Estaba en la planta baja de la casa, terminando de asear la cocina a media tarde cuando escuché que Mi Amo me llamaba desde la recámara.
Sequé mis manos con un lienzo, lo doble colocándolo en su lugar y me dirigí al segundo piso.
La tarde era templada, con una brisa que hacia mover los árboles que empezaban a reverdecer.
-¿Me llamó Mi Amo?- dije mientras tocaba la puerta.
Su suave voz me autorizó a entrar, lo cual hice colocándome de pie frente a El.
-Gírate lentamente, quiero verte bien, ese vestido te hace lucir hermosa.
No pude contener una sonrisa y sentir mis mejillas enrojecer, ya que aunque me lo dice constantemente, siempre me sabe a la primera vez que lo hizo.
Giré despacio levantando las manos sobre mi cabeza, mis pies descalzos elevaron sus talones para crear la sensación de usar zapatillas.
-Alto- dijo cuando le daba la espalda. Me indicó que separara las piernas y tomara mis tobillos sin doblar las rodillas y sobre todo no podría soltarlos hasta que El me lo indicará
Apoyé mis pies y me fui flexionando, haciendo el esfuerzo por alcanzar mis tobillos.
-Alguien esta descuidando el ejercicio según veo- Dijo con un tono serio.
Apreté los ojos y traté de agarrar los tobillos pero era una batalla que tenia perdida desde el inicio.
-Toma las pantorrillas o… ¿Tampoco las alcanzas?
-Si, esas si alcanzo bien Mi Amo.
Trastabillé un poco al perder el equilibrio, solté mis pantorrillas y puse las manos en el piso para no irme de bruces.
Al recobrar el equilibrio, volví a sostener mis pantorrillas.
Mi Amo levantó mi vestido dejando mis nalgas descubiertas, tiró de la tanga sacándome un gemidito, más de sorpresa (como si fuera la primera vez) que de dolor.
Acarició mis nalgas mientras decía:
-¿No te di la indicación en el idioma correcto?
Asentí con la cabeza. Jaló de la tanga más fuerte, yo apreté los labios para no gritar.
Traté de encontrar mi centro de gravedad, mi cabeza sonado con “Es fácil tu puedes” y entonces un toque de sus dedos en mi cadera rompió el equilibrio, nada del otro mundo, pero de nuevo me solté y antes de tocar el piso con las manos Mi Amo ya me sostenía por las caderas.
-Cobarde- me dijo mientras me daba un par de nalgadas- Anda vete a terminar lo que estabas haciendo.
El corazón de inmediato se me paralizó al oírlo.
-P... pero Mi Amo…
-Anda vete, todo está bien, sólo me aburrió el juego.
Bajé las escaleras lento, con el corazón en un puño “Se aburrió” era todo lo que me repetía para mis adentros.
Terminé y me fui a recostar al sillón, unos minutos después me volvió a llamar.
Subí como estampida las escaleras, toda desbocada.
Toqué y no esperé a que me autorizara a entrar. Su mirada me hizo ver mi error.
Regresé sobre mis pasos y volví a tocar. ¿Mi Amo puedo entrar?
Silencio, ni un ruido salía del cuarto. Esperé, mi corazón latía con fuerza, las manos me sudaban…
-Entra.
Tratando de contenerme pero no de disimular, avancé y me puse frente a El como siempre.
Con la mano me indicó que me girara, no hubo necesidad de más indicaciones, tomé la posición de minutos antes, tratando de sentirme firme para no soltarme, prácticamente me enterré las uñas en las pantorrillas y en mi cabeza un “Pase lo que pase no te sueltes, confía” Sentí sus manos en mis caderas y empezó a balancearme, primero poco, luego fue inclinándome cada vez más. Pero esta vez no me solté, cerré los ojos para no ver que tan cerca o lejos del suelo estaba, como si así no fuera a notar cuanto me inclinaba…
-¿Sabes que te pasaría en este momento si yo te soltara?- su voz era divertida.
-Me rompo el hocico Mi Amo.
Sonrió, yo sé que sonrió aunque no lo veía, sé que mis sonseras le hacen sonreír.
Me regresó a la posición inicial y ordenó que me enderezara mientras me nalgueaba un poco.
-Buena chica- me dijo- Vamos a tomar café.
De regresó después de la cena, se repitió la postura, las inclinaciones sólo que ahora añadió una sensación: Cuando me tenia con la nariz casi en el suelo emepzaba a jalarme despacio hacia el y de repente soltaba mi cadera volviendola a tomar casi al instante, mi nariz de nuevo cerca del suelo, el corazón palpintan sentía se salía por mi boca, un vació extraño en mi estómago y un grito contenido en mis labios:
Repetía el movimiento, nada hacia que pudiera preever cuando me soltaría y en cada vez sensación de pánico iba disminuyendo porque siempre me volvia a tomar a tiempo, y yo ya me sentía más confiada.
