Lo miré de reojo al encaminarme hacia la entrada para documentar equipaje, sentía como al momento de despedirnos, no quería soltarme ni yo a El…
El aeropuerto estaba a reventar, parecía que todo el mundo había decidido viajar ese día, había ruido, empujones, mil anuncios de los mil vuelos programados, pero parecía que no hubiera nada mientras estaba en sus brazos…
Mientras avanzaba en la fila, sentía como el corazón se me partía, me dolía realmente irme, me dolía más que las veces anteriores.
Ocupé mi lugar, ajusté los audífonos y dirigí mi mirada hacia la ventanilla, no tenia ganas de socializar con mi compañero de vuelo, no quería nada, mas que bajarme de ese aparato que me alejaba de Mi Amo, entrecerré los ojos y recordé lo acontecido los últimos días…
Atada al máximo en forma de X, mis articulaciones parecían romperse por la tensión, mientras mis ojos vendados hacían que mi oído se agudizara… Silencio, ese silencio que me enloquecía, ese no saber que pasaría, pero de pronto, una gota de agua cayo sobre mi cabeza, y después otra y otra, seguidas sin llegar a ser un chorro, sabia que era agua, porque la probé, pero era un goteo constante, que en un inicio no provocó nada en mi, pero al paso de los minutos, empezó a ponerme nerviosa, intranquila, y con frío, realmente una gota tras otra puede ser algo muy desesperante… Traté de distraerme contando las gotas, cuando sentí una pinza morder mi pezón derecho, un leve gemido escapó de mis labios, mas por la sorpresa que por el dolor… Esperé, estaba lista para la otra pinza, pero nada, solo el goteo inclemente sobre mi cabeza, no quise bajar la guardia, no quise que me sorprendiera la siguiente pinza, traté de enfocar el sonido de algún movimiento, pero esas gotas sobre mi cabeza parecían sonar cada vez mas fuerte, traté de mover la cabeza hacia el frente, intentando evadir el ruido insoportable que ya sentía con ese goteo, pero un fustazo me hizo recobrar la postura e inmediatamente, llego la otra pinza, el aire se me escapó por la sorpresa de ambas sensaciones y me llego claro y diáfano el sonido de la risa de Mi Amo.
-Creo que andas escandalosa- me dijo con un tono de enfado fingido.
“¿Cuál escandalosa, si solo fue un simple gemido? Escándalo el de estas gotas de agua” Me dije a mis adentros, pero claro, sigo sin saber donde tengo el altoparlante para que Mi Amo sepa lo que pienso.
-Cualquier ruido es simple o escándalos, todo es cuestión de percepción ¿No te parece?
-Si Mi Amo.
-Te voy a ayudar a ser mas silenciosa- Me dijo mientras colocaba una bola en mi boca, de esas bolas llenas de hoyos, que lo único que hacen es hacerme babear.
En eso estaban mis pensamientos cuando sentí un chorro de agua, fuerte, duro, frío dirigido a mis tetas, no eran chorros continuos, era como… como si intentara quitarme las pinzas, de repente, un chorro a mi cara, mas bien a mi boca, casi me ahogo, tosí lo poco que pude toser, no fue un chorro intenso, pero al no esperarlo, se fue de lleno y sin escalas hasta mi garganta.
Luego un chorro mas hacia mi entrepierna, después varios hacia mis senos hasta que la primera pinza voló, provocando el consabido dolor del paso de la sangre nuevamente… Más chorros a mi cara, a mi entrepierna, y las gotas en mi cabeza, y al fin la siguiente pinza salió de su lugar.
Cesaron los chorros de agua, cesó el goteo en mi cabeza, los hombros y las ingles me dolían, y oí el ruido de la secadora de pelo, luego sentí su calor por mi cuerpo, ¡Ah! Que agradable era al inicio, pero después, empezó a ser mas caliente y mas caliente, sentía que casi me quemaba. Sentía toda mi piel arder y mi boca… Mi boca babeando.
Sentí un paño recorrer mi cara y después retirar la bola…
-Gracias-musité.
Mis piernas fueron desatadas, después la presencia de Mi Amo frente a mí, para retirar las ataduras de mis manos y caer en sus brazos.
