dijo Fernanda.

-Por cada omisión, silencio, equivocación o evasión, tendrás un castigo, por cada acierto, un premio ¿Estás de acuerdo?

-Si- dijo sin comprender bien que estaba pasando.

-Dime ¿Te gusta como me veo?

-Si...

Una palmada fue dada entre sus piernas, provocando que Fernanda se sobresaltará.

-Mientes, no sabes como me veo, no me has observado.

Dos palmadas mas fueron directo y al lugar exacto.

-Veo que Bruno no miente sobre ti, con tres manazos ya te estas humedeciendo- le dijo mientras acariciaba su entre pierna y antes de retirarla, dio un pellizco en su clítoris, sintió el roce de las uñas sobre su sexo, lo que aumentó su grado de excitación.

-Ya estás más conciente de cómo debes responder, así que el siguiente castigo no será tan tierno- Y la voz de Camila empezaba a endurecerse...
-Para ayudarte a concentrar, pondremos unos adornos a tus pezones- le dijo mientras los retorcía para ponerlos erectos mientras pasaba la lengua por su cuello. Esa mezcla de sensaciones eran desconocidas hasta entonces para ella, por un lado, sus pezones siendo aprisionados, retorcidos, jalados por los dedos de Camila, y la lengua deslizándose por su cuello, la respiración cerca de sus orejas, el rocé de los dientes por su piel...

Dos pinzas fueron puestas en sus pezones, una en cada uno. Ella solo emitió un leve quejido, más de excitación que de dolor.

-¿Qué estarías dispuesta a hacer por tu Dueño? -Le preguntó mientras se retiraba de ella.

-Todo- dijo sin tener siquiera que pensar en la respuesta.

-¿Todo?

-Si, todo.

-¿Te das cuenta del alcance de esa palabra?

-Si.

-¡Mientes!

De un solo golpe fueron arrancadas las pinzas de los pezones, haciendo que ella soltara un grito, ahora si de dolor.

Volvió a poner las pinzas en su lugar y agregó un par más en cada seno. Después se situó de nuevo frente a ella y sin dejar de mover el candelabro en movimientos rítmicos circulares, dijo:

-Te repito la pregunta, y piensa bien antes de responder ¿Qué estarías dispuesta a hacer por Bruno?

Fernanda tomo aire, como para poder dar más fuerza a sus palabras y alejar de su mente la sensación de las pinzas en sus senos y respondió:

-Todo- cerró los ojos esperando que las pinzas fueran arrancadas nuevamente, lo cual no sucedió.

Camila roció con cera los pechos de Fernanda, la cual se revolvió un poco ante la sensación de la cera la cual no era no dolorosa, sino más bien cálida. La presión de las pinzas sentía que iba en aumento

-Cuéntame lo que pasa en el bosque.

-Mi Amo me utiliza como le place- la voz de ella empezaba a ser jadeante.

-Se más explicita- le dijo mientras empezaba a sobarle el coño.

Era una sensación diferente, la mano de Camila parecía saber exactamente donde y como acariciarla, lo cual hacia que ella se humedeciera con gran velocidad.

-Me venda los ojos, y utiliza indistintamente mi boca, mi coño o mi culo- respondió Fernanda con la respiración entre cortada y olvidando las pinzas y la cera en sus senos.

Camila introdujo un dedo dentro de la vagina mientras con otro seguía acariciando el clítoris.

Fernanda se estremecía ante ese placer no esperado, disfrutándolo, sin saber lo que pasaría.

-¿Te golpea?

-Ssssi- musitó ella

-¿Fuerte?

-Nnno.

De pronto, la mano se cerró aprisionando entre los dedos la vagina y el clítoris, clavándose de manera dolorosa.

Fernanda trató de retirarse, lo cual era imposible, dadas sus ataduras y los movimientos agitaban las pinzas, agregando más dolor.

-Mientes perra perdida, por tus marcas se nota que el castigo es fuerte. Le dijo mientras sacudía un poco la parte que tenía aprisionada.

-Mi Dueño me golpea como a Él le place, a veces fuerte hasta sangrarme la espalda o mis nalgas, pero después las chupa, las lame, provocándome mucho placer y mitigando el dolor.

La soltó y metió la mano en la boca de ella, casi hasta tocarle la garganta.

-Chupa, chupa tus jugos de puta perdida.

La voz y los movimientos de Camila empezaban a ser más duros, y en sus ojos ese extraño brillo...
Fernanda trataba de evadir esa mano mojada en sus jugos que invadía su boca, pero la postura y el amarre no le eran de mucha ayuda para lograrlo.

-¡Deja de moverte!- y una por una fue quitando las pinzas con un golpe, dejando tiempo suficiente entre cada una para que ella se hiciera consciente del dolor y la sangre circulara, aumentando la sensación.

Sintió unas uñas enterrándose en su seno, muy fuerte, sobre las marcas de las pinzas.

Después hizo lo mismo en el otro seno.

-¿Alguna vez te mordió?

-No, nunca.

La presión sobre su seno aumentó.

-¿Estás segura?

-Si- dijo Fernanda tratando de contener las lágrimas.

La presión aumento un poco más, pero aunada a caricias en su clítoris.

Fernanda empezó a no saber distinguir entre el dolor y el placer que empezaba a sentir.

Los movimientos en el clítoris fueron aumentando y las uñas salieron de su seno dejando escapar unas gotas de sangre en cada marca, y provocando en una oleada de excitación, haciendo que Fernanda involuntariamente moviera la cadera.

Más y más rápido esos dedos se deslizaban por todo su sexo, Fernanda no sabía ya cuanto mas podría resistir, jadeaba, sudaba, se estremecía, y justo cuando un orgasmo iba a hacerse presente, las caricias fueron detenidas... Así sin más, dejándola en una angustiante situación de excitación reprimida.

Camila, desató sus pies, masajeó sus piernas, desató su pelo y sus brazos, y les dio masaje, después, lamió las gotas de sangre aun fresca que salían de las marcas de sus uñas en los senos de Fernanda, haciendo que la excitación de ella nuevamente se elevara.

Colocó antiséptico en la herida, acarició su cabeza y le dijo:

-Son las 10, descansa, mañana será otro día. Te has portado bien, espero que sigas así. No tienes permiso para tocarte, ni masturbarte, cuida de no hacerlo, yo me daré cuenta si desobedeces.

Besó ligeramente los labios de Fernanda y salió de la habitación...

Fernanda se quedó mucho tiempo sin moverse, sin entender que era lo que había pasado, sentía sus jugos correr por entre sus piernas, su cuerpo extrañaba a Bruno. Él nunca la había dejado sin correrse, a veces parecía que lo haría, pero siempre la dejaba correrse, y después le lamía el coño hasta secarla de sus jugos.

Decidió darse un baño y meterse en la cama, se sentía cansada, el sueño la alcanzó rápidamente y se quedó dormida, nuevamente extrañas imágenes la acompañaron toda la noche...
La luz del sol entró por las ventanas al ser recorridas las cortinas, haciéndola despertar.

-Buenos días señorita, le subí un poco de jugo, ¿Quiere que le suba todo el desayuno o bajará a desayunar?- Le dijo Camila, con el mismo tono amable que había tenido desde que la conoció cuando era niña, en nada se parecía a la mujer que anoche la había torturado y dejado en un orgasmo reprimido.

De momento pensó que lo había soñado, pero al mirar las marcas en sus senos, supo que en realidad Camila había estado la noche anterior ahí.

Su excitación no podían ser indicio, ya que dada la lejanía de Bruno, y sueños extraños que tuvo, podían ser la causa.

-Si, gracias, enseguida bajo-Le dijo Fernanda tratando de recobrar su postura de Señora de la casa.

Quince minutos después descendía por la escalera, con unos vaqueros ajustados, una playera cualquiera, y el cabello arreglado en una cola.

Desayunó sin decir una palabra, como siempre, y se dirigió a atender sus asuntos, trató de estar lo más ocupada posible, para no pensar, para no sentir.

Al no estar el Bruno, ella decidió supervisar personalmente lo que pasaba en la finca, los empleados la miraban extrañados ya que solamente la veían cuando Bruno la acompañaba.

Fernanda los saludaba y preguntaba como iban las cosas, los pendientes, el progreso.

Uno de los empleados mas viejos se le acercó, mirándola con una extraña mezcla de cariño y compasión.

-Señorita buenos días, lamento mucho lo de sus padres, de un tiempo para acá, muchos jóvenes se están quedando huérfanos de manera extraña...

No pudo agregar más, la figura de Camila se hizo presente a espaldas de la joven.

El empleado se miró turbado, y sin decir más, dio media vuelta y se alejó.

-No tome en cuenta ese comentario, son tonterías de gente de campo ¿Quiere algo fresco de beber?

-No gracias, estaré por acá un rato, quiero visitar la caballeriza.

De cuando en cuando, Camila pasaba cerca de ella y le decía algunas frases que la sacaban de balance y la regresaban al estado de excitación.

-¡Señorita!-dijo con sorpresa uno de los trabajadores al mirarla entrar en el establo.

Fernanda se acercó más por inercia que por interés.

-No quisiera molestarla, pero como no está el capataz, no sé a quién reportarle que nuevamente no se presentó a trabajar el ayudante del establo.

-¿El joven alto, de cabello rizado? No recuerdo su nombre, ¿De él me dices? ¿Cómo que nuevamente?

-Ese mismo señorita, se llama Marcos. Cada cierto tiempo, desaparece por un par de días, le hemos dicho al Sr. Bruno, pero no lo ha despedido.

-Bueno- dijo ella con tono firme- si el Sr. Bruno no lo ha despedido, sus razones tendrá, debe ser eficiente.

