Situaciones

Relatos de Situaciones

lunes, 7 de diciembre de 2009

Confía...

Estaba en la planta baja de la casa, terminando de asear la cocina a media tarde cuando escuché que Mi Amo me llamaba desde la recámara.
Sequé mis manos con un lienzo, lo doble colocándolo en su lugar y me dirigí al segundo piso.
La tarde era templada, con una brisa que hacia mover los árboles que empezaban a reverdecer.
-¿Me llamó Mi Amo?- dije mientras tocaba la puerta.
Su suave voz me autorizó a entrar, lo cual hice colocándome de pie frente a El.
-Gírate lentamente, quiero verte bien, ese vestido te hace lucir hermosa.
No pude contener una sonrisa y sentir mis mejillas enrojecer, ya que aunque me lo dice constantemente, siempre me sabe a la primera vez que lo hizo.
Giré despacio levantando las manos sobre mi cabeza, mis pies descalzos elevaron sus talones para crear la sensación de usar zapatillas.
-Alto- dijo cuando le daba la espalda. Me indicó que separara las piernas y tomara mis tobillos sin doblar las rodillas y sobre todo no podría soltarlos hasta que El me lo indicará
Apoyé mis pies y me fui flexionando, haciendo el esfuerzo por alcanzar mis tobillos.
-Alguien esta descuidando el ejercicio según veo- Dijo con un tono serio.
Apreté los ojos y traté de agarrar los tobillos pero era una batalla que tenia perdida desde el inicio.
-Toma las pantorrillas o… ¿Tampoco las alcanzas?
-Si, esas si alcanzo bien Mi Amo.
Trastabillé un poco al perder el equilibrio, solté mis pantorrillas y puse las manos en el piso para no irme de bruces.
Al recobrar el equilibrio, volví a sostener mis pantorrillas.
Mi Amo levantó mi vestido dejando mis nalgas descubiertas, tiró de la tanga sacándome un gemidito, más de sorpresa (como si fuera la primera vez) que de dolor.
Acarició mis nalgas mientras decía:
-¿No te di la indicación en el idioma correcto?
Asentí con la cabeza. Jaló de la tanga más fuerte, yo apreté los labios para no gritar.
Traté de encontrar mi centro de gravedad, mi cabeza sonado con “Es fácil tu puedes” y entonces un toque de sus dedos en mi cadera rompió el equilibrio, nada del otro mundo, pero de nuevo me solté y antes de tocar el piso con las manos Mi Amo ya me sostenía por las caderas.
-Cobarde- me dijo mientras me daba un par de nalgadas- Anda vete a terminar lo que estabas haciendo.
El corazón de inmediato se me paralizó al oírlo.
-P... pero Mi Amo…
-Anda vete, todo está bien, sólo me aburrió el juego.
Bajé las escaleras lento, con el corazón en un puño “Se aburrió” era todo lo que me repetía para mis adentros.
Terminé y me fui a recostar al sillón, unos minutos después me volvió a llamar.
Subí como estampida las escaleras, toda desbocada.
Toqué y no esperé a que me autorizara a entrar. Su mirada me hizo ver mi error.
Regresé sobre mis pasos y volví a tocar. ¿Mi Amo puedo entrar?
Silencio, ni un ruido salía del cuarto. Esperé, mi corazón latía con fuerza, las manos me sudaban…
-Entra.
Tratando de contenerme pero no de disimular, avancé y me puse frente a El como siempre.
Con la mano me indicó que me girara, no hubo necesidad de más indicaciones, tomé la posición de minutos antes, tratando de sentirme firme para no soltarme, prácticamente me enterré las uñas en las pantorrillas y en mi cabeza un “Pase lo que pase no te sueltes, confía” Sentí sus manos en mis caderas y empezó a balancearme, primero poco, luego fue inclinándome cada vez más. Pero esta vez no me solté, cerré los ojos para no ver que tan cerca o lejos del suelo estaba, como si así no fuera a notar cuanto me inclinaba…
-¿Sabes que te pasaría en este momento si yo te soltara?- su voz era divertida.
-Me rompo el hocico Mi Amo.
Sonrió, yo sé que sonrió aunque no lo veía, sé que mis sonseras le hacen sonreír.
Me regresó a la posición inicial y ordenó que me enderezara mientras me nalgueaba un poco.
-Buena chica- me dijo- Vamos a tomar café.
De regresó después de la cena, se repitió la postura, las inclinaciones sólo que ahora añadió una sensación: Cuando me tenia con la nariz casi en el suelo emepzaba a jalarme despacio hacia el y de repente soltaba mi cadera volviendola a tomar casi al instante, mi nariz de nuevo cerca del suelo, el corazón palpintan sentía se salía por mi boca, un vació extraño en mi estómago y un grito contenido en mis labios:
Repetía el movimiento, nada hacia que pudiera preever cuando me soltaría y en cada vez sensación de pánico iba disminuyendo porque siempre me volvia a tomar a tiempo, y yo ya me sentía más confiada.
Al otro día, mientras bajamos para ir a desayunar, me indicó que adoptara la posición pero en el último escalón de la escalera, y que me asegurara que los dedos de mis pies quedaban una pulgada cerca del borde. Obedecí algo extrañada, pero confiada, tomó mi cadera, y repetimos el subir y bajar, mis ojos cerrados pero la respiración tranquila. Bien no entendía, pero obedecía.
En la oficina recibí Su llamada, la postura debía mantenerla al menos 5 minutos con la cabeza lo más levantada que pudiera y sobre todo, los ojos abiertos.
Cerré mi oficina, le indiqué a mi secretaria que no me pasara a nadie ni ninguna llamada y ejecuté la orden, después de dos minutos, comenzaba a aburrirme, pero después de tres me sentía cansada, casi al llegar a los 5 pensé que me caería, las corvas de las rodillas y la parte dorsal ý cervical me dolían.
