No hay luz, no hay sonidos, la temperatura… templada…
No alcanzó a imaginarme las dimensiones de ese espacio… no quiero moverme temiendo caer, tropezar…
¿Será de día o de noche? ¿Estaré en la ciudad o en el campo? Mis ojos… ¿Están abiertos o cerrados?
No tengo hambre, no tengo sed, es como estar en la nada… si… en la nada…
- Ven- Escucho su voz, pero no acierto a saber de dónde sale…
Espero a oír la voz de nuevo, pero sin mover un solo músculo… Silencio…
Inclino la cabeza tratando de escuchar algo, lo que sea, pero nada…
Empiezo a serenarme con el correr de los minutos… Y oigo… oigo su respiración suave y pausada…
-Ven- No es una petición pero tampoco es una orden, es… una guía ¡Sí!
Trato de avanzar pero aún titubeo, no me siento tan segura… Silencio nuevamente…
Ahora sé que mis ojos están cerrados, inhalo y exhalo… Al salir el aire de mis pulmones, me relajo… MI cabeza se ladea instintivamente y de nuevo oigo su respiración y siento un tremor en mi corazón y mis labios esbozar una sonrisa…
-Ven-
Doy un paso, extendiendo mi mano buscando La Suya…
No hubo necesidad de caminar más… Había estado ahí frente a mí todo el tiempo, sólo era cuestión de confiar y vencer mis miedos.
Feliz a Los Pies de Mi Amo
monique[V]
Publicado el 21/02/2010
Situaciones
Relatos de Situaciones
lunes, 22 de febrero de 2010
Una depilación diferente.
Días y días de magia, semanas y semanas de sentirme en una relativa armonía, salvo claro, esos días lunares, donde las hormonas juegan a volverme loca, donde las emociones se disparan y mi sentir es mas intenso sea el sentimiento que sea, donde un comercial de niños con cáncer me hace llorar como Magdalena o un chiste de Pepito me provoque carcajadas estruendosas o ver una pareja de ancianos tomados del brazo caminando por el parque me arranque un suspiro que haga mover las copas de los árboles o el chafirete de un autobús de pasajeros haga brotar el léxico mas florido que se pueda imaginar.
Esos días lunares, mi devoción por Mi Amo es más intensa si, pero también el deseo de ser “perfecta”… Sí, sí, ya mi parte racional que funciona los demás días del mes sabe que la perfección se puede perseguir pero es una carrera perdida y por lo tanto los demás días no me mata ni me agobia la idea, pero en los días lunares… en esos días lunares…
-El clima se ha vuelto loco- pienso mientras las gotas de sudor empiezan a perlar mi piel esperando mi turno para depilarme.
Días hormonosos en donde también mi vergüenza aumenta, porque a pesar de los pesares y del tiempo transcurrido, aun me da pudor ir a depilarme.
Con una sonrisa más fingida que la del anuncio de una pasta dental, empiezo a desvestirme. Tomo un par de pañuelos desechables para tratar de secar el sudor de mi cuerpo. De reojo veo a la señorita que prepara la cera y entonces el solo recuerdo de la sensación de la cera caliente me provoca un agradable cosquilleo.
-Concéntrate- pienso- si te mojas no habrá explicación posible para justificarlo.
Me recuesto en la camilla, con una toalla pudorosamente colocada sobre mi torso, cierro los ojos y trato de pensar en el último partido de fútbol… No, mala idea, los futbolistas tienen unas nalgas es-tu-pen-das… ok, pensaré en el programa de cocina… No, mala idea… Paulino tiene un acento que hummm hummm y la manera en que toma los alimentos me hace pensar en como los deslizará en la piel de una mujer… ok, probemos con…
Y siento la cera caliente en mis piernas y un hormigueo recorre mi piel, pero no alcanza a llegar hasta la cabeza porque un tirón me regresa a la realidad.
-Siquiera cuéntame hasta tres- le digo sonriendo… Ella solo sigue su trabajo, tan callada, tan concentrada.
Sigue con su labor, y yo disfrutando la sensación cálida y sufriéndola después.
Llegamos a mi entrepierna y siento mi cara estallar de vergüenza.
-¿Se siente mal?
Niego con la cabeza.
-Debe ser calor por la cera.
-¿Se sigue depilando con pinzas el frente?
Asiento con la cabeza.
Y entonces, la sensación de sentir esa calidez, sentirme tan expuesta, y las hormonas de fiesta, y un leve gemido sale de mis labios…
-¿Está muy caliente?- pregunta interrumpiendo la aplicación.
-“¿Quién, yo? Si, parece que si”- Pienso mientras niego con la cabeza tratando de recuperar la calma.