-Pues...- el trabajador desvió la mirada, para que no notara la envidia que el muchacho le provocaba.

-Pues nada- dijo Fernanda- cuando regrese dile que vaya a verme.

Dio media vuelta y entró en la casa.

Camila le salió al pasó súbitamente, provocándole un sobresalto...

La miro, por primera vez realmente miró Camila, y si, era una mujer muy hermosa, demasiado se podría decir, y con toda razón era la envidia de las mujeres del pueblo, poseía un cuerpo espectacular, y una extraña juventud, para la edad que decía tener.

Camila la sacó de su escrutinio tomándola de la barbilla delicadamente, se acercó a su oreja y le dijo:

-Hoy a las ocho, no lo olvides- y le metió la lengua.

Fernanda sintió como su panti se mojaba, trató de retomar su postura y le dijo:

-No, no lo olvido- y siguió su camino a la sala.

Había sobre la mesita un libro en el que no había reparado. No tenía título ni nada que diera una idea sobre el tema que trataba.

Era un libro ya viejo, con pastas de cuero y bordes gastados.

Cuando extendió la mano para mirarlo con más detenimiento, escuchó una voz que decía con autoridad y en tono amenazante.

-¡No te atrevas siquiera a tocarlo!

Por instinto retiró la mano, y se alejó del libro, pero al voltear a ver quién le había hablado de esa manera, no vio a nadie.

Volteó hacia la mesita decidida a ver el libro, pero ya no estaba.

“Debo estarme volviendo loca o estoy muy cansada, ya imaginó cosas, mejor iré a descansar un rato” pensó.

Subió a su recámara, no puso la alarma del reloj aún era mediodía, así que solo se recostó, y se quedó dormida...
-Ya son casi las ocho, no olvides tu cita- una voz ya no tan desconocida, la misma de la noche anterior la despertaba, al igual la sensación de la mano sacudiéndola suavemente.

Abrió los ojos sobresaltada, miró la oscuridad y consultó el reloj, “siete cincuenta” marcaba.

Rápidamente y ya sin meditar el proceder de la voz, corrió a asearse, y ponerse en posición, justo a tiempo para cuando se abría la puerta de su recámara.

Su respiración era notoriamente agitada, por las prisas y la presión de no estar a tiempo, su piel y cabello aún lucía gotas de agua, su pecho se movía a cada respiración. Trató con grandes inhalaciones, controlarla, lo cual hacia que sus senos se irguieran como invitantes.

Nuevamente Camila pasó junto a ella sin decir nada, nuevamente cerró las cortinas para evitar las miradas y la luz de una luna llena esplendorosa, y nuevamente encendió dos velas en el candelabro.

-¿Recuerdas las reglas?

-Si

-¿Estás de acuerdo?

-Si

-Sea como tú quieres- le dijo mientras deslizaba las uñas levemente por su espalda desde la cintura hasta la nuca. provocándole un escalofrío.

-Acuéstate, boca arriba expuesta.

Fernanda se tendió en la cama, con los brazos y piernas separados, Camila dejó el candelabro en el buró y la ató dejándola en una perfecta posición de X.

Caminó hasta colocarse a los pies de la cama, Fernanda notó que Camila tenía algo en la mano, pero no alcanzaba a ver que era, pues las velas no daban una buena iluminación, aunque los ojos de Camila parecían tener luz propia.

Fernanda pensó que era algo para torturarla, para pegarle, para causarle dolor, que lejos estaba de saber lo que pasaría.

Camila pasó la mano por su sexo, suavemente, lo acarició provocando rápidamente que Fernanda se humedeciera, no fue cosa difícil de lograr, debido al estado en que la había tenido todo el día y a lo acontecido la noche anterior.

-Eres tan puta- le dijo con una extraña sonrisa, mientras le introducía un falo en la vagina que ya chorreaba.

Con movimientos rítmicos y caricias en el clítoris, hacia que ella fuera aumentando sus jadeos, sus movimientos, su excitación.

-No puedes correrte sin permiso perra, no lo olvides.

Fernanda casi no podía contenerse, la sensación era increíblemente placentera.

-Por favor, permítame correrme- le dijo casi sin aire.

-No, aún no, aguanta un poco más- le respondió mientras aumentaba la velocidad de los movimientos.

-Por favor, no puedo más- suplicó.

De un golpe le retiró el falo de la vagina y cesaron las caricias, nuevamente le fue negado el orgasmo.

Fernanda se retorcía desde su inmovilidad, jadeando como una perra en celo.

-No me puede dejar así- gritó.

Fernanda, lejos de molestarse con esa manifestación, parecía complacida.

-Te daré dos opciones- le dijo con una voz casi maternal- Puedo ayudarte a correrte y decirle a Bruno que no te educó adecuadamente, con lo cual le causaras vergüenza o... Puedo castigarte por tu impertinencia y así limpiar el hecho, tú decides.

-No por favor, no, no quiero que Mi Dueño sienta vergüenza por mi causa-musitó suplicante.

Camila tomó un látigo de colas cortas y se situó a los pies de la cama.

-Cuenta y agradece- le dijo al momento de azotar directamente sobre su sexo.

Un gemido salió de la garganta de Fernanda, pero de inmediato dijo:

-Uno, gracias por ayudarme.

El castigo se prolongó hasta 30 veces, cada una con mas intensidad que la otra.

Las lágrimas surcaban el rostro de Fernanda, su sexo estaba ya al rojo vivo, pero nunca pidió que se detuviera, se mantuvo firme.

Camila acarició la entre pierna de Fernanda, suavemente, para mitigar su dolor.

-Te has portado bien- le dijo, mientras seguía tocándola, sabiendo exactamente como hacerlo.

Y de nuevo Fernanda se humedecía, rápidamente parecía haber olvidado los golpes y regresaba a ese estado de excitación, que había llegado a ser torturante.

-¿Eras virgen cuanto te entregaste a Tu Dueño?- le preguntó sin dejar de tocarla.

-Sssi- dijo ella entre jadeos.

-¿Fue brutal o dulce la penetración?- Y aceleró los movimientos.

-Dulce, dolorosa pero dulce- respondió ella moviéndose casi como desquiciada.

-¿Te azotó antes de penetrarte? Y los movimientos descendieron.

-Sssi- dijo ella luego de un suspiro de frustración.

-¿Sangraste?- y los movimientos se detuvieron pero no quitó la mano de ahí.

-¡Si!- dijo casi al borde del llanto por la angustia de la excitación provocada.

-¿Se corrió dentro de ti?- y los movimientos regresaron.

-No lo sé- dijo casi sin aire.

Un pezón fue fuertemente aprisionado por los dientes Camila y el otro por las uñas.

Ella ahogó un grito, bajó la mano que le tapó la boca.

Soltando el pezón que mordía le dijo:

-Recuerda, no hay omisiones, solo respuestas- y le tomó los pezones entre los dedos y los retorció con tal fuerza que parecía que los arrancaría.

El dolor fue tanto que ella no pudo ni emitir sonido.

Unos segundos después la soltó, sobó los pezones, los senos, los chupó, los lamió logrando que ella cambiara el ritmo de su respiración.

Era tan fácil llevarla del dolor al placer...

Mientras seguía ocupándose de sus senos, la mano descendió de nuevo a su coño, y de nuevo las caricias, y de nuevo los jadeos, y de nuevo la súplica para poder correrse.

Y sí, de nuevo el orgasmo reprimido.
Fernanda pensaba que se volvería loca, que no podía seguir así.

“En cuanto se vaya, me masturbaré, nunca se dará cuenta” pensó decidida.

Una carcajada escapó de la garganta de Camila.

Desató los tobillos de la cama y los ató a sus muñecas, doblándola, dejando su coño y culo expuestos.

Fernanda dócilmente se dejó atar.

Camila tomó el candelabro y se colocó frente a ella.

-¿Así que te sientes muy caliente?- Preguntó con una extraña sonrisa acentuada por la luz de las velas.

Fernanda empezó a imaginar lo que pasaría.

-No, no, nada que no pueda controlar- dijo como tratando de evitar lo que veía venir.

Un chorro de cera cayó directo sobre su culo, haciéndala gemir.

-Eres una perra embustera, o me tomas por una tonta- Y ahora otro chorro de cera caía sobre su coño.

La sensación de la cera caliente en su sexo expuesto hacia que ella tratara de evitarlo subiendo y bajando la cadera. En un momento en que ella subía la cadera hasta que sus rodillas casi tocaran la cama a la altura de su cabeza, sintió como algo le era colocado para mantenerla en esa posición, después sintió como la cera era arrancada con las uñas.

Soltó un grito, al cual siguió un azote potente con la mano, por parte deCamila.

-Cállate, no tiene caso que grites, nadie vendría a ayudarte, aunque algún empleado te escuchara, saben que no pueden acercarse, pues perderían su empleo, la paga es buena y el trabajo escaso en los alrededores. Además, le tienen tanto miedo a Bruno como a mi, así que evita ese ruido desagradable de tu garganta.

Fernanda sentía gran desesperación y miedo al saberse tan desprotegida y tan sola, totalmente a merced de Camila, que en mucho distaba a la mujer buena y tierna que recordaba en su niñez.

Las lágrimas amenazaban con salir de sus ojos. Mientras sentía como sus nalgas eran cruzadas una y otra vez por los arañazos haciéndolas sangrar.

-Ya mi niña, no llores, ya pasó- le dijo Camila cambiando el tono de su voz, mientras lamía sus nalgas.

Ese contacto de la lengua sobre sus heridas, era muy similar al que sentía cuando Bruno la curaba.

“-La saliva es un buen antiséptico y coagulante- le decía Bruno mientras la lamía- además el roce de la lengua hace que cualquier impureza quede fuera de las heridas, recuerda que los animales se lamen las heridas, por instinto, saben que esa es la manera de que sanen más pronto.”

