Situaciones

Relatos de Situaciones

viernes, 14 de agosto de 2009

Un Juguete.

-Chiquta, vamos a hacer un viaje, así que prepara tu equipaje. Tengo ganas de usar un juguete de manera diferente.
Mi Amo veía como mi cara iba cambiando con la noticia, realmente me gustaba vacacionar con Él.
Me ordenó tener lista mi maleta para el jueves, Él tenía que hacer un viaje de negocios, entonces nos encontraríamos en nuestro destino vacacional.
Debería de estar puntual en el aeropuerto y Él pasaría por mi, ya que su vuelo arribaria un poco antes.
El miércoles era yo todo carreras con los preparativos y dejando todos los asuntos de trabajo resueltos para no tener problemas. Checar las baterias, la ropa, los juguetes, ¿A cual se referiría Mi Amo?
El jueves llegué al aeropuerto sin contratiempo, en cuanto abandoné de la sala de llegadas, busqué a Mi Amo con la mirada y entonces sonó mi teléfono celular.
-No podré pasar por ti, tuve un pequeño contratiempo, pero alguien te llevará a nuestro hotel, se amable, y disfrútalo- Ese tono de voz, parecía que le divertia no haber ido por mi y sobre todo, el énfasis en ser obediente y divertirme… Algo más había ahí.
Dí unos pasos y miré a una mujer, más o menos de mi edad, guapa, de buen porte, sosteniendo un letrero donde se leía mi nombre, me acerqué a ella y me identifique.
-Mucho gusto, tengo indicaciones de llevarte a tu hotel, vamos a mi auto- Me extendió su mano e hizo el ademán normal de saludar de beso en la mejilla, pero debía tener mala punteria, porque me planto el beso a media boca, yo abrí los ojos como Piolin y contuve el aliento, pero no dije nada.
Nos enfilamos hacia el estacionamiento en silencio, hasta llegar a una camioneta, acomodamos mi equipaje y me subí con calma.
-¿Tu viaje estuvo bien?
-Si muy amable en preguntar… Disculpe, no me ha dicho su nombre.
El silencio fue la respuesta, así que no insisti, total, que más me daba como se llamara.
Su mano derecha se desprendió del volante de manera casi desenfadada y la colocó sobre mi asiento, sin ningún disimulo baje la mirada para observar que movientos hacia con la mano, estaba segura que acariciaba el asiento y acercaba su mano a mi pierna.
Me acomodé en el asiento, aclaré la garganta, pero nada, la mano seguía su camino a mi pierna.
Cuando descaradamente acarició mi muslo...
-Pues no se que opine, pero creo que se está tomando mucha confianza ¿no le parece?- le comenté.
Apretó su mano en mi muslo sacándome un gemido, giró a mirarme y con una sonrisa respondió:
-No, y eso que apenas comienzo.
Justo en el momento en que iba a quitar su mano de mi pierna, sonó de nuevo el celular...
-¿Todo bien chiquita?-
-Mi Amo, está señora le ha agarrado cariño a mi pierna.
Escuche la risa de Mi Amo al otro lado del teléfono.
-Déjate hacer, quiero que cuando llegues al hotel estés lista- Y colgó.
¿Lista? ¿Lista para qué? Pensé.
Entramos en un estacionamiento subterráneo. Se estacionó en un lugar apartado.
La miré, pero no dije nada. Se bajó de la camioneta y subió por la puerta de atrás.
-Pon las manos detrás del asiento- Obedecí, y comenzaba a temblar.
“Dejate hacer” había sido la orden de Mi Amo.
Colocó unas esposas en mis muñecas y de inmediato puso sus manos desde atrás sobre mis senos, los acarició… Yo temblaba…
Desabotonó mi blusa, sin ninguna prisa, dejando fuera mi sujetador, dio un pequeño pellizco a mis pezones, parecía que sabia exactamente cuanta presión ejercer…
Levantó el sujetador dejando al aire mis senos, un gemido escapó de mis labios y sin darme cuenta, separé las piernas.
