Ella se mira hermosa, entregada, radiante, dentro de la casa, es la dueña, la que ordena, altiva, imponente frente a sus demás empleados.
Segura de lo que hace y como lo hace, cada vez mas compenetrada en lo que sucede en la finca y la manera de sacarle provecho a la propiedad.
Hay veces en que no sale de su recámara, y todo lo atiende desde ahí.
Al menos cada tercer día pase lo que pase, ella se marcha al bosque y tarda horas en regresar.
Toma el camino de siempre y se mira como se pierde en la espesura del bosque, y regresa como siempre, radiante y acurrucada en los brazos del encargado.
Él la lleva a su recámara y la cuida toda la noche, sentado a su lado, vigilando su sueño o curando sus marcas.
Ciertamente los pocos empleados de la finca rumoraban y hacían conjeturas de lo que pasaba en el bosque.
Varios intentaron espiar lo que ahí sucedía, pero el Ama de Llaves siempre estaba atenta a tener a todo mundo ocupado y bajo supervisión estricta.
Dentro de las cláusulas del contrato, se establecía claramente que ningún trabajador podía salir de la propiedad en horas de trabajo.
Como el salario era generoso, y el trabajo por las inmediaciones era poco, nadie quería arriesgar su empleo.
Pero eso no quitaba los comentarios entre ellos.
-Que te digo que el capataz se tira a la dueña.
-Que no, hombre, es su guardaespaldas y la dueña tiene tendencias suicidas.
-No, no, la dueña sufre anorexia o bulimia, ¿Que no ven como regresá toda pálida y desencajada?
-¡Basta!- se oye la voz del Ama de Llaves- son peores que viejas de mercado, que no tienen algo mejor que hacer que decir tanta estupidez o es una competencia de poco cerebro.
El aspecto del Ama de Llaves, era imponente, más en su hacer que en su físico.
Pasaba los 40 años, pero mantenía una figura que muchas envidiaban.
-Es fácil tener ese cuerpo, cuando no se tiene marido ni hijos que atender-cuchicheaban las esposas de los empleados celosas de su porte, queriendo justificar el desgano que ponian en su propia apariencia.
A ciencia cierta nadie sabía nada de ella ni del como había llegado a ese lugar. Aunque era innegable que gozaba de toda la confianza de la dueña y del capataz.
Cierto día en que se avecinaba la feria del poblado próximo, el encargado tenía que ausentarse para atender algunos asuntos que lo mantendrían alejado por unos días de la finca.
-¿Llevas todo lo necesario?
-Por supuesto, sabes bien que soy lo bastante eficiente en todos los terrenos- le respondió con una leve sonrisa maliciosa.
Ella acarició su rostro y Ël frunció el ceño.
-Esto lo pagarás- le dijo en un murmullo.
La cara de ella palideció y mustió
-Perdón, no supe lo que hacia.
-Ya me encargaré yo de que no vuelvas a ser tan imprudente, recuérdame este detalle cuando regrese.
Ella sólo movió afirmativamente la cabeza.
-Para que no me extrañes tanto, le dí al Ama de Llaves indicaciones precisas de lo que debe hacer contigo. Debes obedecerla sin chistar después de las 8 de la noche y hasta las 10, ¿Te queda claro?
-Si Mi Señor.
-No quiero ninguna queja, ni nada que me ponga en mal frente a ella por tu conducta.
-Se hará como dice.
Ël acarició el rostro de ella y rozó los labios ligeramente con las yemas de los dedos, ella los entreabrió y sacó la punta de la lengua.
-Eres una zorra, no pierdes oportunidad- le dijo con una sonrisa de complacencia.
Subió en la camioneta y partió.
Los ojos se le humedecieron al mirar como se alejaba.
Después, miró de reojo al Ama de Llaves, que tenía una extraña sonrisa maliciosa...
El Ama de Llaves se acercó a ella y tomándola dulcemente por la barbilla le dijo mientras limpiaba sus lágrimas:
-Hoy a las 8 en tu habitación, vamos a ver que tan bien te han educado.
La soltó, dio media vuelta y entró en la casa.
Ella se quedó mirando el camino, por donde había partido Su Dueño, sin saber cuánto tardaría en volver.
Miró el reloj, eran las 10 de la mañana, tenía todo el día para prepararse y para extrañarlo.
Recobrando su postura de dueña de la finca, terminó de hacer los pendientes, tomó sus alimentos y a las 6 de la tarde se retiró a su habitación.
Tomó un baño, se depiló, untó con crema todo su cuerpo y al recorrerlo su mente viajó hacia las sensaciones causadas por Su Dueño.
Después se metió en la cama, dormiría una siesta para estar descansada ya que no sabía la que le esperaba.
Tomó el despertador, ajusto la hora, 7:30 PM eso le daría tiempo para estar fresca y despejada.