Al otro día, mientras bajamos para ir a desayunar, me indicó que adoptara la posición pero en el último escalón de la escalera, y que me asegurara que los dedos de mis pies quedaban una pulgada cerca del borde. Obedecí algo extrañada, pero confiada, tomó mi cadera, y repetimos el subir y bajar, mis ojos cerrados pero la respiración tranquila. Bien no entendía, pero obedecía.
En la oficina recibí Su llamada, la postura debía mantenerla al menos 5 minutos con la cabeza lo más levantada que pudiera y sobre todo, los ojos abiertos.
Cerré mi oficina, le indiqué a mi secretaria que no me pasara a nadie ni ninguna llamada y ejecuté la orden, después de dos minutos, comenzaba a aburrirme, pero después de tres me sentía cansada, casi al llegar a los 5 pensé que me caería, las corvas de las rodillas y la parte dorsal ý cervical me dolían.
Aliviada vi que concluían los 5 minutos, Envié un mensaje y seguí con mi día normal.
Pasado el medidía recibí un mensaje,”15 minutos” Aguanté la respiración y entre mis labios salieron las palabras mágicas “Si Mi Amo” Por suerte era la hora de la comida y nadie llamaría ni llegaría. Yo sabía que no iba a aguantar los 15 minutos, así que me acerqué a la pared, chequé distancia, tomé la posición y apoyé la frente en la pared. Según yo al tener un punto de apoyo extra, sería más fácil… Error, al poco tiempo el cuello resentía la carga pero no quería moverme…
-Estás bien tonta- oí la voz de Mi Amo detrás de mi- Ven acá.
-De verdad que sola no te puedo dejar, ¿Pretendes lastimarte o que? A ver acá a media oficina, vamos a ver como lo haces.
Creo que nunca había estado tan consciente de la duración de cada segundo.
Las piernas me temblaban, sudaba, sentía pinchazos en diferentes partes, hasta que por fin terminaron los 15 minutos.
-Despacio, muévete primero antes de incorporarte, ven acá.
Me tomó en sus brazos y acarició mi espalda mientras mi cabeza me gritaba “Urge regresar al gimnasio”
La escalera de la casa cuenta con tres secciones, cada una dividida por un escalón mas amplio Acá en México les decimos “descansos”.
Al ir subiendo y llegar al primer descanso, me dijo que me detuviera y cerrara los ojos. Me fue conduciendo, me hizo girar, caminar un par de pasos, girar media vuelta, un cuarto de vuelta, izquierda o derecha según me indicaba, hasta que estaba desorientada, después me indicó que me pusiera en la posición, un leve estremecimiento surcó mi espalda pero obedecí, repetimos las inclinaciones, mis uñas clavadas en mis pantorrillas, y cuando estaba más inclinada me ordenó abrir los ojos y alzar la cara, mi nariz casi rozaba el escalo siguiente y mis ojos miraron la estancia…
Temblé, sudé, mi acrofobia se hizo presente. Me quedé sin respiración a la vez que sentía que el corazón se salía por mi boca. Fueron unos instantes que me supieron a eternidad, más fue el terror que sentí que la obediencia lo que hicieron que no me soltara.
Mi Amo me atrajo hacia El mientras me decía que soltara mis pantorrillas, me abrazó por la cintura mientras me calmaba, mis ojos estaban fijos en lo que sentí era en ese momento la cima del mundo, pero poco a poco me fue tranquilizando y me hizo notar que no pasó nada.
Cuando me hallé tranquila, me dijo que lo repetiríamos, cerré los ojos, de nuevo giros, de nuevo la postura, de nuevo los vaivenes, de nuevo abrir los ojos y de nuevo la estancia frente a mis ojos, la nariz casi en el suelo.
-Pase lo que pase no te sueltes.
La sangre estoy segura abando no mi cuerpo, asentí con la cabeza no podía hablar, tenía miedo, mucho miedo, empezó a acercarme a El y si, lo que tanto temiía… Me soltó… abrí la boca pero nada salió de ella, mis manos paralizadas se quedaron clavadas en mis pantorrillas y de nuevo a tiempo me sujeto…
-¿Estás bien?- Su voz denotaba que se estaba divirtiendo.
Con trabajos asentí con la cabeza mientras sentía como me aproximaba a Él, para soltarme de nuevo y volverme a sujetar, para quién nos viera diria que eran centésimoas de segundo, para mi era una eternidad entre que me soltaba y me volvía a sujetar, cuando dejé de temblar, terminó el ejercicio.
A la mañana siguiente antes de terminar de bajar, repetimos, cerrar los ojos, girar desorientarme, y posición, pero como ya sabía yo lo que seguía empecé a llorar, temblaba sin control, pero sin soltarme, repetimos las inclinaciones, mientras Mi Amo me preguntaba si quería parar, con la cabeza decía que no, pero mi actitud parecía que era un si. De nuevo me abrazó y me tranquilizó.
Antes de salir a trabajar, repetimos, pero ya no lloré ya el miedo fue menor, me sentía más segura. Ahora hubo preguntas mientras el tiempo con los ojos abiertos fue mayor.
