Situaciones

Relatos de Situaciones

martes, 12 de enero de 2010

Deliciosa Apnea

La penumbra apenas dejaba ver la silueta de ambos, una cálida temperatura se hacia patente por la brisa que se abría paso a través de las cortina dejando así pasar destellos de la luna que adornaba el cielo en esa noche.
La amplia cama era bastante cómoda con sabanas suaves con olor a recién lavadas que me permitían sentir su suavidad, las almohadas seguían en su lugar, dando soporte a mi cabeza.
- Mantén los ojos cerrados, no seas curiosa- Me dijo Mi Amo con esa voz suave y calma que me acaricia.
Sus dedos empiezan a recorrerme lentamente desde los pies, casi sin tocarme, rozándome lentamente y erizando todo a su paso… Al llegar a mi entrepierna, dos golpecillos me hacen a separarlas ofreciéndome, mi cadera se levanta ávida por su contacto…
-Puerca- Me dice mientras con la punta de un dedo, regresa mi cadera a su lugar sobre la cama.
Sonrío y ladeo un poco la cabeza remolona.
Sus dedos siguen rozando mis piernas, tamborileándolos cuando llega en su recorrido a mi clítoris. Empiezo a sentir que la humedad moja las sábanas, mi respiración es cada vez mas agitada, aunque trato de controlarla en vano.
Ahora empieza a subir en su trayectoria, apenas me toca pero lo siento como si el contacto fuera desde dentro, mi pecho tiene ese subir y bajar tan particular de cuando jadeo…
Circunda mis pechos en una espiral que culmina en mis erectos pezones los cuales reciben un par de apretones, mi cabeza se mueve de un lado a otro y lucho por permanecer quieta.
Y entonces inspecciona mi cara, mete la mano en mi boca, separa bien los maxilares, mete los dedos en mis oídos, pellizca mis parpados, y… aprieta mi nariz mientras con la otra mano tapa mi boca justo en el momento en que he exhalado el aire, una oleada de excitación me recorre, esa sensación de no poder respirar… No lucho, no trato de respirar… me relajo, es casi como un orgasmo, es sentir que me voy alejando de todo, como si flotara…
Mientras me suelta con suavidad endereza mi cabeza, jalo aire por instinto y al exhalar sonrío.
-¿Estás bien?- Pregunta.
-Si Mi Amo- La sonrisa no se ha borrado de mi cara.
-¿Qué tienes?
-Por sensaciones como está yo hago lo que me pida Mi Amo, por sentirme así en sus manos.
Sonríe y me gira, rápidamente pasa un dedo por mi espalda la cual por acto reflejo se arquea. Su mano me regresa a mi posición con firmeza pero sin brusquedad, giro la cabeza apoyando mi mejilla en la almohada… El solo pensar que repetirá el movimiento hace que mi espalda baja tenga espasmos que suben hasta mi nuca.
Un manazo seco en una nalga hace que me sorprenda, justa esa sensación no la esperaba, no duele, casi no arde… La mano se aleja de mi nalga y regresa con un poco mas de fuerza, con una precisión increíble choca contra mi nalga justo en el mismo lugar, arde un poco, no duele, solo arde… Nuevamente la mano se aleja y… y… Nada, no pasa nada, muevo un poco la cabeza tratando de escuchar algo… Nada, ni siquiera oigo su respiración… No oigo ningún movimiento, nada…
Una palmada poco mas que suave en mi otra nalga me hace pegar un brinco, no la oí venir, no la esperaba, pero se que vendrá otra mas fuerte y espero y… Nada… aprieto mis ojos cerrados como si con eso lograra agudizar el oído, pero nada… Solo oigo mi respiración que se agita ante la expectación… Muchas, muchas palmadas de diversas intensidades golpean una y otra vez mis nalgas, alternadamente, o consecutivamente o al mismo tiempo, arde, cada vez mas y mas y jadeo y en el momento en que un gemido sale de mi boca, Mi Amo me toma por el cabello, gira mi cabeza y la hunde en la almohada, me sostiene con firmeza, el aire me falta y su otra mano no deja de palmearme, mi entre pierna escurre y mi cadera empieza a moverse tratando de evitar las palmadas, pero no respiro, la sensación de apnea sobrepasa al ardor en mis nalgas y me relajo, la disfruto, no me muevo, me abandono nuevamente a esta sensación…
-Córrete- Escucho decir a Mi Amo y mi cuerpo responde ante la orden en una oleada de espasmos.
-Dámela toda puta, no te quedes con nada.
En el justo momento del clímax levanta mi cabeza y aspiro profundamente… Es una sensación de placer indescriptible.
Sollozo un poco, a veces lo hago como un escape a las intensas emociones.
Me abraza, me acuna entre sus brazos, con el dorso de la mano acaricia mi mejilla… Me siento tan segura, tan protegida…
Me levanta en brazos para colocarme perpendicular en relación a la cama, mi cadera al borde, las piernas separadas y me penetra con energía, de un solo golpe y siento su dureza abrirse paso dentro de mi…
Sus manos juegan con mis senos, pellizcando los pezones… Me gira poniéndome a cuatro patas, escupe en mi culo e introduce un dedo, me relajo lo mas que puedo pero a sabiendas de lo que me dolerá sin poder controlarlo aprieto el esfínter… Palmea mis nalgas para relajarme, alternando los manazos mientras su dedo sigue ocupado en relajarme… dos dedos, trato de no centrar mi atención en la sensación pero es tan… tan placenteramente dolorosa…
Escupe en mi culo y separa mis nalgas, con una mano alcanzo una almohada y hundo mi cara en ella mientras la muerdo para no gritar sabedora de lo que se avecina.
Introduce solo el glande dando tiempo a que mi ano se dilate solo lo suficiente antes de introducirlo por completo…
-¿Te duele?
-Si Mi Amo
-Avísame cuando deje de doler, recuerda que no tengo prisa.
Unos segundos después le comunico que no existe dolor y es en ese preciso instante de un solo empujón mete toda su verga en mi culo, arrancando de mi garganta un grito que la almohada apenas y logra mitigar.
No se mueve durante unos segundos, voy recuperándome y comienza a sacarla, despacio, muy despacio.
-Inhala… exhala- Me ordena- Inhala…
-¡Exhala!- Me ordena tajante y al momento vuelve a enterrarla.
No tengo aire para gritar, solo las lagrimas empiezan a salir de mis ojos lentamente.
-Avísame…- No hace falta que termine la orden, sé lo que tengo que hacer.
Nuevamente el dolor desaparece a los pocos segundos y empieza a sacarla… Y a enterrarla con firmeza, mis dedos se entierran en las sabanas, pero ahora ya no espera a que me recupere, comienza el vaivén y el dolor comienza a convertirse en placer.
-¿Te gusta verdad perra?
-Si Mi Amo- digo con la voz entrecortada.
-¿Quieres correrte?
-Si Mi Amo por favor, por favor…
Sus manos entonces rodean mi cuello, un escalofrío delicioso recorre mi espalda… levanto la cabeza para que pueda acomodar los dedos en mi traquea, y siento su verga entrando y saliendo por mi culo… sus manos comienzan a apretar mi cuello, aspiro y exhalo lentamente para dejar libres de aire mis pulmones y entonces aprieta un poco mas…
-Córrete, córrete toda, deja salir todo para mí.
Mi ano se contrae en espasmos mientras mi cuerpo tiembla producto del multiorgasmo que estoy experimentando.
Sus manos aflojan mi cuello y en un rápido movimiento me toma por los hombros para ponerme tendida boca abajo sobre la cama. Con cuidado saca su verga y me gira… Mis manos cubren mi rostro, las retira lentamente y nota que lloro, no con un llanto histérico, no con un llanto de dolor, sino con un llanto de placer, de placer extremo.
-¿Estás bien?
-Si Mi Amo, muy bien, gracias.
Muy bien mi perra, acaba de recuperarte que ahora te toca atenderme…
Lo que sigue es… es otra historia.

Publicado el 12/03/09
monique[V]