Desnuda se metió en la cama y se durmió...
Extraños sueños acompañaron a Fernanda en su descanso, imágenes de Camila y ella de cuando era una niña... Imágenes de sus padres y de ella cuando iban a la finca...
Sintió que una mano la sacudió levemente mientras le decía:
-Son casi las ocho, espero que no hayas olvidado tu cita.
De un brinco se puso en pie, asustada, azorada, sudorosa... Se despabiló y miro a su alrededor... No había nadie.
Las imágenes de sus sueños aún la acompañaban. Pero más aún le extrañaba la manera en que se había despertado.
-Debe ser mi imaginación- se dijo para sus adentros, miró el reloj y faltaban 5 minutos para las ocho de la noche... Por alguna razón no sonó la alarma.
Corrió hacia el baño a refrescarse un poco, y regresó a la habitación, se colocó a los pies de la cama, tomando la postura que asumía cuando iba al bosque.
A las ocho en punto se abrió la puerta de la recámara, y entró Camila, vestida toda de negro, en una especie de túnica, de una tela por demás ligera, aunque no transparente, y que dibujaba su cuerpo a la perfección.
No dijo nada, fue hacia la ventana y cerró las cortinas impidiendo las miradas curiosas o accidentales y sobre todo, la luz de la luna, encendió un par de velas que colocó en un candelabro y se acercó a ella.
La luz de las velas hacia unas extrañas sombras sobre su cara, pero sobre todo hacían brillar sus ojos de una manera sumamente especial.
Se paró a un costado de ella, acarició su cabeza, para tranquilizarla. Fernanda estaba tensa, pues no sabía lo que debía esperar. Sólo en su cabeza resonaban las palabras de Bruno, Su Dueño: “Obedecerás sin chistar todo lo que Camila te diga y no debes dejarme en mal frente a ella”
Fernanda sólo quería que Bruno se sintiera orgulloso de ella, pero estaba tan nerviosa, su respiración agitada la delataba.
-Tranquila zorrita, tranquila, acá no va a pasar nada que tu no quieras- le dijo Camila con una voz tranquila, pausada, casi dulce, sin dejar de acariciarle la cabeza- ni pasará nada que no hayas experimentado antes.
Fernanda respiró un poco más tranquila, extrañamente le tranquilizaba el contacto de Camila y su voz.
Cuando al fin su respiración fue normal, Camila tomó una cuerda y ató sus manos. Fernanda se dejó dócilmente aprisionar por esa cuerda, aunque la atadura no era como siempre, casi simbólica, ahora estaba mas tensa, y lentamente fue uniendo sus antebrazos uno sobre otro detrás de su espalda. Sintió como quedó un trozo de cuerda suelto. Después su cabello fue recogido en un lazo, el cual fue amarrado a la cuerda sobrante, jalando la cabeza hacia arriba, poniendo expuesto su cuello e irguiendo su torso desnudo.
Camila la ayudó a ponerse de pie, la giró de tal modo que pudiera ver su rostro.
-Recuerda- le dijo- que estás aquí porque quieres, y que todo lo que pase, se hará hasta donde tu lo quieras.
Fernanda trató de asentir con la cabeza, pero la rigidez de la cuerda no le permitió mover la cabeza.
La sentó en la cama y ató sus pies a las patas, dejándola totalmente abierta, expuesta e inmóvil.
-Ahora, quiero que mires estas velas, sigue las con la mirada, y sin dejar de verlas, contestarás mis preguntas, ¿Está claro?
-Si- dijo Fernanda.
-Por cada omisión, silencio, equivocación o evasión, tendrás un castigo, por cada acierto, un premio ¿Estás de acuerdo?
-Si- dijo sin comprender bien que estaba pasando.
-Dime ¿Te gusta como me veo?
-Si...
Una palmada fue dada entre sus piernas, provocando que Fernanda se sobresaltará.
-Mientes, no sabes como me veo, no me has observado.
Dos palmadas mas fueron directo y al lugar exacto.
-Veo que Bruno no miente sobre ti, con tres manazos ya te estas humedeciendo- le dijo mientras acariciaba su entre pierna y antes de retirarla, dio un pellizco en su clítoris, sintió el roce de las uñas sobre su sexo, lo que aumentó su grado de excitación.
-Ya estás más conciente de cómo debes responder, así que el siguiente castigo no será tan tierno- Y la voz de Camila empezaba a endurecerse...
-Para ayudarte a concentrar, pondremos unos adornos a tus pezones- le dijo mientras los retorcía para ponerlos erectos mientras pasaba la lengua por su cuello. Esa mezcla de sensaciones eran desconocidas hasta entonces para ella, por un lado, sus pezones siendo aprisionados, retorcidos, jalados por los dedos de Camila, y la lengua deslizándose por su cuello, la respiración cerca de sus orejas, el rocé de los dientes por su piel...
