Situaciones

Relatos de Situaciones

lunes, 7 de diciembre de 2009

Reencontrandome

El aire húmedo soplaba con calma, mientras mis cabellos sueltos revoloteaban frente a mi rostro.
En esa casa, parecía no haber más nadie que yo; quién me viera a la lejanía, pensaría que estaba atada con las manos y piernas separadas sobre mi cabeza.
Las gotas de sudor resbalaban por mis mejillas haciendo que algunos cabellos quedaran adheridos a mi rostro denotando cansancio.
Tenia los ojos cerrados y la cabeza caída sobre un lado, a veces parecía como si las piernas separadas me flaquearan y fuera a dejar caer mi peso en los brazos, pero tomaba aire, sacudía la cabeza y mantenía la postura.
Un golpe seco en la entre pierna me hizo emitir un leve gemido y levantar la cabeza, no cerré las piernas y con trabajos, emití una sonrisa, cuando abrí los ojos, miré a Mi Amo de frente.
La sonrisa no desapareció de mis labios, ni siquiera al notar la seriedad en la cara de Mi Dueño, yo debo estar sonriente, salvó que El me indique otra cosa.
No había barra que mantuviera mis piernas abiertas, y aún así no las cerraba, ni por el cansancio, ni por nada, la indicación fue clara y yo obedecía.
-Ven
Solté las sogas de las que me sostenía para no caer, nada me ataba, solo la voluntad de Mi Amo…
Las piernas tardaron un poco en reponerse, pero adopté la postura de una perra a cuatro patas y me acerqué a Mi Amo.
-¿Aprendimos la lección?- Me dijo con tono cariñoso.
Solo alcancé a mover la cabeza afirmativamente, pero sin levantarla.
Una ráfaga de viento logró reanimarme un poco, después de estar tanto tiempo bajo el sol, que a pesar del clima frío, me había acalorado.
-Humm no estoy muy seguro de eso- dijo moviendo la cabeza negativamente.
Mi Amo sin acariciar mi cabeza como solía hacer, me guió debajo del árbol más cercano, sobre el césped y dejando que me echarse, mientras traía un cuenco con agua, la cual me indicó a beberla.
-Despacio o te hará daño- me dijo al ver como sorbía.
Levanté los ojos agradecida, con una sonrisa sincera.
-Vamos adentro- me dijo mientras daba media vuelta y se encaminaba hacia la casa.
Avancé, siempre a 4 patas detrás de El.
La estancia era amplia, fresca, con sillones forrados en piel negra, una mesa de centro desprovista de cualquier adorno, la alfombra era mullida, suave al tacto… Agradecí interiormente ese contacto...
Subí a la mesa a 4 patas, echando la cabeza hacia abajo, levantando el culo, separando las piernas. Yo era el adorno de la mesa.
Un par de nalgadas me hicieron respingar, pero después siguieron más y más, el color de mis nalgas iba cambiando hasta lograr un rojo subido, dejando marcas de ellas.
Apreté los dientes y los labios para no emitir sonido alguno, entonces sentí un leve tirón de cabellos, la indicación para que levantara la cara. El mango del fuete bajo mi barbilla me indicó que me irguiera.
Sin bajarme de la mesa y sin cerrar las piernas, coloqué las manos detrás de la cabeza, exponiendo los senos ofrecida.
La lengua del fuete chocó contra un pezón y después contra el otro, de manera precisa y certera. Después se repiten una y otra vez, las lágrimas empezaron a surcar mi rostro.
-¿Te duele?
Moví la cabeza afirmativamente, no puedo negar lo evidente.
-Baja de ahí, buscaré quién no sea tan quejumbrosa- El tono de desdén era muy marcado.
-Por favor…- Susurré
-Cállate, ¿Desde cuando las perras inútiles hablan?
Bajé de la mesa, obedeciendo, y me dirigí lentamente hacia mi rincón, muy lentamente, esperando que me llamara para darme otra oportunidad. Un remolino de sentimientos giraba dentro de mí, no alcanzaba a entender que pasaba.
Me incitó a darme prisa, parecía que no habría más oportunidades.
-Eres lenta, torpe, quejumbrosa, cada vez más inútil.