-Chiquita ¿Te imaginas que me da un calambre y te suelto?
Asentí con la cabeza ya que no podía hablar porque me quede sin aliento.
-Como me hubiera gustado ver la cara que pones- Dijo en tono divertido.
Al salir comentó que le daba gusto que no llorara porque arruinaría el maquillaje de mis ojos y hoy particularmente le habían gustado mucho, de nuevo me sonrojé y sonreí y con esa sonrisa me fui a trabajar.
Para el viernes por la mañana, ya no había miedo en mi, ni palpitaciones ni temblores, estaba ya totalmente confiada.
A media mañana recibí su llamada diciéndome que si tenía citas porque tenía que viajar cerca y quería que lo acompañara. Le dije que todo estaba bien y que estaría lista a la hora que me indicara. “Una hora, nos vemos en casa, lleva ropa cómoda, jeans que tanto te gusta esta bien, sandalias, o tenis”
Apenas el tiempo suficiente para cancelar todo y salir corriendo a cambiarme.
Cuando llegó estaba terminando de recoger mi pelo en una coleta.
Bajé las escaleras y me detuve en el descanso.
-¿Nos da tiempo de repetir el ejercicio?
Se rió.
-Eres una golosa de la adrenalina, anda vámonos, ya habrá tiempo.
Tomamos la autopista, el día era francamente delicioso, la música como siempre excelente, la charla ligera y la compañía inmejorable.
Yo como buen copiloto llevaba un mapa en las manos el cual dicho sea de paso, no tengo la más mínima idea de cómo usar.
-Mira- Me dijo señalando un letrero- Esta carretera tiene una desviación a la zona Arqueológica de Teotihuacan.
-Hace años que no la visito- Comenté.
-¿Quieres ir? Ahí podríamos comer.
La idea de entrada me pareció fascinante, ese contacto con las construcciones edificadas sin las facilidades de la modernidad resultan siempre atractivas para mi.
Es un encuentro con mis antepasados.
Al ingresar nos proporcionaron un mapa donde señalaban los diferentes accesos.
-Me gusta pararme al pie de la Pirámide de la Luna- Le dije. Una leve sonrisa, de esas que reconozco a veces en Mi Amo fue la respuesta.
-Ver la Calzada de Los Muertos extenderse hasta crear la sensación de que toca el horizonte me cautiva.- Comenté
-¿Y porque al pie y no desde la cima?
Temblé tan sólo de pensar en las alturas, mi acrofobia volvía a hacer acto de presencia.
-Tranquila chiquita, no te haré subir a la Pirámide de la Luna, hay un punto en donde se observa perfectamente toda la zona.
Respiré más que aliviada.
Caminamos, yo embelezada escuchando las explicaciones de Mi Amo sobre la construcción, el estilo de vida, mirando detalles que en lo común nadie repara, y si, orgullosa de cómo sabe sobre nuestras raíces.
Llegamos al pie de la imponente Pirámide del Sol. Alzar la vista y mirar a los turistas subiendo y bajando ayudados por las cadenas colocadas por las autoridades, me daba vértigo sólo pensar en tantos y tantos escalones.
Después de sacar unas fotos, y de algunas explicaciones, pasó lo que esperaba no pasara…
-Vamos a subir- Me dijo justo cuando tomaba la fotografía al pie de la Pirámide del Sol.
Un mareo se apoderó de mí, lo miré suplicante pero “casualmente” su atención estaba en otro sitio.
-Mi Amo… por favor…- las palabras no podían salir de mis labios, el estómago era un nudo, las rodillas se me doblaban.
-Te dije que te mostraría el mejor lugar para mirar el valle y que no subiríamos a la Pirámide de la Luna y soy un hombre de palabra. Déjate de tonterías y subamos, o acaso ¿Piensas dar un espectáculo a nivel internacional?- dijo mientras señalaba a los turistas.
Me sorprendí a mi misma asintiendo con la cabeza y avanzar, todo dentro de mi me decía que parara, que diera media vuelta y saliera corriendo de ahí pero no lo hice, había recibido una orden y obedecía.
Bastaron tres, si, tres pasos y me caí, ¡Por Dios! Tres pasos y ya estaba en el suelo, los turistas mirándome, Mi Amo preguntó si estaba bien, pero nunca si quería quedarme a nivel del piso, tomó mi mano y empezamos a subir.
-Fíjate donde pisas, pero no centres tanto la atención…
Fue ilustrándome en como subir, en los materiales, en las proporciones…
Las Pirámides de Teotihuacan no son de caras planas sino que están dividas en secciones, algo así como los descansos de una escalera, cada sección cuenta con una especie de terraza que permite tomar un respiro, dado que los escalones son pequeños.
Al llegar a la primera sección casi corrí a pegarme a la pared. Mi Amo me indicó que caminaríamos rodeando la Pirámide desde esa primera sección, yo iba prácticamente como lagartija pegada a la pared, sin querer ver mas que las piedras, pero Mi Amo me señalaba cosas o detalles que debía de observar y entonces lo veía caminar tan quitado de la pena por la orilla, con seguridad y aplomo, eso me ponía más nerviosa.