Dos pinzas fueron puestas en sus pezones, una en cada uno. Ella solo emitió un leve quejido, más de excitación que de dolor.
-¿Qué estarías dispuesta a hacer por tu Dueño? -Le preguntó mientras se retiraba de ella.
-Todo- dijo sin tener siquiera que pensar en la respuesta.
-¿Todo?
-Si, todo.
-¿Te das cuenta del alcance de esa palabra?
-Si.
-¡Mientes!
De un solo golpe fueron arrancadas las pinzas de los pezones, haciendo que ella soltara un grito, ahora si de dolor.
Volvió a poner las pinzas en su lugar y agregó un par más en cada seno. Después se situó de nuevo frente a ella y sin dejar de mover el candelabro en movimientos rítmicos circulares, dijo:
-Te repito la pregunta, y piensa bien antes de responder ¿Qué estarías dispuesta a hacer por Bruno?
Fernanda tomo aire, como para poder dar más fuerza a sus palabras y alejar de su mente la sensación de las pinzas en sus senos y respondió:
-Todo- cerró los ojos esperando que las pinzas fueran arrancadas nuevamente, lo cual no sucedió.
Camila roció con cera los pechos de Fernanda, la cual se revolvió un poco ante la sensación de la cera la cual no era no dolorosa, sino más bien cálida. La presión de las pinzas sentía que iba en aumento
-Cuéntame lo que pasa en el bosque.
-Mi Amo me utiliza como le place- la voz de ella empezaba a ser jadeante.
-Se más explicita- le dijo mientras empezaba a sobarle el coño.
Era una sensación diferente, la mano de Camila parecía saber exactamente donde y como acariciarla, lo cual hacia que ella se humedeciera con gran velocidad.
-Me venda los ojos, y utiliza indistintamente mi boca, mi coño o mi culo- respondió Fernanda con la respiración entre cortada y olvidando las pinzas y la cera en sus senos.
Camila introdujo un dedo dentro de la vagina mientras con otro seguía acariciando el clítoris.
Fernanda se estremecía ante ese placer no esperado, disfrutándolo, sin saber lo que pasaría.
-¿Te golpea?
-Ssssi- musitó ella
-¿Fuerte?
-Nnno.
De pronto, la mano se cerró aprisionando entre los dedos la vagina y el clítoris, clavándose de manera dolorosa.
Fernanda trató de retirarse, lo cual era imposible, dadas sus ataduras y los movimientos agitaban las pinzas, agregando más dolor.
-Mientes perra perdida, por tus marcas se nota que el castigo es fuerte. Le dijo mientras sacudía un poco la parte que tenía aprisionada.
-Mi Dueño me golpea como a Él le place, a veces fuerte hasta sangrarme la espalda o mis nalgas, pero después las chupa, las lame, provocándome mucho placer y mitigando el dolor.
La soltó y metió la mano en la boca de ella, casi hasta tocarle la garganta.
-Chupa, chupa tus jugos de puta perdida.
La voz y los movimientos de Camila empezaban a ser más duros, y en sus ojos ese extraño brillo...
Fernanda trataba de evadir esa mano mojada en sus jugos que invadía su boca, pero la postura y el amarre no le eran de mucha ayuda para lograrlo.
-¡Deja de moverte!- y una por una fue quitando las pinzas con un golpe, dejando tiempo suficiente entre cada una para que ella se hiciera consciente del dolor y la sangre circulara, aumentando la sensación.
Sintió unas uñas enterrándose en su seno, muy fuerte, sobre las marcas de las pinzas.
Después hizo lo mismo en el otro seno.
-¿Alguna vez te mordió?
-No, nunca.
La presión sobre su seno aumentó.
-¿Estás segura?
-Si- dijo Fernanda tratando de contener las lágrimas.
La presión aumento un poco más, pero aunada a caricias en su clítoris.
Fernanda empezó a no saber distinguir entre el dolor y el placer que empezaba a sentir.
Los movimientos en el clítoris fueron aumentando y las uñas salieron de su seno dejando escapar unas gotas de sangre en cada marca, y provocando en una oleada de excitación, haciendo que Fernanda involuntariamente moviera la cadera.
Más y más rápido esos dedos se deslizaban por todo su sexo, Fernanda no sabía ya cuanto mas podría resistir, jadeaba, sudaba, se estremecía, y justo cuando un orgasmo iba a hacerse presente, las caricias fueron detenidas... Así sin más, dejándola en una angustiante situación de excitación reprimida.
Camila, desató sus pies, masajeó sus piernas, desató su pelo y sus brazos, y les dio masaje, después, lamió las gotas de sangre aun fresca que salían de las marcas de sus uñas en los senos de Fernanda, haciendo que la excitación de ella nuevamente se elevara.