-Eres tan puta como me dijo Tu Amo, ni se te vaya a ocurrir gritar- Me susurró al oido y pasó la punta de la lengua por toda mi oreja, bajando por el cuello… Mis senos subían y bajaban al compás de mi respiración agitada…
El estacionamamiento estaba particularmente solo, lo cual me provocaba sentimientos encontrados… No había nadie que nos viera, lo cual no aumentaria mi vergüenza, pero por otro lado, nadie podría ayudarme si algo pasaba.
Justo pensaba en eso, cuándo recordé que Mi Amo había sido explícito: “dejate hacer” era la orden, y yo taaannnn abnegada que soy, pues…
La mujer accionó la palanca que hace reclinar el asiento, dejándome casi acostada, esposada y en esa posición, estaba mas que a su merced. Bajó también el respaldo del otro asiento.
Descendió de la camioneta y abrió la puerta de mi lado, se quedó ahí de pie, recorrió con solo un leve roce de la yema de sus dedos mis piernas, lentamente, primero por fuera, luego por encima, luego por dentro… Cuando se acercaba a mi coño, aguante la respiración, sentia la tanga toda empapada… Sus dedos se detuvieron y empezaron el roce de nuevo, mientras sus labios se cerraban en uno de mis pezones, que ya estaban duros y erectos a estas alturas…
Lo lamió, lo chupó, su lengua jugó con el mientras sus dedos rozaban suavemente mis piernas… cuando estaban por llegar a mi coño, sus dientes se clavaron en mi pezón a la vez que me daba un manazo bastante fuerte justo entre mis piernas… Lancé un leve gritó que trate de contener apretando los labios… Sus dientes no soltaban mi pezón sino por el contrario, lo jalaban…
Subitamente, me soltó, y de un tirón me quitó la tanga.
-Abre bien esas piernas de puta, estás toda escurriendo, eres un zorra caliente. Esta tanguita servirá más dentro que fuera.
-No por favor… -Alcancé a musitar, sin éxito… Metió cada centímetro de la tanga en mi coño, y aunque traté de oponerme, se quedó en un intento…
Sus dedos ahora jugaban con mi clitoris, mientras la otra mano se ocupaba de mi otro pezon. Lo retorcia, jalaba y golpeaba… mientras sus dedos me frotaban ahora con mas rapidez…
-¿Te quieres correr?
-No- articularon mis labios, pero todo mi cuerpo se retocia dicendo que si.
-Sólo Mi Amo puede dar la autirización para correrme, nadie más tiene ese poder.
Sus dedos arrementieron con mas velocidad, yo sentía que no podría aguantar más.
-Mi Amo, Mi Amo- empecé a gemir entrecortadamente, cerrando los ojos mientras seguia con mi lucha por no correrme...
-Ni se te ocurra correrte o lo pagarás- Ordenó Mi Amo que ya estaba sentado junto a mi del lado del conductor.
Mis ojos lo buscaron a la vez que mi cuerpo luchaba por contener el orgasmo cuando la tanga fue sacada de golpe de mi coño, haciendome gritar.
-Solo queria ayudarte a obedecer querida- Me dijo la mujer en un tono bastante hipócrita.
Cuando mi cuerpo recobró la calma y mi respiración su ritmo, levantaron el respaldo y soltaron mis manos, la mujer abrió la puerta.
-Pásate para atrás, fue la orden de Mi Amo.
Obedecí y la mujer se situó junto a Él.
Hicimos una parada en un restaurante para comer algo, yo con la falda corta sin tanga, me sentía algo incómoda y la mujer con un vestido que le llegaba casi a las rodillas, de gasa, escote discreto, zapatillas no demasiado altas, que torneaban bien sus piernas, el color de la tela, resaltaba con su piel y la forma del vestido, resaltaba con buen gusto su figura. El contraste entre ella y yo era evidente sin lugar a dudas.
-Abre las piernas.
-Pero Mi Amo no tengo tanga…
-¿Pregunté?
Moví la cabeza negativamente y abrí ligeramente las piernas.
-Te sientes muy simpática hoy ¿verdad?
Mi cara adquiria un hermoso tono rojo, mientras mis piernas se iban separando… Un señor sentado exactamente frente a mi, puso una expresión en su cara, que me hubiera reido mucho sino fuera porque yo era el motivo de esa expresión.
-¿Puede acompañarme al tocador?- Le preguntó la mujer.
Y esa sonrisa de Mi Amo apareció y de nuevo empecé a temblar.