Camila parecía disfrutar lo que estaba haciendo, después escupió un par de veces en su culo e introdujo un dildo, no muy grande, pero si lo suficiente como para que Fernanda dejara escapar un gemido.

Jugó con el por un rato, metiéndolo y sacándolo de su culo, en diferentes ritmos, luego lo dejó un rato dentro, mientras acariciaba las nalgas de Fernanda, para verificar si continuaba sangrando.

La sensación del dildo en el culo y las caricias, hicieron su trabajo en la excitación de Fernanda, lo cual notó Camila al ver la humedad empezar a correr por el coño.

-No eres más que una perra- le dijo mientras acariciaba su clítoris.

-Como perra que eres, no te importara sujetarme esto, le dijo mientras sacaba el dildo y lo metía en la boca de Fernanda, sin darle tiempo para reaccionar.

Camila la desató, sobó sus extremidades, quitó el dildo de su boca, la cual ya escurría saliva, posteriormente la acarició largamente, sobre todo en la entre pierna, y finalmente le dijo:

-Has estado bien, pero para evitar que te toques de manera involuntaria, creo que deberé de colocarte esto, y le mostró un cinturón de castidad.

No le dio tiempo a reflexionar, y se lo colocó.

-Dulces sueños, descansa, te has portado bien, no se te ocurra bañarte con eso puesto, despedirás un olor espantoso- le dijo con una sonrisa burlona mientras cerraba la puerta.

Fernanda suspiró resignada, se metió en la cama, estaba adolorida, el cinturón era incómodo pero finalmente se durmió...
Más de esos extraños sueños la despertaron incontables veces durante la noche, y fue hasta que aparecieron los primeros rayos del sol, que pudo dormir tranquila, siendo despertada nuevamente por Camila cerca de las once de la mañana.

-Se esta volviendo dormilona- le dijo como si nada hubiera pasado- Le subí jugo y fruta, para que la servidumbre no la vea desayunar a estas horas.

-Gracias- tartamudeó Fernanda.

-Cuando terminé su desayuno, llámeme para que le ayude a quitarse “eso”, debe sentirse incómoda.

No esperó la respuesta, sólo salió de la habitación dejándola sola.

Fernanda sólo esperaba que Bruno regresara pronto, le echaba tanto de menos.

A los quince minutos, tocó el timbre y casi de inmediato apareció Camila en su habitación, le quitó el cinturón y la acompañó al baño.

-Orine, no la voy a dejar sola, no puede tocarse y aún no me fió de su fuerza de voluntad.

Sabiendo que no podría ganar una discusión sobre el asunto, orinó y se metió a la ducha, bajo la mirada de supervisión Camila, era una situación por demás humillante, ni siquiera vivida antes con Bruno.

-¿No le arden?- preguntó el Camila mientras señalaba sus nalgas.

Fernanda negó con la cabeza, las heridas no eran profundas y la saliva de Camila al parecer había surtido efecto, tal cual se lo decía Bruno.

Ayudó a vestirla y bajaron juntas, casi al medio día.

Fernanda salió a ver como iban las cosas en la finca, cuando el empleado del día anterior le comunicó que Marcos había regresado como si nada al trabajo.

-Señorita, acá está, me dijo que se lo trajera.

-No fue exactamente lo que te indiqué, debes aprender a seguir las indicaciones, a mi no me sirven los trabajadores que no saben hacerlo.

El empleado se retiró, con un cierto aire de enfado.

-Buenos días señorita- dijo Marcos con un aspecto cansado, y apenas con un hilo de voz.

Grandes ojeras enmarcaban un par de ojos ambarinos de largas pestañas; tenia el pelo ensortijado, ligeramente largo, de un color negro profundo que contrastaba con la blanca piel, las mejillas sonrojadas y profundas ojeras.

De labios carnosos, y nariz recta... realmente tenia un rostro atractivo.

El cuerpo de Marcos de no más de 25 años, denotaba una musculatura marcada y gran fuerza, aunque se notaba como ausente, cansado, algo en él le era muy familiar.

-Así que has faltado a trabajar.

-Si señorita.

-¿Así nada más? ¿No tienes nada más que alegar?

-No señorita.

No eran respuestas altivas, ni retadoras, ni cínicas, sólo eran eso, respuestas cortas y concretas.

-¿Estás enfermo?- y ella intentó tocarlo por el hombro.

El se retiró, y su cara palideció.

-No señorita.

-Me dicen que faltas con alguna regularidad, y que el Sr. Bruno nunca te dice nada al respecto.

-Así es señorita.

-¿Existe algún motivo?

Marcos iba a responder cuando interrumpió Camila.

-Ya déjelo tranquilo, el muchacho hace un excelente trabajo, es confiable, honrado y trabajador, y al igual que usted, huérfano y si se ausenta un par de días de cuando en cuando, no afecta el funcionamiento de la finca.

Fernanda volteó a mirar a Camila, notoriamente contrariada.

-Creo que eso no es asunto tuyo, regresa a tus ocupaciones.

Camila sonrió extrañamente y salió de la habitación.

-Está bien, anda a tu trabajo, espero que no sea tan frecuente tu ausencia y que lo que te hace faltar al trabajo, no sea algo de que preocuparse.

Marcos salió de la habitación sin mediar ninguna palabra.

La mirada de Fernanda no se apartó de aquel muchacho, hasta que se cerró la puerta.

-¿Te gusta?

-Estás loca, no me gusta, me intriga, que no es lo mismo.

-No tiene nada de malo que te guste, ni siquiera tendría nada de malo que lo desearas.

-Déjame en paz, tengo mucho que hacer- y salió de la casa, rumbo a los establos.

Pero cambió de idea apenas había avanzado unos pasos... si ella iba a los establos, podría despertar rumores y malos pensamientos, sobre todo en Camila.

Cerca de las seis de la tarde, se retiró a su habitación, se sentía cansada e inquieta, toda esa excitación reprimida la tenia como loca, y algo debía de hacer.

Se metió en la tina, dispuesta a calmar ese calor en su entre pierna, cuando Camila irrumpió en el cuarto de baño...
-Nada de trucos, me cercioraré de que no toques de mas.

Fernanda suspiró resignada, y tras un rápido aseo, salió de la tina. La luz de la tarde que ya pardeaba, dibujaba sus formas en un juego de claro-oscuro bastante incitante.

Secó y untó crema en toda su piel, la sensación de sus manos sobre ella, hizo que casi olvidara que estaba bajo la mirada vigilante de Camila.

Se dirigió a su recámara.

-Espero que no sea inconveniente si duermo un rato- dijo con aire leve de insolencia.

-No, por supuesto que no, aún quedan un par de horas para las ocho, así que necesito que te pongas esto- y le enseñó el dildo de la noche anterior.

-No quiero lastimarte al rato y necesito que estés preparada y para evitar que se salga o te toques de mas pondremos esto- le dijo mientras le mostraba el cinturón de castidad que ella ya conocía.

Le extendió también un tarro de lubricante, el cual unto en el dildo y se lo coloco, posteriormente se dejó poner el cinturón, le sorprendió que la situación le pareciera excitante.

Mientras lo colocaba, Camila rozó varias veces sus senos con los de Fernanda, lo cual avivó el estado de ella.

Se metió por fin en la cama y casi inmediatamente se quedó dormida.

Pero no fue un sueño tranquilo, la abstinencia de los días y el dildo metido además del cinturón, más que relajarla, la tenían mucho mas tensa, mucho más excitada, demasiadas hormonas viajaban ya por su torrente sanguíneo alterando su ritmo cardiaco y respiratorio, las glándulas sudoríparas generaban demasiado sudor, lo que aumentaba la sensación de incomodidad.

Sintió la presencia de alguien, lo cual hizo que abriera los ojos rápidamente, pero tenia una extraña mezcla de miedo y zozobra, y por ello, no podía moverse de la cama.

Poco a poco se fue acostumbrando a la oscuridad y con los ojos recorrió la recámara hasta fijarse en el reloj.

-Las 7:45, ya casi es la hora- dijo en un tono de resignación.

Salió de la cama, con la intención de ir a orinar, pero con el cinturón era imposible.

Se sentó a la orilla de la cama, observando el caminar del reloj, mientras su mente viajaba junto a su dueño...

En la caballeriza, al fondo, había una covacha en muy mal estado.

La puerta se abrió, dando paso a Camila, y dentro, atado a una cama, estaba Marcos, agitado, sudoroso, en un estado similar al de Fernanda.

Camila acarició la verga de Marcos, aprisionó suavemente sus huevos y jugueteó con el glande.

Marcos apretaba los ojos, como queriendo evadir esas sensaciones, no quería excitarse, pero no tenía mucha suerte con eso.

Camila se acercó a su cara y mientras lamía sus labios, le dijo:

-Hoy es una hermosa noche, creo que saldremos a dar un paseo, espero que te portes obediente como siempre, y tal vez permita que te corras.

Marcos asintió con la cabeza, y su verga comenzaba a inflamarse con la sola idea de la follada, eran varios días ya que estaba a punto de correrse y no le era permitido.

Mientras se vestía, Camila acarició las marcas en su espalda.

-¿Te hice mucho daño mi tesoro?- le dijo con una voz dulce y provocativa.

-No, Mi Señora, Usted sabe que mi placer es servirle.

Camila sonrió satisfecha por la respuesta.

Salieron de la covacha y se dirigieron a la casa, entraron por la puerta de atrás y justo al pie de la escalera, Marcos se detuvo algo confundido,

-Ven, no tengas miedo, Fernanda nos está esperando.