Por si acaso

Mirando el reloj impaciente, nerviosa, ansiosa me parecía como cada noche que el tiempo se detenía en mi contra…
-¿Reloj ya te descompusiste o que te pasa?- Varias veces le preguntaba al reloj que cuelga de la pared, el cual por suerte para mí nunca me contesta ya que de lo contrario al menos hubiera tenido un infarto.
No es noche en que llegará ya lo sé, pero aún así lo espero “por si acaso”… Me maquillo, me peino, perfumo, checo cualquier detalle “por si acaso”… Luego de un rato suspiró al ver que no llegará y me dispongo a dormir.
Esta noche si vendrá, estoy casi segura así que me alisto igual que la noche anterior, mi corazón palpita emocionada al ritmo del segundero… tic, tac, tic, tac… Pasa el tiempo y no llega… Me alisto para dormir, un último vistazo por la ventana “por si acaso” suspiro y me voy a la cama.
Bueno… este día no es habitual que venga, pero me alisto “por si acaso” no como ayer ni antier, un “peinazo”, veo el delineador ¿Labial? Hummm no, así… Mi corazón se debate entre la esperanza y la certeza, mi entre pierna se humedece y se seca… tic tac, tic, tac… Suspiro y me voy a la cama…
Mmmm es raro, ni una nota, ni un mensaje, ni una llamada… Pero hoy es día habitual en que lo veo, así más me vale arreglarme… Me estiro perezosa, retoco maquillaje, peinado, hummm el depilado para mañana… tic, tac, tic, tac… Me arrellano en el sofá, paso los canales del televisor sin mirar… tic, tac, tic, tac… Hora de dormir…
Bueno, hoy es viernes, los viernes nunca viene.
Tomo mi pijama favorito, con ositos muy mona, calientita, confortable, el cabello recogido en un lazo, sin maquillar, calcetas para que no se me enfríen los pies; preparo palomitas de maíz, un vaso de jugo, la cafetera a la mano… Coloco una loneta en el suelo frente a la T.V. y pongo una de esas películas que derraman miel… Apago las luces y me acomodo.
Oigo la llave entrar en la cerradura… hummm... no, debe ser el sonido de la película que confundo… sigo mirando, las primeras lágrimas salen de mis ojos… Suspiro…
-Hermosa manera de vestir y de estar de mi esclava
Casi me ahogo con las palomitas y me vacío el jugo encima.
-¡Como te atreves!- La voz de Mi Amo era fuerte, dura pero sin gritar, no tenía necesidad de gritar.
-Mi Amo yo… es que… yo… pues…- Estaba ya de pie frente a El, turbada sin saber que decir, no encontraba justificación, estaba espantada, temblaba en especie de escalofríos que me surcaban de arriba hacia abajo continuamente…
-¿Atreverme a que Mi Amo?- no podía creer que había formulado tal pregunta, pero cierto era que bien bien no sabía a qué se refería.
-Así que te sientes valiente el día de hoy…
-No, no Mi Amo no es eso, solo…
-Además andas rezongona- Mis ojos se abrieron y mi mente se nubló.
-Vamos a ver chiquita-el tono se vuelve dulce, cariñoso. Se acerca a su sillón pasando junto a mí y no alcanzó a reaccionar, estoy paralizada.
-Ven acá querida- ese tono protector no me vaticina nada bueno- Considero que o me confundí de casa o a ti se te ha olvidado… ¡Que no me gusta verte vestida así, llorando con que esas lagrimas que no provoque yo, que estés tumbada en el piso y no a mis pies!
Tomándome por las manos me obliga a hincarme frente a El, ahora mis lágrimas en nada tienen que ver con la película que continúa puesta.
-¿Por qué lloras?
-No sé- aspiré tratando de controlarme.
-No me hagas repetir la pregunta.
-Hoy no viene nunca, no es habitual ¿Cómo iba yo a saberlo?
Mi mirada al piso, la cabeza baja tratando de ocultar el llanto, la espalda encorvada, las manos sobre mis muslos… Por instinto subo mi mano con intención de limpiar mi cara…
-No te limpies y alza la cara.
Obedezco pero sin mirarlo, mis ojos están casi cerrados evitando su mirada.
Tienes exactamente un minuto para ponerte como espero ver siempre a mi esclava, ¡un minuto! Y cada segundo que me hagas esperar lo pagarás y… Una cosa más… No te limpies la cara… ¡Muévete!
Volé al cuarto prácticamente, en el camino desabrochando, soltando… Entró aventando ropa, el pelo, ¿maquillaje? No puedo limpiarme la cara, los pantalones no salen, se atoraron con las calcetas, oigo el reloj que es mi enemigo declarado acelerar su marcha tictac tictac…
Sorbo mi nariz, aprieto los ojos tratando de despejarlos, corro de regreso, tropiezo con la mesita del pasillo tictac tictac…
Entro en la sala y… y… ¡No está! Me quedo inmóvil un rato, por si acaso veo de reojo hacia todos los lados que puedo… Nada… Cierro los ojos tratando de escuchar algo, tal vez fue a la cocina o al baño… Solo escucho el reloj tic tac tic tac.
Sólo tiemblo, pero ya no lloro, mi respiración agitada ante la expectativa, ante el asombro, ante la duda… ¿Qué hago? Me muevo un poco por si acaso no deba moverme…
Siento un escalofrío recorrer mi espalda haciéndome que cual gato me retuerza, suspiro creyendo que no está, por si acaso doy una ojeada mas sin, según yo sin demostrar ansiedad, las palmas de mis manos sudan.
Nada… no lo veo, no lo oigo… Se fue…
Suspiro y trato de relajarme, me tumbo en el sillón tratando de entender que paso, cierro los ojos intentando recordar las indicaciones…
-¿Tanto me tarde? ¿Dijo algo que no entendí?- Pienso una y otra vez.
-¿Cómoda? ¿Así es como me gusta que me esperes?
Siento el corazón en la boca ¿De dónde salió? ¿Dónde estaba? Mi cabeza no comprende.
-Justo detrás de ti, lejos de tu campo visual-Dice con tono divertido
-Siempre tratando de explicarlo todo, por si acaso lo has olvidado, vamos a recordar lo que es sentir sin pensar.- Dijo con ese tono que me mueve toda por dentro.
Siento su mano en mi hombro haciéndome girar, un roce en mi cuello me indica que me postre… Inexplicablemente tengo miedo, miedo de no responder como me ha enseñado.
Camina a mí alrededor, con su pie separa mis rodillas sin brusquedad, así mismo toca mis codos para que mis antebrazos se apoyen en el piso, ahora Su Pie está debajo de mi abdomen haciéndome levantar el culo… Mi frente descansa en la alfombra, mi respiración agitada… Escucho que camina hacia el sofá y oigo que se quita los zapatos… Luego la cremallera y el roce de la tela de los pantalones en su piel…
Siento su pie recorrer mi espalda, sé que está a un lado mío…
-Necesito que estén tus músculos tensos ¿Puedes hacerlo?
-Si Mi Amo.
-No sueltes la respiración hasta que te lo indique ¿Lista?
-Si Mi Amo.
-Inhala- me indica con un tono suave, así que aspiro aire y aguanto y al momento siento su pie golpear mi estómago… La sorpresa más que el dolor me hacen soltar el aire de manera ruidosa.
-Vamos a ver, por si acaso no entendiste la indicación, tú debes de mantener el aire dentro hasta que yo te lo indique, lo que hagas o dejes de hacer es asunto tuyo no mío, espero que ahora ya esté claro ¡Inhala!
Y ahora su pie llega con un poco mas de fuerza a mi abdomen, ahora si siento dolor, pero el aire se niega a quedarse dentro.
-Lo vamos a repetir hasta que logres dominar la salida del aire.
Tiemblo en espasmos…
.¿Lista?- muevo la cabeza afirmativamente, siento mi corazón salir por mis oídos… Unos segundos de espera que saben a eternos. Aprieto los labios con fuerza por si acaso…
-¡Inhala!- Jalo aire y trato de mantenerlo pero el golpe seco de su pie hace que de nuevo mis labios no contengan su salida.
-¡Inhala!- Aun no me recupero del anterior, no es mucho lo que logro aspirar cuando su pie choca con mi abdomen.
Dos, tres, cuatro veces más, las lágrimas mojan la alfombra, la secreción de mi nariz no me dejan respirar… Trato de no sollozar, el dolor no me deja ya aspirar…
-¿Lista?- No, ya no tengo fuerzas, pero muevo la cabeza afirmativamente.
Siento su mano recorrer mi espalda hasta llegar a mi cabeza, la acaricia, toma mi cara entre sus manos y mirándome pregunta.
-¿Estás bien?
Apenas puedo mover la cabeza afirmativamente.
Ayudándome a levantar y me indica que me limpie la cara dándome un pañuelo, nos sentamos en el sillón y mientras me abraza voy recuperando el aire y me siento más tranquila.
-Si no estás bien, debes de decírmelo, ya decidiré yo si continuo o me detengo, tu obligación es decirme siempre como estas… Nunca me complacerá que por callarte termines lastimada.
-Ahora vamos a ver si aprendiste- Dijo con aire serio, muy serio diría yo.
-Siéntate derecha, no te muevas, cierra los ojos y bajo ningún concepto los abras hasta que te lo indique… Recuerda, no pienses sólo siente.
Pasó sus dedos por mi espalda la cual reaccionó a la sensación con un respingo… Un leve tirón de cabellos me recordó que no debía moverme.
Tocando mis rodillas me indicó que separa mis piernas, las cuales se abrieron cual puerta aceitada mostrando lo rápido que me humedece su contacto.
-Abre la boca y saca la lengua- Alcé las cejas por lo curioso de la orden… Otro tirón de cabellos.
Obedecí… Me sentía ridícula sacando la lengua pero cuando la saliva empezó a salir por mi boca, dejé de preocuparme por como me veía y a ocuparme de controlar el impulso de evitar que escurriera… Sus dedos jugaban ya con mis muslos, mis piernas se tensaban tratando de controlar el movimiento, la saliva goteaba de la punta de mi lengua mojando mi barbilla…
-Eres tan zorra, tan caliente-susurró en mi oído y como por arte de magia me mojé más.
-Hoy vas a probar una nueva sensación- Dijo al momento de alejarse.
No lograba ubicar en que parte de la habitación estaba hasta que escuche el sonido de la puerta. Mis ojos intentaban abrirse para ver que sucedía pero la orden era más fuerte en mi “no puedo abrir los ojos bajo ninguna circunstancia”.
-Entra-parecía dirigirse a alguien, pensé en alguna de sus amigas- Está lista y dispuesta, sólo recuerda que no puedes hablar con ella y que deberás de usar condón, yo estaré aquí vigilando cada uno de tus movimientos.
Un sudor frío empezó a recorrerme, ¿Condón había dicho? Entonces no era mujer, dentro de mi todo se movía, otro hombre no, yo no quería que otro hombre me tocara.
-¿Te das cuenta de lo que está a punto de pasar?- Me dijo mientras pellizcaba mis pezones.
Asentí con mi cabeza.
-¿Estás de acuerdo? Yo iré al sillón a observar que todo pase bien.
Todo dentro de mi gritaba que no, no quería, no lo deseaba, pero si eso era lo que Mi Amo pretendía… Afirme con la cabeza luchando por que las lágrimas no salieran mostrando mi descontento.
Rozó mis labios con la punta de sus dedos y con la palma de su mano embarró saliva en mi cara.
-Mete la lengua y disfruta.- Su tono me decía que se estaba divirtiendo.
“Si no puede hablarme, no puede dar órdenes, si no me ordena no tengo que obedecer, poco puede hacerme entonces” Me dije a mi misma recobrando un poco fuerza y seguridad.
Poco me duró el gusto, de los cabellos me levantó y tomándome por los codos me aventó a la cama, por si acaso apreté los ojos y los labios, no iba a abrirlos a la primera de cambios.
Apreté las rodillas y me hice un ovillo, por si acaso pudiera cubrirme de alguna manera, pegue mis rodillas al pecho y los sujete con mis brazos escondiendo la cara… Qué tontería pensar que de esta manera me estaba protegiendo… Escuché la suave risa de Mi Amo, saberlo cerca me daba cierta tranquilidad.
Recostada en esta posición sobre uno de mis costados, me apretaba con más fuerza cuando sentí una mano deslizarse por mi espalda hasta llegar a mis nalgas las cuales apretó con fuerza enterrando sus dedos… Fue ahí donde caí en la cuenta de lo vulnerable de mi posición, lejos de protegerme, quedé expuesta.
Tanto me esforcé en sostenerme en esa posición que empecé a sentir calambres en los brazos, las piernas empezaban a padecer el hormigueo por la falta de circulación, un leve sudor perlaba mi frente… No iba a aguantar mucho así…
Esperando algún azote, nalgada, cinturonazo, algún tipo de golpe para hacerme ceder, mentalmente estaba preparada para aguantar “fácil no se lo iba a poner… bueno más fácil de lo que ya se lo estaba poniendo”… No, no esperaba algo como sentir cosquillas en las plantas de los pies, en mis costados… luchaba por no soltarme, me mordía los labios para no emitir sonido, no quería moverme, no le iba a dar el placer de mostrar lo que sentía…
Me fui agotando, las cosquillas iban y venían interrumpidas por unos dedos jugando con mi entre pierna… Hasta que al fin se detuvieron, yo seguía en mi posición con la respiración agitada, pero orgullosa de no haber cedido…
-Vamos a ver cómo estás- Escuché la voz de Mi Amo desde algún punto de la habitación.
Mientras metía las manos en mí entre pierna me dijo:
-Deja de hacerte la remilgosa que quiero sentir.
Me solté colocándome boca abajo, separando las piernas.