-Mi Amo por favor, por la orilla no- suplicaba con la esperanza de que se alejara del borde, pero no, siguió caminando así, y si, lo sé, divirtiéndose con mi manera de caminar tan particular.
Llegamos de nuevo a la escalera, faltaba para mi perspectiva, como media vida para llegar a la cima, pero a la vez me preocupaba como iba a bajar. Miraba arriba, miraba las escaleras hacia abajo y mis manos se aferraban a la cadena colocada para ayudar a las personas a subir y bajar.
-Continuemos- y extendió su mano para tomar la mía.
Iba a comenzar a subir cuando oí un “disculpe” con extraño acento y bastante apremiante, y vi a una mujer mayor que yo, de rasgos orientales, subir a toda prisa a cuatro patas la escalera, entonces pensé que era buena idea sentir así más seguridad… Una leve sonrisa se dibujó en mis labios cuando oí:
-Ni se te ocurra, a cuatro patas solo te pones para mí.
Suspiré porque a pesar del tiempo sigo sin saber como hace para saber lo que pienso.
Subimos e hicimos lo mismo al llegar a la siguiente sección, sólo que ahora estaba pensando en como iba a vivir ahí, porque no sabia ni como iba a bajar.
Al llegar a la tercera sección, Mi Amo me dijo que ya bastaba del juego de la lagartija y que dejara de hacerlo, que caminara normal.
Ciertamente todos los turistas se enfocan a subir y bajar, nadie rodea ni se asoma para otro lado, así que cuando llegamos a la parte posterior de la última sección antes de llegar a la cima, Mi Amo tomó mi mano y dijo:
-Vamos a ver que tal estuvieron las prácticas que llevamos toda la semana.
Sentí como si el mundo se abriera, pero cerré los ojos y extendí la mano… Comencé a llorar.
Inició giro a la derecha, izquierda, un cuarto regresa un paso… lo irregular del suelo hacia un poco mas complicado mi desempeño.
Entonces después de un rato cuando realmente no sabía hacia donde estaba me dijo:
-No vayas a dar un paso hacia el frente por nada del mundo- Temblé- Toma tus pantorrillas y no las sueltes, cualquier movimiento que hagas puede sacarme de equilibrio a Mi y no queremos eso ¿Cierto?
Como autómata tomé mis pantorrillas, las lágrimas eran más que evidentes, sin gimoteos ni sollozos, sólo resbalando por mi cara.
Entonces inició el ir y venir tomado de mi cadera, me inclinaba y yo temblaba…
-Por favor…- Susurré.
Entonces cuando sentí que estaba muy muy inclinada me acercó hacia El y… ¡Me soltó! Pensé en… en nada, el tiempo se me hizo realmente eterno hasta que me tomó nuevamente de la cadera y me atrajo hacia El, suspiré aliviada y justo cuando terminaba de sacar el aire me soltó nuevamente para volverme a tomar.
-Aún no abras los ojos- dijo mientras me abrazaba por la cintura- Eres muy obediente y me siento muy orgulloso de ti. Realmente te ves hermosa cuando lloras. ¿Lo hacemos de nuevo?
Mis ojos seguían cerrados inexplicablemente, mi mente y todo mi cuerpo gritaban que no, que no quería hacerlo de nuevo, pero mis labios emitieron un “Si Mi Amo”.
Besó mi cuello e indicó que tomará la posición
-Y recuerda- dijo- no vayas a dar ni medio paso al frente.
Y de nuevo hacia delante y hacia atrás, de nuevo a soltarme y a tomarme, poco a poco dejé de temblar, dejé de sentir miedo, y justo cuando me sentí mas inclinada Mi Amo dijo:
-Alza la cabeza lo más que puedas y abre los ojos.
Inhalé, alcé la cabeza y abrí los ojos y no daba crédito a lo que veía.
Mi lado izquierdo daba hacia la pared de la Pirámide y mi lado derecho al vacío, mi cara hacia la terraza, jamás había estado en la orilla como había pensado, realmente nunca estuve en riesgo mas grande que caer de bruces al suelo inmediato y no al vacío.
Mi Amo me ayudó a recobrar la vertical, me hizo girar y me abrazó.
Mi sorpresa era tal que no sabía que decir ni que pensar.
-Hoy hemos aprendido dos cosas chiquita.
-Si Mi Amo- interrumpí- que el miedo es relativo a lo que se piensa y no a lo que pasa.
Sonrió y acarició mi cabeza.
-Si también eso aprendiste pero aún más importante:
Tu fe ciega en Mí y que Yo jamás te pondría en real riesgo por nada.
Lo abracé agradecida por la lección. La última parte del ascenso fue pan comido cumplió su palabra, era la mejor vista de todo el valle y hasta fotos me saqué.
Al bajar, entrecerré los ojos, inhalé y tomé la mano de Mi Amo que me condujo sana y salva de regreso del cielo a la tierra.