Subieron la escalera en penumbras, y abrió la puerta de la habitación justo cuando sonaban las ocho de la noche, dejando que el muchacho mirara a Fernanda, hincada, desnuda, alumbrada apenas por un rayo de luna que se metía por la ventana.

Se quedó inmóvil al mirarla así, tan bella, tan mansa, tan entregada...
Camila entró, como siempre, hizo señas a Marcos de que cerrara la puerta y se dirigió como siempre a cerrar las cortinas y a prender las velas, sin mirar siquiera a la Fernanda. La cual no se movió, ni quiera de reojo miró a ver que pasaba.

050207 al 310307
monique[V]

martes, 13 de abril de 2010

Despedida de Club Sumisión

Hace unos días me despedí de Club Sumisión, al menos por un largo camino. Y pedí cerraran mi hilo de relatos que dio origen a este blog, pero no quiere decir que acá dejaré de escribir, sino que por el contrario, trataré de darle un poco mas de vida, que bastante descuidado tengo este apartado. El post con el que me despedí de mi querido Hilo de Relatos es el siguiente:

“Fecha de Caducidad
Antes, las cosas duraban prácticamente para siempre…

Podia uno sacar el bote de conservas lleno de polvo, escondido en la última gaveta de la oscura despensa, y si al abrirlo “sabia bueno”, es que estaba bueno. Ahora tienen un impreso que cita “no se use después de…”

¿Y que decir de las medicinas? El Mejoralito y el VickVapoRub podían ser prácticamente eternos…

Los hilos no podían ser menos que esta modernidad, y también parece que tienen fecha de caducidad, aunque en este renglón no tienen claramente impresa la fecha.

Yo sabia que este hilo tenía fecha de caducidad, pero nunca le presté atención… Ahora veo claramente que dice: “No se escriba después del 11 de abril del 2010”.

A 3 años y medio de mi ingreso al Club este hilo que mostró un poco de lo que soy y de lo que pienso. Ahora llega a su fin, como todo en esta vida.

Mil gracias a todos y cada uno de los que se tomaron la molestia de leer mis escritos, a los que me brindaron palabras hermosas… Casi 43,000 visitas es un enorme número, que no puedo menos que agradecer.

Todo por servir se acaba y acaba por no servir. Situaciones Llega a su fin. Les pido esperando no abusar que no escriban mas nada, porque yo más nada escribiré.

Por lo que fue compartir todo esto con Ustedes y por quien fui a su lado compartiéndolo… Gracias, Muchas Gracias.

Feliz a Los Pies de Mi Amo
monique[V]

Mi historia afortunadamente no ha terminado, así que espero pronto subir algunos relatos más. Y también en mi otro blog, comentando algunos temas.

Con mi agradecimiento por seguirme y sobre todo a Mi Amo por darme todas estas experiencias, me despido por hoy, pero como dijera MacArthur “Volveré”

Feliz a Los Pies de Mi Amo
monique[V]

lunes, 22 de febrero de 2010

Incertidumbre

No hay luz, no hay sonidos, la temperatura… templada…

No alcanzó a imaginarme las dimensiones de ese espacio… no quiero moverme temiendo caer, tropezar…

¿Será de día o de noche? ¿Estaré en la ciudad o en el campo? Mis ojos… ¿Están abiertos o cerrados?

No tengo hambre, no tengo sed, es como estar en la nada… si… en la nada…

- Ven- Escucho su voz, pero no acierto a saber de dónde sale…

Espero a oír la voz de nuevo, pero sin mover un solo músculo… Silencio…

Inclino la cabeza tratando de escuchar algo, lo que sea, pero nada…

Empiezo a serenarme con el correr de los minutos… Y oigo… oigo su respiración suave y pausada…

-Ven- No es una petición pero tampoco es una orden, es… una guía ¡Sí!

Trato de avanzar pero aún titubeo, no me siento tan segura… Silencio nuevamente…

Ahora sé que mis ojos están cerrados, inhalo y exhalo… Al salir el aire de mis pulmones, me relajo… MI cabeza se ladea instintivamente y de nuevo oigo su respiración y siento un tremor en mi corazón y mis labios esbozar una sonrisa…

-Ven-

Doy un paso, extendiendo mi mano buscando La Suya…

No hubo necesidad de caminar más… Había estado ahí frente a mí todo el tiempo, sólo era cuestión de confiar y vencer mis miedos.

Feliz a Los Pies de Mi Amo
monique[V]

Publicado el 21/02/2010

Una depilación diferente.

Días y días de magia, semanas y semanas de sentirme en una relativa armonía, salvo claro, esos días lunares, donde las hormonas juegan a volverme loca, donde las emociones se disparan y mi sentir es mas intenso sea el sentimiento que sea, donde un comercial de niños con cáncer me hace llorar como Magdalena o un chiste de Pepito me provoque carcajadas estruendosas o ver una pareja de ancianos tomados del brazo caminando por el parque me arranque un suspiro que haga mover las copas de los árboles o el chafirete de un autobús de pasajeros haga brotar el léxico mas florido que se pueda imaginar.

Esos días lunares, mi devoción por Mi Amo es más intensa si, pero también el deseo de ser “perfecta”… Sí, sí, ya mi parte racional que funciona los demás días del mes sabe que la perfección se puede perseguir pero es una carrera perdida y por lo tanto los demás días no me mata ni me agobia la idea, pero en los días lunares… en esos días lunares…

-El clima se ha vuelto loco- pienso mientras las gotas de sudor empiezan a perlar mi piel esperando mi turno para depilarme.

Días hormonosos en donde también mi vergüenza aumenta, porque a pesar de los pesares y del tiempo transcurrido, aun me da pudor ir a depilarme.

Con una sonrisa más fingida que la del anuncio de una pasta dental, empiezo a desvestirme. Tomo un par de pañuelos desechables para tratar de secar el sudor de mi cuerpo. De reojo veo a la señorita que prepara la cera y entonces el solo recuerdo de la sensación de la cera caliente me provoca un agradable cosquilleo.

-Concéntrate- pienso- si te mojas no habrá explicación posible para justificarlo.

Me recuesto en la camilla, con una toalla pudorosamente colocada sobre mi torso, cierro los ojos y trato de pensar en el último partido de fútbol… No, mala idea, los futbolistas tienen unas nalgas es-tu-pen-das… ok, pensaré en el programa de cocina… No, mala idea… Paulino tiene un acento que hummm hummm y la manera en que toma los alimentos me hace pensar en como los deslizará en la piel de una mujer… ok, probemos con…

Y siento la cera caliente en mis piernas y un hormigueo recorre mi piel, pero no alcanza a llegar hasta la cabeza porque un tirón me regresa a la realidad.

-Siquiera cuéntame hasta tres- le digo sonriendo… Ella solo sigue su trabajo, tan callada, tan concentrada.

Sigue con su labor, y yo disfrutando la sensación cálida y sufriéndola después.

Llegamos a mi entrepierna y siento mi cara estallar de vergüenza.

-¿Se siente mal?

Niego con la cabeza.

-Debe ser calor por la cera.
-¿Se sigue depilando con pinzas el frente?

Asiento con la cabeza.

Y entonces, la sensación de sentir esa calidez, sentirme tan expuesta, y las hormonas de fiesta, y un leve gemido sale de mis labios…

-¿Está muy caliente?- pregunta interrumpiendo la aplicación.

-“¿Quién, yo? Si, parece que si”- Pienso mientras niego con la cabeza tratando de recuperar la calma.

Tal vez sea una mala percepción mía, pero estoy segura de que espero más de lo normal en dar el tirón de la tela llevándose con ella esos vellos de los labios vaginales.

No grité, no gusto de dar espectáculos de ese tipo, pero me invadió la rabia por ese lapso de espera. Ella volvió a aplicar cera ahora del otro lado, y lo mismo, un compás de espera que estaba despertando mis instintos asesinos.

Esta vez puso demasiada atención a mi entrepierna y yo pasaba de la placentera sensación de la cera, al ardor posterior.

En esas estábamos cuando sonó mi celular.

-¿Dónde andas?- Preguntó Mi Amo.

-Depilándome- respondí tratando de contener mi voz al sentir una nueva aplicación de la cera.

-¿Estás de cerda?

-Nnoo- Alcancé a responder al sentir el tirón.

-Pobre de ti si estás ahí de ofrecida- Su voz sonaba divertida.

Ay pero mis hormonas estaban decididas a hacerme pasar un mal rato, porque al momento de escuchar eso, la vergüenza y la rabia se apoderaron de mí.

No era yo una buscona, ni una ofrecida, ni siquiera me gustan las mujeres aunque pueda estar con ellas si Mi Amo lo quiere, me sentí tan mal.

Automáticamente y como por arte de magia me tensé, no puedo explicar porque, pero la sensación de la cera que tanto estaba disfrutando dejé de sentirla.

-Claro que no- respondí pero el tono de mi voz había cambiado.

Escuché la risa de Mi Amo y sólo acerté a cerrar los ojos.

-Te veo al rato linda, para comprobar si estás bien depilada.

Cerré el celular y suspiré.

Seguimos el resto del cuerpo, pero ya no había cosquilleo con la cera, ni espasmo en la retirada.

-¿Está todo bien?- Me preguntó con tono intrigado.

-Ajá- alcancé a responder.

Ella iba a ponerme la crema hidratante cuando tocaron a la puerta. Me cubrió con una toalla y abrió apenas lo suficiente para saber quién tocaba.

Sin cerrar, dijo que me buscaban y si podía dejarlo entrar. Levanté la cabeza y alcancé a ver a Mi Amo. Asentí sin articular palabra.

-Vengo a cerciorarme que quede bien depilada, porque luego por cobarde no dice nada- Dijo en tono amable, calmo, y si, con un toque de diversión.