Aliviada vi que concluían los 5 minutos, Envié un mensaje y seguí con mi día normal.
Pasado el medidía recibí un mensaje,”15 minutos” Aguanté la respiración y entre mis labios salieron las palabras mágicas “Si Mi Amo” Por suerte era la hora de la comida y nadie llamaría ni llegaría. Yo sabía que no iba a aguantar los 15 minutos, así que me acerqué a la pared, chequé distancia, tomé la posición y apoyé la frente en la pared. Según yo al tener un punto de apoyo extra, sería más fácil… Error, al poco tiempo el cuello resentía la carga pero no quería moverme…
-Estás bien tonta- oí la voz de Mi Amo detrás de mi- Ven acá.
-De verdad que sola no te puedo dejar, ¿Pretendes lastimarte o que? A ver acá a media oficina, vamos a ver como lo haces.
Creo que nunca había estado tan consciente de la duración de cada segundo.
Las piernas me temblaban, sudaba, sentía pinchazos en diferentes partes, hasta que por fin terminaron los 15 minutos.
-Despacio, muévete primero antes de incorporarte, ven acá.
Me tomó en sus brazos y acarició mi espalda mientras mi cabeza me gritaba “Urge regresar al gimnasio”
La escalera de la casa cuenta con tres secciones, cada una dividida por un escalón mas amplio Acá en México les decimos “descansos”.
Al ir subiendo y llegar al primer descanso, me dijo que me detuviera y cerrara los ojos. Me fue conduciendo, me hizo girar, caminar un par de pasos, girar media vuelta, un cuarto de vuelta, izquierda o derecha según me indicaba, hasta que estaba desorientada, después me indicó que me pusiera en la posición, un leve estremecimiento surcó mi espalda pero obedecí, repetimos las inclinaciones, mis uñas clavadas en mis pantorrillas, y cuando estaba más inclinada me ordenó abrir los ojos y alzar la cara, mi nariz casi rozaba el escalo siguiente y mis ojos miraron la estancia…
Temblé, sudé, mi acrofobia se hizo presente. Me quedé sin respiración a la vez que sentía que el corazón se salía por mi boca. Fueron unos instantes que me supieron a eternidad, más fue el terror que sentí que la obediencia lo que hicieron que no me soltara.
Mi Amo me atrajo hacia El mientras me decía que soltara mis pantorrillas, me abrazó por la cintura mientras me calmaba, mis ojos estaban fijos en lo que sentí era en ese momento la cima del mundo, pero poco a poco me fue tranquilizando y me hizo notar que no pasó nada.
Cuando me hallé tranquila, me dijo que lo repetiríamos, cerré los ojos, de nuevo giros, de nuevo la postura, de nuevo los vaivenes, de nuevo abrir los ojos y de nuevo la estancia frente a mis ojos, la nariz casi en el suelo.
-Pase lo que pase no te sueltes.
La sangre estoy segura abando no mi cuerpo, asentí con la cabeza no podía hablar, tenía miedo, mucho miedo, empezó a acercarme a El y si, lo que tanto temiía… Me soltó… abrí la boca pero nada salió de ella, mis manos paralizadas se quedaron clavadas en mis pantorrillas y de nuevo a tiempo me sujeto…
-¿Estás bien?- Su voz denotaba que se estaba divirtiendo.
Con trabajos asentí con la cabeza mientras sentía como me aproximaba a Él, para soltarme de nuevo y volverme a sujetar, para quién nos viera diria que eran centésimoas de segundo, para mi era una eternidad entre que me soltaba y me volvía a sujetar, cuando dejé de temblar, terminó el ejercicio.
A la mañana siguiente antes de terminar de bajar, repetimos, cerrar los ojos, girar desorientarme, y posición, pero como ya sabía yo lo que seguía empecé a llorar, temblaba sin control, pero sin soltarme, repetimos las inclinaciones, mientras Mi Amo me preguntaba si quería parar, con la cabeza decía que no, pero mi actitud parecía que era un si. De nuevo me abrazó y me tranquilizó.
Antes de salir a trabajar, repetimos, pero ya no lloré ya el miedo fue menor, me sentía más segura. Ahora hubo preguntas mientras el tiempo con los ojos abiertos fue mayor.
-Chiquita ¿Te imaginas que me da un calambre y te suelto?
Asentí con la cabeza ya que no podía hablar porque me quede sin aliento.
-Como me hubiera gustado ver la cara que pones- Dijo en tono divertido.
Al salir comentó que le daba gusto que no llorara porque arruinaría el maquillaje de mis ojos y hoy particularmente le habían gustado mucho, de nuevo me sonrojé y sonreí y con esa sonrisa me fui a trabajar.
Para el viernes por la mañana, ya no había miedo en mi, ni palpitaciones ni temblores, estaba ya totalmente confiada.
A media mañana recibí su llamada diciéndome que si tenía citas porque tenía que viajar cerca y quería que lo acompañara. Le dije que todo estaba bien y que estaría lista a la hora que me indicara. “Una hora, nos vemos en casa, lleva ropa cómoda, jeans que tanto te gusta esta bien, sandalias, o tenis”
Apenas el tiempo suficiente para cancelar todo y salir corriendo a cambiarme.
Cuando llegó estaba terminando de recoger mi pelo en una coleta.
Bajé las escaleras y me detuve en el descanso.
-¿Nos da tiempo de repetir el ejercicio?
Se rió.
-Eres una golosa de la adrenalina, anda vámonos, ya habrá tiempo.
Tomamos la autopista, el día era francamente delicioso, la música como siempre excelente, la charla ligera y la compañía inmejorable.
Yo como buen copiloto llevaba un mapa en las manos el cual dicho sea de paso, no tengo la más mínima idea de cómo usar.