-No cabe duda de que eres una perra caliente, estás tan mojada, te haces la melindrosa cuando estás disfrutando, más te vale que dejes de hacerte la difícil, como sea, terminaras jadeando. ¿Entendido?
-Si Mi Amo- toda yo para no variar quería decir no, pero mis labios dijeron sí.
Unas manos tomaron mi cadera haciéndome empinar mi culo, abierta de piernas, no había manera de no quedar bien accesible.
Sentí unos dedos presionar mi clítoris… me mordí los labios.
Mis jugos fueron usados como lubricante para que primero un dedo entrara en mi culo, después dos, después tres… dolía, claro que dolía… Entraba los tres dedos y oprimían las paredes hacia fuera para dilatarlo aun más… hasta que entraban y salían con facilidad… cuatro dedos, la misma secuencia… Dolía, claro que dolía…
Cambio a dos dedos de una mano y dos de la otra, y tiraba hacia fuera, no con delicadeza, no con mucho cuidado… Dolía, claro que dolía… Por si acaso mordí la almohada refugiando mi cara en ella.
Lo sentí colocarse a mi espalda, entre mis rodillas, tomo mis nalgas entre sus dedos y las apretó con fuerza, ahogue mi grito en la almohada, las lagrimas mojaban mi refugio…
Un manazo seco en una, después la otra, las dos, una y una, las dos, alternadas, juntas, me estaba dando con fuerza, me ardía, después una mano me azotaba y la otra apretaba mis labios, los jalaba, de repente paró… Sentí como se quitaba de ese lugar… Silencio…
-¿Mi Amo?- dije con un hilo de voz, tratando de disimular el miedo que sentía.
-Acá sigo atento chiquita, no me voy, lo estás haciendo bien- Su voz llegaba pero no se desde que punto de la habitación.
Mis ojos seguían cerrados, increíblemente no trataba de encontrarlo, sólo escucharlo era suficiente… además había una orden de por medio.
Sentí unos dedos enterrarse en mis muslos con fuerza, ambas piernas y entonces una mano sostuvo mi cabello haciéndome alzar la cabeza sin brusquedad pero con tanta fuerza que tuve que abrir la boca y una mano entro en ella… 1,2,3,4 manos me sostenían, eso derribó mi pequeña esperanza de que fuera un juego mental “haciéndome creer que había alguien más” ya no cabía duda, Mi Amo y yo no estábamos solos.
-¿Sigues creyéndote más lista que yo?
Por obvias razones no pude responder de ninguna manera.
Miedo… sentí miedo, transpiré miedo y por si acaso guarde aire en mis pulmones que se negaban a expandirse victimas de jadeo cual estertores… lágrimas bañaban mi cara escurriendo por mi cuello y a pesar de todo mis ojos continuaban cerrados…
Murmullos que no podían descifrar… mi cuello, hombros y espalda empezaban a tener pinchazos por la forzada posición… la respiración cada vez con más dificultad, mi cabeza en un loco torbellino de realidad.
La mano que estaba en mi boca se retiró y la que sujetaba mi pelo hizo que mi frente tocara… no, más bien que mi cara se enterrara en el colchón de la cama mientras el otro par de manos sostenían mi cadera para mantenerla en alto.
Sentí un pie sobre mi nuca mientras mis piernas eran separadas al máximo desde su apoyo en las rodillas.
“No puedo respirar” pensaba mientras buscaba la manera de obtener más aire sin moverme ni luchar… El pie se retiró de mi nuca pero no me moví, la lógica diría que debería de haber alzado la cabeza buscando aire, pero… no lo hice, mantuve la posición mientras trataba de respirar así…
Del pelo nuevamente mi cabeza fue levantada, sentí un aliento muy cerca de mi cara… Mi Amo si, era El como siempre, rescatándome en el momento justo.
-Gracias- musité apenas con un hilo de voz y tratando sin mucho éxito de no mostrar mi angustia por la falta de aire.
-Definitivamente estás loca- me dijo mientras regresaba mi cara al colchón.
Ahora un pie en la base de mi espalda empujando hacia abajo, haciendo que mis piernas se abrieran más al grado de sentir que me partiría en dos…
-Suficiente- alcancé a oír la voz de Mi Amo.
Silencio, ni un ruido, ni un movimiento… suspenso… por si acaso no me moví pero mi cabeza empezó a dejar venir pensamientos que conllevan a aumentar el miedo que ya sentía.
De los hombros fui colocada de rodillas, las ingles me punzaban por el esfuerzo, los muslos me tiemblan…
Alguien se deslizó entre mis piernas y sentí la punta de una verga en la entrada de mi coño… Alguien se colocó detrás de mí y sentí una mano en mi entrepierna…
-Eres tan puta, tiemblas de miedo y estás toda escurriendo- Dijo Mi Amo que ubiqué a mis espaldas.
-¿De quién eres?
-Suya Mi Amo.
-¿Qué puedo hacer contigo?
-Todo lo que quiera.
-¿Y si decido que otro te coja?
-Pues otro me cogerá Mi Amo.
-¿Lo disfrutarás o lo sufrirás?
-Si su deseo es que lo disfrute lo disfrutaré si su deseo es que lo sufra sufriré.
-¿Quieres hacerlo?
-No
-¿Lo harás?
-Si
Su mano acarició mi cabeza y me abrazó por la espalda, tomando mi barbilla me besó suavemente en los labios y lloré agradecida por el obsequio del beso.
-Hazlo- murmuro en mi oído y mi cadera bajó para enterrarme en la verga que me esperaba. Levemente moví mi cabeza negando mientras bajaba hundiendo la barbilla en el pecho.
-Alza la cara, quiero verte orgullosa de lo que estás haciendo, eres buena para coger, así que hazlo bien- Dijo mientras se retiraba de mis espaldas.
Sentí las manos del sujeto tomar mis caderas para marcar los movimientos… bruscamente se las quité… No iba él a decirme como ni a qué ritmo moverme, él no tenía ese poder sobre mí.
Me moví como loca, quería que todo terminara rápido pero Mi Amo tenía otros planes.
-Alto, ven acá.
Traté de ubicar de donde provenía la voz de Mi Amo y sin ningún cuidado o consideración me quité de encima del sujeto y me dirigí hacia Mi Amo. Pude escuchar el gemido por la brusquedad de mis movimientos y no pude (ni quise) ocultar una risita de satisfacción.
Me postré hacia donde pensaba estaba Mi Amo y sentí los dedos de sus pies colocarse bajo mi frente… Fue metiendo mas el pie hasta que mi cara estaba apoyada en el, iba a besarlo cuando levantó el pie haciendo que mi cabeza ascendiera cual balón de futbol…
Colocó después el empeine en mi barbilla haciendo que subiera más la cara… más… más… apoyada en mis rodillas y en las puntas de mis manos quitó el pie y me dejó así… No me moví pero eso duró unos pocos segundos pues carecía de equilibrio y apoyo en esa posición… Empecé a temblar…
-Si te mueves te arrepientes. Abre la boca y saca la lengua.
Obedecí.
Sentí ceniza caliente caer en mi boca… Seguía temblando y la espalda comenzaba a doler…
Más ceniza…
-No hay cenicero cerca y no voy a ensuciar el suelo, ¿Estás de acuerdo?
De mi garganta salió un “ajá” que era lo único que podía mal articular. Sentía además ya la garganta seca, la quijada adormecida y no dejaba de temblar.
-Humedece la lengua.
Metí la lengua tragando la ceniza y la sentí como masacote pasar por mi garganta.
-Sácala que tengo que apagar mi cigarro.
Un gemido escapó de mi garganta y las lágrimas me traicionaron pero obedecí. Ahora el temblor de mi cuerpo no era de cansancio y falta de equilibrio nada más sino de miedo, de mucho miedo ante la sola idea de que me quemara la lengua. Pero obedecí ¿Por qué? Yo no quería, no me hacía gracia la idea de que me quemara pero obedecí ¿Por qué no me quité? ¿Por qué seguía ahí?
Sentí como el calor del cigarro estaba a escasos centímetros de mi lengua… Lloraba, vaya que lloraba, no de manera sonora pero si con raudales de lagrimas y tremores de todo mi cuerpo.
-Esta noche sólo habrá un indulgencia ¿Quieres usarla ahora?
Una negación salió casi como gemido de mi garganta, seguía en mi posición… No pediría indulgencia, no ahora, no me confirmaría mi cobardía mas que evidente… El cigarro se acercó más, casi podía sentirlo…
-No, ya no tengo ganas de quemarte la lengua- Suspiré aliviada- Pero ahora ve y has que se corra en dos minutos máximo sino tal vez se me antoje otro cigarro.
Aún con los ojos cerrados traté de llegar a la cama, tropecé con un taburete que no sé de donde salió… Oí la risa de Mi Amo.
Al fin subí a la cama y me encontré una verga más flácida que la de un bebe.
-Por amor de Dios hombre, cooperé o yo pagaré su flacidez.
Las carcajadas de ambos no lograron relajarme, tenía solo dos minutos y estaba segura que eran casi 30 segundos los que ya habían pasado, así que me metí ese pellejo en la boca y le propiné una mamada que lo hizo reaccionar casi de inmediato, comenzó a gemir pero no se corría y de nuevo empecé a llorar. Poco después sentí que se iba a correr y la saqué de mi boca y comencé a pajearlo hasta que derramó su semen en mis manos.
-Dos minutos y cincuenta segundos… ¿Dónde dejé mis cigarros?- El tono era entre divertido y burlón y yo, de nuevo un manojo de espasmos recorrieron toda mi humanidad y las lágrimas seguía surcando mis mejillas mientras un sentimiento de frustración y miedo me invadían.
Fui a lavarme las manos topeteándome con todo (incluida una puerta).
-¿Estás bien?- Asentí.
-Ven acá, vamos a ver que tenemos por aquí- Olía ya a cigarro.
Estaba sentado al borde de la cama, me colocó con el abdomen sobre sus muslos y las manos sosteniendo sus tobillos, las rodillas dobladas mientras mis pantorrillas tocaban su espalda y comenzó a examinar mi culo.
Dobló más mis piernas pasándolas bajo sus brazos de tal manera que mis talones tocaban mis nalgas y se recargó sobre mí… No, no había manera de que me escapará en esa postura.
Separó más mis nalgas y escupió en mi culo… Yo ya me estaba imaginando lo que venía…
-Te di dos minutos ¿Cierto?
-S…si Mi Amo.
-Usaste más de dos minutos ¿Cierto?
-S…s…si Mi Amo.
-Vamos a ver que hace este culo con un cigarro prendido- y lo metió por el filtro. Sentía el calor cerca muy cerca.
-Si te mueves te quemas, si te aprietas te quemas, si lo empujas te quemas.
Seguía llorando, hiciera lo que hiciera me iba a quemar…
Era mi decisión él porque me quemarían por cobarde, por débil, por desesperada, por tonta o… por obediente.
Ante el abanico de opciones elegí la última, así que ni me moví (que me costo por la posición) ni me apreté de miedo, ni empujé por cobardía y, de manera inesperada dejé de llorar… inhalé despacio y exhalé más despacio todavía y sentí una paz increíble y… dejé de pensar, dejé de luchar no me rendí sino que me entregué.
Oí la puerta cerrarse pero no di mucha importancia al sonido, sentí las manos de Mi Amo recorres mi espalda justo por en medio, acción que normalmente me causa la reacción de arquear la espalda, pero ahora solo disfruté de su contacto, el cigarro encendido dejó de preocuparme… Su mano bajó lentamente y con cuidado retiró el cigarro. Nuevamente acarició mis nalgas.
-Bájate-dijo con ese tono suave que lo caracteriza.
Con trabajo bajé de sus piernas gateando hacia el frente, por si acaso me quedé quieta esperando la siguiente indicación.
-Abre los ojos.
La habitación estaba a media luz y sin mover la cabeza traté de buscar si estaba el sujeto al alcance de mi vista panorámica… No lo veía pero bien podía estar a espaldas mías.
Fui girándome lentamente hasta ponerme a sus pies (adoro esta posición) y tratando de ubicar donde estaba el sujeto… Nada, no lo veía.
Mi Amo acarició mi cabeza y subiendo un pie fue modificando mi postura hasta quedar hincada frente a El mirándolo directo a los ojos, con admiración, con gratitud y con un deseo enorme recorriendo cada poro de mi cuerpo.
-Eres una cerda- Dijo mientras me sonreía.
Asentí con la cabeza mientras sentía un rubor invadir mis mejillas.
Minutos que me supieron a eternidad pasaron envueltos en silencio y mirada sostenida, empezaba a ponerme nerviosa, pasaba de la sonrisa boba a el rictus de impavidez.
Mi Amo se divertía con mis gestos.
La espalda se iba encorvando y de un respingo la enderezaba… Las piernas comenzaban a hormiguear así que movía los dedos de los pies tratando inútilmente de activar la circulación.
-Ven acá-dijo al fin mientras tomaba mi barbilla.
Me acerqué a El y recosté mi cabeza en sus muslos.
-Un baño caliente, eso es lo que necesitamos ahora- Dijo mientras tomaba mi mano.
El modero la temperatura del agua antes de indicarme que entrara… Las gotas de agua caliente se sentían realmente deliciosas… Me dejé llevar por la sensación confortable mientras entornaba los ojos.
Mi Amo me abrazó por la espalda y besó mi cuello… Una oleada de excitación me recorrió de inmediato… Por instinto iba a girarme pero no me lo permitió.
-Disfruta el agua, relájate, te has portado bien.
Nunca, creo que nunca sabré que es lo que sigue y siempre termino sorprendida, pero por si acaso disfruto el aquí y el ahora con la intensidad de si fuera el primer encuentro o el último.
Publicado el 08/08/08
monique[V]