Tal vez sea una mala percepción mía, pero estoy segura de que espero más de lo normal en dar el tirón de la tela llevándose con ella esos vellos de los labios vaginales.
No grité, no gusto de dar espectáculos de ese tipo, pero me invadió la rabia por ese lapso de espera. Ella volvió a aplicar cera ahora del otro lado, y lo mismo, un compás de espera que estaba despertando mis instintos asesinos.
Esta vez puso demasiada atención a mi entrepierna y yo pasaba de la placentera sensación de la cera, al ardor posterior.
En esas estábamos cuando sonó mi celular.
-¿Dónde andas?- Preguntó Mi Amo.
-Depilándome- respondí tratando de contener mi voz al sentir una nueva aplicación de la cera.
-¿Estás de cerda?
-Nnoo- Alcancé a responder al sentir el tirón.
-Pobre de ti si estás ahí de ofrecida- Su voz sonaba divertida.
Ay pero mis hormonas estaban decididas a hacerme pasar un mal rato, porque al momento de escuchar eso, la vergüenza y la rabia se apoderaron de mí.
No era yo una buscona, ni una ofrecida, ni siquiera me gustan las mujeres aunque pueda estar con ellas si Mi Amo lo quiere, me sentí tan mal.
Automáticamente y como por arte de magia me tensé, no puedo explicar porque, pero la sensación de la cera que tanto estaba disfrutando dejé de sentirla.
-Claro que no- respondí pero el tono de mi voz había cambiado.
Escuché la risa de Mi Amo y sólo acerté a cerrar los ojos.
-Te veo al rato linda, para comprobar si estás bien depilada.
Cerré el celular y suspiré.
Seguimos el resto del cuerpo, pero ya no había cosquilleo con la cera, ni espasmo en la retirada.
-¿Está todo bien?- Me preguntó con tono intrigado.
-Ajá- alcancé a responder.
Ella iba a ponerme la crema hidratante cuando tocaron a la puerta. Me cubrió con una toalla y abrió apenas lo suficiente para saber quién tocaba.
Sin cerrar, dijo que me buscaban y si podía dejarlo entrar. Levanté la cabeza y alcancé a ver a Mi Amo. Asentí sin articular palabra.
-Vengo a cerciorarme que quede bien depilada, porque luego por cobarde no dice nada- Dijo en tono amable, calmo, y si, con un toque de diversión.
Quitó la toalla de mi cuerpo y empezó a pasar sus dedos por mi piel. Yo me limité a cerrar los ojos, me sentía humillada, expuesta. No quería ver la cara de la señorita ante el espectáculo.
Con una suave palmada me indico separar las piernas, despacio, sumamente despacio inspeccionó los labios, las ingles, el culo… Como por accidente rozaba mi clítoris lo que hacia que mi respiración se entrecortara.
Otra palmada en mi cadera indicaba que me girara.
-Muéstrame- Fue la orden.
De reojo alcancé a mirar a la señorita que observaba la escena sin saber a bien que hacer.
Me coloque en cuatro patas y separé las piernas. Sin bajar la cadera, puse mi pecho sobre la camilla haciendo que toda yo quedara expuesta.
Mi Amo acercó una silla y miró creo que cada milímetro. Pasó varias veces su dedo alrededor de mi ano.
-Acá siento vellos, pero no alcanzo a verlos- Dijo dirigiéndose a la señorita.
Ella se acercó y miró.
-No, no veo nada- Dijo ella.
Pasando de nuevo el dedo por mi culo, Mi Amo dijo:
-Si, acá- y tomando la mano de ella la hizo sentir mi ano, mis labios vaginales… Dirigió su mano suavemente y ella se dejó llevar. Estaba siendo acariciada por Mi Amo a través de la mano de ella.
Sólo imaginarme la escena empezaba a excitarme.
-Si, ya sentí- Dijo retirando la mano.
Aplicó cera, ahora estaba un poco mas caliente y el segmento fue más amplio.
Oí a Mi Amo contar hasta tres y de un tirón fue arrancada la cera, a la vez que un par de azotes marcaban mis nalgas… Un gemido alcanzó a escapar de mis labios.
Nuevamente la inspección, creo que ella empezaba a disfrutarlo también.
Entre los dos esparcieron la crema por todo mi cuerpo y por el sonido que alcanzaba a percibir, juraría que se estaban besando.
-Como la perra que eres, baja y agradece a esta amable señorita el haber quitado ese pelambre que te hace ver tan fea.
Como pude bajé a cuatro patas y me dirigí gateando hasta donde estaba ella parada. Tal cual una perra con la mano acaricié su pierna.