-Mira- Me dijo señalando un letrero- Esta carretera tiene una desviación a la zona Arqueológica de Teotihuacan.
-Hace años que no la visito- Comenté.
-¿Quieres ir? Ahí podríamos comer.
La idea de entrada me pareció fascinante, ese contacto con las construcciones edificadas sin las facilidades de la modernidad resultan siempre atractivas para mi.
Es un encuentro con mis antepasados.
Al ingresar nos proporcionaron un mapa donde señalaban los diferentes accesos.
-Me gusta pararme al pie de la Pirámide de la Luna- Le dije. Una leve sonrisa, de esas que reconozco a veces en Mi Amo fue la respuesta.
-Ver la Calzada de Los Muertos extenderse hasta crear la sensación de que toca el horizonte me cautiva.- Comenté
-¿Y porque al pie y no desde la cima?
Temblé tan sólo de pensar en las alturas, mi acrofobia volvía a hacer acto de presencia.
-Tranquila chiquita, no te haré subir a la Pirámide de la Luna, hay un punto en donde se observa perfectamente toda la zona.
Respiré más que aliviada.
Caminamos, yo embelezada escuchando las explicaciones de Mi Amo sobre la construcción, el estilo de vida, mirando detalles que en lo común nadie repara, y si, orgullosa de cómo sabe sobre nuestras raíces.
Llegamos al pie de la imponente Pirámide del Sol. Alzar la vista y mirar a los turistas subiendo y bajando ayudados por las cadenas colocadas por las autoridades, me daba vértigo sólo pensar en tantos y tantos escalones.
Después de sacar unas fotos, y de algunas explicaciones, pasó lo que esperaba no pasara…
-Vamos a subir- Me dijo justo cuando tomaba la fotografía al pie de la Pirámide del Sol.
Un mareo se apoderó de mí, lo miré suplicante pero “casualmente” su atención estaba en otro sitio.
-Mi Amo… por favor…- las palabras no podían salir de mis labios, el estómago era un nudo, las rodillas se me doblaban.
-Te dije que te mostraría el mejor lugar para mirar el valle y que no subiríamos a la Pirámide de la Luna y soy un hombre de palabra. Déjate de tonterías y subamos, o acaso ¿Piensas dar un espectáculo a nivel internacional?- dijo mientras señalaba a los turistas.
Me sorprendí a mi misma asintiendo con la cabeza y avanzar, todo dentro de mi me decía que parara, que diera media vuelta y saliera corriendo de ahí pero no lo hice, había recibido una orden y obedecía.
Bastaron tres, si, tres pasos y me caí, ¡Por Dios! Tres pasos y ya estaba en el suelo, los turistas mirándome, Mi Amo preguntó si estaba bien, pero nunca si quería quedarme a nivel del piso, tomó mi mano y empezamos a subir.
-Fíjate donde pisas, pero no centres tanto la atención…
Fue ilustrándome en como subir, en los materiales, en las proporciones…
Las Pirámides de Teotihuacan no son de caras planas sino que están dividas en secciones, algo así como los descansos de una escalera, cada sección cuenta con una especie de terraza que permite tomar un respiro, dado que los escalones son pequeños.
Al llegar a la primera sección casi corrí a pegarme a la pared. Mi Amo me indicó que caminaríamos rodeando la Pirámide desde esa primera sección, yo iba prácticamente como lagartija pegada a la pared, sin querer ver mas que las piedras, pero Mi Amo me señalaba cosas o detalles que debía de observar y entonces lo veía caminar tan quitado de la pena por la orilla, con seguridad y aplomo, eso me ponía más nerviosa.
-Mi Amo por favor, por la orilla no- suplicaba con la esperanza de que se alejara del borde, pero no, siguió caminando así, y si, lo sé, divirtiéndose con mi manera de caminar tan particular.
Llegamos de nuevo a la escalera, faltaba para mi perspectiva, como media vida para llegar a la cima, pero a la vez me preocupaba como iba a bajar. Miraba arriba, miraba las escaleras hacia abajo y mis manos se aferraban a la cadena colocada para ayudar a las personas a subir y bajar.
-Continuemos- y extendió su mano para tomar la mía.
Iba a comenzar a subir cuando oí un “disculpe” con extraño acento y bastante apremiante, y vi a una mujer mayor que yo, de rasgos orientales, subir a toda prisa a cuatro patas la escalera, entonces pensé que era buena idea sentir así más seguridad… Una leve sonrisa se dibujó en mis labios cuando oí:
-Ni se te ocurra, a cuatro patas solo te pones para mí.
Suspiré porque a pesar del tiempo sigo sin saber como hace para saber lo que pienso.
Subimos e hicimos lo mismo al llegar a la siguiente sección, sólo que ahora estaba pensando en como iba a vivir ahí, porque no sabia ni como iba a bajar.
Al llegar a la tercera sección, Mi Amo me dijo que ya bastaba del juego de la lagartija y que dejara de hacerlo, que caminara normal.
Ciertamente todos los turistas se enfocan a subir y bajar, nadie rodea ni se asoma para otro lado, así que cuando llegamos a la parte posterior de la última sección antes de llegar a la cima, Mi Amo tomó mi mano y dijo:
-Vamos a ver que tal estuvieron las prácticas que llevamos toda la semana.
Sentí como si el mundo se abriera, pero cerré los ojos y extendí la mano… Comencé a llorar.
Inició giro a la derecha, izquierda, un cuarto regresa un paso… lo irregular del suelo hacia un poco mas complicado mi desempeño.
Entonces después de un rato cuando realmente no sabía hacia donde estaba me dijo:
-No vayas a dar un paso hacia el frente por nada del mundo- Temblé- Toma tus pantorrillas y no las sueltes, cualquier movimiento que hagas puede sacarme de equilibrio a Mi y no queremos eso ¿Cierto?