La Gota

-Esto va a ser sencillo, así que espero no tengas problemas...
Sentada en la ducha, en una silla de plástico, digamos que si, cómodamente sentada lo escuchaba con atención.
-Debo ir a una junta, así que me esperarás acá, quieta... puedes mover las piernas de cuando en cuando, pero solo las piernas, así que toma la posición que sientas más adecuada.
Asentí con la cabeza.
-Cerrarás los ojos ¡No te vayas a quedar dormida!- Sonreí.
Me acomodé y le dije que ya estaba lista, cerré los ojos y...
Una gota cayó en mi cabeza, primero me sorprendió, luego cayó otra y empezó a resbalar por mi cara, subí mi mano para limpiarla de mi nariz y a medio camino escuché su voz.
-¿Qué parte de no puedes moverte es la que no te quedo clara?
Levanté las cejas y despacito las regresé a su lugar... No moverme es NO MOVERME... Rayos, ¿Mis manos estaban bien así? ¡La espalda!
Oi que Mi Amo se iba y cerraba la puerta... El agua bajando por mi espalda me hacia cosquillas, subía mi labio superior tratando de quitar esa espantosa gota de mi nariz, y la gota plic... ploc... plic... ploc...
-Ok- Pensé- Vamos a ver como me distraigo, repacemos los Estados de la República... No, mejor las Capitales de América... No, mejor las tablas... ¿Por qué hace tanto ruido esa gota en mi cabeza?
Plic... ploc... plic... ploc…
Empecé a mover mis piernas adelante y atrás, juntas, alternadas, rayos que aburrida estaba....
Con el borde de los dedos de los pies empecé a recorrer el grabado de piso, caray, nunca había caído en la cuenta de cómo estaba armado el piso...
¿Qué pasará en la calle? ¿Cuánto dura el semáforo?
Plic... ploc... plic... ploc…
Ajummmm que ganas tengo de estirarme…
Hummm ¿Cuándo me toca ir a que me depilen? Froté mis muslos tratando de sentir mi entre pierna... hummm que rica sensación.... seguí frotando... hummm si se siente bien... Si Mi Amo me viera, estaría ya recordándome lo calenturienta que soy... Pasaría su mano entre mis piernas para comprobar que ya estoy mojada, pasaría su mano por mi cara y me haría lamer sus dedos... hummm si que rico....
De repente me di cuenta de que mi respiración estaba agitándose y no era precisamente agua lo que estaba entre mis piernas...
-No tengo remedio- dije en voz alta y sonreí.
Plic... ploc... plic... ploc…
Mejor me centro en otra cosa o terminaré bramando. Veamos... el clima...
Estuve a punto de moverme, la posición y la fastidiosa gota ya me habían cansado pero como rayo llegó la voz de Mi Amo a mi cabeza: “No te muevas” y me contuve.
Una somnolencia empezó a apoderarse de mi, ay no, ay no, no te duermas... Vamos piensa.
-¿Qué estará haciendo Mi Amo? Seguramente desayunando, tengo hambre- Dije en voz alta, al fin y al cabo estaba sola ¿No?
-Que ganas de estirarme- Seguí hablando en voz alta, que me servia para no dormirme.
-Que quejumbrosa estoy, eso no está bueno.
-Veamos, ¿qué de bueno tiene estar así? ¡Ah! Pues que soy obediente- Sonrei satisfecha...
-Hummm no, no creo sea esa la finalidad, ¿Será una oportunidad para meditar? Pero se medita en posición cómoda no con esta gota fastidiosa en mi cabeza... ¡Ay! Ya estoy de nuevo de quejumbrosa.
-¿Mi Amo que espera de mi con esta orden?- Dije sabiendo que no habría respuesta.
-Sin embargo esta sensación de punzaditas en mi espalda mientras froto mis piernas esta muy rica.
Por un rato me dediqué a sentir solamente el roce de mis piernas, me olvidé de la gota, de la espalda, del sueño, toda yo centrada en mis muslos, mi entre pierna, mi humedad...
Cada vez más rápido, cada vez más rico...
-¿Qué haces?- La voz de Mi Amo me hizo pegar un respingo.
-Yo... este... pues...
-¿Tan difícil es la pregunta? Por lo que veo, te está gustando estar ahí, pensaba llevarte a desayunar, pero te noto tan entretenida que supongo te dejaré ahí.
Alcé las cejas, aguanté la respiración y mi estómago hizo un gemido.
Volví a ser consciente de lo incómodo de la posición, de las ganas de mover los músculos, de la gota desquiciante...
-¿Te quedas o te vas?- Preguntó Mi Amo sin dejar de mirarme.
Toda yo gritaba por dentro “Me voy” pero mi boquita y mi cabezota respondieron:
-Me quedo.
-¿Por qué? – Preguntó Mi Amo.
-Porque la orden fue, “no te muevas, sólo las piernas” y ha pasado poco tiempo como para rendirme, me puse a juguetear con lo permitido, en vez de centrarme en la parte inicial de la orden.
-Si no soy capaz de obedecerlo con una orden tan simple como no moverme, como espero poder complacerlo en otras órdenes.
-Mueve las piernas mas rápido- escuché mandarme.
Mis piernas se movieron de inmediato.
-Tápate la nariz y abre la boca, alza la cara- Obedecí.
Abrió la ducha y el agua me caía directamente en la cara.
-Mueve mas esas piernas- Toda yo empecé a estremecerme, el agua entraba en mi boca, la tragaba y trataba de respirar mientras mis piernas hacían su labor y mi excitación crecía.
Con una palmada en mis muslos separé las piernas... La Mano de Mi Amo comenzó a jugar con mi clítoris, metía Sus Dedos en mi vagina, toda yo sentía el orgasmo acercarse, el agua en mi cara no dejaba que respirara, el movimiento de La Mano de Mi Amo era más rápido...
-¿Quieres correrte?- No podía responder, el agua en mi boca me lo impedía- No te corras sin permiso, no lo olvides.
De repente el movimiento se detuvo y el agua cambio su temperatura... fría... helada, la sensación hizo que la poca respiración que tenía se fuera, y el movimiento regresó con la orden adorada.
-Córrete, toda, damelo todo.
Ya sin poder controlarme me deshice en espasmos, eran muchas sensaciones juntas, un orgasmo brutal.
Cambio la temperatura del agua, Su Mano hizo que mi cabeza se inclinara hacia abajo haciendo que pudiera respirar nuevamente.
-Despacio que no quiero que te ahogues.
Cerró la llave y me cubrió con una toalla.
-Sécate y ven acá- Dijo mientras salía del baño.
Salí envuelta en la toalla, trastabillando y me coloqué frente a El.
-¿Aprendimos algo?
-Si Mi Amo, que debo de dejar de quejarme de todo, que debo poner más atención en sus indicaciones, que debo aprender a controlar mas mis impulsos...-
Sonrió.
-Ahora muéstrame que tan agradecida estas por estas enseñanzas.
Tiré la toalla y me postré frente a El... En mis adentros me decía:
“Mostrarle mi agradecimiento al atenderlo también es mi placer”
-De eso se trata chiquita, de eso se trata- dijo como si hubiera oído lo que pensaba...

Publicado 14/05/2008
monique[V]

lunes, 7 de diciembre de 2009

Confía...