-Lámele los pies, demuéstrale que estás agradecida.
Obedecí ciertamente, pero todo dentro de mí dolía.
-Creo que hoy pasaré una deliciosa noche- Dijo Mi Amo mientras acariciaba mi cabeza, ante lo cual empecé a alegrarme, un poco de consuelo se iba entremezclando con la vergüenza y la rabia.
-Siempre me haces sentir orgulloso cuando me complaces… Vístete y vete a la casa, yo llevaré a cenar a esta señorita como compensación por su excelente trabajo, no me esperes, duérmete en la cama, no sé a que hora regrese.
Dicho lo cual, ambos salieron. Suspiré tratando de recordar lo importante:
“Lo hago sentir orgulloso al complacerlo” y “Regresará después de divertirse un rato”
Al pensar así, la rabia, la vergüenza desaparecieron porque eso es lo que realmente importa, no todo tiene que gustarme, no todo tiene que ser placentero porque el verdadero placer es complacerlo. Aunque obviamente jamás regresaré ahí a depilarme.
monique[V]
publicado el 13/08/2009
Esos días lunares, mi devoción por Mi Amo es más intensa si, pero también el deseo de ser “perfecta”… Sí, sí, ya mi parte racional que funciona los demás días del mes sabe que la perfección se puede perseguir pero es una carrera perdida y por lo tanto los demás días no me mata ni me agobia la idea, pero en los días lunares… en esos días lunares…
-El clima se ha vuelto loco- pienso mientras las gotas de sudor empiezan a perlar mi piel esperando mi turno para depilarme.
Días hormonosos en donde también mi vergüenza aumenta, porque a pesar de los pesares y del tiempo transcurrido, aun me da pudor ir a depilarme.
Con una sonrisa más fingida que la del anuncio de una pasta dental, empiezo a desvestirme. Tomo un par de pañuelos desechables para tratar de secar el sudor de mi cuerpo. De reojo veo a la señorita que prepara la cera y entonces el solo recuerdo de la sensación de la cera caliente me provoca un agradable cosquilleo.
-Concéntrate- pienso- si te mojas no habrá explicación posible para justificarlo.
Me recuesto en la camilla, con una toalla pudorosamente colocada sobre mi torso, cierro los ojos y trato de pensar en el último partido de fútbol… No, mala idea, los futbolistas tienen unas nalgas es-tu-pen-das… ok, pensaré en el programa de cocina… No, mala idea… Paulino tiene un acento que hummm hummm y la manera en que toma los alimentos me hace pensar en como los deslizará en la piel de una mujer… ok, probemos con…
Y siento la cera caliente en mis piernas y un hormigueo recorre mi piel, pero no alcanza a llegar hasta la cabeza porque un tirón me regresa a la realidad.
-Siquiera cuéntame hasta tres- le digo sonriendo… Ella solo sigue su trabajo, tan callada, tan concentrada.
Sigue con su labor, y yo disfrutando la sensación cálida y sufriéndola después.
Llegamos a mi entrepierna y siento mi cara estallar de vergüenza.
-¿Se siente mal?
Niego con la cabeza.
-Debe ser calor por la cera.
-¿Se sigue depilando con pinzas el frente?
Asiento con la cabeza.
Y entonces, la sensación de sentir esa calidez, sentirme tan expuesta, y las hormonas de fiesta, y un leve gemido sale de mis labios…
-¿Está muy caliente?- pregunta interrumpiendo la aplicación.
-“¿Quién, yo? Si, parece que si”- Pienso mientras niego con la cabeza tratando de recuperar la calma.
Tal vez sea una mala percepción mía, pero estoy segura de que espero más de lo normal en dar el tirón de la tela llevándose con ella esos vellos de los labios vaginales.
No grité, no gusto de dar espectáculos de ese tipo, pero me invadió la rabia por ese lapso de espera. Ella volvió a aplicar cera ahora del otro lado, y lo mismo, un compás de espera que estaba despertando mis instintos asesinos.
Esta vez puso demasiada atención a mi entrepierna y yo pasaba de la placentera sensación de la cera, al ardor posterior.
En esas estábamos cuando sonó mi celular.
-¿Dónde andas?- Preguntó Mi Amo.
-Depilándome- respondí tratando de contener mi voz al sentir una nueva aplicación de la cera.
-¿Estás de cerda?
-Nnoo- Alcancé a responder al sentir el tirón.
-Pobre de ti si estás ahí de ofrecida- Su voz sonaba divertida.
Ay pero mis hormonas estaban decididas a hacerme pasar un mal rato, porque al momento de escuchar eso, la vergüenza y la rabia se apoderaron de mí.