Como autómata tomé mis pantorrillas, las lágrimas eran más que evidentes, sin gimoteos ni sollozos, sólo resbalando por mi cara.
Entonces inició el ir y venir tomado de mi cadera, me inclinaba y yo temblaba…
-Por favor…- Susurré.
Entonces cuando sentí que estaba muy muy inclinada me acercó hacia El y… ¡Me soltó! Pensé en… en nada, el tiempo se me hizo realmente eterno hasta que me tomó nuevamente de la cadera y me atrajo hacia El, suspiré aliviada y justo cuando terminaba de sacar el aire me soltó nuevamente para volverme a tomar.
-Aún no abras los ojos- dijo mientras me abrazaba por la cintura- Eres muy obediente y me siento muy orgulloso de ti. Realmente te ves hermosa cuando lloras. ¿Lo hacemos de nuevo?
Mis ojos seguían cerrados inexplicablemente, mi mente y todo mi cuerpo gritaban que no, que no quería hacerlo de nuevo, pero mis labios emitieron un “Si Mi Amo”.
Besó mi cuello e indicó que tomará la posición
-Y recuerda- dijo- no vayas a dar ni medio paso al frente.
Y de nuevo hacia delante y hacia atrás, de nuevo a soltarme y a tomarme, poco a poco dejé de temblar, dejé de sentir miedo, y justo cuando me sentí mas inclinada Mi Amo dijo:
-Alza la cabeza lo más que puedas y abre los ojos.
Inhalé, alcé la cabeza y abrí los ojos y no daba crédito a lo que veía.
Mi lado izquierdo daba hacia la pared de la Pirámide y mi lado derecho al vacío, mi cara hacia la terraza, jamás había estado en la orilla como había pensado, realmente nunca estuve en riesgo mas grande que caer de bruces al suelo inmediato y no al vacío.
Mi Amo me ayudó a recobrar la vertical, me hizo girar y me abrazó.
Mi sorpresa era tal que no sabía que decir ni que pensar.
-Hoy hemos aprendido dos cosas chiquita.
-Si Mi Amo- interrumpí- que el miedo es relativo a lo que se piensa y no a lo que pasa.
Sonrió y acarició mi cabeza.
-Si también eso aprendiste pero aún más importante:
Tu fe ciega en Mí y que Yo jamás te pondría en real riesgo por nada.
Lo abracé agradecida por la lección. La última parte del ascenso fue pan comido cumplió su palabra, era la mejor vista de todo el valle y hasta fotos me saqué.
Al bajar, entrecerré los ojos, inhalé y tomé la mano de Mi Amo que me condujo sana y salva de regreso del cielo a la tierra.

Feliz a Los Pies de Mi Amo
monique[V]

¿Gusta Cooperar?

Sonó el teléfono y apenas contesté oí su divina voz al otro lado.
-Mezclilla vieja, blusa sencilla transparente, sandalias planas y tu guitarra, pasó por ti en 10 minutos, más te vale que estés afuera esperándome.
Como torpedo salí disparada a cambiarme, tomé mi guitarra y bajé corriendo las escaleras, apenas a tiempo cuando llegaba Mi Amo por mí.
Subí al auto colocando mi guitarra en la parte posterior.
Con una sonrisa lo saludé.
-Buenas tardes Mi Amo, ¿Tendremos una reunión bohemia?
Sonrió con esa sonrisa que me causa escalofríos.
-Subiremos a un autobús y cantarás una canción, después pedirás cooperación entre los pasajeros, yo estaré ahí por supuesto y nada de hacer notar que me conoces ¿Entendido?
-S…si Mi Amo
¿Cantar? ¿Cooperación? ¡Me muero!
-Si no quieres…
-No, no, si quiero Mi Amo- Interrumpí
Estacionó el auto y nos dirigimos a la parada, El a unos pasos de mí.
Al llegar un autobús no muy lleno, lo observó y me indicó que no me subiera, así que esperamos al siguiente. No entendía bien porque no cualquiera, pero no dije ni hice nada.
Al fin parecía que uno le complacía e indicó me adelantará, con la cara como tomate pedí permiso al conductor el cual me miró extrañado y aceptó.
Subimos y me coloqué junto a la puerta posterior, Mi Amo se sentó en unos de los lugares de en medio.
Con voz temblorosa y escaso equilibrio medio canté una canción, después agradecí la atención y solicité la cooperación.
Avancé con mi guitarra en la mano y acercándome a cada pasajero, extendía la mano diciendo “¿Gusta cooperar? Las monedas iban siendo colocadas.
Al llegar a donde estaba Mi Amo le dije lo mismo, me miró y dijo:
-¿No le parece que está en posición de trabajar como para andar pidiendo limosna?- Su voz era alta, estoy segura que todo el pasaje lo escuchó, mi cara me ardía ya de vergüenza.
-¿No será que está buscando cliente para otro tipo de servicios?
Las cabezas giraron y los murmullos iniciaron.
Sacando valor de no se donde, dije:
-¿Será que el caballero requiere de ese otro tipo de servicio que puedo brindarle?
Algunas exclamaciones se escucharon.
-Creo no tienes suficiente carne que agarrar- Agarrando una de mis nalgas con fuerza
-No es lo que se tenga sino como se utilice- Respondí
Una señora me miró con esa cara que ponen cuando reprueban alguna conducta.
Mirando al señor que tenia junto dijo:
-¿No le parece que esta puta no tiene nada que ofrecer?
Quería bajarme corriendo, la vergüenza era cada vez más grande.
El señor se levantó de hombros pero no dijo nada.