Las lágrimas iban en aumento, con pequeños sollozos acompañándolas.
Mi rincón de castigo estaba en la parte más alejada de la cocina, apenas con una frazada para no quedar en contacto con el suelo.
Me coloqué en mi lugar, no sin antes mirar a Mi Amo solicitando su perdón. Tal vez me dejaría dormir a los pies de su cama al menos.
-Tú no aprendes o no quieres aprender, no sabes tu lugar o no quieres saberlo, pero aprenderás, vaya que aprenderás.
Me recosté hecha un ovillo escondiendo la cara no con resignación, pero si con muchas ideas en mi cabeza. Me sentía enojada conmigo misma por no poder complacerlo, tanto que me esmeraba en ser mejor y no daba resultado, algo estaba haciendo mal y no entendía que era, pero no recurriría al camino fácil de preguntar que era, tenía que encontrar la razón por mis medios.
Los primeros rayos de sol me despertaron, estaba adolorida por la postura, moví lo más que pude los músculos para desentumirlos. Esperaba que Mi Amo apareciera pronto, necesitaba orinar.
A los pocos minutos apareció, me miró y le sonreí, sentía que mi aspecto era terrible. Mi Amo se apiadó de mí permitiéndome ponerme en pie.
-Ve a asearte, después desayunaremos.-Me dijo señalando hacia el jardín.
Lo miré un poco desconcertada, caminé titubeante.
El aspersor estaba puesto a medio jardín, bajé la cabeza y suspiré, no tendría un baño caliente. Las primeras gotas de agua fría chocaron contra mi piel produciéndome leves espasmos, al poco estaba empapada, temblando de frío pasé mis manos por el cuerpo, sacudí mis cabellos y busqué con que enjabonarme, a un lado había un jabón de pasta para ropa, no cabía duda, con eso debería hacerlo. Llené mi cuerpo de jabón y el pelo lo mas rápido posible, no podía ya controlar los espasmos y mis manos empezaban a ser torpes, traté de darme prisa para enjuagar cada parte, poniendo especial atención en mi entre pierna.
Cuando al fin logré enjuagarme, me alejé del agua, pegando los brazos a mi cuerpo tratando de recuperar un poco el calor, miré hacia la casa y Mi Amo me observaba pero sin hacer ningún ademán o gesto que me indicará lo que debía hacer.
Me quedé parada, temblando, con el cabello enredado y mi cabeza sin entender que pasaba.
Unos minutos pasaron que me supieron a eternidad antes de que Mi Amo me diera una toalla para secarme.
Mientras titiritaba trataba de controlarme, El me enredó en la toalla mientras las lágrimas empezaban a bajar por mis mejillas, la contracción muscular comenzaba a doler y debía relajarme, trataba de respirar profundamente, pero el llanto no me lo permitía.
-¿Enojada?- Me preguntó.
Negué con la cabeza, porque no era enojo, era incomprensión.
-¿Segura?- Inquirió.
Aseveré con la cabeza.
Mi Amo frotó mis brazos sobre la toalla, después las piernas, la espalda… El calor poco a poco regresaba a mi. Quien me mirara diría que tenía un aspecto realmente patético: el cabello hecho una maraña, la espalda encorvada, ojeras profundas en los ojos, los labios resecos y sin color, mirada apagada, manos y rodillas raspadas, sentía el alma dolida.
-Anda vamos a desayunar.
Pensé en café, tostadas, miel, fruta, jugo… tenia tanta hambre.
Al entrar en la cocina encontré un amasijo formado por avena y frutas en un plato puesto en el rincón de la cocina. Parecía que ni en ese momento seria tratada como persona. Retomé en ese momento mi postura a 4 patas, las rodillas me dolían.
Comí despacio tratando de no ensuciarme la cara, la mezcla no sabía mal, y debía tener miel o algo porque era dulce y pegajosa.
Junto había un cuenco con agua, lo sorbí despacio.
Sin poder evitarlo, empecé a llorar de nuevo, seguía sin comprender porque no había una tregua, porque el trato de esa manera. Eran dos días ya y ni siquiera una palabra amable, ni siquiera una razón de los castigos.