Feliz a Los Pies de Mi Amo
monique[V]
Sequé mis manos con un lienzo, lo doble colocándolo en su lugar y me dirigí al segundo piso.
La tarde era templada, con una brisa que hacia mover los árboles que empezaban a reverdecer.
-¿Me llamó Mi Amo?- dije mientras tocaba la puerta.
Su suave voz me autorizó a entrar, lo cual hice colocándome de pie frente a El.
-Gírate lentamente, quiero verte bien, ese vestido te hace lucir hermosa.
No pude contener una sonrisa y sentir mis mejillas enrojecer, ya que aunque me lo dice constantemente, siempre me sabe a la primera vez que lo hizo.
Giré despacio levantando las manos sobre mi cabeza, mis pies descalzos elevaron sus talones para crear la sensación de usar zapatillas.
-Alto- dijo cuando le daba la espalda. Me indicó que separara las piernas y tomara mis tobillos sin doblar las rodillas y sobre todo no podría soltarlos hasta que El me lo indicará
Apoyé mis pies y me fui flexionando, haciendo el esfuerzo por alcanzar mis tobillos.
-Alguien esta descuidando el ejercicio según veo- Dijo con un tono serio.
Apreté los ojos y traté de agarrar los tobillos pero era una batalla que tenia perdida desde el inicio.
-Toma las pantorrillas o… ¿Tampoco las alcanzas?
-Si, esas si alcanzo bien Mi Amo.
Trastabillé un poco al perder el equilibrio, solté mis pantorrillas y puse las manos en el piso para no irme de bruces.
Al recobrar el equilibrio, volví a sostener mis pantorrillas.
Mi Amo levantó mi vestido dejando mis nalgas descubiertas, tiró de la tanga sacándome un gemidito, más de sorpresa (como si fuera la primera vez) que de dolor.
Acarició mis nalgas mientras decía:
-¿No te di la indicación en el idioma correcto?
Asentí con la cabeza. Jaló de la tanga más fuerte, yo apreté los labios para no gritar.
Traté de encontrar mi centro de gravedad, mi cabeza sonado con “Es fácil tu puedes” y entonces un toque de sus dedos en mi cadera rompió el equilibrio, nada del otro mundo, pero de nuevo me solté y antes de tocar el piso con las manos Mi Amo ya me sostenía por las caderas.
-Cobarde- me dijo mientras me daba un par de nalgadas- Anda vete a terminar lo que estabas haciendo.
El corazón de inmediato se me paralizó al oírlo.
-P... pero Mi Amo…
-Anda vete, todo está bien, sólo me aburrió el juego.
Bajé las escaleras lento, con el corazón en un puño “Se aburrió” era todo lo que me repetía para mis adentros.
Terminé y me fui a recostar al sillón, unos minutos después me volvió a llamar.
Subí como estampida las escaleras, toda desbocada.
Toqué y no esperé a que me autorizara a entrar. Su mirada me hizo ver mi error.
Regresé sobre mis pasos y volví a tocar. ¿Mi Amo puedo entrar?
Silencio, ni un ruido salía del cuarto. Esperé, mi corazón latía con fuerza, las manos me sudaban…
-Entra.
Tratando de contenerme pero no de disimular, avancé y me puse frente a El como siempre.
Con la mano me indicó que me girara, no hubo necesidad de más indicaciones, tomé la posición de minutos antes, tratando de sentirme firme para no soltarme, prácticamente me enterré las uñas en las pantorrillas y en mi cabeza un “Pase lo que pase no te sueltes, confía” Sentí sus manos en mis caderas y empezó a balancearme, primero poco, luego fue inclinándome cada vez más. Pero esta vez no me solté, cerré los ojos para no ver que tan cerca o lejos del suelo estaba, como si así no fuera a notar cuanto me inclinaba…
-¿Sabes que te pasaría en este momento si yo te soltara?- su voz era divertida.
-Me rompo el hocico Mi Amo.
Sonrió, yo sé que sonrió aunque no lo veía, sé que mis sonseras le hacen sonreír.
Me regresó a la posición inicial y ordenó que me enderezara mientras me nalgueaba un poco.
-Buena chica- me dijo- Vamos a tomar café.
De regresó después de la cena, se repitió la postura, las inclinaciones sólo que ahora añadió una sensación: Cuando me tenia con la nariz casi en el suelo emepzaba a jalarme despacio hacia el y de repente soltaba mi cadera volviendola a tomar casi al instante, mi nariz de nuevo cerca del suelo, el corazón palpintan sentía se salía por mi boca, un vació extraño en mi estómago y un grito contenido en mis labios:
Repetía el movimiento, nada hacia que pudiera preever cuando me soltaría y en cada vez sensación de pánico iba disminuyendo porque siempre me volvia a tomar a tiempo, y yo ya me sentía más confiada.
Al otro día, mientras bajamos para ir a desayunar, me indicó que adoptara la posición pero en el último escalón de la escalera, y que me asegurara que los dedos de mis pies quedaban una pulgada cerca del borde. Obedecí algo extrañada, pero confiada, tomó mi cadera, y repetimos el subir y bajar, mis ojos cerrados pero la respiración tranquila. Bien no entendía, pero obedecía.