Tomándome del brazo bajamos del autobús, muchos ojos nos siguieron en el descenso y no dejaron de mirarnos mientras cambiaba el color del semáforo. Mi Amo puso sus manos en mis senos y los apretó con fuerza haciéndome pegar un pequeño brinco.
El autobús siguió su marcha, Mi Amo sonrió divertido.
-Otro más, ¿verdad?
Asentí con la cabeza. De nuevo no subimos a cualquiera, cuando me autorizó el conductor a subir, noté que en ese autobús tampoco iban niños, comprendí el porque la selección.
Canté y empecé a pedir la cooperación, igual que en el anterior, esperaba de nuevo la pregunta pero Mi Amo nunca deja de sorprenderme.
-¿Tu no eres la puta que me cogí anoche?- Su voz era lo bastante alta como para que nadie dejara de oírlo. Muchas caras se voltearon a mirarme.
Negué con la cabeza.
-Estoy seguro que eres tu, estas tetas tan flácidas no se olvidan- Dijo al momento de apretarme un seno.
-Creo que me gustaría repetir, eres buena cogiendo ¿Vamos?
Asentí con la cabeza, mi rostro ya no estaba rojo sino lívido.
Al momento de levantarse paso su mano por mi entrepierna, estoy segura que el pantalón ya estaba mojado.
Bajamos del autobus y sin mas dijo:
-Uno más- Y se alejó de mi lado.
Apoye la guitarra en mi pie, pensando en cual seria ahora la situación, la parada empezó a llenarse de gente, casi todos gente joven.
Llegó por detrás de mí y nuevamente con voz fuerte preguntó:
-¿Sigues cobrando lo mismo?
-S…si- alcancé a musitar.
-¿Con mamada incluida?
Obvia decir las miradas algunas disimuladas y otras descaradas que se enfocaron en nosotros.
Asentí con la cabeza.
-Vamos entonces- y me tomó por la cintura.
Las miradas nos siguieron mientras nos alejábamos, la mano de Mi Amo pasaba de una nalga a otra mientras avanzábamos.
Mi entrepierna mojada, mi clítoris palpitante, los pezones erectos, la respiración entre cortada.
Subimos al auto. Lo puso en marcha sin decir media palabra.
Pero llegando a casa dijo:
-El collar y el huevo, te espero en la cama. Te has portado bien y mi perrita merece un premio…. Sobra decir los orgasmos que me provocó.

Feliz a Los Pies de Mi Amo
monique[V]

Reencontrandome

El aire húmedo soplaba con calma, mientras mis cabellos sueltos revoloteaban frente a mi rostro.
En esa casa, parecía no haber más nadie que yo; quién me viera a la lejanía, pensaría que estaba atada con las manos y piernas separadas sobre mi cabeza.
Las gotas de sudor resbalaban por mis mejillas haciendo que algunos cabellos quedaran adheridos a mi rostro denotando cansancio.
Tenia los ojos cerrados y la cabeza caída sobre un lado, a veces parecía como si las piernas separadas me flaquearan y fuera a dejar caer mi peso en los brazos, pero tomaba aire, sacudía la cabeza y mantenía la postura.
Un golpe seco en la entre pierna me hizo emitir un leve gemido y levantar la cabeza, no cerré las piernas y con trabajos, emití una sonrisa, cuando abrí los ojos, miré a Mi Amo de frente.
La sonrisa no desapareció de mis labios, ni siquiera al notar la seriedad en la cara de Mi Dueño, yo debo estar sonriente, salvó que El me indique otra cosa.
No había barra que mantuviera mis piernas abiertas, y aún así no las cerraba, ni por el cansancio, ni por nada, la indicación fue clara y yo obedecía.
-Ven
Solté las sogas de las que me sostenía para no caer, nada me ataba, solo la voluntad de Mi Amo…
Las piernas tardaron un poco en reponerse, pero adopté la postura de una perra a cuatro patas y me acerqué a Mi Amo.
-¿Aprendimos la lección?- Me dijo con tono cariñoso.
Solo alcancé a mover la cabeza afirmativamente, pero sin levantarla.
Una ráfaga de viento logró reanimarme un poco, después de estar tanto tiempo bajo el sol, que a pesar del clima frío, me había acalorado.
-Humm no estoy muy seguro de eso- dijo moviendo la cabeza negativamente.
Mi Amo sin acariciar mi cabeza como solía hacer, me guió debajo del árbol más cercano, sobre el césped y dejando que me echarse, mientras traía un cuenco con agua, la cual me indicó a beberla.
-Despacio o te hará daño- me dijo al ver como sorbía.
Levanté los ojos agradecida, con una sonrisa sincera.
-Vamos adentro- me dijo mientras daba media vuelta y se encaminaba hacia la casa.
Avancé, siempre a 4 patas detrás de El.
La estancia era amplia, fresca, con sillones forrados en piel negra, una mesa de centro desprovista de cualquier adorno, la alfombra era mullida, suave al tacto… Agradecí interiormente ese contacto...
Subí a la mesa a 4 patas, echando la cabeza hacia abajo, levantando el culo, separando las piernas. Yo era el adorno de la mesa.
Un par de nalgadas me hicieron respingar, pero después siguieron más y más, el color de mis nalgas iba cambiando hasta lograr un rojo subido, dejando marcas de ellas.
Apreté los dientes y los labios para no emitir sonido alguno, entonces sentí un leve tirón de cabellos, la indicación para que levantara la cara. El mango del fuete bajo mi barbilla me indicó que me irguiera.
Sin bajarme de la mesa y sin cerrar las piernas, coloqué las manos detrás de la cabeza, exponiendo los senos ofrecida.
La lengua del fuete chocó contra un pezón y después contra el otro, de manera precisa y certera. Después se repiten una y otra vez, las lágrimas empezaron a surcar mi rostro.
-¿Te duele?