Me levantó en ellos llevandome dentro de la casa, pasé mis brazos por su cuello y me acurruqué en su pecho.
Entramos en la habitación, me depositó en la cama. Las cortinas estaban cerradas, y era escasa la luz, a pesar de ser casi medio día.
-Me divertí- comentó Mi Amo mientras se iba desnudando. A mi aún me dolían las articulaciones y el sonido de las gotas no acaba de abandonar mi cabeza.
-Date vuelta.
Obedecí, esperaba todo, menos lo que sucedió:
Mi Amo colocó aceite en mis hombros y lo esparció, sobando con cuidado mis articulaciones, hizo lo mismo con las piernas y con mi espalda. Realmente era una sensación agradable, relajante, la estaba disfrutando… Puso aceite en mis nalgas, las amasó, las acarició, dejó que el aceite escurriera entre ellas, fue sobando mi culo, lo fue relajando, mi entrepierna empezó a reaccionar a las caricias humedeciéndose, empecé a elevarlo, ofreciéndome, realmente me sentía caliente con esas caricias…
Mi Amo se fue recargando en mi espalda, y me dijo al oído:
-Eres tan puta y tan caliente, me encantas- Mientras me iba hundiendo su verga despacio, haciéndome conciente de cada milímetro que entraba en mi, abriéndose paso sin misericordia, provocándome ese dolor tan particular, de repente se detuvo, yo instintivamente empuje mi cadera hacia El, pero no me lo permitió.
-No es cuando tú quieras, sino cuando yo quiera.
-Si Mi Amo, disculpe a esta perra caliente que no puede contenerse.
-Vamos a hacerla que se contenga un poco- dijo al momento en que sus manos azotaban mis nalgas, una, dos, tres… diez veces cada una. Me ardían, pero mi entrepierna seguía mojada, anhelante… Entonces de un solo empujón la enterró, partiéndome casi en dos, ahogué un grito en la almohada.
Se quedo quieto, empecé a relajarme, y entonces la fue sacando, despacio, casi toda, sentía solo el glande dentro de mi… Mi respiración volvió a la normalidad, me relaje y sin aviso previo, la hundió de nuevo completamente, haciendo que las lágrimas aparecieran ante el dolor que sentía.
-Ahora contaras, cuando ya no sientas dolor contaras hasta tres- Me dijo mientras la retiraba nuevamente.
Respiré, el dolor iba desapareciendo y conté:
-Uno, dos, tre…- y de nuevo hasta el fondo, de nuevo el dolor, de nuevo mis lagrimas. Y de nuevo la retiro, yo temblaba sabiendo lo que seguía, las lágrimas ahora ya no se detuvieron… Pero conté…
-Uno, dos… - no esperó al tres, la enterró, pero ya no la retiró, mis lágrimas seguían surcando mis mejillas, mis sollozos iban en aumento. Entonces colocó su mano en mi clítoris, frotándolo sin dejar de cabalgarme.
-Córrete, córrete para mi ahora- fue la orden que de inmediato me provoco un orgasmo intenso, mientras sentía su semen llenarme.
Cuando terminaron mis espasmos, la retiro con suavidad, sobo mi culo y yo, sin pensarlo dos veces, me di la vuelta para limpiarlo, debía dejarlo reluciente.
No me lo impidió, y cuando terminé, se recostó junto a mí, poniendo mi cabeza en su pecho, acariciando mis cabellos.
-Gracias Mi Amo- le dije con suavidad.
-Eres mi tesoro chiquita, nunca lo olvides.
Nos quedamos dormidos, las horas pasaron y me desperté, lo miré ahí dormido, tranquilo, es maravilloso despertar y verlo ahí, ocupando la cama, sentir su respiración, su calor.
Me levanté con cuidado y me dirigí a la ducha, pero al abrir la llave, Mi Amo entró conmigo, me dispuse a enjabonarlo… me detuvo… sorprendida, me quedé un par de segundos inmóvil, cuando noté su erección, así que me ocupé de esa maravillosa parte de su cuerpo, por supuesto con mi boca, mientras sentía el agua tibia caer por mi cuerpo...
Me perdí en mi labor, disfrutando lo que hacía y me dejaba hacer, hasta que me regaló a borbotones su leche. Terminamos de ducharnos y nos arreglamos para salir.