En la oficina recibí Su llamada, la postura debía mantenerla al menos 5 minutos con la cabeza lo más levantada que pudiera y sobre todo, los ojos abiertos.
Cerré mi oficina, le indiqué a mi secretaria que no me pasara a nadie ni ninguna llamada y ejecuté la orden, después de dos minutos, comenzaba a aburrirme, pero después de tres me sentía cansada, casi al llegar a los 5 pensé que me caería, las corvas de las rodillas y la parte dorsal ý cervical me dolían.
Aliviada vi que concluían los 5 minutos, Envié un mensaje y seguí con mi día normal.
Pasado el medidía recibí un mensaje,”15 minutos” Aguanté la respiración y entre mis labios salieron las palabras mágicas “Si Mi Amo” Por suerte era la hora de la comida y nadie llamaría ni llegaría. Yo sabía que no iba a aguantar los 15 minutos, así que me acerqué a la pared, chequé distancia, tomé la posición y apoyé la frente en la pared. Según yo al tener un punto de apoyo extra, sería más fácil… Error, al poco tiempo el cuello resentía la carga pero no quería moverme…
-Estás bien tonta- oí la voz de Mi Amo detrás de mi- Ven acá.
-De verdad que sola no te puedo dejar, ¿Pretendes lastimarte o que? A ver acá a media oficina, vamos a ver como lo haces.
Creo que nunca había estado tan consciente de la duración de cada segundo.
Las piernas me temblaban, sudaba, sentía pinchazos en diferentes partes, hasta que por fin terminaron los 15 minutos.
-Despacio, muévete primero antes de incorporarte, ven acá.
Me tomó en sus brazos y acarició mi espalda mientras mi cabeza me gritaba “Urge regresar al gimnasio”
La escalera de la casa cuenta con tres secciones, cada una dividida por un escalón mas amplio Acá en México les decimos “descansos”.
Al ir subiendo y llegar al primer descanso, me dijo que me detuviera y cerrara los ojos. Me fue conduciendo, me hizo girar, caminar un par de pasos, girar media vuelta, un cuarto de vuelta, izquierda o derecha según me indicaba, hasta que estaba desorientada, después me indicó que me pusiera en la posición, un leve estremecimiento surcó mi espalda pero obedecí, repetimos las inclinaciones, mis uñas clavadas en mis pantorrillas, y cuando estaba más inclinada me ordenó abrir los ojos y alzar la cara, mi nariz casi rozaba el escalo siguiente y mis ojos miraron la estancia…
Temblé, sudé, mi acrofobia se hizo presente. Me quedé sin respiración a la vez que sentía que el corazón se salía por mi boca. Fueron unos instantes que me supieron a eternidad, más fue el terror que sentí que la obediencia lo que hicieron que no me soltara.
Mi Amo me atrajo hacia El mientras me decía que soltara mis pantorrillas, me abrazó por la cintura mientras me calmaba, mis ojos estaban fijos en lo que sentí era en ese momento la cima del mundo, pero poco a poco me fue tranquilizando y me hizo notar que no pasó nada.
Cuando me hallé tranquila, me dijo que lo repetiríamos, cerré los ojos, de nuevo giros, de nuevo la postura, de nuevo los vaivenes, de nuevo abrir los ojos y de nuevo la estancia frente a mis ojos, la nariz casi en el suelo.
-Pase lo que pase no te sueltes.
La sangre estoy segura abando no mi cuerpo, asentí con la cabeza no podía hablar, tenía miedo, mucho miedo, empezó a acercarme a El y si, lo que tanto temiía… Me soltó… abrí la boca pero nada salió de ella, mis manos paralizadas se quedaron clavadas en mis pantorrillas y de nuevo a tiempo me sujeto…
-¿Estás bien?- Su voz denotaba que se estaba divirtiendo.
Con trabajos asentí con la cabeza mientras sentía como me aproximaba a Él, para soltarme de nuevo y volverme a sujetar, para quién nos viera diria que eran centésimoas de segundo, para mi era una eternidad entre que me soltaba y me volvía a sujetar, cuando dejé de temblar, terminó el ejercicio.
A la mañana siguiente antes de terminar de bajar, repetimos, cerrar los ojos, girar desorientarme, y posición, pero como ya sabía yo lo que seguía empecé a llorar, temblaba sin control, pero sin soltarme, repetimos las inclinaciones, mientras Mi Amo me preguntaba si quería parar, con la cabeza decía que no, pero mi actitud parecía que era un si. De nuevo me abrazó y me tranquilizó.
Antes de salir a trabajar, repetimos, pero ya no lloré ya el miedo fue menor, me sentía más segura. Ahora hubo preguntas mientras el tiempo con los ojos abiertos fue mayor.
-Chiquita ¿Te imaginas que me da un calambre y te suelto?