Colocó antiséptico en la herida, acarició su cabeza y le dijo:
-Son las 10, descansa, mañana será otro día. Te has portado bien, espero que sigas así. No tienes permiso para tocarte, ni masturbarte, cuida de no hacerlo, yo me daré cuenta si desobedeces.
Besó ligeramente los labios de Fernanda y salió de la habitación...
Fernanda se quedó mucho tiempo sin moverse, sin entender que era lo que había pasado, sentía sus jugos correr por entre sus piernas, su cuerpo extrañaba a Bruno. Él nunca la había dejado sin correrse, a veces parecía que lo haría, pero siempre la dejaba correrse, y después le lamía el coño hasta secarla de sus jugos.
Decidió darse un baño y meterse en la cama, se sentía cansada, el sueño la alcanzó rápidamente y se quedó dormida, nuevamente extrañas imágenes la acompañaron toda la noche...
La luz del sol entró por las ventanas al ser recorridas las cortinas, haciéndola despertar.
-Buenos días señorita, le subí un poco de jugo, ¿Quiere que le suba todo el desayuno o bajará a desayunar?- Le dijo Camila, con el mismo tono amable que había tenido desde que la conoció cuando era niña, en nada se parecía a la mujer que anoche la había torturado y dejado en un orgasmo reprimido.
De momento pensó que lo había soñado, pero al mirar las marcas en sus senos, supo que en realidad Camila había estado la noche anterior ahí.
Su excitación no podían ser indicio, ya que dada la lejanía de Bruno, y sueños extraños que tuvo, podían ser la causa.
-Si, gracias, enseguida bajo-Le dijo Fernanda tratando de recobrar su postura de Señora de la casa.
Quince minutos después descendía por la escalera, con unos vaqueros ajustados, una playera cualquiera, y el cabello arreglado en una cola.
Desayunó sin decir una palabra, como siempre, y se dirigió a atender sus asuntos, trató de estar lo más ocupada posible, para no pensar, para no sentir.
Al no estar el Bruno, ella decidió supervisar personalmente lo que pasaba en la finca, los empleados la miraban extrañados ya que solamente la veían cuando Bruno la acompañaba.
Fernanda los saludaba y preguntaba como iban las cosas, los pendientes, el progreso.
Uno de los empleados mas viejos se le acercó, mirándola con una extraña mezcla de cariño y compasión.
-Señorita buenos días, lamento mucho lo de sus padres, de un tiempo para acá, muchos jóvenes se están quedando huérfanos de manera extraña...
No pudo agregar más, la figura de Camila se hizo presente a espaldas de la joven.
El empleado se miró turbado, y sin decir más, dio media vuelta y se alejó.
-No tome en cuenta ese comentario, son tonterías de gente de campo ¿Quiere algo fresco de beber?
-No gracias, estaré por acá un rato, quiero visitar la caballeriza.
De cuando en cuando, Camila pasaba cerca de ella y le decía algunas frases que la sacaban de balance y la regresaban al estado de excitación.
-¡Señorita!-dijo con sorpresa uno de los trabajadores al mirarla entrar en el establo.
Fernanda se acercó más por inercia que por interés.
-No quisiera molestarla, pero como no está el capataz, no sé a quién reportarle que nuevamente no se presentó a trabajar el ayudante del establo.
-¿El joven alto, de cabello rizado? No recuerdo su nombre, ¿De él me dices? ¿Cómo que nuevamente?
-Ese mismo señorita, se llama Marcos. Cada cierto tiempo, desaparece por un par de días, le hemos dicho al Sr. Bruno, pero no lo ha despedido.
-Bueno- dijo ella con tono firme- si el Sr. Bruno no lo ha despedido, sus razones tendrá, debe ser eficiente.
-Pues...- el trabajador desvió la mirada, para que no notara la envidia que el muchacho le provocaba.
-Pues nada- dijo Fernanda- cuando regrese dile que vaya a verme.
Dio media vuelta y entró en la casa.
Camila le salió al pasó súbitamente, provocándole un sobresalto...
La miro, por primera vez realmente miró Camila, y si, era una mujer muy hermosa, demasiado se podría decir, y con toda razón era la envidia de las mujeres del pueblo, poseía un cuerpo espectacular, y una extraña juventud, para la edad que decía tener.
Camila la sacó de su escrutinio tomándola de la barbilla delicadamente, se acercó a su oreja y le dijo:
-Hoy a las ocho, no lo olvides- y le metió la lengua.
Fernanda sintió como su panti se mojaba, trató de retomar su postura y le dijo:
-No, no lo olvido- y siguió su camino a la sala.
Había sobre la mesita un libro en el que no había reparado. No tenía título ni nada que diera una idea sobre el tema que trataba.
Era un libro ya viejo, con pastas de cuero y bordes gastados.