Moví la cabeza afirmativamente, no puedo negar lo evidente.
-Baja de ahí, buscaré quién no sea tan quejumbrosa- El tono de desdén era muy marcado.
-Por favor…- Susurré
-Cállate, ¿Desde cuando las perras inútiles hablan?
Bajé de la mesa, obedeciendo, y me dirigí lentamente hacia mi rincón, muy lentamente, esperando que me llamara para darme otra oportunidad. Un remolino de sentimientos giraba dentro de mí, no alcanzaba a entender que pasaba.
Me incitó a darme prisa, parecía que no habría más oportunidades.
-Eres lenta, torpe, quejumbrosa, cada vez más inútil.
Las lágrimas iban en aumento, con pequeños sollozos acompañándolas.
Mi rincón de castigo estaba en la parte más alejada de la cocina, apenas con una frazada para no quedar en contacto con el suelo.
Me coloqué en mi lugar, no sin antes mirar a Mi Amo solicitando su perdón. Tal vez me dejaría dormir a los pies de su cama al menos.
-Tú no aprendes o no quieres aprender, no sabes tu lugar o no quieres saberlo, pero aprenderás, vaya que aprenderás.
Me recosté hecha un ovillo escondiendo la cara no con resignación, pero si con muchas ideas en mi cabeza. Me sentía enojada conmigo misma por no poder complacerlo, tanto que me esmeraba en ser mejor y no daba resultado, algo estaba haciendo mal y no entendía que era, pero no recurriría al camino fácil de preguntar que era, tenía que encontrar la razón por mis medios.
Los primeros rayos de sol me despertaron, estaba adolorida por la postura, moví lo más que pude los músculos para desentumirlos. Esperaba que Mi Amo apareciera pronto, necesitaba orinar.
A los pocos minutos apareció, me miró y le sonreí, sentía que mi aspecto era terrible. Mi Amo se apiadó de mí permitiéndome ponerme en pie.
-Ve a asearte, después desayunaremos.-Me dijo señalando hacia el jardín.
Lo miré un poco desconcertada, caminé titubeante.
El aspersor estaba puesto a medio jardín, bajé la cabeza y suspiré, no tendría un baño caliente. Las primeras gotas de agua fría chocaron contra mi piel produciéndome leves espasmos, al poco estaba empapada, temblando de frío pasé mis manos por el cuerpo, sacudí mis cabellos y busqué con que enjabonarme, a un lado había un jabón de pasta para ropa, no cabía duda, con eso debería hacerlo. Llené mi cuerpo de jabón y el pelo lo mas rápido posible, no podía ya controlar los espasmos y mis manos empezaban a ser torpes, traté de darme prisa para enjuagar cada parte, poniendo especial atención en mi entre pierna.
Cuando al fin logré enjuagarme, me alejé del agua, pegando los brazos a mi cuerpo tratando de recuperar un poco el calor, miré hacia la casa y Mi Amo me observaba pero sin hacer ningún ademán o gesto que me indicará lo que debía hacer.
Me quedé parada, temblando, con el cabello enredado y mi cabeza sin entender que pasaba.
Unos minutos pasaron que me supieron a eternidad antes de que Mi Amo me diera una toalla para secarme.
Mientras titiritaba trataba de controlarme, El me enredó en la toalla mientras las lágrimas empezaban a bajar por mis mejillas, la contracción muscular comenzaba a doler y debía relajarme, trataba de respirar profundamente, pero el llanto no me lo permitía.
-¿Enojada?- Me preguntó.
Negué con la cabeza, porque no era enojo, era incomprensión.
-¿Segura?- Inquirió.
Aseveré con la cabeza.
Mi Amo frotó mis brazos sobre la toalla, después las piernas, la espalda… El calor poco a poco regresaba a mi. Quien me mirara diría que tenía un aspecto realmente patético: el cabello hecho una maraña, la espalda encorvada, ojeras profundas en los ojos, los labios resecos y sin color, mirada apagada, manos y rodillas raspadas, sentía el alma dolida.
-Anda vamos a desayunar.
Pensé en café, tostadas, miel, fruta, jugo… tenia tanta hambre.
Al entrar en la cocina encontré un amasijo formado por avena y frutas en un plato puesto en el rincón de la cocina. Parecía que ni en ese momento seria tratada como persona. Retomé en ese momento mi postura a 4 patas, las rodillas me dolían.
Comí despacio tratando de no ensuciarme la cara, la mezcla no sabía mal, y debía tener miel o algo porque era dulce y pegajosa.
Junto había un cuenco con agua, lo sorbí despacio.
Sin poder evitarlo, empecé a llorar de nuevo, seguía sin comprender porque no había una tregua, porque el trato de esa manera. Eran dos días ya y ni siquiera una palabra amable, ni siquiera una razón de los castigos.
De reojo miré a Mi Amo quien me observaba inconmovible. Lo adoraba, lo amaba hasta la locura, ¿Qué era lo que hacia mal? Traté de repasar las órdenes y mi reacción, siempre tratando de hacerlo mejor, de ser exacta, precisa, no encontraba la falla, pero las cosas no salían como pensé que saldrían, me concentraba en obedecerlo, algo estaba haciendo mal, pero no me doblaría, no me daría por vencida, lograría verlo de nuevo complacido como antes.
-Ven acá.
Moviéndome lo más rápido posible me puse a sus pies.
Agaché la cabeza y sacando la lengua lo más que pude, recorrí alrededor de mi boca, buscando restos de esa cosa que me dio a desayunar.
-“Perfecto”- pensé- ni un solo rastro de comida- Entonces levante la cara y sonreí.
-Cariño sube a ponerte un vestido lindo, el verde te quedará perfecto, iremos a dar un paseo, si quieres báñate de nuevo, creo que ese cabello necesita de un buen shampoo. Maquíllate como te gusta, quiero que te sientas tan hermosa como eres.