Estaba en la planta baja de la casa, terminando de asear la cocina a media tarde cuando escuché que Mi Amo me llamaba desde la recámara.
Sequé mis manos con un lienzo, lo doble colocándolo en su lugar y me dirigí al segundo piso.
La tarde era templada, con una brisa que hacia mover los árboles que empezaban a reverdecer.
-¿Me llamó Mi Amo?- dije mientras tocaba la puerta.
Su suave voz me autorizó a entrar, lo cual hice colocándome de pie frente a El.
-Gírate lentamente, quiero verte bien, ese vestido te hace lucir hermosa.
No pude contener una sonrisa y sentir mis mejillas enrojecer, ya que aunque me lo dice constantemente, siempre me sabe a la primera vez que lo hizo.
Giré despacio levantando las manos sobre mi cabeza, mis pies descalzos elevaron sus talones para crear la sensación de usar zapatillas.
-Alto- dijo cuando le daba la espalda. Me indicó que separara las piernas y tomara mis tobillos sin doblar las rodillas y sobre todo no podría soltarlos hasta que El me lo indicará
Apoyé mis pies y me fui flexionando, haciendo el esfuerzo por alcanzar mis tobillos.
-Alguien esta descuidando el ejercicio según veo- Dijo con un tono serio.
Apreté los ojos y traté de agarrar los tobillos pero era una batalla que tenia perdida desde el inicio.
-Toma las pantorrillas o… ¿Tampoco las alcanzas?
-Si, esas si alcanzo bien Mi Amo.
Trastabillé un poco al perder el equilibrio, solté mis pantorrillas y puse las manos en el piso para no irme de bruces.
Al recobrar el equilibrio, volví a sostener mis pantorrillas.
Mi Amo levantó mi vestido dejando mis nalgas descubiertas, tiró de la tanga sacándome un gemidito, más de sorpresa (como si fuera la primera vez) que de dolor.
Acarició mis nalgas mientras decía:
-¿No te di la indicación en el idioma correcto?
Asentí con la cabeza. Jaló de la tanga más fuerte, yo apreté los labios para no gritar.
Traté de encontrar mi centro de gravedad, mi cabeza sonado con “Es fácil tu puedes” y entonces un toque de sus dedos en mi cadera rompió el equilibrio, nada del otro mundo, pero de nuevo me solté y antes de tocar el piso con las manos Mi Amo ya me sostenía por las caderas.
-Cobarde- me dijo mientras me daba un par de nalgadas- Anda vete a terminar lo que estabas haciendo.
El corazón de inmediato se me paralizó al oírlo.
-P... pero Mi Amo…
-Anda vete, todo está bien, sólo me aburrió el juego.
Bajé las escaleras lento, con el corazón en un puño “Se aburrió” era todo lo que me repetía para mis adentros.
Terminé y me fui a recostar al sillón, unos minutos después me volvió a llamar.
Subí como estampida las escaleras, toda desbocada.
Toqué y no esperé a que me autorizara a entrar. Su mirada me hizo ver mi error.
Regresé sobre mis pasos y volví a tocar. ¿Mi Amo puedo entrar?
Silencio, ni un ruido salía del cuarto. Esperé, mi corazón latía con fuerza, las manos me sudaban…
-Entra.
Tratando de contenerme pero no de disimular, avancé y me puse frente a El como siempre.
Con la mano me indicó que me girara, no hubo necesidad de más indicaciones, tomé la posición de minutos antes, tratando de sentirme firme para no soltarme, prácticamente me enterré las uñas en las pantorrillas y en mi cabeza un “Pase lo que pase no te sueltes, confía” Sentí sus manos en mis caderas y empezó a balancearme, primero poco, luego fue inclinándome cada vez más. Pero esta vez no me solté, cerré los ojos para no ver que tan cerca o lejos del suelo estaba, como si así no fuera a notar cuanto me inclinaba…
-¿Sabes que te pasaría en este momento si yo te soltara?- su voz era divertida.
-Me rompo el hocico Mi Amo.
Sonrió, yo sé que sonrió aunque no lo veía, sé que mis sonseras le hacen sonreír.
Me regresó a la posición inicial y ordenó que me enderezara mientras me nalgueaba un poco.
-Buena chica- me dijo- Vamos a tomar café.
De regresó después de la cena, se repitió la postura, las inclinaciones sólo que ahora añadió una sensación: Cuando me tenia con la nariz casi en el suelo emepzaba a jalarme despacio hacia el y de repente soltaba mi cadera volviendola a tomar casi al instante, mi nariz de nuevo cerca del suelo, el corazón palpintan sentía se salía por mi boca, un vació extraño en mi estómago y un grito contenido en mis labios:
Repetía el movimiento, nada hacia que pudiera preever cuando me soltaría y en cada vez sensación de pánico iba disminuyendo porque siempre me volvia a tomar a tiempo, y yo ya me sentía más confiada.
Al otro día, mientras bajamos para ir a desayunar, me indicó que adoptara la posición pero en el último escalón de la escalera, y que me asegurara que los dedos de mis pies quedaban una pulgada cerca del borde. Obedecí algo extrañada, pero confiada, tomó mi cadera, y repetimos el subir y bajar, mis ojos cerrados pero la respiración tranquila. Bien no entendía, pero obedecía.
En la oficina recibí Su llamada, la postura debía mantenerla al menos 5 minutos con la cabeza lo más levantada que pudiera y sobre todo, los ojos abiertos.
Cerré mi oficina, le indiqué a mi secretaria que no me pasara a nadie ni ninguna llamada y ejecuté la orden, después de dos minutos, comenzaba a aburrirme, pero después de tres me sentía cansada, casi al llegar a los 5 pensé que me caería, las corvas de las rodillas y la parte dorsal ý cervical me dolían.
Aliviada vi que concluían los 5 minutos, Envié un mensaje y seguí con mi día normal.
Pasado el medidía recibí un mensaje,”15 minutos” Aguanté la respiración y entre mis labios salieron las palabras mágicas “Si Mi Amo” Por suerte era la hora de la comida y nadie llamaría ni llegaría. Yo sabía que no iba a aguantar los 15 minutos, así que me acerqué a la pared, chequé distancia, tomé la posición y apoyé la frente en la pared. Según yo al tener un punto de apoyo extra, sería más fácil… Error, al poco tiempo el cuello resentía la carga pero no quería moverme…
-Estás bien tonta- oí la voz de Mi Amo detrás de mi- Ven acá.
-De verdad que sola no te puedo dejar, ¿Pretendes lastimarte o que? A ver acá a media oficina, vamos a ver como lo haces.
Creo que nunca había estado tan consciente de la duración de cada segundo.
Las piernas me temblaban, sudaba, sentía pinchazos en diferentes partes, hasta que por fin terminaron los 15 minutos.
-Despacio, muévete primero antes de incorporarte, ven acá.
Me tomó en sus brazos y acarició mi espalda mientras mi cabeza me gritaba “Urge regresar al gimnasio”
La escalera de la casa cuenta con tres secciones, cada una dividida por un escalón mas amplio Acá en México les decimos “descansos”.
Al ir subiendo y llegar al primer descanso, me dijo que me detuviera y cerrara los ojos. Me fue conduciendo, me hizo girar, caminar un par de pasos, girar media vuelta, un cuarto de vuelta, izquierda o derecha según me indicaba, hasta que estaba desorientada, después me indicó que me pusiera en la posición, un leve estremecimiento surcó mi espalda pero obedecí, repetimos las inclinaciones, mis uñas clavadas en mis pantorrillas, y cuando estaba más inclinada me ordenó abrir los ojos y alzar la cara, mi nariz casi rozaba el escalo siguiente y mis ojos miraron la estancia…
Temblé, sudé, mi acrofobia se hizo presente. Me quedé sin respiración a la vez que sentía que el corazón se salía por mi boca. Fueron unos instantes que me supieron a eternidad, más fue el terror que sentí que la obediencia lo que hicieron que no me soltara.
Mi Amo me atrajo hacia El mientras me decía que soltara mis pantorrillas, me abrazó por la cintura mientras me calmaba, mis ojos estaban fijos en lo que sentí era en ese momento la cima del mundo, pero poco a poco me fue tranquilizando y me hizo notar que no pasó nada.
Cuando me hallé tranquila, me dijo que lo repetiríamos, cerré los ojos, de nuevo giros, de nuevo la postura, de nuevo los vaivenes, de nuevo abrir los ojos y de nuevo la estancia frente a mis ojos, la nariz casi en el suelo.
-Pase lo que pase no te sueltes.
La sangre estoy segura abando no mi cuerpo, asentí con la cabeza no podía hablar, tenía miedo, mucho miedo, empezó a acercarme a El y si, lo que tanto temiía… Me soltó… abrí la boca pero nada salió de ella, mis manos paralizadas se quedaron clavadas en mis pantorrillas y de nuevo a tiempo me sujeto…
-¿Estás bien?- Su voz denotaba que se estaba divirtiendo.
Con trabajos asentí con la cabeza mientras sentía como me aproximaba a Él, para soltarme de nuevo y volverme a sujetar, para quién nos viera diria que eran centésimoas de segundo, para mi era una eternidad entre que me soltaba y me volvía a sujetar, cuando dejé de temblar, terminó el ejercicio.
A la mañana siguiente antes de terminar de bajar, repetimos, cerrar los ojos, girar desorientarme, y posición, pero como ya sabía yo lo que seguía empecé a llorar, temblaba sin control, pero sin soltarme, repetimos las inclinaciones, mientras Mi Amo me preguntaba si quería parar, con la cabeza decía que no, pero mi actitud parecía que era un si. De nuevo me abrazó y me tranquilizó.
Antes de salir a trabajar, repetimos, pero ya no lloré ya el miedo fue menor, me sentía más segura. Ahora hubo preguntas mientras el tiempo con los ojos abiertos fue mayor.
-Chiquita ¿Te imaginas que me da un calambre y te suelto?
Asentí con la cabeza ya que no podía hablar porque me quede sin aliento.
-Como me hubiera gustado ver la cara que pones- Dijo en tono divertido.
Al salir comentó que le daba gusto que no llorara porque arruinaría el maquillaje de mis ojos y hoy particularmente le habían gustado mucho, de nuevo me sonrojé y sonreí y con esa sonrisa me fui a trabajar.
Para el viernes por la mañana, ya no había miedo en mi, ni palpitaciones ni temblores, estaba ya totalmente confiada.
A media mañana recibí su llamada diciéndome que si tenía citas porque tenía que viajar cerca y quería que lo acompañara. Le dije que todo estaba bien y que estaría lista a la hora que me indicara. “Una hora, nos vemos en casa, lleva ropa cómoda, jeans que tanto te gusta esta bien, sandalias, o tenis”
Apenas el tiempo suficiente para cancelar todo y salir corriendo a cambiarme.
Cuando llegó estaba terminando de recoger mi pelo en una coleta.
Bajé las escaleras y me detuve en el descanso.
-¿Nos da tiempo de repetir el ejercicio?
Se rió.
-Eres una golosa de la adrenalina, anda vámonos, ya habrá tiempo.
Tomamos la autopista, el día era francamente delicioso, la música como siempre excelente, la charla ligera y la compañía inmejorable.
Yo como buen copiloto llevaba un mapa en las manos el cual dicho sea de paso, no tengo la más mínima idea de cómo usar.
-Mira- Me dijo señalando un letrero- Esta carretera tiene una desviación a la zona Arqueológica de Teotihuacan.
-Hace años que no la visito- Comenté.
-¿Quieres ir? Ahí podríamos comer.
La idea de entrada me pareció fascinante, ese contacto con las construcciones edificadas sin las facilidades de la modernidad resultan siempre atractivas para mi.
Es un encuentro con mis antepasados.
Al ingresar nos proporcionaron un mapa donde señalaban los diferentes accesos.
-Me gusta pararme al pie de la Pirámide de la Luna- Le dije. Una leve sonrisa, de esas que reconozco a veces en Mi Amo fue la respuesta.
-Ver la Calzada de Los Muertos extenderse hasta crear la sensación de que toca el horizonte me cautiva.- Comenté
-¿Y porque al pie y no desde la cima?
Temblé tan sólo de pensar en las alturas, mi acrofobia volvía a hacer acto de presencia.
-Tranquila chiquita, no te haré subir a la Pirámide de la Luna, hay un punto en donde se observa perfectamente toda la zona.
Respiré más que aliviada.
Caminamos, yo embelezada escuchando las explicaciones de Mi Amo sobre la construcción, el estilo de vida, mirando detalles que en lo común nadie repara, y si, orgullosa de cómo sabe sobre nuestras raíces.
Llegamos al pie de la imponente Pirámide del Sol. Alzar la vista y mirar a los turistas subiendo y bajando ayudados por las cadenas colocadas por las autoridades, me daba vértigo sólo pensar en tantos y tantos escalones.
Después de sacar unas fotos, y de algunas explicaciones, pasó lo que esperaba no pasara…
-Vamos a subir- Me dijo justo cuando tomaba la fotografía al pie de la Pirámide del Sol.
Un mareo se apoderó de mí, lo miré suplicante pero “casualmente” su atención estaba en otro sitio.
-Mi Amo… por favor…- las palabras no podían salir de mis labios, el estómago era un nudo, las rodillas se me doblaban.
-Te dije que te mostraría el mejor lugar para mirar el valle y que no subiríamos a la Pirámide de la Luna y soy un hombre de palabra. Déjate de tonterías y subamos, o acaso ¿Piensas dar un espectáculo a nivel internacional?- dijo mientras señalaba a los turistas.
Me sorprendí a mi misma asintiendo con la cabeza y avanzar, todo dentro de mi me decía que parara, que diera media vuelta y saliera corriendo de ahí pero no lo hice, había recibido una orden y obedecía.
Bastaron tres, si, tres pasos y me caí, ¡Por Dios! Tres pasos y ya estaba en el suelo, los turistas mirándome, Mi Amo preguntó si estaba bien, pero nunca si quería quedarme a nivel del piso, tomó mi mano y empezamos a subir.
-Fíjate donde pisas, pero no centres tanto la atención…
Fue ilustrándome en como subir, en los materiales, en las proporciones…
Las Pirámides de Teotihuacan no son de caras planas sino que están dividas en secciones, algo así como los descansos de una escalera, cada sección cuenta con una especie de terraza que permite tomar un respiro, dado que los escalones son pequeños.
Al llegar a la primera sección casi corrí a pegarme a la pared. Mi Amo me indicó que caminaríamos rodeando la Pirámide desde esa primera sección, yo iba prácticamente como lagartija pegada a la pared, sin querer ver mas que las piedras, pero Mi Amo me señalaba cosas o detalles que debía de observar y entonces lo veía caminar tan quitado de la pena por la orilla, con seguridad y aplomo, eso me ponía más nerviosa.
-Mi Amo por favor, por la orilla no- suplicaba con la esperanza de que se alejara del borde, pero no, siguió caminando así, y si, lo sé, divirtiéndose con mi manera de caminar tan particular.
Llegamos de nuevo a la escalera, faltaba para mi perspectiva, como media vida para llegar a la cima, pero a la vez me preocupaba como iba a bajar. Miraba arriba, miraba las escaleras hacia abajo y mis manos se aferraban a la cadena colocada para ayudar a las personas a subir y bajar.
-Continuemos- y extendió su mano para tomar la mía.
Iba a comenzar a subir cuando oí un “disculpe” con extraño acento y bastante apremiante, y vi a una mujer mayor que yo, de rasgos orientales, subir a toda prisa a cuatro patas la escalera, entonces pensé que era buena idea sentir así más seguridad… Una leve sonrisa se dibujó en mis labios cuando oí:
-Ni se te ocurra, a cuatro patas solo te pones para mí.
Suspiré porque a pesar del tiempo sigo sin saber como hace para saber lo que pienso.
Subimos e hicimos lo mismo al llegar a la siguiente sección, sólo que ahora estaba pensando en como iba a vivir ahí, porque no sabia ni como iba a bajar.
Al llegar a la tercera sección, Mi Amo me dijo que ya bastaba del juego de la lagartija y que dejara de hacerlo, que caminara normal.
Ciertamente todos los turistas se enfocan a subir y bajar, nadie rodea ni se asoma para otro lado, así que cuando llegamos a la parte posterior de la última sección antes de llegar a la cima, Mi Amo tomó mi mano y dijo:
-Vamos a ver que tal estuvieron las prácticas que llevamos toda la semana.
Sentí como si el mundo se abriera, pero cerré los ojos y extendí la mano… Comencé a llorar.
Inició giro a la derecha, izquierda, un cuarto regresa un paso… lo irregular del suelo hacia un poco mas complicado mi desempeño.
Entonces después de un rato cuando realmente no sabía hacia donde estaba me dijo:
-No vayas a dar un paso hacia el frente por nada del mundo- Temblé- Toma tus pantorrillas y no las sueltes, cualquier movimiento que hagas puede sacarme de equilibrio a Mi y no queremos eso ¿Cierto?
Como autómata tomé mis pantorrillas, las lágrimas eran más que evidentes, sin gimoteos ni sollozos, sólo resbalando por mi cara.
Entonces inició el ir y venir tomado de mi cadera, me inclinaba y yo temblaba…
-Por favor…- Susurré.
Entonces cuando sentí que estaba muy muy inclinada me acercó hacia El y… ¡Me soltó! Pensé en… en nada, el tiempo se me hizo realmente eterno hasta que me tomó nuevamente de la cadera y me atrajo hacia El, suspiré aliviada y justo cuando terminaba de sacar el aire me soltó nuevamente para volverme a tomar.
-Aún no abras los ojos- dijo mientras me abrazaba por la cintura- Eres muy obediente y me siento muy orgulloso de ti. Realmente te ves hermosa cuando lloras. ¿Lo hacemos de nuevo?
Mis ojos seguían cerrados inexplicablemente, mi mente y todo mi cuerpo gritaban que no, que no quería hacerlo de nuevo, pero mis labios emitieron un “Si Mi Amo”.
Besó mi cuello e indicó que tomará la posición
-Y recuerda- dijo- no vayas a dar ni medio paso al frente.
Y de nuevo hacia delante y hacia atrás, de nuevo a soltarme y a tomarme, poco a poco dejé de temblar, dejé de sentir miedo, y justo cuando me sentí mas inclinada Mi Amo dijo:
-Alza la cabeza lo más que puedas y abre los ojos.
Inhalé, alcé la cabeza y abrí los ojos y no daba crédito a lo que veía.
Mi lado izquierdo daba hacia la pared de la Pirámide y mi lado derecho al vacío, mi cara hacia la terraza, jamás había estado en la orilla como había pensado, realmente nunca estuve en riesgo mas grande que caer de bruces al suelo inmediato y no al vacío.
Mi Amo me ayudó a recobrar la vertical, me hizo girar y me abrazó.
Mi sorpresa era tal que no sabía que decir ni que pensar.
-Hoy hemos aprendido dos cosas chiquita.
-Si Mi Amo- interrumpí- que el miedo es relativo a lo que se piensa y no a lo que pasa.
Sonrió y acarició mi cabeza.
-Si también eso aprendiste pero aún más importante:
Tu fe ciega en Mí y que Yo jamás te pondría en real riesgo por nada.
Lo abracé agradecida por la lección. La última parte del ascenso fue pan comido cumplió su palabra, era la mejor vista de todo el valle y hasta fotos me saqué.
Al bajar, entrecerré los ojos, inhalé y tomé la mano de Mi Amo que me condujo sana y salva de regreso del cielo a la tierra.

Feliz a Los Pies de Mi Amo
monique[V]

¿Gusta Cooperar?