Asintió con la cabeza, así que me levanté y acompañé a la señora esa al tocador.
Nada mas al entrar yo, cerró con seguro la puerta, me tomó por el cuello y me besó…
Los ojos de Piolín aparecieron de nuevo en mi cara, a la vez que la apartaba de mi.
-¿Se ha vuelto loca?
Con una rapidez increible, metió la mano por debajo de mi falda y enterró sus dedos en mis nalgas, restregando su cuerpo con el mio.
Como pude, me solté y ella me cerró el paso hacia la puerta.
-Más vale que aproveches y uses el sanitario, quién sabe cuándo puedas usarlo de nuevo.
Sin pensarlo dos veces, me metí en uno de los apartados y cerré, a como estaban las cosas, no queria mas “atenciones” de su parte.
Cuando salí, ella ya no estaba, así que me fui a la mesa, y si, ahí estaba, muy cerca de Mi Amo, charlando de no sé que cosa.
Iba a sentarme cuando se pusieron de pie y se dirigieron hacia la salida, yo obviamente los seguí. De repente parecía que yo no existía, ni siquiera una mirada a ver si venía con ellos.
Llegamos al auto, y ella se apropió del asiento del copiloto, cerró la puerta frente a mi cara, miré a Mi Amo quién me dijo:
-¿Qué esperas? Subete atrás o ¿Te piensas ir caminando?-
Pude ver la cara de triunfo de la señora.
Me subí a la camioneta con la cabeza baja y en silencio.
-¿No me digas que te pensabas subir adelante?- Dijo la mujer.
Yo no respondí, no había necesidad.
Mi Amo no decía nada, sólo nos observaba, sonreía con esa sonrisa que me hace temblar, sudar… Esa mirada que me traspasa y llega hasta muy dentro de mi…
Con la simple mirada me dominaba, y no iba a dar un espectáculo donde pareciera que estaba celosa, cuando en realidad no lo estaba.
La mujer sonrió con cinismo y sacó un cigarro, lo encendió y se lo dio a Mi Amo, luego se volteó hacia mi y me ofreció uno, cuando lo iba a tomar, quito la cajetilla y dijo:
-No, no tengo ganas de que fumes.
Mi Amo me miraba por el espejo, y pude ver que le hizo gracia lo que pasó.
-¿Estás molesta?
Negué con la cabeza, no estaba molesta, estaba triste.
Llegamos al hotel y fue cuando empecé a preguntarme ¿Qué hacia la mujer con nosotros?
Pronto iba a saberlo.
Nos dieron la habitación y casualmente el botones no alcanzó a cargar mi equipaje, así que lo hice yo.
Al llegar, la hizo pasar primero, a mi, me dejó afuera. El botones tomó el equipaje de mis manos y lo metió, después de recibir su propina, se retiró, yo seguía afuera… Vi a Mi Amo acercarse a la puerta la cual cerró frente a mi. Yo no supe que decir ni que hacer, así que me senté a un lado de la puerta ¿Qué otra cosa podía hacer? Mi equipaje estaba dentro, mi boleto de regreso, mi dinero…
Media hora después se abrió la puerta, la mujer tenía una sonrisa de triunfo que creo jamás se borraría de su cara, me indicó que entrara, yo no me moví ni un milímetro, entonces escuche la voz de Mi Amo indicándome que entrara.
Queria odiar a la mujer, pero no podía, ella solo estaba disfrutando su lugar y su triunfo, y yo conociendo el mio.
Tenía la esperanza de que la mujer solo estuviera un rato con nosotros, así que traté de tomar las cosas con calma.
-¿Pensabas quedarte afuera?- Me preguntó Mi Amo.
No moví un pelo, no sabía que responder.
-Metete a bañar, debes de estar toda sucia.
Me dirigí a mi maleta, para buscar ropa limpia.
-No la necesitas, apúrate.
Me bañé lo más rápido posible, y me paré en la puerta, no sabía donde ponerme, con la mirada, Mi Amo me indicó un rincón, y ahí me dirigí para echarme.
Hundí mi cabeza entre los brazos, los oia platicar y reirse, los dos tumbados en la cama, sin tomarme en cuenta, empezaba a quedarme dormida cuando que llegó la señora y tomándome de pelo, me hizo casi arrastrarme hasta la cama.