De reojo miré a Mi Amo quien me observaba inconmovible. Lo adoraba, lo amaba hasta la locura, ¿Qué era lo que hacia mal? Traté de repasar las órdenes y mi reacción, siempre tratando de hacerlo mejor, de ser exacta, precisa, no encontraba la falla, pero las cosas no salían como pensé que saldrían, me concentraba en obedecerlo, algo estaba haciendo mal, pero no me doblaría, no me daría por vencida, lograría verlo de nuevo complacido como antes.
-Ven acá.
Moviéndome lo más rápido posible me puse a sus pies.
Agaché la cabeza y sacando la lengua lo más que pude, recorrí alrededor de mi boca, buscando restos de esa cosa que me dio a desayunar.
-“Perfecto”- pensé- ni un solo rastro de comida- Entonces levante la cara y sonreí.
-Cariño sube a ponerte un vestido lindo, el verde te quedará perfecto, iremos a dar un paseo, si quieres báñate de nuevo, creo que ese cabello necesita de un buen shampoo. Maquíllate como te gusta, quiero que te sientas tan hermosa como eres.
-“¿Cómo? No entiendo- pensaba- ¿El verde? Ese vestido es tan normal… ¿Bañarme de nuevo? No me dijo si podía usar agua caliente o no, usaré la fría para que no crea que abuso…
Mi cabeza seguía así mil ideas de cómo ser “mejor”
-No olvides usar agua caliente linda, el agua fría no te sienta bien- su tono era cariñoso.
-“¿Qué pasa ahora? – seguía pensando.
El agua caliente era una verdadera delicia, casi logra hacer que olvidara lo que pasaba, pero reaccioné y me di prisa, sequé mi pelo, lo peiné, me maquillé deteniéndome en los ojos un poco mas, al momento de irme a vestir un pensamiento más llegó a mi “la tanga, no me dijo si ponerme ni cual” Sentí pánico…
-¿Lista?- Dijo entrando a la habitación.
Yo petrificada, peinada y maquillada pero desnuda, parada a media pieza, sin lograr emitir un solo sonido.
-¿Qué pasa?- Dijo con voz tranquila.
- L…a ropa interior, n…o me dijo que hacer.- Empecé a temblar, a sollozar.
-Cariño- dijo al abrazarme- Usa la que quieras, la que tu gustes.
-“¿Cómo? ¿La que yo quiera? Si, seguro se cansó de mi incompetencia, seguro es eso, seguro me tratara lindo ahora para que cuando me diga que todo terminó, no me sienta mas culpable”- Mi cabeza seguía así.
-¿Sabes que me gustaría?- preguntó mientras íbamos en el auto.
-“Ay, pregunta, examen, piensa en la respuesta correcta, vamos, piensa,…”
-Ir al cine- dijo interrumpiendo mis pensamientos. ¿Cómo iba a adivinarlo? Una falla mas, ¡Demonios! No logro ser mejor.
Fuimos al cine, tomó mi mano antes de entrar, me preguntó por la película que me gustaría, todo tan normal, tan lindo, tan… “no no, alerta, no te distraigas, atenta” mi cabeza seguía ahí recordándome.
Después fuimos a comer, comida china, mi favorita, me conoce tan bien y yo…
Guardé silencio en el trayecto de regreso, la música llenaba el auto y Mi Amo tarareaba, bromeaba, yo reía, me sentía embelezada a su lado “atenta, no te distraigas, atenta” esos pensamientos me tensaban, “la sonrisa, no mires a los ojos, no niegues, lista, atenta”
-¿Recuerdas como se llama este tema?
-“No, no puede ser, ¿Cómo se llama? Vamos acuérdate…” Comencé a llorar.
Mi Amo me miró, no dijo nada y estacionó el auto en un parque. Me indicó bajar y caminamos a una banca bajo un árbol hermoso. El viento frío empezaba a soplar.
-¿Dónde se fue?
-“¿Quién? ¿De quien me habla? Piensa anda vamos, piensa”
-¿Sabes? Piensas demasiado, piensas de más, ¿Por qué estas así?
-Mi Amo, ¿Puedo hablar libremente?
-Siempre.