Sonó el teléfono y apenas contesté oí su divina voz al otro lado.
-Mezclilla vieja, blusa sencilla transparente, sandalias planas y tu guitarra, pasó por ti en 10 minutos, más te vale que estés afuera esperándome.
Como torpedo salí disparada a cambiarme, tomé mi guitarra y bajé corriendo las escaleras, apenas a tiempo cuando llegaba Mi Amo por mí.
Subí al auto colocando mi guitarra en la parte posterior.
Con una sonrisa lo saludé.
-Buenas tardes Mi Amo, ¿Tendremos una reunión bohemia?
Sonrió con esa sonrisa que me causa escalofríos.
-Subiremos a un autobús y cantarás una canción, después pedirás cooperación entre los pasajeros, yo estaré ahí por supuesto y nada de hacer notar que me conoces ¿Entendido?
-S…si Mi Amo
¿Cantar? ¿Cooperación? ¡Me muero!
-Si no quieres…
-No, no, si quiero Mi Amo- Interrumpí
Estacionó el auto y nos dirigimos a la parada, El a unos pasos de mí.
Al llegar un autobús no muy lleno, lo observó y me indicó que no me subiera, así que esperamos al siguiente. No entendía bien porque no cualquiera, pero no dije ni hice nada.
Al fin parecía que uno le complacía e indicó me adelantará, con la cara como tomate pedí permiso al conductor el cual me miró extrañado y aceptó.
Subimos y me coloqué junto a la puerta posterior, Mi Amo se sentó en unos de los lugares de en medio.
Con voz temblorosa y escaso equilibrio medio canté una canción, después agradecí la atención y solicité la cooperación.
Avancé con mi guitarra en la mano y acercándome a cada pasajero, extendía la mano diciendo “¿Gusta cooperar? Las monedas iban siendo colocadas.
Al llegar a donde estaba Mi Amo le dije lo mismo, me miró y dijo:
-¿No le parece que está en posición de trabajar como para andar pidiendo limosna?- Su voz era alta, estoy segura que todo el pasaje lo escuchó, mi cara me ardía ya de vergüenza.
-¿No será que está buscando cliente para otro tipo de servicios?
Las cabezas giraron y los murmullos iniciaron.
Sacando valor de no se donde, dije:
-¿Será que el caballero requiere de ese otro tipo de servicio que puedo brindarle?
Algunas exclamaciones se escucharon.
-Creo no tienes suficiente carne que agarrar- Agarrando una de mis nalgas con fuerza
-No es lo que se tenga sino como se utilice- Respondí
Una señora me miró con esa cara que ponen cuando reprueban alguna conducta.
Mirando al señor que tenia junto dijo:
-¿No le parece que esta puta no tiene nada que ofrecer?
Quería bajarme corriendo, la vergüenza era cada vez más grande.
El señor se levantó de hombros pero no dijo nada.
Tomándome del brazo bajamos del autobús, muchos ojos nos siguieron en el descenso y no dejaron de mirarnos mientras cambiaba el color del semáforo. Mi Amo puso sus manos en mis senos y los apretó con fuerza haciéndome pegar un pequeño brinco.
El autobús siguió su marcha, Mi Amo sonrió divertido.
-Otro más, ¿verdad?
Asentí con la cabeza. De nuevo no subimos a cualquiera, cuando me autorizó el conductor a subir, noté que en ese autobús tampoco iban niños, comprendí el porque la selección.
Canté y empecé a pedir la cooperación, igual que en el anterior, esperaba de nuevo la pregunta pero Mi Amo nunca deja de sorprenderme.
-¿Tu no eres la puta que me cogí anoche?- Su voz era lo bastante alta como para que nadie dejara de oírlo. Muchas caras se voltearon a mirarme.
Negué con la cabeza.
-Estoy seguro que eres tu, estas tetas tan flácidas no se olvidan- Dijo al momento de apretarme un seno.
-Creo que me gustaría repetir, eres buena cogiendo ¿Vamos?
Asentí con la cabeza, mi rostro ya no estaba rojo sino lívido.
Al momento de levantarse paso su mano por mi entrepierna, estoy segura que el pantalón ya estaba mojado.
Bajamos del autobus y sin mas dijo:
-Uno más- Y se alejó de mi lado.
Apoye la guitarra en mi pie, pensando en cual seria ahora la situación, la parada empezó a llenarse de gente, casi todos gente joven.
Llegó por detrás de mí y nuevamente con voz fuerte preguntó:
-¿Sigues cobrando lo mismo?
-S…si- alcancé a musitar.
-¿Con mamada incluida?
Obvia decir las miradas algunas disimuladas y otras descaradas que se enfocaron en nosotros.
Asentí con la cabeza.
-Vamos entonces- y me tomó por la cintura.
Las miradas nos siguieron mientras nos alejábamos, la mano de Mi Amo pasaba de una nalga a otra mientras avanzábamos.
Mi entrepierna mojada, mi clítoris palpitante, los pezones erectos, la respiración entre cortada.
Subimos al auto. Lo puso en marcha sin decir media palabra.
Pero llegando a casa dijo:
-El collar y el huevo, te espero en la cama. Te has portado bien y mi perrita merece un premio…. Sobra decir los orgasmos que me provocó.

Feliz a Los Pies de Mi Amo
monique[V]