Me hincó a un lado, junto a Mi Amo, apoyé la frente en el borde y sentí su mano acariciar mi cabeza, eso me hizo relajarme un poco.
La mujer subió a la cama, Mi Amo se levantó y se situó en un sillón.
-Atiéndela- Me dijo-
Las lágrimas que tanto habían luchado por salir, al fin surcaron mi cara, pero aún así obedecí, lo único que me debía importar era obedecer y complacer a Mi Amo.
Subí a la cama y acaricié sus senos, apreté sus pezones, lami y chupe, descendí hasta el ombligo con mi lengua, para después situarme frente a su pubis, me fui metiendo entre sus piernas, mientras oia sus jadeos, recorrí el clitoris lentamente con la lengua, con suavidad…
La mujer arqueaba la espalda y tomaba mi cabeza con sus manos hundiéndome más, casi no podía respirar, de repente se quitó, se pusó detrás de mi y empezó a propinarme nalgadas, duras, fuertes, giré la cabeza buscando la mirada de Mi Amo, pero El sólo la veía a ella.
No sé cuanto tiempo estuvo así, pero debieron haberle ardido las manos porque tomó un cinturón y continuó golpeándome, yo estaba ya loca de dolor, llorando abundantemente.
Al fin se cansó y de nuevo puso mi cara entre sus piernas, jalándome fuertemente del cabello, me pegó a ella, mis lágrimas mojaban sus muslos, mientras mi lengua hacia su trabajo, cada vez con más rapidez, yo sólo pensaba que tal vez, cuando ella terminara se iria y podría quedarme al fin con Mi Amo.
Cuando estaba a punto de correrse y pidió permiso para hacerlo, oi que Mi Amo le decía que no, entonces detuve el movimiento y oí su suspiro de frustración...
Mi Amo me llamó a su lado, hincada frente a Él, puse la punta de mi lengua en su verga, y me la fui metiendo despacio, entonces sentí el cinturón en mi espalda, yo seguí con mi labor, y la señora con el suyo, de pronto, Mi Amo se levantó, y la llevó a la cama, la recostó con mucho cuidado, y me llamó a su lado.
Después de penetrarla, me indicó que con la lengua, los lamiera a los dos, pero sólo en las entrepiernas.
La besaba, la acariciaba, y ella a El… Oi como su respiración iba cambiando, entonces con un ademán, Mi Amo me hizo alejarme.
Me eché a un lado de la cama, no podía mirarlos así, pero si los escuché.
Me ardia la espalda y las nalgas, esa mujer debía estar muy enojada por la manera en que me golpeó. Después de un rato, levanté la cara ante el silencio. Los dos estaban dormidos.
Busqué una manta y me acurruqué en un rincón. Al cabo de un rato, también me quedé dormida.
Cuando desperté, ellos no estaban, me había quedado sola en la habitación, así que decidí tomar un baño en la tina, relajarme y no pensar.
“Debe de haberla llevado al aeropuerto, o algo asi”, me decia para mis adentros una y otra vez. Salí de la tina y las horas pasaban, miré televisión, y nada, tomé la manta de nuevo y me acurruqué en la cama, a pesar del baño, aun estaba adolorida…
Empezó a vencerme el sueño cuando los oi entrar, pero no me moví.
-¿Quién te dijo que podías usar la cama?- Gritó la mujer- Quitaté-
Mi Amo jamás me ha gritado, pero parece que ella tenía autorización para hacerlo.
Miré a Mi Amo y con un movimiento de la cabeza, me dijo que no me moviera de ahí, lo cual por supuesto, molestó a la mujer.
Cuando levanté la mirada, la vi llevando un collar, mis ojos se abrieron al verlo y busqué la mirada de Mi Amo, que como siempre, sabe lo que estoy pensado.
“¿Por qué ella trae collar y yo no?” Fue la pregunta en mi interior.
-Ella se lo ha ganado- Dijo Mi Amo.
-¿Así que quieres la cama? Pués acuéstate bien y separa las manos y las piernas.
Metió su mano en mi coño y al notar que estaba yo seca se dirigió a su maleta.
Sacó una bolsa con pinzas.
-De la cadera para arriba- Le indicó Mi Amo.