Como ráfaga me arreglé, peinarme y ponerme linda, nada ostentoso, unos jeans, una playera, zapatillas planas, sin maquillaje y el cabello suelto.
Giré frente a Mi Amo, el cual sonrió complacido, me tomó por la cintura y salimos de la casa.
Al llegar al restaurante miré como las cabezas giraban algunas con disimulo, otras con descaro para observar nuestra entrada al lugar.
Ciertamente Mi Amo es muy, muy atractivo y yo sentía tener un “no sé qué, qué… qué sé yo” que llamaba la atención.
Nos sentamos en el gabinete de costumbre, la mesera puso dos tazas de café frente a nosotros haciéndome que entornara los ojos sólo con el aroma… Ciertamente es una de mis debilidades, el café.
-No, ella no tomará café- le indicó a la mesera- Sírvale un vaso de leche tibia.
Mis ojos pasaron del desconcierto al pánico, lo miré con esa mirada de súplica que solo las sumisas sabemos poner y El me miró con esa mirada que ponen los Amos cuando se divierten y hacen como que no ven.
-¿Mi Amo?
-No empieces a darme lata, es muy temprano para eso.
Bajé la mirada, deseé con toda su alma que las vacas estuvieran en cuarentena, que la pasteurizadora estuviera en huelga, que una llanta se ponchara al camión repartidor…
-No es bueno desearle mal a nadie, eso no esta nada bien.
-¿Cómo lo hace?
-¿Hablaste?
Moví la cabeza, y esperé en silencio mientras miraba a Mi Amo tomar su café.
Llegó la leche y Mi Amo untó un pan con mantequilla y mermelada.
“¿Pero que hice? ¿Si acabamos de despertar” Pensé…
-No es lo que hiciste, es lo que no hiciste, es la hora que no dices ni siquiera “buenos días” entonces, hay que recordarte que es el desayuno como si fueras una niña, leche, pan, mermelada, como chiquita. Te falla la educación ¿Estás de acuerdo?
¡Touche! Me pescó con algo tan obvio, tan sencillo, pensé en todo menos en decir “buenos días”.
Tomé el pan, lo miré, suspiré y lo mordí, pasándome entero el bocado. Y así hasta terminarlo.
“Pan, mantequilla y mermelada, y después dos horas haciendo ejercicio para bajarlos” Cerraba los ojos y pensaba.
Cuando abrí los ojos… otro pan estaba frente a mí a la vez que me acercaba el vaso con leche.
-Pero…
-No pasará nada por un par de sorbos, créemelo, sólo quiero ver tu cara.
Sonreí lo mejor que pude y di dos sorbos…
-Agua por favor- musité.
Mi Amo rió y acercó el agua.
-Tómala, pero dime que sientes.
-Náuseas, la intolerancia a la lactosa Mi Amo…
-Eres una chiquilla malcriada, tómate el agua- Me dijo sonriendo.
-Ahora si, ¿Qué quieres desayunar?
“¿Con el estómago revuelto?”
-Si quieres, pido por ti.
Y así transcurrió el desayuno, entre come y aguanta, hasta que al fin pidió la cuenta y salimos del lugar.
El día era espléndido, caluroso sin ser agobiante, regresamos caminando a la casa a cambiarnos para dar un paseo por la playa.
Yo con un bikini diminuto, cubriéndome lo estrictamente necesario, y un pareo atado a la cadera. Al llegar a las sillas en la playa, unté bloqueador en el cuerpo de Mi Amo, despacio, sintiendo cada milímetro de su piel, disfrutando el contacto, dejando que mis dedos se deslizaran por la espalda, por las piernas, por los pies, por los brazos… Regresé a su espalda, y acaricié, acercando mi cuerpo al de El.
-Sucia, estamos en público, ¿No te da vergüenza perra?
Regresé a la realidad, sentía la cara reventar…
-¿Hace cuanto desayunamos?
-Menos de dos horas
Me puso bloqueador, con calma, tocando “accidentalmente” mi entrepierna, mis senos… Juro que no soy de plástico, luego entonces… pues sí, me calenté.
Mi Amo hacia como que no se daba cuenta, lo conozco, pero disfrutaba poniéndome así.