Reencontrandome

El aire húmedo soplaba con calma, mientras mis cabellos sueltos revoloteaban frente a mi rostro.
En esa casa, parecía no haber más nadie que yo; quién me viera a la lejanía, pensaría que estaba atada con las manos y piernas separadas sobre mi cabeza.
Las gotas de sudor resbalaban por mis mejillas haciendo que algunos cabellos quedaran adheridos a mi rostro denotando cansancio.
Tenia los ojos cerrados y la cabeza caída sobre un lado, a veces parecía como si las piernas separadas me flaquearan y fuera a dejar caer mi peso en los brazos, pero tomaba aire, sacudía la cabeza y mantenía la postura.
Un golpe seco en la entre pierna me hizo emitir un leve gemido y levantar la cabeza, no cerré las piernas y con trabajos, emití una sonrisa, cuando abrí los ojos, miré a Mi Amo de frente.
La sonrisa no desapareció de mis labios, ni siquiera al notar la seriedad en la cara de Mi Dueño, yo debo estar sonriente, salvó que El me indique otra cosa.
No había barra que mantuviera mis piernas abiertas, y aún así no las cerraba, ni por el cansancio, ni por nada, la indicación fue clara y yo obedecía.
-Ven
Solté las sogas de las que me sostenía para no caer, nada me ataba, solo la voluntad de Mi Amo…
Las piernas tardaron un poco en reponerse, pero adopté la postura de una perra a cuatro patas y me acerqué a Mi Amo.
-¿Aprendimos la lección?- Me dijo con tono cariñoso.
Solo alcancé a mover la cabeza afirmativamente, pero sin levantarla.
Una ráfaga de viento logró reanimarme un poco, después de estar tanto tiempo bajo el sol, que a pesar del clima frío, me había acalorado.
-Humm no estoy muy seguro de eso- dijo moviendo la cabeza negativamente.
Mi Amo sin acariciar mi cabeza como solía hacer, me guió debajo del árbol más cercano, sobre el césped y dejando que me echarse, mientras traía un cuenco con agua, la cual me indicó a beberla.
-Despacio o te hará daño- me dijo al ver como sorbía.
Levanté los ojos agradecida, con una sonrisa sincera.
-Vamos adentro- me dijo mientras daba media vuelta y se encaminaba hacia la casa.
Avancé, siempre a 4 patas detrás de El.
La estancia era amplia, fresca, con sillones forrados en piel negra, una mesa de centro desprovista de cualquier adorno, la alfombra era mullida, suave al tacto… Agradecí interiormente ese contacto...
Subí a la mesa a 4 patas, echando la cabeza hacia abajo, levantando el culo, separando las piernas. Yo era el adorno de la mesa.
Un par de nalgadas me hicieron respingar, pero después siguieron más y más, el color de mis nalgas iba cambiando hasta lograr un rojo subido, dejando marcas de ellas.
Apreté los dientes y los labios para no emitir sonido alguno, entonces sentí un leve tirón de cabellos, la indicación para que levantara la cara. El mango del fuete bajo mi barbilla me indicó que me irguiera.
Sin bajarme de la mesa y sin cerrar las piernas, coloqué las manos detrás de la cabeza, exponiendo los senos ofrecida.
La lengua del fuete chocó contra un pezón y después contra el otro, de manera precisa y certera. Después se repiten una y otra vez, las lágrimas empezaron a surcar mi rostro.
-¿Te duele?
Moví la cabeza afirmativamente, no puedo negar lo evidente.
-Baja de ahí, buscaré quién no sea tan quejumbrosa- El tono de desdén era muy marcado.
-Por favor…- Susurré
-Cállate, ¿Desde cuando las perras inútiles hablan?
Bajé de la mesa, obedeciendo, y me dirigí lentamente hacia mi rincón, muy lentamente, esperando que me llamara para darme otra oportunidad. Un remolino de sentimientos giraba dentro de mí, no alcanzaba a entender que pasaba.
Me incitó a darme prisa, parecía que no habría más oportunidades.
-Eres lenta, torpe, quejumbrosa, cada vez más inútil.
Las lágrimas iban en aumento, con pequeños sollozos acompañándolas.
Mi rincón de castigo estaba en la parte más alejada de la cocina, apenas con una frazada para no quedar en contacto con el suelo.
Me coloqué en mi lugar, no sin antes mirar a Mi Amo solicitando su perdón. Tal vez me dejaría dormir a los pies de su cama al menos.
-Tú no aprendes o no quieres aprender, no sabes tu lugar o no quieres saberlo, pero aprenderás, vaya que aprenderás.
Me recosté hecha un ovillo escondiendo la cara no con resignación, pero si con muchas ideas en mi cabeza. Me sentía enojada conmigo misma por no poder complacerlo, tanto que me esmeraba en ser mejor y no daba resultado, algo estaba haciendo mal y no entendía que era, pero no recurriría al camino fácil de preguntar que era, tenía que encontrar la razón por mis medios.
Los primeros rayos de sol me despertaron, estaba adolorida por la postura, moví lo más que pude los músculos para desentumirlos. Esperaba que Mi Amo apareciera pronto, necesitaba orinar.
A los pocos minutos apareció, me miró y le sonreí, sentía que mi aspecto era terrible. Mi Amo se apiadó de mí permitiéndome ponerme en pie.
-Ve a asearte, después desayunaremos.-Me dijo señalando hacia el jardín.
Lo miré un poco desconcertada, caminé titubeante.
El aspersor estaba puesto a medio jardín, bajé la cabeza y suspiré, no tendría un baño caliente. Las primeras gotas de agua fría chocaron contra mi piel produciéndome leves espasmos, al poco estaba empapada, temblando de frío pasé mis manos por el cuerpo, sacudí mis cabellos y busqué con que enjabonarme, a un lado había un jabón de pasta para ropa, no cabía duda, con eso debería hacerlo. Llené mi cuerpo de jabón y el pelo lo mas rápido posible, no podía ya controlar los espasmos y mis manos empezaban a ser torpes, traté de darme prisa para enjuagar cada parte, poniendo especial atención en mi entre pierna.
Cuando al fin logré enjuagarme, me alejé del agua, pegando los brazos a mi cuerpo tratando de recuperar un poco el calor, miré hacia la casa y Mi Amo me observaba pero sin hacer ningún ademán o gesto que me indicará lo que debía hacer.
Me quedé parada, temblando, con el cabello enredado y mi cabeza sin entender que pasaba.
Unos minutos pasaron que me supieron a eternidad antes de que Mi Amo me diera una toalla para secarme.
Mientras titiritaba trataba de controlarme, El me enredó en la toalla mientras las lágrimas empezaban a bajar por mis mejillas, la contracción muscular comenzaba a doler y debía relajarme, trataba de respirar profundamente, pero el llanto no me lo permitía.
-¿Enojada?- Me preguntó.
Negué con la cabeza, porque no era enojo, era incomprensión.
-¿Segura?- Inquirió.
Aseveré con la cabeza.
Mi Amo frotó mis brazos sobre la toalla, después las piernas, la espalda… El calor poco a poco regresaba a mi. Quien me mirara diría que tenía un aspecto realmente patético: el cabello hecho una maraña, la espalda encorvada, ojeras profundas en los ojos, los labios resecos y sin color, mirada apagada, manos y rodillas raspadas, sentía el alma dolida.
-Anda vamos a desayunar.
Pensé en café, tostadas, miel, fruta, jugo… tenia tanta hambre.
Al entrar en la cocina encontré un amasijo formado por avena y frutas en un plato puesto en el rincón de la cocina. Parecía que ni en ese momento seria tratada como persona. Retomé en ese momento mi postura a 4 patas, las rodillas me dolían.
Comí despacio tratando de no ensuciarme la cara, la mezcla no sabía mal, y debía tener miel o algo porque era dulce y pegajosa.
Junto había un cuenco con agua, lo sorbí despacio.
Sin poder evitarlo, empecé a llorar de nuevo, seguía sin comprender porque no había una tregua, porque el trato de esa manera. Eran dos días ya y ni siquiera una palabra amable, ni siquiera una razón de los castigos.
De reojo miré a Mi Amo quien me observaba inconmovible. Lo adoraba, lo amaba hasta la locura, ¿Qué era lo que hacia mal? Traté de repasar las órdenes y mi reacción, siempre tratando de hacerlo mejor, de ser exacta, precisa, no encontraba la falla, pero las cosas no salían como pensé que saldrían, me concentraba en obedecerlo, algo estaba haciendo mal, pero no me doblaría, no me daría por vencida, lograría verlo de nuevo complacido como antes.
-Ven acá.
Moviéndome lo más rápido posible me puse a sus pies.
Agaché la cabeza y sacando la lengua lo más que pude, recorrí alrededor de mi boca, buscando restos de esa cosa que me dio a desayunar.
-“Perfecto”- pensé- ni un solo rastro de comida- Entonces levante la cara y sonreí.
-Cariño sube a ponerte un vestido lindo, el verde te quedará perfecto, iremos a dar un paseo, si quieres báñate de nuevo, creo que ese cabello necesita de un buen shampoo. Maquíllate como te gusta, quiero que te sientas tan hermosa como eres.
-“¿Cómo? No entiendo- pensaba- ¿El verde? Ese vestido es tan normal… ¿Bañarme de nuevo? No me dijo si podía usar agua caliente o no, usaré la fría para que no crea que abuso…
Mi cabeza seguía así mil ideas de cómo ser “mejor”
-No olvides usar agua caliente linda, el agua fría no te sienta bien- su tono era cariñoso.
-“¿Qué pasa ahora? – seguía pensando.
El agua caliente era una verdadera delicia, casi logra hacer que olvidara lo que pasaba, pero reaccioné y me di prisa, sequé mi pelo, lo peiné, me maquillé deteniéndome en los ojos un poco mas, al momento de irme a vestir un pensamiento más llegó a mi “la tanga, no me dijo si ponerme ni cual” Sentí pánico…
-¿Lista?- Dijo entrando a la habitación.
Yo petrificada, peinada y maquillada pero desnuda, parada a media pieza, sin lograr emitir un solo sonido.
-¿Qué pasa?- Dijo con voz tranquila.
- L…a ropa interior, n…o me dijo que hacer.- Empecé a temblar, a sollozar.
-Cariño- dijo al abrazarme- Usa la que quieras, la que tu gustes.
-“¿Cómo? ¿La que yo quiera? Si, seguro se cansó de mi incompetencia, seguro es eso, seguro me tratara lindo ahora para que cuando me diga que todo terminó, no me sienta mas culpable”- Mi cabeza seguía así.
-¿Sabes que me gustaría?- preguntó mientras íbamos en el auto.
-“Ay, pregunta, examen, piensa en la respuesta correcta, vamos, piensa,…”
-Ir al cine- dijo interrumpiendo mis pensamientos. ¿Cómo iba a adivinarlo? Una falla mas, ¡Demonios! No logro ser mejor.
Fuimos al cine, tomó mi mano antes de entrar, me preguntó por la película que me gustaría, todo tan normal, tan lindo, tan… “no no, alerta, no te distraigas, atenta” mi cabeza seguía ahí recordándome.
Después fuimos a comer, comida china, mi favorita, me conoce tan bien y yo…
Guardé silencio en el trayecto de regreso, la música llenaba el auto y Mi Amo tarareaba, bromeaba, yo reía, me sentía embelezada a su lado “atenta, no te distraigas, atenta” esos pensamientos me tensaban, “la sonrisa, no mires a los ojos, no niegues, lista, atenta”
-¿Recuerdas como se llama este tema?
-“No, no puede ser, ¿Cómo se llama? Vamos acuérdate…” Comencé a llorar.
Mi Amo me miró, no dijo nada y estacionó el auto en un parque. Me indicó bajar y caminamos a una banca bajo un árbol hermoso. El viento frío empezaba a soplar.
-¿Dónde se fue?
-“¿Quién? ¿De quien me habla? Piensa anda vamos, piensa”
-¿Sabes? Piensas demasiado, piensas de más, ¿Por qué estas así?
-Mi Amo, ¿Puedo hablar libremente?
-Siempre.
- No sé que hacer Mi Amo, no sé que espera de mi, siempre trato de hacer cosas que le gusten, pero nunca me dice si le gustan o no, dice que no le molestan, pero no que le gustan. A veces me trata con la punta del pie y me regaña, yo me esmero, pero no logro hacer que me diga que le gusta lo que hago, y así sin más, me trata lindo, sin merecérmelo, porque ya fallé… algunas fantasías que tenía simplemente ya no podrán ser…- El llanto impidió que pudiera seguir.
Escondí la cara entre las manos, me dolía el alma… Mi Amo esperó, esperó a que me calmara, a que estuviera mas tranquila para hablar.
-Alza la cara, y pon atención.
Inhalé, limpié mis ojos… “atenta, no te desconcentres, atenta, no puedes fallar mas”.
-Deja de pensar linda, de esa manera te estas acabando sola.
Realmente me sorprende la manera en que me conoce.
-Te voy a hacer unas preguntas, no es un examen, acá no hay exámenes, no hay respuestas correctas e incorrectas, sólo respuestas sinceras ¿Está claro?
-Si Mi Amo.
- ¿Por qué dices que no sabes que hacer?
- Porque un día me da una indicación, la aprendo, la ensayo y resulta que a la siguiente vez, las cosas ya no se hacen así.
- ¿Por qué dices que no sabes que espero de ti?
-Porque nunca sé como debo de reaccionar correctamente.
-¿Quién te dijo que no me gusta lo que haces?
-Cuando le pregunto si le gustan o me dice que no le molesta o me responde como si nada, o no me responde.
-Mmmmmm, ¿Quién dijo que no te mereces que te trate lindo?
-Pues yo, si no hago bien las cosas, es lógico que no me lo merezco.
-¿Y quien te dijo que no lo hiciste bien?
-Pues yo, porque no me lo dice.
-Mmmmm, ¿Te molesta que te trate con la punta del pie a veces y otras lindo?
-No, de verdad no me molesta que lo haga, me desconcierta que no se cuando es porque y cuando es para que.
-¿Recuerdas que te dije que mi responsabilidad era que estuvieras segura, protegida?
Afirmé con la cabeza. Una pareja pasó en ese momento, haciéndonos callar unos segundos, empezaba a refrescar y yo por consiguiente a temblar.
-A veces debo protegerte hasta de ti misma, algunas de tus fantasías, no son para ti, en vez de disfrutarlas, te dañarían física y emocionalmente, no es por no querer que también vivas las cosas, es solo que te conozco y algunas de ellas no son para ti. La mayoría las has vivido ¿O no? Incluso muchas que no te atreviste en su momento a decirme- Sonrió con complicidad.
Nuevamente mostraba cuan inconsciente había sido yo, cuan egoísta me estaba volviendo. Me conocía y me conocía bien.
-¿Me quieres? ¿Te gusta ser mi esclava?
-Mi Amo, lo adoro con toda mi alma, si no me gustara ser su esclava, no trataría de ser perfecta.
-¿Perfecta? No existe la perfección, te diré lo que veo.
-Por favor.
-Cuando iniciamos esto, eras natural, eras tu misma, no necesitabas un porque ni un para que, te bastaba obedecer y disfrutabas obedeciendo, fuera cual fuera la orden. No necesitabas explicaciones tu placer nato era obedecer. Ahora has dejado de obedecer para mi, haces las cosas para ti, por eso ya no te causan placer como antes, tu placer radica en obedecerme para mi y por mi, ahora estas en una competencia contigo misma, te está segando la soberbia y el orgullo, estos dos días, son una muestra de lo que haces, te has esmerado en ser mejor que tu misma, no en complacerme sino en ser mejor, eso… eso no te motiva a sonreir desde dentro linda, ahora necesitas la certeza de que acepto y disfruto lo que haces, ahora piensas mas en “ser mejor” que en “ser tu misma”.
Lo miraba, me sorprendía lo que decía, y no dejaba de tener razón. Hizo una breve pausa y continuó.
- Me gusta, me gusta saber que estas ahí, me gusta tu disposición, me gusta abrazarte o cogerte, y saber que puedo hacerlo, no como lo haces, sino que lo haces por mi y para mi, me gusta ver que disfrutas tanto si te hago llorar como si te trato como una reina…
-Pero… ¿Qué hay de malo en que me lo diga?- Interrumpí.
-No, de malo no hay nada, te lo estoy diciendo ¿o no? Ni tu ni yo estamos juntos por otra cosa que por el gusto de estar, por el placer de estar, si no me gustara lo que eres y lo que haces no estarías conmigo. Siempre estoy controlando tu entorno, cuidando tu respiración, tus reacciones. Si no me sintiera complacido, ni siquiera te pondría en aprietos, ¿Para que iba gastarme en algo que no me da placer? El detalle está en que las cosas así como las estas llevando no funcionan y no sólo no funcionan para mi, sino que tampoco para ti, piensa, ¿Cómo eras mas feliz? ¿Obedeciendo y estando o luchando contra ti misma?
Sentí tanta admiración por Mi Amo, más de la que ya sentía, aumento mi respeto por El, mi amor por El, una sensación de paz iba apoderándose de mi, una sensación que tenia mucho que no sentía.
-Pero… ¿Y todo eso que he leído? ¿El protocolo? ¿Los rituales? ¿Dónde queda eso de “saber lo que quiere y lo que piensa”?
Sonrió, movió la cabeza, me miró.
-Linda, eres tan romántica que si te dijeran que las esclavas deberían de saber volar, ya te veo lanzándote de los edificios intentado mostrarme que eres tan esclava como la que mas.
Sonreí, ciertamente creo eso mismo haría.
-Cada relación es diferente, cada una se finca en las bases que dan ambas partes, tú eres mi esclava, porque tu carácter es de sumisión, y las características de tu sumisión se acoplan a mis necesidades. Lo que has leído, son historias, unas reales, otras inventadas que plasman deseos y fantasías, tú eres real, yo soy real, lo nuestro es real, no te deshagas por lo que pasó y mucho menos por lo que no ha pasado, tenemos nuestro aquí y ahora.
-¿Te gusta sentir las lágrimas rodando por tus mejillas?
-Depende de que provoqué esas lágrimas.
-¿Lo ves? ¿Recuerda la sensación la primera vez que te metí castigada debajo del escritorio? ¿Lloraste? ¿Te dolió? ¿Lo disfrutaste?
-Si, cierro lo ojos y vuelvo a sentirlo Mi Amo, fue tan intenso, tan… excitante. Lloré como loca, me dolía el alma, lo disfruté tanto.
-¿Y cuando te usó para apoyar mis pies mientras veo una película?
-Si Mi Amo- dije emocionada, me gusta, lo disfruto mucho.
-¿Necesitaste una razón para hacerlo? ¿Necesitaste saber porque “te castigue”?
- Hummm no, realmente no pensé en eso, solo… Lo hice.
-¿Cuándo nos dormimos abrazados?
-Eso, eso es sensacional Mi Amo, poder dormirme entre sus brazos, sentir su respiración, su protección…
-Toda orden, indicación, acción son para ese momento, no para crear un manual. Si me da la gana llevarte al cine, lo hago y si me da la gana que te bañes con agua fría, lo hago, yo doy las órdenes, ese es mi privilegio, tu privilegio es obedecer o no obedecer.
Apreté los ojos tratando de contenerme, el impulso de tirarme a sus pies era tan fuerte que casi no lo logro. Estaba tan agradecida con sus palabras, con su preocupación hacia mí…
Tomó mis manos, miró mis ojos y dijo:
-Eres mía y solo mía, hasta en momentos en que tu no sabes donde estas parada, sin mas razón porque quiero que lo seas y porque quieres serlo, en el momento en que uno de los dos no quiera, esto se termina…
Lo miré alarmada.
-¿Eres mi perra?
-Siempre Mi Amo, suya y solo suya.
Sonrió, con un ademán me indicó que regresaríamos al auto.
Sé que voy a llorar, que me va a doler, y lo mejor de todo, se que voy a obedecer, por el placer de obedecerlo.
Mis lágrimas son suyas, mis sonrisas son suyas, toda yo soy suya, no necesito mas razones, El tomará de mi lo que quiera y de nuevo sentiré ese placer en dárselo en la cantidad que lo requiera.
Publicado el 21/01/08
Feliz a Los Pies de Mi Amo
monique[V]

domingo, 27 de septiembre de 2009

La Mesa del Fondo.

