-¡No, no quiero!- Con la mirada baja, las lágrimas a punto de salir y la cara enrojecida, Tania exclamó, con fuerza y un ligero temblor oculto en sus palabras.
-¿Cómo dices?- Fue la pregunta formulada por Salvador con un toque de sarcasmo y una sonrisa divertida, que Tania no podía percibir al mantener la vista fija hacia abajo.
-Dije que…- y la voz de Tania se quebró.
-¿Tu estás acá por tu voluntad?
-Si- fue apenas el murmullo que salió de los labios de Tania.
-¿Sabes que debes obedecerme o te castigaré?- Y la voz de Salvador se endurecía.
-Sssi.
-¿Sabes a lo que te estás arriesgando negándote de esta manera?
No hubo respuesta, solo un sollozo y la cabeza de Tania se hundía mas sobre su pecho, logrando que la negra cabellera cubriera su rostro.
-¿Es cierto o no que en este momento puedo tomarte por el cabello, póstrate ante mi y hacer que mi verga se hunda en tu boca?
Tania asintió con la cabeza, pero extrañamente, a pesar de su estado lloroso, su entrepierna comenzaba a humedecerse con la sola idea de adoptar esa posición, con recordar cuantas veces había estado así, de rodillas, entre las piernas de Su Amo, disfrutando su verga, lamiéndola, depositando gotas de saliva y saboreando el liquido preseminal, sintiendo como llegaba hasta su garganta impidiéndole respirar, la sensación de las manos de Su Amo en la cabeza, imprimiendo el ritmo en los movimientos, indicándole sólo con los dedos si su lengua debía hacer presión, o los labios, o simplemente, retirándola para que pudiera respirar como si supiera en que momento necesitaba ese respiro.
Instintivamente Tania abrió las piernas y su respiración se agitó.
-Eres tan zorra, ¿Dónde están esos gimoteos negándote a obedecer? ¡Cierra esas piernas!
Los senos de Tania subían y bajaban cada vez más rápidamente, aunque su cabeza continuaba hundida.
-Creo que voy a llevar dos de mis dedos a esa entrepierna caliente, para darme cuenta que tan mojada está, y si la encuentro húmeda, tomaré ese clítoris entre los dedos, lo aprisionaré con fuerza, lo jalaré, lo retorceré, o quizá lo acaricie, así como sé que te gusta, las yemas de mis dedos lo rozaran ligeramente o tal vez, me apetezca sentir el calor de tu vagina, y mover esos dedos rápidamente dentro de ti o mejor aún, acariciar esos labios, y pellizcarlos un poco, jalarlos, ¿Qué te parece?
Tania sentía que todo daba de vueltas, la manera en que Su Amo describía lo que haría, el tono, las pausas… Sus piernas se volvieron a abrir, al momento mismo de removerse en el asiento.
-Hummm, creo que lo mejor sería colocar un hielo, deslizarlo por toda esa calentura que tienes ahí metida, dejar que las gotas de agua helada choquen contra tu clítoris, y resbalen hasta tu culo porque estoy seguro que el calor que despides, hará que el hielo se funda rápidamente… Lo cual necesitará que te introduzca un par de hielos en esa vagina de zorra que tienes, y ver como escurre el agua por tus piernas, será un deleite mirar ese espectáculo, y así chorreando, mandarte a pasear por todo el salón, para que los demás noten tu humedad.
Tania se volvió a estremecer, su cara enrojeció aun más ante la sola idea de esa humillación.
-Pero Amo…
-No, acá el único que puede decir no, soy yo, acá no hay pero que valga.
La firmeza en la voz, sin gritos ni aspavientos, excitó aun más a Tania. Los pezones se le endurecieron claramente. Se erguían coronando sus senos.
Esto no pasó desapercibido por Salvador, que con un ademán casual y casi imperceptible, los rozó al momento de tomar a Tania por la barbilla.
El solo roce de la mano de Salvador por sus pezones, hizo que Tania soltara un leve gemido.
-Eres tan puta a veces, esos pezones piden a gritos unas pinzas, y sería bueno ponerles unos pesos también, se ven tan bien balanceándose de tus senos, mientras tu rostro se frunce por el dolor que sientes… Verlos ir y venir mientras mi mano se encarga de poner rojo ese culo tan hermoso que tienes, escuchar tus gemidos, tus sollozos, para después, saborear esas lágrimas recolectándolas con la punta de mi lengua.
-Amo por favor, por favor…
-Shh, Shh, no estás en posición de pedir- la voz de Salvador se volvió suave y cautivadora.
Con el dorso de la mano, acarició la mejilla de Tania, quién sin pensar, giró la cabeza y besó la mano que la tocaba.
-Tu rostro se ve tan hermoso cuando lloras, dan ganas de follarte por horas, mirarte con mi verga enterrada, las manos en la nuca, tus pechos blandiendo, y tus lágrimas rodando…
-Por favor… -Tania casi no tenia aire ya, estaba tan excitada.
-¿Por favor que mi zorrita?
-Es que no me gusta Mi Amo.
-¿Tu crees que no lo sé? ¿Es tan grande el sacrificio de complacerme como para negarte?
-Mi Amo… -Y Tania se debatía entre las palabras que debía decir, y lo que en realidad quería decir.
-Vamos chiquita, sólo tu decides que pasará.
Tania levantó la cabeza, su rostro demostraba excitación, deseo, y un poco de rabia. Tomó aire y exclamó.
-Está bien Mi Amo.
Salvador sonrió, Tania sólo cerró los ojos y apretó los puños, apenas alcanzó a ver la mano de Salvador que se levantaba con firmeza, mientras oía...
-Camarera, un plato de zanahorias para la señorita.
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