Agradecí que recordara lo mucho que me dañan las pinzas en las piernas.
La mujer colocó pinzas en mis labios, en mi cintura, en mis senos, en mis pezones y al final colocó una en el clítoris. Yo no quería moverme, por miedo a que se soltara una pinza y me doliera más.
La pinza en el clitoris empezaba a ser la mas dolorosa, sobre todo cuando la mujer la hacia oscilar.
Se desnudó y se sento en mi cara. De frente a mis piernas, Me costaba respirar.
Empezó a moverse y eso hacia que las pinzas bailaran haciendome sentir mas su presencia. Mientras mi lengua se metia en su coño lo mas posible.
La húmedad que ella despedía era increíble, y esta iba aumentado conforme quitaba las pinzas de mi cuerpo, con pequeños golpes que hacian que emitiera gemidos de dolor, era lo único que podía hacer, eso y llorar.
Justo cuando iba a quitar la pinza de mi clítoris, Mi Amo la detuvo, se acercó y quitó la última pinza con mucho cuidado… Se lo agradecí tanto...
Mi Amo se paró delante de ella, que seguía sobre mi cara, y El le metió la verga en la boca.
Mientras yo la cogia por el coño con la lengua, Mi Amo la follaba por la boca. Ambos se corrieron intensamente.
Después de limpiarlos a los dos, se metieron a bañar juntos, y yo me fui a mi rincón.
La mujer salió del baño y me dio el collar, no entendía que pasaba.
Soltó disimulada carcajada y me dijo en voz baja.
-Este collar, nunca será tuyo, sólo queria que lo miraras, nunca sentirás la satisfacción de estar antes que ninguna, te lo dirá, pero nunca lo verás, ahora ayúdame a ponérmelo.
-Eso a mi no me importa- le dije más por defenderme que porque en realidad no me importara.
-Mentira, te ocupa demasiado tiempo preocuparte si eres o no la favorita, y creo que ahora te queda claro… Desde el auto hasta esta noche, yo he sido la que esta a su lado.
Se levantó al oirlo salir del baño.
-Mira que linda, se ofreció a ayudarme a abrochar mi collar- Le dijo con una voz suave y mimosa.
Ambos se metieron en la cama, yo en mi rincón sólo sollozaba hasta que el sueño me venció…
-Vístete que es tarde- me despertó Mi Amo- hay que ir al aeropuerto.
¡Al fin se va! Me dije a mis adentros.
Lo más rápido que pude, hice mi maleta, y estuve lista, ya no me importó ir atrás, al cabo ella ya se iba y yo tendría todo el fin de semana con Mi Amo.
Llegamos al aeropuerto y cual no seria mi sorpresa cuando Mi Amo me dio mi boleto.
La mujer fue por un café y me quedé a solas con Mi Amo.
-¿Mi Amo?
-Dime.
-No entiendo.
-No hay nada que entender, tu te regresás a tu casa y yo me voy con ella de fin de semana, ¿Qué tiene eso de complicado para entender?
-¿No me dijo que tenía ganas de usar un juguete de manera diferente?
Tomandome de la barbilla, me dijo con una leve sonrisa en el momento que la mujer llegaba:
-Tú eres mi juguete y te usé de manera diferente ¿No es así?
Los altavoces llamaron a mi vuelo, tomé mi maleta y giré sobre mis talones para dirigirme a la sala de abordar…
-Chiquita, lo hiciste bien, estoy orgulloso.
Dió media vuelta y se fue con ella, yo caminé hacia mi vuelo, con la satisfacción de haberlo complacido.
Publicado el 02/07/07
monique[V]

Negándose

-¡No, no quiero!- Con la mirada baja, las lágrimas a punto de salir y la cara enrojecida, Tania exclamó, con fuerza y un ligero temblor oculto en sus palabras.
-¿Cómo dices?- Fue la pregunta formulada por Salvador con un toque de sarcasmo y una sonrisa divertida, que Tania no podía percibir al mantener la vista fija hacia abajo.
-Dije que…- y la voz de Tania se quebró.
-¿Tu estás acá por tu voluntad?
-Si- fue apenas el murmullo que salió de los labios de Tania.
-¿Sabes que debes obedecerme o te castigaré?- Y la voz de Salvador se endurecía.