Cada tarde sin falta y a la misma hora, me acomodaba en las sillas que dan a la calle de esa cafetería situada en la avenida frente al parque.
Para entrar, había que bajar unos 5 escalones, lo que situaba las ventanas al ras de la banqueta, dando una vista surrealista de la calle. Estaba decorada en tonos de verde, y la iluminación no era exagerada, Tenia plantas situadas en partes estratégicas, más bien dando un toque de intimidad.
El aroma a café llenaba el ambiente y una música muy suave daba el toque perfecto para poder abandonarme a mi pasatiempo favorito.
La mesa del fondo pegada a las ventanas era mi favorita, desde ahí podía mirar toda clase de zapatos, zapatillas, medias, pies… sandalias… hummmm
Según la época del año, cambiaban de abiertos y con finas cintas, a botas de todo tipo… Todo un banquete óptico que estimulaba mis sentidos.
En las épocas de fiestas, los pies eran adornados por todo un repertorio de medias, desde las comunes y corrientes de nylon, arrugadas en las articulaciones, hasta decoradas y de malla.
Tal vez es que no reparaba en ellos, pero casi todos esos pies, eran femeninos.
Desde hacia unas semanas, cada viernes sin falta, aparecían esas medias de malla, con costura detrás enmarcando unas piernas perfectas, rematando con unas zapatillas de tacón muy fino y altísimo.
La dueña se paseaba unos minutos por frente a la ventana, se paraba exactamente frente a mi, cambiaba de posición, giraba, cualquiera diría que estaba modelando para mi pero… No, eso era imposible, nadie sabia que podía estar haciendo yo, frente a mi Express cortado, y la mirada perdida en la ventana…
Nunca en sábado, sólo los viernes… empecé a desear que fueran viernes todos los días, esperando mirar esas medias, esas zapatillas, ese ir y venir, pero nada…
La mesera que me atendía, ya no preguntaba que quería, me recibía con mi café Express cortado y siempre con una amplia sonrisa y un leve rubor en sus mejillas, poseía unos hermosos ojos color miel, una boca con una muy bien alineada dentadura… Por impulso, por reflejo, por morbo o curiosidad bajaba la vista cuando se retiraba tratando de mirar sus pies, pero el uniforme espantoso que usaban con falda hasta el piso y muy amplio, supongo con “crinolina” debajo, me impedía mirar… Debo reconocer que su andar era singular, el vaivén de sus caderas… Suspiré y regresé a mi postura habitual, esperando que aparecieran esas medias, esas hermosas medias negras… Dieron las 6 y llamé para pedir la cuenta.
-¿Se retira Señor?
-Si, he estado mucho tiempo acá, ¿Me da mi cuenta por favor?
Suspiró, titubeo un poco y dijo:
-¿Por qué no espera un poco mas? Total, un café más no le sentará mal.
-Hummm, si, tiene razón, 15 minutos podrían hacer la diferencia…
El café me fue servido por otra mesera y cuando iba a preguntar por mi mesera habitual de todos los días, miré incrédulo aparecer las medias frente a la ventana… La sangre pareció retirarse de mi cara para dirigirse a otra parte de mi cuerpo, mi respiración se agitó y tuve un primer impulso de lanzarme contra la ventana para besar esos pies angelicales…
-¿Señor? ¿Se siente bien?- fui cuestionado por la segunda mesera, con un tono preocupado y cortando ese primer impulso.
-S…i gracias.
Me reacomodé en mi silla a contemplar la razón de mi asistencia.
Camino lento, de un lado a otro, justo frente a mi giró, cambio posturas, juraría, me cortaría la cabeza de que lo hacia a propósito… Después de un rato, se marchó…
Dejé unos billetes sobre la mesa lo más rápido que pude y salí a buscar a la dueña de esas medias, de esas criminales zapatillas de tacón… Tarde, ni rastros de ella… Mi corazón parecía partirse… Caminé a casa, pensando, saboreando la imagen…
Viernes 4:30 en punto, entro en la cafetería, el día se me ha hecho eterno, sabía que ella estaría, pero ahora no esperaría a ver que se marchara, me pondría cerca de la puerta, y aunque no la viera caminar y girar, podría alcanzarla cuando apareciera… La mesera de siempre se acercó a mí con gesto adusto, noté su caminar… Hummm no sé, tal vez molesto.
-¿No irá a la mesa de siempre? Cuestionó con un tono que más que pregunta parecía un reclamo.
-No, hoy quiero estar cerca de la puerta.
Meneó la cabeza, giró sobre sus talones y se fue… 5 minutos después otra mesera me sirvió mi café… un café americano. Estaba tan absorto mirando por la ventana que no lo noté hasta que di el primer sorbo.
-¡Señorita! ¿Se puede saber porque me trajo este café?
-Lo siento Señor, Marissa me indicó que traerle antes de irse.
-¿Y quién diablos es Marissa?
-La mesera que lo atiende normalmente, pero en seguida se lo cambio.
“Marissa” me repetí para mis adentros, ¡vaya! Tantas y tantas tardes y no había reparado en su nombre.
Dirigí mi mirada a la ventana, dieron las 6 y nada, no aparecieron esas medias, esas zapatillas. Me preocupé, era la primera vez que faltaba a nuestra cita.
Tal vez, en el alegato del café ella se presentó y no la vi.… No, ella está ahí 15 minutos exactos, y es tan puntual.
Una sonrisa se dibujo en mis labios “nuestra cita” una cita a donde ella no se imaginaba que le extrañaría por no asistir. Pero mañana, mañana será el día.
Pagué y me retiré, pensando en el día de mañana.
Llegué media hora más temprano, y miré a Marissa torcer la boca en el momento en que me situaba en la mesa junto a la puerta.
-Señor, esta mesa es muy incómoda, se puede resfriar con las corrientes de aire, ¿Por qué no regresa a su mesa de siempre?
-Pues porque… óigame ¿Pero a final de cuentas no es asunto suyo?
Su rostro enrojeció, giró sobre sus talones pero alcancé a oír que murmuraba “Es mas asunto mío de lo que piensa” y se fue.
Esperé mi café y después de 15 minutos, llamé a Marissa para preguntarle porque no me había traído mi café.
-Esta… Esta no es mi mesa, así que no es asunto mío- y se fue, no supe si reírme o enojarme con su desplante, opté por lo primero, no pensaba ponerme de mal humor.
De nuevo las 6, pagué a “mi nueva mesera” alcé la mano para despedirme de Marissa, pero me dio la espalda… Que mujer más celosa de sus clientes.
Tuve que salir de la ciudad por motivos de trabajo, y para distraerme al salir de tanta junta y reunión, caminé por las calles, me encontré con una exposición del calzado… Tantas zapatillas, sandalias, botas, mujeres portando zapatos con plataformas que desafiaban la gravedad, luciéndolas con tanta naturalidad que cualquiera diría que nacieron con ellas puestas. La pasarela fue la puntilla que me hizo casi enloquecer, mirar a todas esas mujeres desfilando ante mis ojos, tan a la mano y tan lejos a la vez… Sudaba copiosamente, mil pensamientos me invadían, llegué a mi hotel y subí a la habitación, recostandome con toda la intención de pensar en mis medias de malla, con la costura detrás, con esos tacones y al cerrar los ojos dispuesto a hacerme una paja, la cara de Marissa apareció ante mi, su voz, sus caderas moviendo esa falda horrorosa… No, eso no podía ser, me levanté, me di un baño y decidí dormir.
Al regresar a mi ciudad, pasé a la cafetería, no era el horario habitual, así que regresé a mi mesa de siempre.
Marissa se acercó con cara de disgusto.
-¿Dónde se metió todos estos días? ¿Acaso ahora visita otra cafetería?
No pude menos que reírme, está mujer no sabia de límites.
Le sonreí sin responder y le pedí mi café… Express cortado por supuesto.
-Le trajeron esta nota cuando estuvo ausente- Me dijo Marissa mientras me extendía un sobre rotulado “al caballero de la mesa del fondo”
Mis manos temblaron ante el rotulo…
-¿Quién? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Cómo es?- Pregunté casi sin aire por la excitación.
Marissa sonrió estoy seguro que sonrió con burla y satisfacción.
-Una Señora, me la dio en la mano mientras señalaba su mesa, hace unos días, no me fijé bien como era, pero traía unas medias de malla y unas zapatillas de tacón de aguja muy altos.
-Gra…cias- alcancé a decir.
Sentí el sudor correr por mi frente mientras abría el sobre. Saqué la hoja escrita con una letra deliciosa y un aroma a “Amarige” que despedía suavemente.
“Haz sido un niño muy malo por ausentarte sin avisar, y eso no puede ser pasado por alto…” Mis ojos se abrieron como platos al leer esas palabras.
“… El viernes en punto de las 4 te quiero en tu mesa de siempre, ten mucho cuidado de no seguir con esos cambios de mesa”
-Viernes… ¡Mañana es Viernes!- exclamé casi con un grito. La gente a mi alrededor me miraba con gesto de extrañeza, lo cual me hizo darme cuenta donde estaba. Ni siquiera tomé mi café, pagué y salí.
Caminé un poco para tranquilizarme, el viento era fresco y removía las hojas secas de los árboles… “Mañana, mañana la conoceré”
Fui a casa y me metí a la cama, como si durmiendo el día pasara más rápido.
Me levanté temprano, me reporté enfermo en la oficina y fui a la barbería, una buena rasurada, un corte de cabello, regresé a casa y busqué la ropa que pudiera ser la adecuada al tan esperado momento, salí una hora antes… Caminé lento, tratando de calmarme… Miré una florería, pero no sabía que flores le gustarían… ¿Dulces? ¿Chocolates? No, nada, mejor nada, y así llegué media hora antes a la cafetería.
Me fui a mi mesa, y Marissa con una extraña sonrisa me sirvió mi café.
Las 4 en punto, mis ojos viajaban de la ventana a la puerta, cuando las vi. aparecer por la ventana, esas medias, esas zapatillas, esa costura que enfatizaba unas hermosas piernas… Me quedé paralizado, mirando, tratándo de contener esa excitación que en mi despertaba… Miraba la puerta, esperando que se dirigiera a ella, caminó a un lado, al otro, giró, posó y… y se fue… Esperé hasta las 7 y nada, no apareció, 15 minutos estuvo frente a mí, pero nunca entró.
Pagué y me fui… Una sensación de frustración me invadía…
Al otro día llegué a la hora de siempre, me senté, pero esta vez de espaldas a la ventana, no quería ver nada, no quería saber nada…
-¿Señor…?
-Mi café de siempre- Interrumpí a Marissa.
-Le han dejado otra nota.
Lentamente alce la cara, tomé el sobre… lo abrí… de nuevo el aroma…
No me atrevía a leerla... Tomé aire y procedí:
"Buen chico, así es como me gusta que seas, obediente, buen chico, me haces sentir orgullosa. Tal vez pronto te conceda besar mis pies ¿Eso te gustaría? Lo sé, pronto, más pronto de lo que piensas"
Mi respiración era por demás agitada, el sudor perlaba mi frente, mi mirada estaba clavada en esas frases.
Una servilleta cayó a mi lado, por instinto me agaché a levantarla y ahí estaban a un palmo de mi rostro, esas medias, esas zapatillas, ese aroma a Amarige… Quedé pretificado sin saber que hacer, no podía mover un solo músculo.
-Levántate- Sonó una voz autoritaria- y sígueme.
Miré girar los zapatos y me levanté, no podía dejar que se fuera sin mí…
La miraba de espaldas, pisando con firmeza haciendo sonar sus zapatillas de tacón de aguja, sus piernas torneadas eran coronadas por una cadera cautivadora con un vaivén que me pareció familiar… Un vestido negro, ajustado dejaba ver una silueta seductora, apetecible, y una larga cabellera ondeaba por su espalda.
-¿Marissa?- pregunté al momento de tomarla del brazo al salir de la cafetería,
Ella giró, su rostro era firme, con una leve sonrisa, un maquillaje que acentuaba sus hermosos ojos…
-Jamás me volverás a llamar por mi nombre, cuando te dirijas a mi, será como “Señora” o “Mi Señora” ¿Está claro?
Una oleada de excitación recorrió mi cuerpo y se situó justo entre mis piernas.
-Ss…i
-Si ¿Qué?
-Si Mi Señora.
-Buen chico, hoy sabremos de que estás hecho y veremos si realmente mereces besar mis pies y hasta tal vez hagamos algo por ese bulto que hay entre tus piernas.
Mi cara enrojeció al sentirme descubierto.
La miré emprender la marcha, con la vista fija en esos pies, esas medias… Y la seguí, ya vería que tendría que hacer para besar esos pies, y por calmar este “bulto” delator entre mis piernas.