Quitó la toalla de mi cuerpo y empezó a pasar sus dedos por mi piel. Yo me limité a cerrar los ojos, me sentía humillada, expuesta. No quería ver la cara de la señorita ante el espectáculo.

Con una suave palmada me indico separar las piernas, despacio, sumamente despacio inspeccionó los labios, las ingles, el culo… Como por accidente rozaba mi clítoris lo que hacia que mi respiración se entrecortara.

Otra palmada en mi cadera indicaba que me girara.

-Muéstrame- Fue la orden.

De reojo alcancé a mirar a la señorita que observaba la escena sin saber a bien que hacer.

Me coloque en cuatro patas y separé las piernas. Sin bajar la cadera, puse mi pecho sobre la camilla haciendo que toda yo quedara expuesta.

Mi Amo acercó una silla y miró creo que cada milímetro. Pasó varias veces su dedo alrededor de mi ano.

-Acá siento vellos, pero no alcanzo a verlos- Dijo dirigiéndose a la señorita.

Ella se acercó y miró.

-No, no veo nada- Dijo ella.

Pasando de nuevo el dedo por mi culo, Mi Amo dijo:

-Si, acá- y tomando la mano de ella la hizo sentir mi ano, mis labios vaginales… Dirigió su mano suavemente y ella se dejó llevar. Estaba siendo acariciada por Mi Amo a través de la mano de ella.
Sólo imaginarme la escena empezaba a excitarme.

-Si, ya sentí- Dijo retirando la mano.

Aplicó cera, ahora estaba un poco mas caliente y el segmento fue más amplio.

Oí a Mi Amo contar hasta tres y de un tirón fue arrancada la cera, a la vez que un par de azotes marcaban mis nalgas… Un gemido alcanzó a escapar de mis labios.

Nuevamente la inspección, creo que ella empezaba a disfrutarlo también.

Entre los dos esparcieron la crema por todo mi cuerpo y por el sonido que alcanzaba a percibir, juraría que se estaban besando.

-Como la perra que eres, baja y agradece a esta amable señorita el haber quitado ese pelambre que te hace ver tan fea.

Como pude bajé a cuatro patas y me dirigí gateando hasta donde estaba ella parada. Tal cual una perra con la mano acaricié su pierna.

-Lámele los pies, demuéstrale que estás agradecida.

Obedecí ciertamente, pero todo dentro de mí dolía.

-Creo que hoy pasaré una deliciosa noche- Dijo Mi Amo mientras acariciaba mi cabeza, ante lo cual empecé a alegrarme, un poco de consuelo se iba entremezclando con la vergüenza y la rabia.

-Siempre me haces sentir orgulloso cuando me complaces… Vístete y vete a la casa, yo llevaré a cenar a esta señorita como compensación por su excelente trabajo, no me esperes, duérmete en la cama, no sé a que hora regrese.

Dicho lo cual, ambos salieron. Suspiré tratando de recordar lo importante:

“Lo hago sentir orgulloso al complacerlo” y “Regresará después de divertirse un rato”

Al pensar así, la rabia, la vergüenza desaparecieron porque eso es lo que realmente importa, no todo tiene que gustarme, no todo tiene que ser placentero porque el verdadero placer es complacerlo. Aunque obviamente jamás regresaré ahí a depilarme.

monique[V]
publicado el 13/08/2009

martes, 12 de enero de 2010

Deliciosa Apnea

La penumbra apenas dejaba ver la silueta de ambos, una cálida temperatura se hacia patente por la brisa que se abría paso a través de las cortina dejando así pasar destellos de la luna que adornaba el cielo en esa noche.
La amplia cama era bastante cómoda con sabanas suaves con olor a recién lavadas que me permitían sentir su suavidad, las almohadas seguían en su lugar, dando soporte a mi cabeza.
- Mantén los ojos cerrados, no seas curiosa- Me dijo Mi Amo con esa voz suave y calma que me acaricia.
Sus dedos empiezan a recorrerme lentamente desde los pies, casi sin tocarme, rozándome lentamente y erizando todo a su paso… Al llegar a mi entrepierna, dos golpecillos me hacen a separarlas ofreciéndome, mi cadera se levanta ávida por su contacto…
-Puerca- Me dice mientras con la punta de un dedo, regresa mi cadera a su lugar sobre la cama.
Sonrío y ladeo un poco la cabeza remolona.
Sus dedos siguen rozando mis piernas, tamborileándolos cuando llega en su recorrido a mi clítoris. Empiezo a sentir que la humedad moja las sábanas, mi respiración es cada vez mas agitada, aunque trato de controlarla en vano.
Ahora empieza a subir en su trayectoria, apenas me toca pero lo siento como si el contacto fuera desde dentro, mi pecho tiene ese subir y bajar tan particular de cuando jadeo…
Circunda mis pechos en una espiral que culmina en mis erectos pezones los cuales reciben un par de apretones, mi cabeza se mueve de un lado a otro y lucho por permanecer quieta.
Y entonces inspecciona mi cara, mete la mano en mi boca, separa bien los maxilares, mete los dedos en mis oídos, pellizca mis parpados, y… aprieta mi nariz mientras con la otra mano tapa mi boca justo en el momento en que he exhalado el aire, una oleada de excitación me recorre, esa sensación de no poder respirar… No lucho, no trato de respirar… me relajo, es casi como un orgasmo, es sentir que me voy alejando de todo, como si flotara…
Mientras me suelta con suavidad endereza mi cabeza, jalo aire por instinto y al exhalar sonrío.
-¿Estás bien?- Pregunta.
-Si Mi Amo- La sonrisa no se ha borrado de mi cara.
-¿Qué tienes?
-Por sensaciones como está yo hago lo que me pida Mi Amo, por sentirme así en sus manos.
Sonríe y me gira, rápidamente pasa un dedo por mi espalda la cual por acto reflejo se arquea. Su mano me regresa a mi posición con firmeza pero sin brusquedad, giro la cabeza apoyando mi mejilla en la almohada… El solo pensar que repetirá el movimiento hace que mi espalda baja tenga espasmos que suben hasta mi nuca.
Un manazo seco en una nalga hace que me sorprenda, justa esa sensación no la esperaba, no duele, casi no arde… La mano se aleja de mi nalga y regresa con un poco mas de fuerza, con una precisión increíble choca contra mi nalga justo en el mismo lugar, arde un poco, no duele, solo arde… Nuevamente la mano se aleja y… y… Nada, no pasa nada, muevo un poco la cabeza tratando de escuchar algo… Nada, ni siquiera oigo su respiración… No oigo ningún movimiento, nada…
Una palmada poco mas que suave en mi otra nalga me hace pegar un brinco, no la oí venir, no la esperaba, pero se que vendrá otra mas fuerte y espero y… Nada… aprieto mis ojos cerrados como si con eso lograra agudizar el oído, pero nada… Solo oigo mi respiración que se agita ante la expectación… Muchas, muchas palmadas de diversas intensidades golpean una y otra vez mis nalgas, alternadamente, o consecutivamente o al mismo tiempo, arde, cada vez mas y mas y jadeo y en el momento en que un gemido sale de mi boca, Mi Amo me toma por el cabello, gira mi cabeza y la hunde en la almohada, me sostiene con firmeza, el aire me falta y su otra mano no deja de palmearme, mi entre pierna escurre y mi cadera empieza a moverse tratando de evitar las palmadas, pero no respiro, la sensación de apnea sobrepasa al ardor en mis nalgas y me relajo, la disfruto, no me muevo, me abandono nuevamente a esta sensación…
-Córrete- Escucho decir a Mi Amo y mi cuerpo responde ante la orden en una oleada de espasmos.
-Dámela toda puta, no te quedes con nada.
En el justo momento del clímax levanta mi cabeza y aspiro profundamente… Es una sensación de placer indescriptible.
Sollozo un poco, a veces lo hago como un escape a las intensas emociones.
Me abraza, me acuna entre sus brazos, con el dorso de la mano acaricia mi mejilla… Me siento tan segura, tan protegida…
Me levanta en brazos para colocarme perpendicular en relación a la cama, mi cadera al borde, las piernas separadas y me penetra con energía, de un solo golpe y siento su dureza abrirse paso dentro de mi…
Sus manos juegan con mis senos, pellizcando los pezones… Me gira poniéndome a cuatro patas, escupe en mi culo e introduce un dedo, me relajo lo mas que puedo pero a sabiendas de lo que me dolerá sin poder controlarlo aprieto el esfínter… Palmea mis nalgas para relajarme, alternando los manazos mientras su dedo sigue ocupado en relajarme… dos dedos, trato de no centrar mi atención en la sensación pero es tan… tan placenteramente dolorosa…
Escupe en mi culo y separa mis nalgas, con una mano alcanzo una almohada y hundo mi cara en ella mientras la muerdo para no gritar sabedora de lo que se avecina.
Introduce solo el glande dando tiempo a que mi ano se dilate solo lo suficiente antes de introducirlo por completo…
-¿Te duele?
-Si Mi Amo
-Avísame cuando deje de doler, recuerda que no tengo prisa.
Unos segundos después le comunico que no existe dolor y es en ese preciso instante de un solo empujón mete toda su verga en mi culo, arrancando de mi garganta un grito que la almohada apenas y logra mitigar.
No se mueve durante unos segundos, voy recuperándome y comienza a sacarla, despacio, muy despacio.
-Inhala… exhala- Me ordena- Inhala…
-¡Exhala!- Me ordena tajante y al momento vuelve a enterrarla.
No tengo aire para gritar, solo las lagrimas empiezan a salir de mis ojos lentamente.
-Avísame…- No hace falta que termine la orden, sé lo que tengo que hacer.
Nuevamente el dolor desaparece a los pocos segundos y empieza a sacarla… Y a enterrarla con firmeza, mis dedos se entierran en las sabanas, pero ahora ya no espera a que me recupere, comienza el vaivén y el dolor comienza a convertirse en placer.
-¿Te gusta verdad perra?
-Si Mi Amo- digo con la voz entrecortada.
-¿Quieres correrte?
-Si Mi Amo por favor, por favor…
Sus manos entonces rodean mi cuello, un escalofrío delicioso recorre mi espalda… levanto la cabeza para que pueda acomodar los dedos en mi traquea, y siento su verga entrando y saliendo por mi culo… sus manos comienzan a apretar mi cuello, aspiro y exhalo lentamente para dejar libres de aire mis pulmones y entonces aprieta un poco mas…
-Córrete, córrete toda, deja salir todo para mí.
Mi ano se contrae en espasmos mientras mi cuerpo tiembla producto del multiorgasmo que estoy experimentando.
Sus manos aflojan mi cuello y en un rápido movimiento me toma por los hombros para ponerme tendida boca abajo sobre la cama. Con cuidado saca su verga y me gira… Mis manos cubren mi rostro, las retira lentamente y nota que lloro, no con un llanto histérico, no con un llanto de dolor, sino con un llanto de placer, de placer extremo.
-¿Estás bien?
-Si Mi Amo, muy bien, gracias.
Muy bien mi perra, acaba de recuperarte que ahora te toca atenderme…
Lo que sigue es… es otra historia.