-Sssi.
-¿Sabes a lo que te estás arriesgando negándote de esta manera?
No hubo respuesta, solo un sollozo y la cabeza de Tania se hundía mas sobre su pecho, logrando que la negra cabellera cubriera su rostro.
-¿Es cierto o no que en este momento puedo tomarte por el cabello, póstrate ante mi y hacer que mi verga se hunda en tu boca?
Tania asintió con la cabeza, pero extrañamente, a pesar de su estado lloroso, su entrepierna comenzaba a humedecerse con la sola idea de adoptar esa posición, con recordar cuantas veces había estado así, de rodillas, entre las piernas de Su Amo, disfrutando su verga, lamiéndola, depositando gotas de saliva y saboreando el liquido preseminal, sintiendo como llegaba hasta su garganta impidiéndole respirar, la sensación de las manos de Su Amo en la cabeza, imprimiendo el ritmo en los movimientos, indicándole sólo con los dedos si su lengua debía hacer presión, o los labios, o simplemente, retirándola para que pudiera respirar como si supiera en que momento necesitaba ese respiro.
Instintivamente Tania abrió las piernas y su respiración se agitó.
-Eres tan zorra, ¿Dónde están esos gimoteos negándote a obedecer? ¡Cierra esas piernas!
Los senos de Tania subían y bajaban cada vez más rápidamente, aunque su cabeza continuaba hundida.
-Creo que voy a llevar dos de mis dedos a esa entrepierna caliente, para darme cuenta que tan mojada está, y si la encuentro húmeda, tomaré ese clítoris entre los dedos, lo aprisionaré con fuerza, lo jalaré, lo retorceré, o quizá lo acaricie, así como sé que te gusta, las yemas de mis dedos lo rozaran ligeramente o tal vez, me apetezca sentir el calor de tu vagina, y mover esos dedos rápidamente dentro de ti o mejor aún, acariciar esos labios, y pellizcarlos un poco, jalarlos, ¿Qué te parece?
Tania sentía que todo daba de vueltas, la manera en que Su Amo describía lo que haría, el tono, las pausas… Sus piernas se volvieron a abrir, al momento mismo de removerse en el asiento.
-Hummm, creo que lo mejor sería colocar un hielo, deslizarlo por toda esa calentura que tienes ahí metida, dejar que las gotas de agua helada choquen contra tu clítoris, y resbalen hasta tu culo porque estoy seguro que el calor que despides, hará que el hielo se funda rápidamente… Lo cual necesitará que te introduzca un par de hielos en esa vagina de zorra que tienes, y ver como escurre el agua por tus piernas, será un deleite mirar ese espectáculo, y así chorreando, mandarte a pasear por todo el salón, para que los demás noten tu humedad.
Tania se volvió a estremecer, su cara enrojeció aun más ante la sola idea de esa humillación.
-Pero Amo…
-No, acá el único que puede decir no, soy yo, acá no hay pero que valga.
La firmeza en la voz, sin gritos ni aspavientos, excitó aun más a Tania. Los pezones se le endurecieron claramente. Se erguían coronando sus senos.
Esto no pasó desapercibido por Salvador, que con un ademán casual y casi imperceptible, los rozó al momento de tomar a Tania por la barbilla.
El solo roce de la mano de Salvador por sus pezones, hizo que Tania soltara un leve gemido.
-Eres tan puta a veces, esos pezones piden a gritos unas pinzas, y sería bueno ponerles unos pesos también, se ven tan bien balanceándose de tus senos, mientras tu rostro se frunce por el dolor que sientes… Verlos ir y venir mientras mi mano se encarga de poner rojo ese culo tan hermoso que tienes, escuchar tus gemidos, tus sollozos, para después, saborear esas lágrimas recolectándolas con la punta de mi lengua.
-Amo por favor, por favor…
-Shh, Shh, no estás en posición de pedir- la voz de Salvador se volvió suave y cautivadora.
Con el dorso de la mano, acarició la mejilla de Tania, quién sin pensar, giró la cabeza y besó la mano que la tocaba.
-Tu rostro se ve tan hermoso cuando lloras, dan ganas de follarte por horas, mirarte con mi verga enterrada, las manos en la nuca, tus pechos blandiendo, y tus lágrimas rodando…
-Por favor… -Tania casi no tenia aire ya, estaba tan excitada.