Asentí con la cabeza ya que no podía hablar porque me quede sin aliento.
-Como me hubiera gustado ver la cara que pones- Dijo en tono divertido.
Al salir comentó que le daba gusto que no llorara porque arruinaría el maquillaje de mis ojos y hoy particularmente le habían gustado mucho, de nuevo me sonrojé y sonreí y con esa sonrisa me fui a trabajar.
Para el viernes por la mañana, ya no había miedo en mi, ni palpitaciones ni temblores, estaba ya totalmente confiada.
A media mañana recibí su llamada diciéndome que si tenía citas porque tenía que viajar cerca y quería que lo acompañara. Le dije que todo estaba bien y que estaría lista a la hora que me indicara. “Una hora, nos vemos en casa, lleva ropa cómoda, jeans que tanto te gusta esta bien, sandalias, o tenis”
Apenas el tiempo suficiente para cancelar todo y salir corriendo a cambiarme.
Cuando llegó estaba terminando de recoger mi pelo en una coleta.
Bajé las escaleras y me detuve en el descanso.
-¿Nos da tiempo de repetir el ejercicio?
Se rió.
-Eres una golosa de la adrenalina, anda vámonos, ya habrá tiempo.
Tomamos la autopista, el día era francamente delicioso, la música como siempre excelente, la charla ligera y la compañía inmejorable.
Yo como buen copiloto llevaba un mapa en las manos el cual dicho sea de paso, no tengo la más mínima idea de cómo usar.
-Mira- Me dijo señalando un letrero- Esta carretera tiene una desviación a la zona Arqueológica de Teotihuacan.
-Hace años que no la visito- Comenté.
-¿Quieres ir? Ahí podríamos comer.
La idea de entrada me pareció fascinante, ese contacto con las construcciones edificadas sin las facilidades de la modernidad resultan siempre atractivas para mi.
Es un encuentro con mis antepasados.
Al ingresar nos proporcionaron un mapa donde señalaban los diferentes accesos.
-Me gusta pararme al pie de la Pirámide de la Luna- Le dije. Una leve sonrisa, de esas que reconozco a veces en Mi Amo fue la respuesta.
-Ver la Calzada de Los Muertos extenderse hasta crear la sensación de que toca el horizonte me cautiva.- Comenté
-¿Y porque al pie y no desde la cima?
Temblé tan sólo de pensar en las alturas, mi acrofobia volvía a hacer acto de presencia.
-Tranquila chiquita, no te haré subir a la Pirámide de la Luna, hay un punto en donde se observa perfectamente toda la zona.
Respiré más que aliviada.
Caminamos, yo embelezada escuchando las explicaciones de Mi Amo sobre la construcción, el estilo de vida, mirando detalles que en lo común nadie repara, y si, orgullosa de cómo sabe sobre nuestras raíces.
Llegamos al pie de la imponente Pirámide del Sol. Alzar la vista y mirar a los turistas subiendo y bajando ayudados por las cadenas colocadas por las autoridades, me daba vértigo sólo pensar en tantos y tantos escalones.
Después de sacar unas fotos, y de algunas explicaciones, pasó lo que esperaba no pasara…
-Vamos a subir- Me dijo justo cuando tomaba la fotografía al pie de la Pirámide del Sol.
Un mareo se apoderó de mí, lo miré suplicante pero “casualmente” su atención estaba en otro sitio.
-Mi Amo… por favor…- las palabras no podían salir de mis labios, el estómago era un nudo, las rodillas se me doblaban.
-Te dije que te mostraría el mejor lugar para mirar el valle y que no subiríamos a la Pirámide de la Luna y soy un hombre de palabra. Déjate de tonterías y subamos, o acaso ¿Piensas dar un espectáculo a nivel internacional?- dijo mientras señalaba a los turistas.
Me sorprendí a mi misma asintiendo con la cabeza y avanzar, todo dentro de mi me decía que parara, que diera media vuelta y saliera corriendo de ahí pero no lo hice, había recibido una orden y obedecía.
Bastaron tres, si, tres pasos y me caí, ¡Por Dios! Tres pasos y ya estaba en el suelo, los turistas mirándome, Mi Amo preguntó si estaba bien, pero nunca si quería quedarme a nivel del piso, tomó mi mano y empezamos a subir.
-Fíjate donde pisas, pero no centres tanto la atención…
Fue ilustrándome en como subir, en los materiales, en las proporciones…
Las Pirámides de Teotihuacan no son de caras planas sino que están dividas en secciones, algo así como los descansos de una escalera, cada sección cuenta con una especie de terraza que permite tomar un respiro, dado que los escalones son pequeños.
Al llegar a la primera sección casi corrí a pegarme a la pared. Mi Amo me indicó que caminaríamos rodeando la Pirámide desde esa primera sección, yo iba prácticamente como lagartija pegada a la pared, sin querer ver mas que las piedras, pero Mi Amo me señalaba cosas o detalles que debía de observar y entonces lo veía caminar tan quitado de la pena por la orilla, con seguridad y aplomo, eso me ponía más nerviosa.