- No sé que hacer Mi Amo, no sé que espera de mi, siempre trato de hacer cosas que le gusten, pero nunca me dice si le gustan o no, dice que no le molestan, pero no que le gustan. A veces me trata con la punta del pie y me regaña, yo me esmero, pero no logro hacer que me diga que le gusta lo que hago, y así sin más, me trata lindo, sin merecérmelo, porque ya fallé… algunas fantasías que tenía simplemente ya no podrán ser…- El llanto impidió que pudiera seguir.
Escondí la cara entre las manos, me dolía el alma… Mi Amo esperó, esperó a que me calmara, a que estuviera mas tranquila para hablar.
-Alza la cara, y pon atención.
Inhalé, limpié mis ojos… “atenta, no te desconcentres, atenta, no puedes fallar mas”.
-Deja de pensar linda, de esa manera te estas acabando sola.
Realmente me sorprende la manera en que me conoce.
-Te voy a hacer unas preguntas, no es un examen, acá no hay exámenes, no hay respuestas correctas e incorrectas, sólo respuestas sinceras ¿Está claro?
-Si Mi Amo.
- ¿Por qué dices que no sabes que hacer?
- Porque un día me da una indicación, la aprendo, la ensayo y resulta que a la siguiente vez, las cosas ya no se hacen así.
- ¿Por qué dices que no sabes que espero de ti?
-Porque nunca sé como debo de reaccionar correctamente.
-¿Quién te dijo que no me gusta lo que haces?
-Cuando le pregunto si le gustan o me dice que no le molesta o me responde como si nada, o no me responde.
-Mmmmmm, ¿Quién dijo que no te mereces que te trate lindo?
-Pues yo, si no hago bien las cosas, es lógico que no me lo merezco.
-¿Y quien te dijo que no lo hiciste bien?
-Pues yo, porque no me lo dice.
-Mmmmm, ¿Te molesta que te trate con la punta del pie a veces y otras lindo?
-No, de verdad no me molesta que lo haga, me desconcierta que no se cuando es porque y cuando es para que.
-¿Recuerdas que te dije que mi responsabilidad era que estuvieras segura, protegida?
Afirmé con la cabeza. Una pareja pasó en ese momento, haciéndonos callar unos segundos, empezaba a refrescar y yo por consiguiente a temblar.
-A veces debo protegerte hasta de ti misma, algunas de tus fantasías, no son para ti, en vez de disfrutarlas, te dañarían física y emocionalmente, no es por no querer que también vivas las cosas, es solo que te conozco y algunas de ellas no son para ti. La mayoría las has vivido ¿O no? Incluso muchas que no te atreviste en su momento a decirme- Sonrió con complicidad.
Nuevamente mostraba cuan inconsciente había sido yo, cuan egoísta me estaba volviendo. Me conocía y me conocía bien.
-¿Me quieres? ¿Te gusta ser mi esclava?
-Mi Amo, lo adoro con toda mi alma, si no me gustara ser su esclava, no trataría de ser perfecta.
-¿Perfecta? No existe la perfección, te diré lo que veo.
-Por favor.
-Cuando iniciamos esto, eras natural, eras tu misma, no necesitabas un porque ni un para que, te bastaba obedecer y disfrutabas obedeciendo, fuera cual fuera la orden. No necesitabas explicaciones tu placer nato era obedecer. Ahora has dejado de obedecer para mi, haces las cosas para ti, por eso ya no te causan placer como antes, tu placer radica en obedecerme para mi y por mi, ahora estas en una competencia contigo misma, te está segando la soberbia y el orgullo, estos dos días, son una muestra de lo que haces, te has esmerado en ser mejor que tu misma, no en complacerme sino en ser mejor, eso… eso no te motiva a sonreir desde dentro linda, ahora necesitas la certeza de que acepto y disfruto lo que haces, ahora piensas mas en “ser mejor” que en “ser tu misma”.
Lo miraba, me sorprendía lo que decía, y no dejaba de tener razón. Hizo una breve pausa y continuó.
- Me gusta, me gusta saber que estas ahí, me gusta tu disposición, me gusta abrazarte o cogerte, y saber que puedo hacerlo, no como lo haces, sino que lo haces por mi y para mi, me gusta ver que disfrutas tanto si te hago llorar como si te trato como una reina…
-Pero… ¿Qué hay de malo en que me lo diga?- Interrumpí.