-Caminemos- Dijo al momento que tomó mi mano.
Las olas mojaban nuestros pies, charlábamos, reíamos, parecíamos cualquier pareja…
-¿No tienes calor? Además, ingeriste muchas calorías, creo que alguien necesita ejercicio.
Nos metimos al mar, el agua, francamente estaba deliciosa. Nos fuimos adentrando hasta que el agua nos llegaba al cuello, el oleaje era suave, la brisa refrescante. El cielo adornado con escasas nubes era atravezado de cuando en cuando por las gaviotas.
-Dame el sostén… ¡Ahora!
Eso no daba pie a objeción alguna, temblé, y entregué el sostén. Lo hizo una diminuta bola y lo lanzó mar adentro.
-Traélo, procura encontrarlo.
Nadé como desquiciada, no podía perderlo, afortunadamente se extendió permitiendome localizarlo. Regresé y se lo mostré con aire de triunfo.
-Dame- y repitió el lanzamiento cambiando la dirección.
Nadé de nuevo, pidiendo que se extendiera nuevamente… “Deseo concedido” me pareció oir cuando lo encontré.
Regresé, empezaba a sentirme cansada, y se repitió el lanzamiento.
Afortunadamente lo volví a localizar, regresé ahora si ya dando ligeras muestras de cansancio.
-¿Uno más? ¿tal vez dos?
Asentí con la cabeza pniéndome atenta para no batallar mucho en localizarlo.
-Dámelo y da 10 pasos para atrás.
Obedecí y miré como Mi Amo se encaminaba a la orilla con mi sostén en la mano.
-Quédate todo el tiempo que quieras, disfruta el mar que tanto te gusta, te espero en las sillas o… Tal vez me aburra y me vaya, quién sabe.
No creí que de verdad me fuera a dejar ahí, sin sostén, en una playa pública y aún no era ni medio día.
Avancé unos pasos para poder sostenerme en pie con el agua al cuello, sin perder de vista a Mi Amo.
Después de las dos caminatas y haber nadado, el mantener el equilibrio dentro del mar, empezaba a agotarme y la decisión era mia, además no podía quedarme ahí hasta la noche, miré a Mi Amo, no distiguía sus facciones a la distancia, pero sabia que estaria sonriendo...
Miré a un lado, al otro y empecé a avanzar, doblando las rodillas buscando la complicidad del agua, hasta que ya no fue posible, así que cubrí mi pecho con los brazos y corrí como loca hasta las sillas…
No aparté la vista del suelo hasta que llegué al lado de Mi Amo que me esperaba con la toalla lista para envolverme. Levanté la cara y lo vi. sonriendo, complacido. Me tendí de espaldas y puso bloqueador en mi espalda en lo que me calentaba un poco.
Pasando el pareo por mi espalda, lo cruce al frente y lo anudé en el cuello para emprender el camino de regreso a casa.
-¿Qué pasaría si deshago este nudo?
Mis ojos de Piolín aparecían al mismo tiempo que el color de mi cara. Para calmarme cuando veía la sonrisa de Mi Amo divertido, hasta que llegamos a la casa.
Las demás horas pasan consecutivamente, entre escenas divertidas, apasionantes, toda una amalgama de sensaciones y de situaciones, siempre nuevas, siempre conocidas, nunca sé que vendrá el minuto siguiente y siempre disfrutando el momento actual…
Separarme de El me cuesta cada vez más, me duele cada vez más…
-¿Señorita?
Una voz me regresa a la realidad.
-¿Está bien? Ya han bajado todos los pasajeros, sólo falta Usted.
Me disculpo y bajo del avión corriendo prácticamente.
“La maleta, la hora, el transporte” Ciertas partes de mi cuerpo no me permiten moverme con la agilidad que me gustaría por obvias razones.
Llego a casa, enciendo la luz y ahí sobre la mesa encuentro un hermoso ramo de flores con un sobre.
Lo abro emocionada.
“Mi chiquita, aquí está el boleto de avión para que organices tus cosas y estés de regreso a mi lado o a mis pies, tenemos que hacer ciertos ajustes en tu vida, porque te requiero conmigo”
¿Hace falta decir más?