-Mi Amo por favor, por la orilla no- suplicaba con la esperanza de que se alejara del borde, pero no, siguió caminando así, y si, lo sé, divirtiéndose con mi manera de caminar tan particular.
Llegamos de nuevo a la escalera, faltaba para mi perspectiva, como media vida para llegar a la cima, pero a la vez me preocupaba como iba a bajar. Miraba arriba, miraba las escaleras hacia abajo y mis manos se aferraban a la cadena colocada para ayudar a las personas a subir y bajar.
-Continuemos- y extendió su mano para tomar la mía.
Iba a comenzar a subir cuando oí un “disculpe” con extraño acento y bastante apremiante, y vi a una mujer mayor que yo, de rasgos orientales, subir a toda prisa a cuatro patas la escalera, entonces pensé que era buena idea sentir así más seguridad… Una leve sonrisa se dibujó en mis labios cuando oí:
-Ni se te ocurra, a cuatro patas solo te pones para mí.
Suspiré porque a pesar del tiempo sigo sin saber como hace para saber lo que pienso.
Subimos e hicimos lo mismo al llegar a la siguiente sección, sólo que ahora estaba pensando en como iba a vivir ahí, porque no sabia ni como iba a bajar.
Al llegar a la tercera sección, Mi Amo me dijo que ya bastaba del juego de la lagartija y que dejara de hacerlo, que caminara normal.
Ciertamente todos los turistas se enfocan a subir y bajar, nadie rodea ni se asoma para otro lado, así que cuando llegamos a la parte posterior de la última sección antes de llegar a la cima, Mi Amo tomó mi mano y dijo:
-Vamos a ver que tal estuvieron las prácticas que llevamos toda la semana.
Sentí como si el mundo se abriera, pero cerré los ojos y extendí la mano… Comencé a llorar.
Inició giro a la derecha, izquierda, un cuarto regresa un paso… lo irregular del suelo hacia un poco mas complicado mi desempeño.
Entonces después de un rato cuando realmente no sabía hacia donde estaba me dijo:
-No vayas a dar un paso hacia el frente por nada del mundo- Temblé- Toma tus pantorrillas y no las sueltes, cualquier movimiento que hagas puede sacarme de equilibrio a Mi y no queremos eso ¿Cierto?
Como autómata tomé mis pantorrillas, las lágrimas eran más que evidentes, sin gimoteos ni sollozos, sólo resbalando por mi cara.
Entonces inició el ir y venir tomado de mi cadera, me inclinaba y yo temblaba…
-Por favor…- Susurré.
Entonces cuando sentí que estaba muy muy inclinada me acercó hacia El y… ¡Me soltó! Pensé en… en nada, el tiempo se me hizo realmente eterno hasta que me tomó nuevamente de la cadera y me atrajo hacia El, suspiré aliviada y justo cuando terminaba de sacar el aire me soltó nuevamente para volverme a tomar.
-Aún no abras los ojos- dijo mientras me abrazaba por la cintura- Eres muy obediente y me siento muy orgulloso de ti. Realmente te ves hermosa cuando lloras. ¿Lo hacemos de nuevo?
Mis ojos seguían cerrados inexplicablemente, mi mente y todo mi cuerpo gritaban que no, que no quería hacerlo de nuevo, pero mis labios emitieron un “Si Mi Amo”.
Besó mi cuello e indicó que tomará la posición
-Y recuerda- dijo- no vayas a dar ni medio paso al frente.
Y de nuevo hacia delante y hacia atrás, de nuevo a soltarme y a tomarme, poco a poco dejé de temblar, dejé de sentir miedo, y justo cuando me sentí mas inclinada Mi Amo dijo:
-Alza la cabeza lo más que puedas y abre los ojos.
Inhalé, alcé la cabeza y abrí los ojos y no daba crédito a lo que veía.
Mi lado izquierdo daba hacia la pared de la Pirámide y mi lado derecho al vacío, mi cara hacia la terraza, jamás había estado en la orilla como había pensado, realmente nunca estuve en riesgo mas grande que caer de bruces al suelo inmediato y no al vacío.
Mi Amo me ayudó a recobrar la vertical, me hizo girar y me abrazó.
Mi sorpresa era tal que no sabía que decir ni que pensar.
-Hoy hemos aprendido dos cosas chiquita.
-Si Mi Amo- interrumpí- que el miedo es relativo a lo que se piensa y no a lo que pasa.
Sonrió y acarició mi cabeza.
-Si también eso aprendiste pero aún más importante:
Tu fe ciega en Mí y que Yo jamás te pondría en real riesgo por nada.
Lo abracé agradecida por la lección. La última parte del ascenso fue pan comido cumplió su palabra, era la mejor vista de todo el valle y hasta fotos me saqué.
Al bajar, entrecerré los ojos, inhalé y tomé la mano de Mi Amo que me condujo sana y salva de regreso del cielo a la tierra.
Feliz a Los Pies de Mi Amo
monique[V]
Realmente hermoso Chiquita
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