Publicado el 12/03/09
monique[V]

Por si acaso

Mirando el reloj impaciente, nerviosa, ansiosa me parecía como cada noche que el tiempo se detenía en mi contra…
-¿Reloj ya te descompusiste o que te pasa?- Varias veces le preguntaba al reloj que cuelga de la pared, el cual por suerte para mí nunca me contesta ya que de lo contrario al menos hubiera tenido un infarto.
No es noche en que llegará ya lo sé, pero aún así lo espero “por si acaso”… Me maquillo, me peino, perfumo, checo cualquier detalle “por si acaso”… Luego de un rato suspiró al ver que no llegará y me dispongo a dormir.
Esta noche si vendrá, estoy casi segura así que me alisto igual que la noche anterior, mi corazón palpita emocionada al ritmo del segundero… tic, tac, tic, tac… Pasa el tiempo y no llega… Me alisto para dormir, un último vistazo por la ventana “por si acaso” suspiro y me voy a la cama.
Bueno… este día no es habitual que venga, pero me alisto “por si acaso” no como ayer ni antier, un “peinazo”, veo el delineador ¿Labial? Hummm no, así… Mi corazón se debate entre la esperanza y la certeza, mi entre pierna se humedece y se seca… tic tac, tic, tac… Suspiro y me voy a la cama…
Mmmm es raro, ni una nota, ni un mensaje, ni una llamada… Pero hoy es día habitual en que lo veo, así más me vale arreglarme… Me estiro perezosa, retoco maquillaje, peinado, hummm el depilado para mañana… tic, tac, tic, tac… Me arrellano en el sofá, paso los canales del televisor sin mirar… tic, tac, tic, tac… Hora de dormir…
Bueno, hoy es viernes, los viernes nunca viene.
Tomo mi pijama favorito, con ositos muy mona, calientita, confortable, el cabello recogido en un lazo, sin maquillar, calcetas para que no se me enfríen los pies; preparo palomitas de maíz, un vaso de jugo, la cafetera a la mano… Coloco una loneta en el suelo frente a la T.V. y pongo una de esas películas que derraman miel… Apago las luces y me acomodo.
Oigo la llave entrar en la cerradura… hummm... no, debe ser el sonido de la película que confundo… sigo mirando, las primeras lágrimas salen de mis ojos… Suspiro…
-Hermosa manera de vestir y de estar de mi esclava
Casi me ahogo con las palomitas y me vacío el jugo encima.
-¡Como te atreves!- La voz de Mi Amo era fuerte, dura pero sin gritar, no tenía necesidad de gritar.
-Mi Amo yo… es que… yo… pues…- Estaba ya de pie frente a El, turbada sin saber que decir, no encontraba justificación, estaba espantada, temblaba en especie de escalofríos que me surcaban de arriba hacia abajo continuamente…
-¿Atreverme a que Mi Amo?- no podía creer que había formulado tal pregunta, pero cierto era que bien bien no sabía a qué se refería.
-Así que te sientes valiente el día de hoy…
-No, no Mi Amo no es eso, solo…
-Además andas rezongona- Mis ojos se abrieron y mi mente se nubló.
-Vamos a ver chiquita-el tono se vuelve dulce, cariñoso. Se acerca a su sillón pasando junto a mí y no alcanzó a reaccionar, estoy paralizada.
-Ven acá querida- ese tono protector no me vaticina nada bueno- Considero que o me confundí de casa o a ti se te ha olvidado… ¡Que no me gusta verte vestida así, llorando con que esas lagrimas que no provoque yo, que estés tumbada en el piso y no a mis pies!
Tomándome por las manos me obliga a hincarme frente a El, ahora mis lágrimas en nada tienen que ver con la película que continúa puesta.
-¿Por qué lloras?
-No sé- aspiré tratando de controlarme.
-No me hagas repetir la pregunta.
-Hoy no viene nunca, no es habitual ¿Cómo iba yo a saberlo?
Mi mirada al piso, la cabeza baja tratando de ocultar el llanto, la espalda encorvada, las manos sobre mis muslos… Por instinto subo mi mano con intención de limpiar mi cara…
-No te limpies y alza la cara.
Obedezco pero sin mirarlo, mis ojos están casi cerrados evitando su mirada.
Tienes exactamente un minuto para ponerte como espero ver siempre a mi esclava, ¡un minuto! Y cada segundo que me hagas esperar lo pagarás y… Una cosa más… No te limpies la cara… ¡Muévete!
Volé al cuarto prácticamente, en el camino desabrochando, soltando… Entró aventando ropa, el pelo, ¿maquillaje? No puedo limpiarme la cara, los pantalones no salen, se atoraron con las calcetas, oigo el reloj que es mi enemigo declarado acelerar su marcha tictac tictac…
Sorbo mi nariz, aprieto los ojos tratando de despejarlos, corro de regreso, tropiezo con la mesita del pasillo tictac tictac…
Entro en la sala y… y… ¡No está! Me quedo inmóvil un rato, por si acaso veo de reojo hacia todos los lados que puedo… Nada… Cierro los ojos tratando de escuchar algo, tal vez fue a la cocina o al baño… Solo escucho el reloj tic tac tic tac.
Sólo tiemblo, pero ya no lloro, mi respiración agitada ante la expectativa, ante el asombro, ante la duda… ¿Qué hago? Me muevo un poco por si acaso no deba moverme…
Siento un escalofrío recorrer mi espalda haciéndome que cual gato me retuerza, suspiro creyendo que no está, por si acaso doy una ojeada mas sin, según yo sin demostrar ansiedad, las palmas de mis manos sudan.
Nada… no lo veo, no lo oigo… Se fue…
Suspiro y trato de relajarme, me tumbo en el sillón tratando de entender que paso, cierro los ojos intentando recordar las indicaciones…
-¿Tanto me tarde? ¿Dijo algo que no entendí?- Pienso una y otra vez.
-¿Cómoda? ¿Así es como me gusta que me esperes?
Siento el corazón en la boca ¿De dónde salió? ¿Dónde estaba? Mi cabeza no comprende.
-Justo detrás de ti, lejos de tu campo visual-Dice con tono divertido
-Siempre tratando de explicarlo todo, por si acaso lo has olvidado, vamos a recordar lo que es sentir sin pensar.- Dijo con ese tono que me mueve toda por dentro.
Siento su mano en mi hombro haciéndome girar, un roce en mi cuello me indica que me postre… Inexplicablemente tengo miedo, miedo de no responder como me ha enseñado.
Camina a mí alrededor, con su pie separa mis rodillas sin brusquedad, así mismo toca mis codos para que mis antebrazos se apoyen en el piso, ahora Su Pie está debajo de mi abdomen haciéndome levantar el culo… Mi frente descansa en la alfombra, mi respiración agitada… Escucho que camina hacia el sofá y oigo que se quita los zapatos… Luego la cremallera y el roce de la tela de los pantalones en su piel…
Siento su pie recorrer mi espalda, sé que está a un lado mío…
-Necesito que estén tus músculos tensos ¿Puedes hacerlo?
-Si Mi Amo.
-No sueltes la respiración hasta que te lo indique ¿Lista?
-Si Mi Amo.
-Inhala- me indica con un tono suave, así que aspiro aire y aguanto y al momento siento su pie golpear mi estómago… La sorpresa más que el dolor me hacen soltar el aire de manera ruidosa.
-Vamos a ver, por si acaso no entendiste la indicación, tú debes de mantener el aire dentro hasta que yo te lo indique, lo que hagas o dejes de hacer es asunto tuyo no mío, espero que ahora ya esté claro ¡Inhala!
Y ahora su pie llega con un poco mas de fuerza a mi abdomen, ahora si siento dolor, pero el aire se niega a quedarse dentro.
-Lo vamos a repetir hasta que logres dominar la salida del aire.
Tiemblo en espasmos…
.¿Lista?- muevo la cabeza afirmativamente, siento mi corazón salir por mis oídos… Unos segundos de espera que saben a eternos. Aprieto los labios con fuerza por si acaso…
-¡Inhala!- Jalo aire y trato de mantenerlo pero el golpe seco de su pie hace que de nuevo mis labios no contengan su salida.
-¡Inhala!- Aun no me recupero del anterior, no es mucho lo que logro aspirar cuando su pie choca con mi abdomen.
Dos, tres, cuatro veces más, las lágrimas mojan la alfombra, la secreción de mi nariz no me dejan respirar… Trato de no sollozar, el dolor no me deja ya aspirar…
-¿Lista?- No, ya no tengo fuerzas, pero muevo la cabeza afirmativamente.
Siento su mano recorrer mi espalda hasta llegar a mi cabeza, la acaricia, toma mi cara entre sus manos y mirándome pregunta.
-¿Estás bien?
Apenas puedo mover la cabeza afirmativamente.
Ayudándome a levantar y me indica que me limpie la cara dándome un pañuelo, nos sentamos en el sillón y mientras me abraza voy recuperando el aire y me siento más tranquila.
-Si no estás bien, debes de decírmelo, ya decidiré yo si continuo o me detengo, tu obligación es decirme siempre como estas… Nunca me complacerá que por callarte termines lastimada.
-Ahora vamos a ver si aprendiste- Dijo con aire serio, muy serio diría yo.
-Siéntate derecha, no te muevas, cierra los ojos y bajo ningún concepto los abras hasta que te lo indique… Recuerda, no pienses sólo siente.