El aeropuerto estaba a reventar, parecía que todo el mundo había decidido viajar ese día, había ruido, empujones, mil anuncios de los mil vuelos programados, pero parecía que no hubiera nada mientras estaba en sus brazos…
Mientras avanzaba en la fila, sentía como el corazón se me partía, me dolía realmente irme, me dolía más que las veces anteriores.
Ocupé mi lugar, ajusté los audífonos y dirigí mi mirada hacia la ventanilla, no tenia ganas de socializar con mi compañero de vuelo, no quería nada, mas que bajarme de ese aparato que me alejaba de Mi Amo, entrecerré los ojos y recordé lo acontecido los últimos días…
Atada al máximo en forma de X, mis articulaciones parecían romperse por la tensión, mientras mis ojos vendados hacían que mi oído se agudizara… Silencio, ese silencio que me enloquecía, ese no saber que pasaría, pero de pronto, una gota de agua cayo sobre mi cabeza, y después otra y otra, seguidas sin llegar a ser un chorro, sabia que era agua, porque la probé, pero era un goteo constante, que en un inicio no provocó nada en mi, pero al paso de los minutos, empezó a ponerme nerviosa, intranquila, y con frío, realmente una gota tras otra puede ser algo muy desesperante… Traté de distraerme contando las gotas, cuando sentí una pinza morder mi pezón derecho, un leve gemido escapó de mis labios, mas por la sorpresa que por el dolor… Esperé, estaba lista para la otra pinza, pero nada, solo el goteo inclemente sobre mi cabeza, no quise bajar la guardia, no quise que me sorprendiera la siguiente pinza, traté de enfocar el sonido de algún movimiento, pero esas gotas sobre mi cabeza parecían sonar cada vez mas fuerte, traté de mover la cabeza hacia el frente, intentando evadir el ruido insoportable que ya sentía con ese goteo, pero un fustazo me hizo recobrar la postura e inmediatamente, llego la otra pinza, el aire se me escapó por la sorpresa de ambas sensaciones y me llego claro y diáfano el sonido de la risa de Mi Amo.
-Creo que andas escandalosa- me dijo con un tono de enfado fingido.
“¿Cuál escandalosa, si solo fue un simple gemido? Escándalo el de estas gotas de agua” Me dije a mis adentros, pero claro, sigo sin saber donde tengo el altoparlante para que Mi Amo sepa lo que pienso.
-Cualquier ruido es simple o escándalos, todo es cuestión de percepción ¿No te parece?
-Si Mi Amo.
-Te voy a ayudar a ser mas silenciosa- Me dijo mientras colocaba una bola en mi boca, de esas bolas llenas de hoyos, que lo único que hacen es hacerme babear.
En eso estaban mis pensamientos cuando sentí un chorro de agua, fuerte, duro, frío dirigido a mis tetas, no eran chorros continuos, era como… como si intentara quitarme las pinzas, de repente, un chorro a mi cara, mas bien a mi boca, casi me ahogo, tosí lo poco que pude toser, no fue un chorro intenso, pero al no esperarlo, se fue de lleno y sin escalas hasta mi garganta.
Luego un chorro mas hacia mi entrepierna, después varios hacia mis senos hasta que la primera pinza voló, provocando el consabido dolor del paso de la sangre nuevamente… Más chorros a mi cara, a mi entrepierna, y las gotas en mi cabeza, y al fin la siguiente pinza salió de su lugar.
Cesaron los chorros de agua, cesó el goteo en mi cabeza, los hombros y las ingles me dolían, y oí el ruido de la secadora de pelo, luego sentí su calor por mi cuerpo, ¡Ah! Que agradable era al inicio, pero después, empezó a ser mas caliente y mas caliente, sentía que casi me quemaba. Sentía toda mi piel arder y mi boca… Mi boca babeando.
Sentí un paño recorrer mi cara y después retirar la bola…
-Gracias-musité.
Mis piernas fueron desatadas, después la presencia de Mi Amo frente a mí, para retirar las ataduras de mis manos y caer en sus brazos.
Me levantó en ellos llevandome dentro de la casa, pasé mis brazos por su cuello y me acurruqué en su pecho.
Entramos en la habitación, me depositó en la cama. Las cortinas estaban cerradas, y era escasa la luz, a pesar de ser casi medio día.