Cuando extendió la mano para mirarlo con más detenimiento, escuchó una voz que decía con autoridad y en tono amenazante.
-¡No te atrevas siquiera a tocarlo!
Por instinto retiró la mano, y se alejó del libro, pero al voltear a ver quién le había hablado de esa manera, no vio a nadie.
Volteó hacia la mesita decidida a ver el libro, pero ya no estaba.
“Debo estarme volviendo loca o estoy muy cansada, ya imaginó cosas, mejor iré a descansar un rato” pensó.
Subió a su recámara, no puso la alarma del reloj aún era mediodía, así que solo se recostó, y se quedó dormida...
-Ya son casi las ocho, no olvides tu cita- una voz ya no tan desconocida, la misma de la noche anterior la despertaba, al igual la sensación de la mano sacudiéndola suavemente.
Abrió los ojos sobresaltada, miró la oscuridad y consultó el reloj, “siete cincuenta” marcaba.
Rápidamente y ya sin meditar el proceder de la voz, corrió a asearse, y ponerse en posición, justo a tiempo para cuando se abría la puerta de su recámara.
Su respiración era notoriamente agitada, por las prisas y la presión de no estar a tiempo, su piel y cabello aún lucía gotas de agua, su pecho se movía a cada respiración. Trató con grandes inhalaciones, controlarla, lo cual hacia que sus senos se irguieran como invitantes.
Nuevamente Camila pasó junto a ella sin decir nada, nuevamente cerró las cortinas para evitar las miradas y la luz de una luna llena esplendorosa, y nuevamente encendió dos velas en el candelabro.
-¿Recuerdas las reglas?
-Si
-¿Estás de acuerdo?
-Si
-Sea como tú quieres- le dijo mientras deslizaba las uñas levemente por su espalda desde la cintura hasta la nuca. provocándole un escalofrío.
-Acuéstate, boca arriba expuesta.
Fernanda se tendió en la cama, con los brazos y piernas separados, Camila dejó el candelabro en el buró y la ató dejándola en una perfecta posición de X.
Caminó hasta colocarse a los pies de la cama, Fernanda notó que Camila tenía algo en la mano, pero no alcanzaba a ver que era, pues las velas no daban una buena iluminación, aunque los ojos de Camila parecían tener luz propia.
Fernanda pensó que era algo para torturarla, para pegarle, para causarle dolor, que lejos estaba de saber lo que pasaría.
Camila pasó la mano por su sexo, suavemente, lo acarició provocando rápidamente que Fernanda se humedeciera, no fue cosa difícil de lograr, debido al estado en que la había tenido todo el día y a lo acontecido la noche anterior.
-Eres tan puta- le dijo con una extraña sonrisa, mientras le introducía un falo en la vagina que ya chorreaba.
Con movimientos rítmicos y caricias en el clítoris, hacia que ella fuera aumentando sus jadeos, sus movimientos, su excitación.
-No puedes correrte sin permiso perra, no lo olvides.
Fernanda casi no podía contenerse, la sensación era increíblemente placentera.
-Por favor, permítame correrme- le dijo casi sin aire.
-No, aún no, aguanta un poco más- le respondió mientras aumentaba la velocidad de los movimientos.
-Por favor, no puedo más- suplicó.
De un golpe le retiró el falo de la vagina y cesaron las caricias, nuevamente le fue negado el orgasmo.
Fernanda se retorcía desde su inmovilidad, jadeando como una perra en celo.
-No me puede dejar así- gritó.
Fernanda, lejos de molestarse con esa manifestación, parecía complacida.
-Te daré dos opciones- le dijo con una voz casi maternal- Puedo ayudarte a correrte y decirle a Bruno que no te educó adecuadamente, con lo cual le causaras vergüenza o... Puedo castigarte por tu impertinencia y así limpiar el hecho, tú decides.
-No por favor, no, no quiero que Mi Dueño sienta vergüenza por mi causa-musitó suplicante.
Camila tomó un látigo de colas cortas y se situó a los pies de la cama.
-Cuenta y agradece- le dijo al momento de azotar directamente sobre su sexo.
Un gemido salió de la garganta de Fernanda, pero de inmediato dijo:
-Uno, gracias por ayudarme.
El castigo se prolongó hasta 30 veces, cada una con mas intensidad que la otra.
Las lágrimas surcaban el rostro de Fernanda, su sexo estaba ya al rojo vivo, pero nunca pidió que se detuviera, se mantuvo firme.
Camila acarició la entre pierna de Fernanda, suavemente, para mitigar su dolor.
-Te has portado bien- le dijo, mientras seguía tocándola, sabiendo exactamente como hacerlo.
Y de nuevo Fernanda se humedecía, rápidamente parecía haber olvidado los golpes y regresaba a ese estado de excitación, que había llegado a ser torturante.