Pasó sus dedos por mi espalda la cual reaccionó a la sensación con un respingo… Un leve tirón de cabellos me recordó que no debía moverme.
Tocando mis rodillas me indicó que separa mis piernas, las cuales se abrieron cual puerta aceitada mostrando lo rápido que me humedece su contacto.
-Abre la boca y saca la lengua- Alcé las cejas por lo curioso de la orden… Otro tirón de cabellos.
Obedecí… Me sentía ridícula sacando la lengua pero cuando la saliva empezó a salir por mi boca, dejé de preocuparme por como me veía y a ocuparme de controlar el impulso de evitar que escurriera… Sus dedos jugaban ya con mis muslos, mis piernas se tensaban tratando de controlar el movimiento, la saliva goteaba de la punta de mi lengua mojando mi barbilla…
-Eres tan zorra, tan caliente-susurró en mi oído y como por arte de magia me mojé más.
-Hoy vas a probar una nueva sensación- Dijo al momento de alejarse.
No lograba ubicar en que parte de la habitación estaba hasta que escuche el sonido de la puerta. Mis ojos intentaban abrirse para ver que sucedía pero la orden era más fuerte en mi “no puedo abrir los ojos bajo ninguna circunstancia”.
-Entra-parecía dirigirse a alguien, pensé en alguna de sus amigas- Está lista y dispuesta, sólo recuerda que no puedes hablar con ella y que deberás de usar condón, yo estaré aquí vigilando cada uno de tus movimientos.
Un sudor frío empezó a recorrerme, ¿Condón había dicho? Entonces no era mujer, dentro de mi todo se movía, otro hombre no, yo no quería que otro hombre me tocara.
-¿Te das cuenta de lo que está a punto de pasar?- Me dijo mientras pellizcaba mis pezones.
Asentí con mi cabeza.
-¿Estás de acuerdo? Yo iré al sillón a observar que todo pase bien.
Todo dentro de mi gritaba que no, no quería, no lo deseaba, pero si eso era lo que Mi Amo pretendía… Afirme con la cabeza luchando por que las lágrimas no salieran mostrando mi descontento.
Rozó mis labios con la punta de sus dedos y con la palma de su mano embarró saliva en mi cara.
-Mete la lengua y disfruta.- Su tono me decía que se estaba divirtiendo.
“Si no puede hablarme, no puede dar órdenes, si no me ordena no tengo que obedecer, poco puede hacerme entonces” Me dije a mi misma recobrando un poco fuerza y seguridad.
Poco me duró el gusto, de los cabellos me levantó y tomándome por los codos me aventó a la cama, por si acaso apreté los ojos y los labios, no iba a abrirlos a la primera de cambios.
Apreté las rodillas y me hice un ovillo, por si acaso pudiera cubrirme de alguna manera, pegue mis rodillas al pecho y los sujete con mis brazos escondiendo la cara… Qué tontería pensar que de esta manera me estaba protegiendo… Escuché la suave risa de Mi Amo, saberlo cerca me daba cierta tranquilidad.
Recostada en esta posición sobre uno de mis costados, me apretaba con más fuerza cuando sentí una mano deslizarse por mi espalda hasta llegar a mis nalgas las cuales apretó con fuerza enterrando sus dedos… Fue ahí donde caí en la cuenta de lo vulnerable de mi posición, lejos de protegerme, quedé expuesta.
Tanto me esforcé en sostenerme en esa posición que empecé a sentir calambres en los brazos, las piernas empezaban a padecer el hormigueo por la falta de circulación, un leve sudor perlaba mi frente… No iba a aguantar mucho así…
Esperando algún azote, nalgada, cinturonazo, algún tipo de golpe para hacerme ceder, mentalmente estaba preparada para aguantar “fácil no se lo iba a poner… bueno más fácil de lo que ya se lo estaba poniendo”… No, no esperaba algo como sentir cosquillas en las plantas de los pies, en mis costados… luchaba por no soltarme, me mordía los labios para no emitir sonido, no quería moverme, no le iba a dar el placer de mostrar lo que sentía…
Me fui agotando, las cosquillas iban y venían interrumpidas por unos dedos jugando con mi entre pierna… Hasta que al fin se detuvieron, yo seguía en mi posición con la respiración agitada, pero orgullosa de no haber cedido…
-Vamos a ver cómo estás- Escuché la voz de Mi Amo desde algún punto de la habitación.
Mientras metía las manos en mí entre pierna me dijo:
-Deja de hacerte la remilgosa que quiero sentir.
Me solté colocándome boca abajo, separando las piernas.
-No cabe duda de que eres una perra caliente, estás tan mojada, te haces la melindrosa cuando estás disfrutando, más te vale que dejes de hacerte la difícil, como sea, terminaras jadeando. ¿Entendido?
-Si Mi Amo- toda yo para no variar quería decir no, pero mis labios dijeron sí.
Unas manos tomaron mi cadera haciéndome empinar mi culo, abierta de piernas, no había manera de no quedar bien accesible.
Sentí unos dedos presionar mi clítoris… me mordí los labios.
Mis jugos fueron usados como lubricante para que primero un dedo entrara en mi culo, después dos, después tres… dolía, claro que dolía… Entraba los tres dedos y oprimían las paredes hacia fuera para dilatarlo aun más… hasta que entraban y salían con facilidad… cuatro dedos, la misma secuencia… Dolía, claro que dolía…
Cambio a dos dedos de una mano y dos de la otra, y tiraba hacia fuera, no con delicadeza, no con mucho cuidado… Dolía, claro que dolía… Por si acaso mordí la almohada refugiando mi cara en ella.
Lo sentí colocarse a mi espalda, entre mis rodillas, tomo mis nalgas entre sus dedos y las apretó con fuerza, ahogue mi grito en la almohada, las lagrimas mojaban mi refugio…
Un manazo seco en una, después la otra, las dos, una y una, las dos, alternadas, juntas, me estaba dando con fuerza, me ardía, después una mano me azotaba y la otra apretaba mis labios, los jalaba, de repente paró… Sentí como se quitaba de ese lugar… Silencio…
-¿Mi Amo?- dije con un hilo de voz, tratando de disimular el miedo que sentía.
-Acá sigo atento chiquita, no me voy, lo estás haciendo bien- Su voz llegaba pero no se desde que punto de la habitación.
Mis ojos seguían cerrados, increíblemente no trataba de encontrarlo, sólo escucharlo era suficiente… además había una orden de por medio.
Sentí unos dedos enterrarse en mis muslos con fuerza, ambas piernas y entonces una mano sostuvo mi cabello haciéndome alzar la cabeza sin brusquedad pero con tanta fuerza que tuve que abrir la boca y una mano entro en ella… 1,2,3,4 manos me sostenían, eso derribó mi pequeña esperanza de que fuera un juego mental “haciéndome creer que había alguien más” ya no cabía duda, Mi Amo y yo no estábamos solos.
-¿Sigues creyéndote más lista que yo?
Por obvias razones no pude responder de ninguna manera.
Miedo… sentí miedo, transpiré miedo y por si acaso guarde aire en mis pulmones que se negaban a expandirse victimas de jadeo cual estertores… lágrimas bañaban mi cara escurriendo por mi cuello y a pesar de todo mis ojos continuaban cerrados…
Murmullos que no podían descifrar… mi cuello, hombros y espalda empezaban a tener pinchazos por la forzada posición… la respiración cada vez con más dificultad, mi cabeza en un loco torbellino de realidad.
La mano que estaba en mi boca se retiró y la que sujetaba mi pelo hizo que mi frente tocara… no, más bien que mi cara se enterrara en el colchón de la cama mientras el otro par de manos sostenían mi cadera para mantenerla en alto.
Sentí un pie sobre mi nuca mientras mis piernas eran separadas al máximo desde su apoyo en las rodillas.
“No puedo respirar” pensaba mientras buscaba la manera de obtener más aire sin moverme ni luchar… El pie se retiró de mi nuca pero no me moví, la lógica diría que debería de haber alzado la cabeza buscando aire, pero… no lo hice, mantuve la posición mientras trataba de respirar así…
Del pelo nuevamente mi cabeza fue levantada, sentí un aliento muy cerca de mi cara… Mi Amo si, era El como siempre, rescatándome en el momento justo.
-Gracias- musité apenas con un hilo de voz y tratando sin mucho éxito de no mostrar mi angustia por la falta de aire.
-Definitivamente estás loca- me dijo mientras regresaba mi cara al colchón.
Ahora un pie en la base de mi espalda empujando hacia abajo, haciendo que mis piernas se abrieran más al grado de sentir que me partiría en dos…
-Suficiente- alcancé a oír la voz de Mi Amo.
Silencio, ni un ruido, ni un movimiento… suspenso… por si acaso no me moví pero mi cabeza empezó a dejar venir pensamientos que conllevan a aumentar el miedo que ya sentía.
De los hombros fui colocada de rodillas, las ingles me punzaban por el esfuerzo, los muslos me tiemblan…