-“¿Cómo? No entiendo- pensaba- ¿El verde? Ese vestido es tan normal… ¿Bañarme de nuevo? No me dijo si podía usar agua caliente o no, usaré la fría para que no crea que abuso…
Mi cabeza seguía así mil ideas de cómo ser “mejor”
-No olvides usar agua caliente linda, el agua fría no te sienta bien- su tono era cariñoso.
-“¿Qué pasa ahora? – seguía pensando.
El agua caliente era una verdadera delicia, casi logra hacer que olvidara lo que pasaba, pero reaccioné y me di prisa, sequé mi pelo, lo peiné, me maquillé deteniéndome en los ojos un poco mas, al momento de irme a vestir un pensamiento más llegó a mi “la tanga, no me dijo si ponerme ni cual” Sentí pánico…
-¿Lista?- Dijo entrando a la habitación.
Yo petrificada, peinada y maquillada pero desnuda, parada a media pieza, sin lograr emitir un solo sonido.
-¿Qué pasa?- Dijo con voz tranquila.
- L…a ropa interior, n…o me dijo que hacer.- Empecé a temblar, a sollozar.
-Cariño- dijo al abrazarme- Usa la que quieras, la que tu gustes.
-“¿Cómo? ¿La que yo quiera? Si, seguro se cansó de mi incompetencia, seguro es eso, seguro me tratara lindo ahora para que cuando me diga que todo terminó, no me sienta mas culpable”- Mi cabeza seguía así.
-¿Sabes que me gustaría?- preguntó mientras íbamos en el auto.
-“Ay, pregunta, examen, piensa en la respuesta correcta, vamos, piensa,…”
-Ir al cine- dijo interrumpiendo mis pensamientos. ¿Cómo iba a adivinarlo? Una falla mas, ¡Demonios! No logro ser mejor.
Fuimos al cine, tomó mi mano antes de entrar, me preguntó por la película que me gustaría, todo tan normal, tan lindo, tan… “no no, alerta, no te distraigas, atenta” mi cabeza seguía ahí recordándome.
Después fuimos a comer, comida china, mi favorita, me conoce tan bien y yo…
Guardé silencio en el trayecto de regreso, la música llenaba el auto y Mi Amo tarareaba, bromeaba, yo reía, me sentía embelezada a su lado “atenta, no te distraigas, atenta” esos pensamientos me tensaban, “la sonrisa, no mires a los ojos, no niegues, lista, atenta”
-¿Recuerdas como se llama este tema?
-“No, no puede ser, ¿Cómo se llama? Vamos acuérdate…” Comencé a llorar.
Mi Amo me miró, no dijo nada y estacionó el auto en un parque. Me indicó bajar y caminamos a una banca bajo un árbol hermoso. El viento frío empezaba a soplar.
-¿Dónde se fue?
-“¿Quién? ¿De quien me habla? Piensa anda vamos, piensa”
-¿Sabes? Piensas demasiado, piensas de más, ¿Por qué estas así?
-Mi Amo, ¿Puedo hablar libremente?
-Siempre.
- No sé que hacer Mi Amo, no sé que espera de mi, siempre trato de hacer cosas que le gusten, pero nunca me dice si le gustan o no, dice que no le molestan, pero no que le gustan. A veces me trata con la punta del pie y me regaña, yo me esmero, pero no logro hacer que me diga que le gusta lo que hago, y así sin más, me trata lindo, sin merecérmelo, porque ya fallé… algunas fantasías que tenía simplemente ya no podrán ser…- El llanto impidió que pudiera seguir.
Escondí la cara entre las manos, me dolía el alma… Mi Amo esperó, esperó a que me calmara, a que estuviera mas tranquila para hablar.
-Alza la cara, y pon atención.
Inhalé, limpié mis ojos… “atenta, no te desconcentres, atenta, no puedes fallar mas”.
-Deja de pensar linda, de esa manera te estas acabando sola.
Realmente me sorprende la manera en que me conoce.
-Te voy a hacer unas preguntas, no es un examen, acá no hay exámenes, no hay respuestas correctas e incorrectas, sólo respuestas sinceras ¿Está claro?
-Si Mi Amo.
- ¿Por qué dices que no sabes que hacer?
- Porque un día me da una indicación, la aprendo, la ensayo y resulta que a la siguiente vez, las cosas ya no se hacen así.
- ¿Por qué dices que no sabes que espero de ti?
-Porque nunca sé como debo de reaccionar correctamente.
-¿Quién te dijo que no me gusta lo que haces?
-Cuando le pregunto si le gustan o me dice que no le molesta o me responde como si nada, o no me responde.
-Mmmmmm, ¿Quién dijo que no te mereces que te trate lindo?
-Pues yo, si no hago bien las cosas, es lógico que no me lo merezco.
-¿Y quien te dijo que no lo hiciste bien?
-Pues yo, porque no me lo dice.
-Mmmmm, ¿Te molesta que te trate con la punta del pie a veces y otras lindo?
-No, de verdad no me molesta que lo haga, me desconcierta que no se cuando es porque y cuando es para que.
-¿Recuerdas que te dije que mi responsabilidad era que estuvieras segura, protegida?
Afirmé con la cabeza. Una pareja pasó en ese momento, haciéndonos callar unos segundos, empezaba a refrescar y yo por consiguiente a temblar.
-A veces debo protegerte hasta de ti misma, algunas de tus fantasías, no son para ti, en vez de disfrutarlas, te dañarían física y emocionalmente, no es por no querer que también vivas las cosas, es solo que te conozco y algunas de ellas no son para ti. La mayoría las has vivido ¿O no? Incluso muchas que no te atreviste en su momento a decirme- Sonrió con complicidad.