-No, de malo no hay nada, te lo estoy diciendo ¿o no? Ni tu ni yo estamos juntos por otra cosa que por el gusto de estar, por el placer de estar, si no me gustara lo que eres y lo que haces no estarías conmigo. Siempre estoy controlando tu entorno, cuidando tu respiración, tus reacciones. Si no me sintiera complacido, ni siquiera te pondría en aprietos, ¿Para que iba gastarme en algo que no me da placer? El detalle está en que las cosas así como las estas llevando no funcionan y no sólo no funcionan para mi, sino que tampoco para ti, piensa, ¿Cómo eras mas feliz? ¿Obedeciendo y estando o luchando contra ti misma?
Sentí tanta admiración por Mi Amo, más de la que ya sentía, aumento mi respeto por El, mi amor por El, una sensación de paz iba apoderándose de mi, una sensación que tenia mucho que no sentía.
-Pero… ¿Y todo eso que he leído? ¿El protocolo? ¿Los rituales? ¿Dónde queda eso de “saber lo que quiere y lo que piensa”?
Sonrió, movió la cabeza, me miró.
-Linda, eres tan romántica que si te dijeran que las esclavas deberían de saber volar, ya te veo lanzándote de los edificios intentado mostrarme que eres tan esclava como la que mas.
Sonreí, ciertamente creo eso mismo haría.
-Cada relación es diferente, cada una se finca en las bases que dan ambas partes, tú eres mi esclava, porque tu carácter es de sumisión, y las características de tu sumisión se acoplan a mis necesidades. Lo que has leído, son historias, unas reales, otras inventadas que plasman deseos y fantasías, tú eres real, yo soy real, lo nuestro es real, no te deshagas por lo que pasó y mucho menos por lo que no ha pasado, tenemos nuestro aquí y ahora.
-¿Te gusta sentir las lágrimas rodando por tus mejillas?
-Depende de que provoqué esas lágrimas.
-¿Lo ves? ¿Recuerda la sensación la primera vez que te metí castigada debajo del escritorio? ¿Lloraste? ¿Te dolió? ¿Lo disfrutaste?
-Si, cierro lo ojos y vuelvo a sentirlo Mi Amo, fue tan intenso, tan… excitante. Lloré como loca, me dolía el alma, lo disfruté tanto.
-¿Y cuando te usó para apoyar mis pies mientras veo una película?
-Si Mi Amo- dije emocionada, me gusta, lo disfruto mucho.
-¿Necesitaste una razón para hacerlo? ¿Necesitaste saber porque “te castigue”?
- Hummm no, realmente no pensé en eso, solo… Lo hice.
-¿Cuándo nos dormimos abrazados?
-Eso, eso es sensacional Mi Amo, poder dormirme entre sus brazos, sentir su respiración, su protección…
-Toda orden, indicación, acción son para ese momento, no para crear un manual. Si me da la gana llevarte al cine, lo hago y si me da la gana que te bañes con agua fría, lo hago, yo doy las órdenes, ese es mi privilegio, tu privilegio es obedecer o no obedecer.
Apreté los ojos tratando de contenerme, el impulso de tirarme a sus pies era tan fuerte que casi no lo logro. Estaba tan agradecida con sus palabras, con su preocupación hacia mí…
Tomó mis manos, miró mis ojos y dijo:
-Eres mía y solo mía, hasta en momentos en que tu no sabes donde estas parada, sin mas razón porque quiero que lo seas y porque quieres serlo, en el momento en que uno de los dos no quiera, esto se termina…
Lo miré alarmada.
-¿Eres mi perra?
-Siempre Mi Amo, suya y solo suya.
Sonrió, con un ademán me indicó que regresaríamos al auto.
Sé que voy a llorar, que me va a doler, y lo mejor de todo, se que voy a obedecer, por el placer de obedecerlo.
Mis lágrimas son suyas, mis sonrisas son suyas, toda yo soy suya, no necesito mas razones, El tomará de mi lo que quiera y de nuevo sentiré ese placer en dárselo en la cantidad que lo requiera.
Publicado el 21/01/08
Feliz a Los Pies de Mi Amo
monique[V]

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