No era yo una buscona, ni una ofrecida, ni siquiera me gustan las mujeres aunque pueda estar con ellas si Mi Amo lo quiere, me sentí tan mal.
Automáticamente y como por arte de magia me tensé, no puedo explicar porque, pero la sensación de la cera que tanto estaba disfrutando dejé de sentirla.
-Claro que no- respondí pero el tono de mi voz había cambiado.
Escuché la risa de Mi Amo y sólo acerté a cerrar los ojos.
-Te veo al rato linda, para comprobar si estás bien depilada.
Cerré el celular y suspiré.
Seguimos el resto del cuerpo, pero ya no había cosquilleo con la cera, ni espasmo en la retirada.
-¿Está todo bien?- Me preguntó con tono intrigado.
-Ajá- alcancé a responder.
Ella iba a ponerme la crema hidratante cuando tocaron a la puerta. Me cubrió con una toalla y abrió apenas lo suficiente para saber quién tocaba.
Sin cerrar, dijo que me buscaban y si podía dejarlo entrar. Levanté la cabeza y alcancé a ver a Mi Amo. Asentí sin articular palabra.
-Vengo a cerciorarme que quede bien depilada, porque luego por cobarde no dice nada- Dijo en tono amable, calmo, y si, con un toque de diversión.
Quitó la toalla de mi cuerpo y empezó a pasar sus dedos por mi piel. Yo me limité a cerrar los ojos, me sentía humillada, expuesta. No quería ver la cara de la señorita ante el espectáculo.
Con una suave palmada me indico separar las piernas, despacio, sumamente despacio inspeccionó los labios, las ingles, el culo… Como por accidente rozaba mi clítoris lo que hacia que mi respiración se entrecortara.
Otra palmada en mi cadera indicaba que me girara.
-Muéstrame- Fue la orden.
De reojo alcancé a mirar a la señorita que observaba la escena sin saber a bien que hacer.
Me coloque en cuatro patas y separé las piernas. Sin bajar la cadera, puse mi pecho sobre la camilla haciendo que toda yo quedara expuesta.
Mi Amo acercó una silla y miró creo que cada milímetro. Pasó varias veces su dedo alrededor de mi ano.
-Acá siento vellos, pero no alcanzo a verlos- Dijo dirigiéndose a la señorita.
Ella se acercó y miró.
-No, no veo nada- Dijo ella.
Pasando de nuevo el dedo por mi culo, Mi Amo dijo:
-Si, acá- y tomando la mano de ella la hizo sentir mi ano, mis labios vaginales… Dirigió su mano suavemente y ella se dejó llevar. Estaba siendo acariciada por Mi Amo a través de la mano de ella.
Sólo imaginarme la escena empezaba a excitarme.
-Si, ya sentí- Dijo retirando la mano.
Aplicó cera, ahora estaba un poco mas caliente y el segmento fue más amplio.
Oí a Mi Amo contar hasta tres y de un tirón fue arrancada la cera, a la vez que un par de azotes marcaban mis nalgas… Un gemido alcanzó a escapar de mis labios.
Nuevamente la inspección, creo que ella empezaba a disfrutarlo también.
Entre los dos esparcieron la crema por todo mi cuerpo y por el sonido que alcanzaba a percibir, juraría que se estaban besando.
-Como la perra que eres, baja y agradece a esta amable señorita el haber quitado ese pelambre que te hace ver tan fea.
Como pude bajé a cuatro patas y me dirigí gateando hasta donde estaba ella parada. Tal cual una perra con la mano acaricié su pierna.
-Lámele los pies, demuéstrale que estás agradecida.
Obedecí ciertamente, pero todo dentro de mí dolía.
-Creo que hoy pasaré una deliciosa noche- Dijo Mi Amo mientras acariciaba mi cabeza, ante lo cual empecé a alegrarme, un poco de consuelo se iba entremezclando con la vergüenza y la rabia.
-Siempre me haces sentir orgulloso cuando me complaces… Vístete y vete a la casa, yo llevaré a cenar a esta señorita como compensación por su excelente trabajo, no me esperes, duérmete en la cama, no sé a que hora regrese.
Dicho lo cual, ambos salieron. Suspiré tratando de recordar lo importante:
“Lo hago sentir orgulloso al complacerlo” y “Regresará después de divertirse un rato”
Al pensar así, la rabia, la vergüenza desaparecieron porque eso es lo que realmente importa, no todo tiene que gustarme, no todo tiene que ser placentero porque el verdadero placer es complacerlo. Aunque obviamente jamás regresaré ahí a depilarme.
monique[V]
publicado el 13/08/2009
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