-Me divertí- comentó Mi Amo mientras se iba desnudando. A mi aún me dolían las articulaciones y el sonido de las gotas no acaba de abandonar mi cabeza.
-Date vuelta.
Obedecí, esperaba todo, menos lo que sucedió:
Mi Amo colocó aceite en mis hombros y lo esparció, sobando con cuidado mis articulaciones, hizo lo mismo con las piernas y con mi espalda. Realmente era una sensación agradable, relajante, la estaba disfrutando… Puso aceite en mis nalgas, las amasó, las acarició, dejó que el aceite escurriera entre ellas, fue sobando mi culo, lo fue relajando, mi entrepierna empezó a reaccionar a las caricias humedeciéndose, empecé a elevarlo, ofreciéndome, realmente me sentía caliente con esas caricias…
Mi Amo se fue recargando en mi espalda, y me dijo al oído:
-Eres tan puta y tan caliente, me encantas- Mientras me iba hundiendo su verga despacio, haciéndome conciente de cada milímetro que entraba en mi, abriéndose paso sin misericordia, provocándome ese dolor tan particular, de repente se detuvo, yo instintivamente empuje mi cadera hacia El, pero no me lo permitió.
-No es cuando tú quieras, sino cuando yo quiera.
-Si Mi Amo, disculpe a esta perra caliente que no puede contenerse.
-Vamos a hacerla que se contenga un poco- dijo al momento en que sus manos azotaban mis nalgas, una, dos, tres… diez veces cada una. Me ardían, pero mi entrepierna seguía mojada, anhelante… Entonces de un solo empujón la enterró, partiéndome casi en dos, ahogué un grito en la almohada.
Se quedo quieto, empecé a relajarme, y entonces la fue sacando, despacio, casi toda, sentía solo el glande dentro de mi… Mi respiración volvió a la normalidad, me relaje y sin aviso previo, la hundió de nuevo completamente, haciendo que las lágrimas aparecieran ante el dolor que sentía.
-Ahora contaras, cuando ya no sientas dolor contaras hasta tres- Me dijo mientras la retiraba nuevamente.
Respiré, el dolor iba desapareciendo y conté:
-Uno, dos, tre…- y de nuevo hasta el fondo, de nuevo el dolor, de nuevo mis lagrimas. Y de nuevo la retiro, yo temblaba sabiendo lo que seguía, las lágrimas ahora ya no se detuvieron… Pero conté…
-Uno, dos… - no esperó al tres, la enterró, pero ya no la retiró, mis lágrimas seguían surcando mis mejillas, mis sollozos iban en aumento. Entonces colocó su mano en mi clítoris, frotándolo sin dejar de cabalgarme.
-Córrete, córrete para mi ahora- fue la orden que de inmediato me provoco un orgasmo intenso, mientras sentía su semen llenarme.
Cuando terminaron mis espasmos, la retiro con suavidad, sobo mi culo y yo, sin pensarlo dos veces, me di la vuelta para limpiarlo, debía dejarlo reluciente.
No me lo impidió, y cuando terminé, se recostó junto a mí, poniendo mi cabeza en su pecho, acariciando mis cabellos.
-Gracias Mi Amo- le dije con suavidad.
-Eres mi tesoro chiquita, nunca lo olvides.
Nos quedamos dormidos, las horas pasaron y me desperté, lo miré ahí dormido, tranquilo, es maravilloso despertar y verlo ahí, ocupando la cama, sentir su respiración, su calor.
Me levanté con cuidado y me dirigí a la ducha, pero al abrir la llave, Mi Amo entró conmigo, me dispuse a enjabonarlo… me detuvo… sorprendida, me quedé un par de segundos inmóvil, cuando noté su erección, así que me ocupé de esa maravillosa parte de su cuerpo, por supuesto con mi boca, mientras sentía el agua tibia caer por mi cuerpo...
Me perdí en mi labor, disfrutando lo que hacía y me dejaba hacer, hasta que me regaló a borbotones su leche. Terminamos de ducharnos y nos arreglamos para salir.
Como ráfaga me arreglé, peinarme y ponerme linda, nada ostentoso, unos jeans, una playera, zapatillas planas, sin maquillaje y el cabello suelto.