Alguien se deslizó entre mis piernas y sentí la punta de una verga en la entrada de mi coño… Alguien se colocó detrás de mí y sentí una mano en mi entrepierna…
-Eres tan puta, tiemblas de miedo y estás toda escurriendo- Dijo Mi Amo que ubiqué a mis espaldas.
-¿De quién eres?
-Suya Mi Amo.
-¿Qué puedo hacer contigo?
-Todo lo que quiera.
-¿Y si decido que otro te coja?
-Pues otro me cogerá Mi Amo.
-¿Lo disfrutarás o lo sufrirás?
-Si su deseo es que lo disfrute lo disfrutaré si su deseo es que lo sufra sufriré.
-¿Quieres hacerlo?
-No
-¿Lo harás?
-Si
Su mano acarició mi cabeza y me abrazó por la espalda, tomando mi barbilla me besó suavemente en los labios y lloré agradecida por el obsequio del beso.
-Hazlo- murmuro en mi oído y mi cadera bajó para enterrarme en la verga que me esperaba. Levemente moví mi cabeza negando mientras bajaba hundiendo la barbilla en el pecho.
-Alza la cara, quiero verte orgullosa de lo que estás haciendo, eres buena para coger, así que hazlo bien- Dijo mientras se retiraba de mis espaldas.
Sentí las manos del sujeto tomar mis caderas para marcar los movimientos… bruscamente se las quité… No iba él a decirme como ni a qué ritmo moverme, él no tenía ese poder sobre mí.
Me moví como loca, quería que todo terminara rápido pero Mi Amo tenía otros planes.
-Alto, ven acá.
Traté de ubicar de donde provenía la voz de Mi Amo y sin ningún cuidado o consideración me quité de encima del sujeto y me dirigí hacia Mi Amo. Pude escuchar el gemido por la brusquedad de mis movimientos y no pude (ni quise) ocultar una risita de satisfacción.
Me postré hacia donde pensaba estaba Mi Amo y sentí los dedos de sus pies colocarse bajo mi frente… Fue metiendo mas el pie hasta que mi cara estaba apoyada en el, iba a besarlo cuando levantó el pie haciendo que mi cabeza ascendiera cual balón de futbol…
Colocó después el empeine en mi barbilla haciendo que subiera más la cara… más… más… apoyada en mis rodillas y en las puntas de mis manos quitó el pie y me dejó así… No me moví pero eso duró unos pocos segundos pues carecía de equilibrio y apoyo en esa posición… Empecé a temblar…
-Si te mueves te arrepientes. Abre la boca y saca la lengua.
Obedecí.
Sentí ceniza caliente caer en mi boca… Seguía temblando y la espalda comenzaba a doler…
Más ceniza…
-No hay cenicero cerca y no voy a ensuciar el suelo, ¿Estás de acuerdo?
De mi garganta salió un “ajá” que era lo único que podía mal articular. Sentía además ya la garganta seca, la quijada adormecida y no dejaba de temblar.
-Humedece la lengua.
Metí la lengua tragando la ceniza y la sentí como masacote pasar por mi garganta.
-Sácala que tengo que apagar mi cigarro.
Un gemido escapó de mi garganta y las lágrimas me traicionaron pero obedecí. Ahora el temblor de mi cuerpo no era de cansancio y falta de equilibrio nada más sino de miedo, de mucho miedo ante la sola idea de que me quemara la lengua. Pero obedecí ¿Por qué? Yo no quería, no me hacía gracia la idea de que me quemara pero obedecí ¿Por qué no me quité? ¿Por qué seguía ahí?
Sentí como el calor del cigarro estaba a escasos centímetros de mi lengua… Lloraba, vaya que lloraba, no de manera sonora pero si con raudales de lagrimas y tremores de todo mi cuerpo.
-Esta noche sólo habrá un indulgencia ¿Quieres usarla ahora?
Una negación salió casi como gemido de mi garganta, seguía en mi posición… No pediría indulgencia, no ahora, no me confirmaría mi cobardía mas que evidente… El cigarro se acercó más, casi podía sentirlo…
-No, ya no tengo ganas de quemarte la lengua- Suspiré aliviada- Pero ahora ve y has que se corra en dos minutos máximo sino tal vez se me antoje otro cigarro.
Aún con los ojos cerrados traté de llegar a la cama, tropecé con un taburete que no sé de donde salió… Oí la risa de Mi Amo.
Al fin subí a la cama y me encontré una verga más flácida que la de un bebe.
-Por amor de Dios hombre, cooperé o yo pagaré su flacidez.
Las carcajadas de ambos no lograron relajarme, tenía solo dos minutos y estaba segura que eran casi 30 segundos los que ya habían pasado, así que me metí ese pellejo en la boca y le propiné una mamada que lo hizo reaccionar casi de inmediato, comenzó a gemir pero no se corría y de nuevo empecé a llorar. Poco después sentí que se iba a correr y la saqué de mi boca y comencé a pajearlo hasta que derramó su semen en mis manos.
-Dos minutos y cincuenta segundos… ¿Dónde dejé mis cigarros?- El tono era entre divertido y burlón y yo, de nuevo un manojo de espasmos recorrieron toda mi humanidad y las lágrimas seguía surcando mis mejillas mientras un sentimiento de frustración y miedo me invadían.
Fui a lavarme las manos topeteándome con todo (incluida una puerta).
-¿Estás bien?- Asentí.
-Ven acá, vamos a ver que tenemos por aquí- Olía ya a cigarro.
Estaba sentado al borde de la cama, me colocó con el abdomen sobre sus muslos y las manos sosteniendo sus tobillos, las rodillas dobladas mientras mis pantorrillas tocaban su espalda y comenzó a examinar mi culo.
Dobló más mis piernas pasándolas bajo sus brazos de tal manera que mis talones tocaban mis nalgas y se recargó sobre mí… No, no había manera de que me escapará en esa postura.
Separó más mis nalgas y escupió en mi culo… Yo ya me estaba imaginando lo que venía…
-Te di dos minutos ¿Cierto?
-S…si Mi Amo.
-Usaste más de dos minutos ¿Cierto?
-S…s…si Mi Amo.
-Vamos a ver que hace este culo con un cigarro prendido- y lo metió por el filtro. Sentía el calor cerca muy cerca.
-Si te mueves te quemas, si te aprietas te quemas, si lo empujas te quemas.
Seguía llorando, hiciera lo que hiciera me iba a quemar…
Era mi decisión él porque me quemarían por cobarde, por débil, por desesperada, por tonta o… por obediente.
Ante el abanico de opciones elegí la última, así que ni me moví (que me costo por la posición) ni me apreté de miedo, ni empujé por cobardía y, de manera inesperada dejé de llorar… inhalé despacio y exhalé más despacio todavía y sentí una paz increíble y… dejé de pensar, dejé de luchar no me rendí sino que me entregué.
Oí la puerta cerrarse pero no di mucha importancia al sonido, sentí las manos de Mi Amo recorres mi espalda justo por en medio, acción que normalmente me causa la reacción de arquear la espalda, pero ahora solo disfruté de su contacto, el cigarro encendido dejó de preocuparme… Su mano bajó lentamente y con cuidado retiró el cigarro. Nuevamente acarició mis nalgas.
-Bájate-dijo con ese tono suave que lo caracteriza.
Con trabajo bajé de sus piernas gateando hacia el frente, por si acaso me quedé quieta esperando la siguiente indicación.
-Abre los ojos.
La habitación estaba a media luz y sin mover la cabeza traté de buscar si estaba el sujeto al alcance de mi vista panorámica… No lo veía pero bien podía estar a espaldas mías.
Fui girándome lentamente hasta ponerme a sus pies (adoro esta posición) y tratando de ubicar donde estaba el sujeto… Nada, no lo veía.
Mi Amo acarició mi cabeza y subiendo un pie fue modificando mi postura hasta quedar hincada frente a El mirándolo directo a los ojos, con admiración, con gratitud y con un deseo enorme recorriendo cada poro de mi cuerpo.
-Eres una cerda- Dijo mientras me sonreía.
Asentí con la cabeza mientras sentía un rubor invadir mis mejillas.
Minutos que me supieron a eternidad pasaron envueltos en silencio y mirada sostenida, empezaba a ponerme nerviosa, pasaba de la sonrisa boba a el rictus de impavidez.
Mi Amo se divertía con mis gestos.
La espalda se iba encorvando y de un respingo la enderezaba… Las piernas comenzaban a hormiguear así que movía los dedos de los pies tratando inútilmente de activar la circulación.
-Ven acá-dijo al fin mientras tomaba mi barbilla.
Me acerqué a El y recosté mi cabeza en sus muslos.
-Un baño caliente, eso es lo que necesitamos ahora- Dijo mientras tomaba mi mano.
El modero la temperatura del agua antes de indicarme que entrara… Las gotas de agua caliente se sentían realmente deliciosas… Me dejé llevar por la sensación confortable mientras entornaba los ojos.
Mi Amo me abrazó por la espalda y besó mi cuello… Una oleada de excitación me recorrió de inmediato… Por instinto iba a girarme pero no me lo permitió.
-Disfruta el agua, relájate, te has portado bien.
Nunca, creo que nunca sabré que es lo que sigue y siempre termino sorprendida, pero por si acaso disfruto el aquí y el ahora con la intensidad de si fuera el primer encuentro o el último.
Publicado el 08/08/08
monique[V]