-¿Eras virgen cuanto te entregaste a Tu Dueño?- le preguntó sin dejar de tocarla.
-Sssi- dijo ella entre jadeos.
-¿Fue brutal o dulce la penetración?- Y aceleró los movimientos.
-Dulce, dolorosa pero dulce- respondió ella moviéndose casi como desquiciada.
-¿Te azotó antes de penetrarte? Y los movimientos descendieron.
-Sssi- dijo ella luego de un suspiro de frustración.
-¿Sangraste?- y los movimientos se detuvieron pero no quitó la mano de ahí.
-¡Si!- dijo casi al borde del llanto por la angustia de la excitación provocada.
-¿Se corrió dentro de ti?- y los movimientos regresaron.
-No lo sé- dijo casi sin aire.
Un pezón fue fuertemente aprisionado por los dientes Camila y el otro por las uñas.
Ella ahogó un grito, bajó la mano que le tapó la boca.
Soltando el pezón que mordía le dijo:
-Recuerda, no hay omisiones, solo respuestas- y le tomó los pezones entre los dedos y los retorció con tal fuerza que parecía que los arrancaría.
El dolor fue tanto que ella no pudo ni emitir sonido.
Unos segundos después la soltó, sobó los pezones, los senos, los chupó, los lamió logrando que ella cambiara el ritmo de su respiración.
Era tan fácil llevarla del dolor al placer...
Mientras seguía ocupándose de sus senos, la mano descendió de nuevo a su coño, y de nuevo las caricias, y de nuevo los jadeos, y de nuevo la súplica para poder correrse.
Y sí, de nuevo el orgasmo reprimido.
Fernanda pensaba que se volvería loca, que no podía seguir así.
“En cuanto se vaya, me masturbaré, nunca se dará cuenta” pensó decidida.
Una carcajada escapó de la garganta de Camila.
Desató los tobillos de la cama y los ató a sus muñecas, doblándola, dejando su coño y culo expuestos.
Fernanda dócilmente se dejó atar.
Camila tomó el candelabro y se colocó frente a ella.
-¿Así que te sientes muy caliente?- Preguntó con una extraña sonrisa acentuada por la luz de las velas.
Fernanda empezó a imaginar lo que pasaría.
-No, no, nada que no pueda controlar- dijo como tratando de evitar lo que veía venir.
Un chorro de cera cayó directo sobre su culo, haciéndala gemir.
-Eres una perra embustera, o me tomas por una tonta- Y ahora otro chorro de cera caía sobre su coño.
La sensación de la cera caliente en su sexo expuesto hacia que ella tratara de evitarlo subiendo y bajando la cadera. En un momento en que ella subía la cadera hasta que sus rodillas casi tocaran la cama a la altura de su cabeza, sintió como algo le era colocado para mantenerla en esa posición, después sintió como la cera era arrancada con las uñas.
Soltó un grito, al cual siguió un azote potente con la mano, por parte deCamila.
-Cállate, no tiene caso que grites, nadie vendría a ayudarte, aunque algún empleado te escuchara, saben que no pueden acercarse, pues perderían su empleo, la paga es buena y el trabajo escaso en los alrededores. Además, le tienen tanto miedo a Bruno como a mi, así que evita ese ruido desagradable de tu garganta.
Fernanda sentía gran desesperación y miedo al saberse tan desprotegida y tan sola, totalmente a merced de Camila, que en mucho distaba a la mujer buena y tierna que recordaba en su niñez.
Las lágrimas amenazaban con salir de sus ojos. Mientras sentía como sus nalgas eran cruzadas una y otra vez por los arañazos haciéndolas sangrar.
-Ya mi niña, no llores, ya pasó- le dijo Camila cambiando el tono de su voz, mientras lamía sus nalgas.
Ese contacto de la lengua sobre sus heridas, era muy similar al que sentía cuando Bruno la curaba.
“-La saliva es un buen antiséptico y coagulante- le decía Bruno mientras la lamía- además el roce de la lengua hace que cualquier impureza quede fuera de las heridas, recuerda que los animales se lamen las heridas, por instinto, saben que esa es la manera de que sanen más pronto.”
Camila parecía disfrutar lo que estaba haciendo, después escupió un par de veces en su culo e introdujo un dildo, no muy grande, pero si lo suficiente como para que Fernanda dejara escapar un gemido.
Jugó con el por un rato, metiéndolo y sacándolo de su culo, en diferentes ritmos, luego lo dejó un rato dentro, mientras acariciaba las nalgas de Fernanda, para verificar si continuaba sangrando.
La sensación del dildo en el culo y las caricias, hicieron su trabajo en la excitación de Fernanda, lo cual notó Camila al ver la humedad empezar a correr por el coño.
-No eres más que una perra- le dijo mientras acariciaba su clítoris.