Giré frente a Mi Amo, el cual sonrió complacido, me tomó por la cintura y salimos de la casa.
Al llegar al restaurante miré como las cabezas giraban algunas con disimulo, otras con descaro para observar nuestra entrada al lugar.
Ciertamente Mi Amo es muy, muy atractivo y yo sentía tener un “no sé qué, qué… qué sé yo” que llamaba la atención.
Nos sentamos en el gabinete de costumbre, la mesera puso dos tazas de café frente a nosotros haciéndome que entornara los ojos sólo con el aroma… Ciertamente es una de mis debilidades, el café.
-No, ella no tomará café- le indicó a la mesera- Sírvale un vaso de leche tibia.
Mis ojos pasaron del desconcierto al pánico, lo miré con esa mirada de súplica que solo las sumisas sabemos poner y El me miró con esa mirada que ponen los Amos cuando se divierten y hacen como que no ven.
-¿Mi Amo?
-No empieces a darme lata, es muy temprano para eso.
Bajé la mirada, deseé con toda su alma que las vacas estuvieran en cuarentena, que la pasteurizadora estuviera en huelga, que una llanta se ponchara al camión repartidor…
-No es bueno desearle mal a nadie, eso no esta nada bien.
-¿Cómo lo hace?
-¿Hablaste?
Moví la cabeza, y esperé en silencio mientras miraba a Mi Amo tomar su café.
Llegó la leche y Mi Amo untó un pan con mantequilla y mermelada.
“¿Pero que hice? ¿Si acabamos de despertar” Pensé…
-No es lo que hiciste, es lo que no hiciste, es la hora que no dices ni siquiera “buenos días” entonces, hay que recordarte que es el desayuno como si fueras una niña, leche, pan, mermelada, como chiquita. Te falla la educación ¿Estás de acuerdo?
¡Touche! Me pescó con algo tan obvio, tan sencillo, pensé en todo menos en decir “buenos días”.
Tomé el pan, lo miré, suspiré y lo mordí, pasándome entero el bocado. Y así hasta terminarlo.
“Pan, mantequilla y mermelada, y después dos horas haciendo ejercicio para bajarlos” Cerraba los ojos y pensaba.
Cuando abrí los ojos… otro pan estaba frente a mí a la vez que me acercaba el vaso con leche.
-Pero…
-No pasará nada por un par de sorbos, créemelo, sólo quiero ver tu cara.
Sonreí lo mejor que pude y di dos sorbos…
-Agua por favor- musité.
Mi Amo rió y acercó el agua.
-Tómala, pero dime que sientes.
-Náuseas, la intolerancia a la lactosa Mi Amo…
-Eres una chiquilla malcriada, tómate el agua- Me dijo sonriendo.
-Ahora si, ¿Qué quieres desayunar?
“¿Con el estómago revuelto?”
-Si quieres, pido por ti.
Y así transcurrió el desayuno, entre come y aguanta, hasta que al fin pidió la cuenta y salimos del lugar.
El día era espléndido, caluroso sin ser agobiante, regresamos caminando a la casa a cambiarnos para dar un paseo por la playa.
Yo con un bikini diminuto, cubriéndome lo estrictamente necesario, y un pareo atado a la cadera. Al llegar a las sillas en la playa, unté bloqueador en el cuerpo de Mi Amo, despacio, sintiendo cada milímetro de su piel, disfrutando el contacto, dejando que mis dedos se deslizaran por la espalda, por las piernas, por los pies, por los brazos… Regresé a su espalda, y acaricié, acercando mi cuerpo al de El.
-Sucia, estamos en público, ¿No te da vergüenza perra?
Regresé a la realidad, sentía la cara reventar…
-¿Hace cuanto desayunamos?
-Menos de dos horas
Me puso bloqueador, con calma, tocando “accidentalmente” mi entrepierna, mis senos… Juro que no soy de plástico, luego entonces… pues sí, me calenté.
Mi Amo hacia como que no se daba cuenta, lo conozco, pero disfrutaba poniéndome así.
-Caminemos- Dijo al momento que tomó mi mano.
Las olas mojaban nuestros pies, charlábamos, reíamos, parecíamos cualquier pareja…
-¿No tienes calor? Además, ingeriste muchas calorías, creo que alguien necesita ejercicio.