Nuevamente mostraba cuan inconsciente había sido yo, cuan egoísta me estaba volviendo. Me conocía y me conocía bien.
-¿Me quieres? ¿Te gusta ser mi esclava?
-Mi Amo, lo adoro con toda mi alma, si no me gustara ser su esclava, no trataría de ser perfecta.
-¿Perfecta? No existe la perfección, te diré lo que veo.
-Por favor.
-Cuando iniciamos esto, eras natural, eras tu misma, no necesitabas un porque ni un para que, te bastaba obedecer y disfrutabas obedeciendo, fuera cual fuera la orden. No necesitabas explicaciones tu placer nato era obedecer. Ahora has dejado de obedecer para mi, haces las cosas para ti, por eso ya no te causan placer como antes, tu placer radica en obedecerme para mi y por mi, ahora estas en una competencia contigo misma, te está segando la soberbia y el orgullo, estos dos días, son una muestra de lo que haces, te has esmerado en ser mejor que tu misma, no en complacerme sino en ser mejor, eso… eso no te motiva a sonreir desde dentro linda, ahora necesitas la certeza de que acepto y disfruto lo que haces, ahora piensas mas en “ser mejor” que en “ser tu misma”.
Lo miraba, me sorprendía lo que decía, y no dejaba de tener razón. Hizo una breve pausa y continuó.
- Me gusta, me gusta saber que estas ahí, me gusta tu disposición, me gusta abrazarte o cogerte, y saber que puedo hacerlo, no como lo haces, sino que lo haces por mi y para mi, me gusta ver que disfrutas tanto si te hago llorar como si te trato como una reina…
-Pero… ¿Qué hay de malo en que me lo diga?- Interrumpí.
-No, de malo no hay nada, te lo estoy diciendo ¿o no? Ni tu ni yo estamos juntos por otra cosa que por el gusto de estar, por el placer de estar, si no me gustara lo que eres y lo que haces no estarías conmigo. Siempre estoy controlando tu entorno, cuidando tu respiración, tus reacciones. Si no me sintiera complacido, ni siquiera te pondría en aprietos, ¿Para que iba gastarme en algo que no me da placer? El detalle está en que las cosas así como las estas llevando no funcionan y no sólo no funcionan para mi, sino que tampoco para ti, piensa, ¿Cómo eras mas feliz? ¿Obedeciendo y estando o luchando contra ti misma?
Sentí tanta admiración por Mi Amo, más de la que ya sentía, aumento mi respeto por El, mi amor por El, una sensación de paz iba apoderándose de mi, una sensación que tenia mucho que no sentía.
-Pero… ¿Y todo eso que he leído? ¿El protocolo? ¿Los rituales? ¿Dónde queda eso de “saber lo que quiere y lo que piensa”?
Sonrió, movió la cabeza, me miró.
-Linda, eres tan romántica que si te dijeran que las esclavas deberían de saber volar, ya te veo lanzándote de los edificios intentado mostrarme que eres tan esclava como la que mas.
Sonreí, ciertamente creo eso mismo haría.
-Cada relación es diferente, cada una se finca en las bases que dan ambas partes, tú eres mi esclava, porque tu carácter es de sumisión, y las características de tu sumisión se acoplan a mis necesidades. Lo que has leído, son historias, unas reales, otras inventadas que plasman deseos y fantasías, tú eres real, yo soy real, lo nuestro es real, no te deshagas por lo que pasó y mucho menos por lo que no ha pasado, tenemos nuestro aquí y ahora.
-¿Te gusta sentir las lágrimas rodando por tus mejillas?
-Depende de que provoqué esas lágrimas.
-¿Lo ves? ¿Recuerda la sensación la primera vez que te metí castigada debajo del escritorio? ¿Lloraste? ¿Te dolió? ¿Lo disfrutaste?
-Si, cierro lo ojos y vuelvo a sentirlo Mi Amo, fue tan intenso, tan… excitante. Lloré como loca, me dolía el alma, lo disfruté tanto.
-¿Y cuando te usó para apoyar mis pies mientras veo una película?
-Si Mi Amo- dije emocionada, me gusta, lo disfruto mucho.
-¿Necesitaste una razón para hacerlo? ¿Necesitaste saber porque “te castigue”?
- Hummm no, realmente no pensé en eso, solo… Lo hice.
-¿Cuándo nos dormimos abrazados?
-Eso, eso es sensacional Mi Amo, poder dormirme entre sus brazos, sentir su respiración, su protección…
-Toda orden, indicación, acción son para ese momento, no para crear un manual. Si me da la gana llevarte al cine, lo hago y si me da la gana que te bañes con agua fría, lo hago, yo doy las órdenes, ese es mi privilegio, tu privilegio es obedecer o no obedecer.
Apreté los ojos tratando de contenerme, el impulso de tirarme a sus pies era tan fuerte que casi no lo logro. Estaba tan agradecida con sus palabras, con su preocupación hacia mí…
Tomó mis manos, miró mis ojos y dijo:
-Eres mía y solo mía, hasta en momentos en que tu no sabes donde estas parada, sin mas razón porque quiero que lo seas y porque quieres serlo, en el momento en que uno de los dos no quiera, esto se termina…
Lo miré alarmada.
-¿Eres mi perra?
-Siempre Mi Amo, suya y solo suya.
Sonrió, con un ademán me indicó que regresaríamos al auto.
Sé que voy a llorar, que me va a doler, y lo mejor de todo, se que voy a obedecer, por el placer de obedecerlo.
Mis lágrimas son suyas, mis sonrisas son suyas, toda yo soy suya, no necesito mas razones, El tomará de mi lo que quiera y de nuevo sentiré ese placer en dárselo en la cantidad que lo requiera.
Publicado el 21/01/08
Feliz a Los Pies de Mi Amo
monique[V]