-Como perra que eres, no te importara sujetarme esto, le dijo mientras sacaba el dildo y lo metía en la boca de Fernanda, sin darle tiempo para reaccionar.
Camila la desató, sobó sus extremidades, quitó el dildo de su boca, la cual ya escurría saliva, posteriormente la acarició largamente, sobre todo en la entre pierna, y finalmente le dijo:
-Has estado bien, pero para evitar que te toques de manera involuntaria, creo que deberé de colocarte esto, y le mostró un cinturón de castidad.
No le dio tiempo a reflexionar, y se lo colocó.
-Dulces sueños, descansa, te has portado bien, no se te ocurra bañarte con eso puesto, despedirás un olor espantoso- le dijo con una sonrisa burlona mientras cerraba la puerta.
Fernanda suspiró resignada, se metió en la cama, estaba adolorida, el cinturón era incómodo pero finalmente se durmió...
Más de esos extraños sueños la despertaron incontables veces durante la noche, y fue hasta que aparecieron los primeros rayos del sol, que pudo dormir tranquila, siendo despertada nuevamente por Camila cerca de las once de la mañana.
-Se esta volviendo dormilona- le dijo como si nada hubiera pasado- Le subí jugo y fruta, para que la servidumbre no la vea desayunar a estas horas.
-Gracias- tartamudeó Fernanda.
-Cuando terminé su desayuno, llámeme para que le ayude a quitarse “eso”, debe sentirse incómoda.
No esperó la respuesta, sólo salió de la habitación dejándola sola.
Fernanda sólo esperaba que Bruno regresara pronto, le echaba tanto de menos.
A los quince minutos, tocó el timbre y casi de inmediato apareció Camila en su habitación, le quitó el cinturón y la acompañó al baño.
-Orine, no la voy a dejar sola, no puede tocarse y aún no me fió de su fuerza de voluntad.
Sabiendo que no podría ganar una discusión sobre el asunto, orinó y se metió a la ducha, bajo la mirada de supervisión Camila, era una situación por demás humillante, ni siquiera vivida antes con Bruno.
-¿No le arden?- preguntó el Camila mientras señalaba sus nalgas.
Fernanda negó con la cabeza, las heridas no eran profundas y la saliva de Camila al parecer había surtido efecto, tal cual se lo decía Bruno.
Ayudó a vestirla y bajaron juntas, casi al medio día.
Fernanda salió a ver como iban las cosas en la finca, cuando el empleado del día anterior le comunicó que Marcos había regresado como si nada al trabajo.
-Señorita, acá está, me dijo que se lo trajera.
-No fue exactamente lo que te indiqué, debes aprender a seguir las indicaciones, a mi no me sirven los trabajadores que no saben hacerlo.
El empleado se retiró, con un cierto aire de enfado.
-Buenos días señorita- dijo Marcos con un aspecto cansado, y apenas con un hilo de voz.
Grandes ojeras enmarcaban un par de ojos ambarinos de largas pestañas; tenia el pelo ensortijado, ligeramente largo, de un color negro profundo que contrastaba con la blanca piel, las mejillas sonrojadas y profundas ojeras.
De labios carnosos, y nariz recta... realmente tenia un rostro atractivo.
El cuerpo de Marcos de no más de 25 años, denotaba una musculatura marcada y gran fuerza, aunque se notaba como ausente, cansado, algo en él le era muy familiar.
-Así que has faltado a trabajar.
-Si señorita.
-¿Así nada más? ¿No tienes nada más que alegar?
-No señorita.
No eran respuestas altivas, ni retadoras, ni cínicas, sólo eran eso, respuestas cortas y concretas.
-¿Estás enfermo?- y ella intentó tocarlo por el hombro.
El se retiró, y su cara palideció.
-No señorita.
-Me dicen que faltas con alguna regularidad, y que el Sr. Bruno nunca te dice nada al respecto.
-Así es señorita.
-¿Existe algún motivo?
Marcos iba a responder cuando interrumpió Camila.
-Ya déjelo tranquilo, el muchacho hace un excelente trabajo, es confiable, honrado y trabajador, y al igual que usted, huérfano y si se ausenta un par de días de cuando en cuando, no afecta el funcionamiento de la finca.
Fernanda volteó a mirar a Camila, notoriamente contrariada.
-Creo que eso no es asunto tuyo, regresa a tus ocupaciones.
Camila sonrió extrañamente y salió de la habitación.
-Está bien, anda a tu trabajo, espero que no sea tan frecuente tu ausencia y que lo que te hace faltar al trabajo, no sea algo de que preocuparse.
Marcos salió de la habitación sin mediar ninguna palabra.
La mirada de Fernanda no se apartó de aquel muchacho, hasta que se cerró la puerta.
-¿Te gusta?
-Estás loca, no me gusta, me intriga, que no es lo mismo.