Nos metimos al mar, el agua, francamente estaba deliciosa. Nos fuimos adentrando hasta que el agua nos llegaba al cuello, el oleaje era suave, la brisa refrescante. El cielo adornado con escasas nubes era atravezado de cuando en cuando por las gaviotas.
-Dame el sostén… ¡Ahora!
Eso no daba pie a objeción alguna, temblé, y entregué el sostén. Lo hizo una diminuta bola y lo lanzó mar adentro.
-Traélo, procura encontrarlo.
Nadé como desquiciada, no podía perderlo, afortunadamente se extendió permitiendome localizarlo. Regresé y se lo mostré con aire de triunfo.
-Dame- y repitió el lanzamiento cambiando la dirección.
Nadé de nuevo, pidiendo que se extendiera nuevamente… “Deseo concedido” me pareció oir cuando lo encontré.
Regresé, empezaba a sentirme cansada, y se repitió el lanzamiento.
Afortunadamente lo volví a localizar, regresé ahora si ya dando ligeras muestras de cansancio.
-¿Uno más? ¿tal vez dos?
Asentí con la cabeza pniéndome atenta para no batallar mucho en localizarlo.
-Dámelo y da 10 pasos para atrás.
Obedecí y miré como Mi Amo se encaminaba a la orilla con mi sostén en la mano.
-Quédate todo el tiempo que quieras, disfruta el mar que tanto te gusta, te espero en las sillas o… Tal vez me aburra y me vaya, quién sabe.
No creí que de verdad me fuera a dejar ahí, sin sostén, en una playa pública y aún no era ni medio día.
Avancé unos pasos para poder sostenerme en pie con el agua al cuello, sin perder de vista a Mi Amo.
Después de las dos caminatas y haber nadado, el mantener el equilibrio dentro del mar, empezaba a agotarme y la decisión era mia, además no podía quedarme ahí hasta la noche, miré a Mi Amo, no distiguía sus facciones a la distancia, pero sabia que estaria sonriendo...
Miré a un lado, al otro y empecé a avanzar, doblando las rodillas buscando la complicidad del agua, hasta que ya no fue posible, así que cubrí mi pecho con los brazos y corrí como loca hasta las sillas…
No aparté la vista del suelo hasta que llegué al lado de Mi Amo que me esperaba con la toalla lista para envolverme. Levanté la cara y lo vi. sonriendo, complacido. Me tendí de espaldas y puso bloqueador en mi espalda en lo que me calentaba un poco.
Pasando el pareo por mi espalda, lo cruce al frente y lo anudé en el cuello para emprender el camino de regreso a casa.
-¿Qué pasaría si deshago este nudo?
Mis ojos de Piolín aparecían al mismo tiempo que el color de mi cara. Para calmarme cuando veía la sonrisa de Mi Amo divertido, hasta que llegamos a la casa.
Las demás horas pasan consecutivamente, entre escenas divertidas, apasionantes, toda una amalgama de sensaciones y de situaciones, siempre nuevas, siempre conocidas, nunca sé que vendrá el minuto siguiente y siempre disfrutando el momento actual…
Separarme de El me cuesta cada vez más, me duele cada vez más…
-¿Señorita?
Una voz me regresa a la realidad.
-¿Está bien? Ya han bajado todos los pasajeros, sólo falta Usted.
Me disculpo y bajo del avión corriendo prácticamente.
“La maleta, la hora, el transporte” Ciertas partes de mi cuerpo no me permiten moverme con la agilidad que me gustaría por obvias razones.
Llego a casa, enciendo la luz y ahí sobre la mesa encuentro un hermoso ramo de flores con un sobre.
Lo abro emocionada.
“Mi chiquita, aquí está el boleto de avión para que organices tus cosas y estés de regreso a mi lado o a mis pies, tenemos que hacer ciertos ajustes en tu vida, porque te requiero conmigo”
¿Hace falta decir más?
monique[V] me encanta leerte, en el foro y aquí, he devorado tus relatos de una tacada!!
ResponderEliminarMe han emocionado, mucho, eres un referente para mí.
un gran abrazo y mis respetos para tu Amo
saludos
cosita (en el foro sonja :) )