-No tiene nada de malo que te guste, ni siquiera tendría nada de malo que lo desearas.
-Déjame en paz, tengo mucho que hacer- y salió de la casa, rumbo a los establos.
Pero cambió de idea apenas había avanzado unos pasos... si ella iba a los establos, podría despertar rumores y malos pensamientos, sobre todo en Camila.
Cerca de las seis de la tarde, se retiró a su habitación, se sentía cansada e inquieta, toda esa excitación reprimida la tenia como loca, y algo debía de hacer.
Se metió en la tina, dispuesta a calmar ese calor en su entre pierna, cuando Camila irrumpió en el cuarto de baño...
-Nada de trucos, me cercioraré de que no toques de mas.
Fernanda suspiró resignada, y tras un rápido aseo, salió de la tina. La luz de la tarde que ya pardeaba, dibujaba sus formas en un juego de claro-oscuro bastante incitante.
Secó y untó crema en toda su piel, la sensación de sus manos sobre ella, hizo que casi olvidara que estaba bajo la mirada vigilante de Camila.
Se dirigió a su recámara.
-Espero que no sea inconveniente si duermo un rato- dijo con aire leve de insolencia.
-No, por supuesto que no, aún quedan un par de horas para las ocho, así que necesito que te pongas esto- y le enseñó el dildo de la noche anterior.
-No quiero lastimarte al rato y necesito que estés preparada y para evitar que se salga o te toques de mas pondremos esto- le dijo mientras le mostraba el cinturón de castidad que ella ya conocía.
Le extendió también un tarro de lubricante, el cual unto en el dildo y se lo coloco, posteriormente se dejó poner el cinturón, le sorprendió que la situación le pareciera excitante.
Mientras lo colocaba, Camila rozó varias veces sus senos con los de Fernanda, lo cual avivó el estado de ella.
Se metió por fin en la cama y casi inmediatamente se quedó dormida.
Pero no fue un sueño tranquilo, la abstinencia de los días y el dildo metido además del cinturón, más que relajarla, la tenían mucho mas tensa, mucho más excitada, demasiadas hormonas viajaban ya por su torrente sanguíneo alterando su ritmo cardiaco y respiratorio, las glándulas sudoríparas generaban demasiado sudor, lo que aumentaba la sensación de incomodidad.
Sintió la presencia de alguien, lo cual hizo que abriera los ojos rápidamente, pero tenia una extraña mezcla de miedo y zozobra, y por ello, no podía moverse de la cama.
Poco a poco se fue acostumbrando a la oscuridad y con los ojos recorrió la recámara hasta fijarse en el reloj.
-Las 7:45, ya casi es la hora- dijo en un tono de resignación.
Salió de la cama, con la intención de ir a orinar, pero con el cinturón era imposible.
Se sentó a la orilla de la cama, observando el caminar del reloj, mientras su mente viajaba junto a su dueño...
En la caballeriza, al fondo, había una covacha en muy mal estado.
La puerta se abrió, dando paso a Camila, y dentro, atado a una cama, estaba Marcos, agitado, sudoroso, en un estado similar al de Fernanda.
Camila acarició la verga de Marcos, aprisionó suavemente sus huevos y jugueteó con el glande.
Marcos apretaba los ojos, como queriendo evadir esas sensaciones, no quería excitarse, pero no tenía mucha suerte con eso.
Camila se acercó a su cara y mientras lamía sus labios, le dijo:
-Hoy es una hermosa noche, creo que saldremos a dar un paseo, espero que te portes obediente como siempre, y tal vez permita que te corras.
Marcos asintió con la cabeza, y su verga comenzaba a inflamarse con la sola idea de la follada, eran varios días ya que estaba a punto de correrse y no le era permitido.
Mientras se vestía, Camila acarició las marcas en su espalda.
-¿Te hice mucho daño mi tesoro?- le dijo con una voz dulce y provocativa.
-No, Mi Señora, Usted sabe que mi placer es servirle.
Camila sonrió satisfecha por la respuesta.
Salieron de la covacha y se dirigieron a la casa, entraron por la puerta de atrás y justo al pie de la escalera, Marcos se detuvo algo confundido,
-Ven, no tengas miedo, Fernanda nos está esperando.
Subieron la escalera en penumbras, y abrió la puerta de la habitación justo cuando sonaban las ocho de la noche, dejando que el muchacho mirara a Fernanda, hincada, desnuda, alumbrada apenas por un rayo de luna que se metía por la ventana.
Se quedó inmóvil al mirarla así, tan bella, tan mansa, tan entregada...
Camila entró, como siempre, hizo señas a Marcos de que cerrara la puerta y se dirigió como siempre a cerrar las cortinas y a prender las velas, sin mirar siquiera a la Fernanda. La cual no se movió, ni quiera de reojo miró a ver que pasaba.
050207 al 310307
monique[V]