-¿Por favor que mi zorrita?
-Es que no me gusta Mi Amo.
-¿Tu crees que no lo sé? ¿Es tan grande el sacrificio de complacerme como para negarte?
-Mi Amo… -Y Tania se debatía entre las palabras que debía decir, y lo que en realidad quería decir.
-Vamos chiquita, sólo tu decides que pasará.
Tania levantó la cabeza, su rostro demostraba excitación, deseo, y un poco de rabia. Tomó aire y exclamó.
-Está bien Mi Amo.
Salvador sonrió, Tania sólo cerró los ojos y apretó los puños, apenas alcanzó a ver la mano de Salvador que se levantaba con firmeza, mientras oía...
-Camarera, un plato de zanahorias para la señorita.

30 Días Después-

Hace un mes que salí de esa casa, hace un mes que Mi Amo me otorgó mi libertad, me dijo que debia irme, al cabo de casi 30 días, he tenido tiempo para meditar, para pensar las cosas, el porque y el como.
Mis días siguen cierta rutina, que no quiero dejar, el hacerlo o no hacerlo es parte de esta libertad, aunque…
Mi pubis sigue depilado, impecable como a El le gusta, con su nombre escrito, para que si alguien quisiera usarlo, supiera que tiene dueño, y lo sigue teniendo… ¿Por qué? Pues porqué es parte de las decisiones que puedo tomar con esta mi libertad aunque…
Mi cuerpo es un cuerpo normal, con necesidades como el de cualquiera, y ahora para satisfacerlas, me ocupo yo misma de ello, mis manos me recorren, me acarician, incluso llegan a mortificarme un poco, aunque…
El plug lo sigo usando, dos horas todos los días, para que este culo no se cierre, que este listo para cuando lo necesite, aunque…
Cada vez que quiero correrme, uso alguno de los juguetes que me regaló, y lo imagino jugando con mi cuerpo, como siempre, y de mis labios siempre brota “¿Mi Amo, me deja correrme?” A veces la respuesta que llega es un si, pero muchas es un no, y entonces me contengo, la respuesta llega desde mi imaginación por supuesto, aunque…
Cuando la respuesta es un no, todo mi ser lucha por contener ese orgasmo, porque no es para mi placer sino para el suyo, aunque…
Cuando la respuesta es un si, mi cuerpo se convulsiona entre espasmos de placer, mi entre pierna chorrea, y mis labios solo repiten “gracias Mi Amo gracias”, aunque…
Hace casi un mes que no lo veo, ni lo oigo, ni lo leo, pero El sigue en mi, sigo cuidándome para El, no ha salido ni de mi mente, ni de mi corazón, porque soy libre para elegir lo que quiero sentir, aunque…
Esta libertad de que ahora gozo, es una libertad que siempre tuve, yo siempre decidí pertenecerle, seguir sus indicaciones, sentirme bajo su cuidado y protección, pero siempre fui libre, eso es lo mas extraordinario de todo, era y soy su esclava, pero una esclava libre, antes y después, porque no había mas compromiso entre nosotros, que el querer estar, y yo sigo estando, tal vez por eso no hay dolor, tal vez por eso sigo sintiendo su presencia, nunca había vivido la libertad de la manera en que El me enseñó a vivirla, así, sin ataduras, yo elegí “mi potro invisible” porque era libre y soy libre, si Mi Amo me llama a su lado nuevamente, es porque El también quiere estar conmigo, yo a casi un mes, sigo queriendo estar…
Una amiga me decía, que si yo no noté que se alejaba, y mi respuesta fue un rotundo “si” ella me interrogó en porque no hice nada para quedarme con El, y mi respuesta fue tratar de explicarle precisamente esto, la libertad de una relación, una relación basada en la honestidad en el hacer y en El sentir.
Yo tenía promesas de Mi Amo, y todas las cumplió, es un caballero, yo no tenía que luchar por nada, porque todo estuvo pactado, así, con libertad…
Me siento tranquila, y aún, aún me siento de El…

Eres Libre

Parecía un día más de silencio…
Unos días El Amo no llegaba, la esclava lo esperaba, a la misma hora, en la misma posición, como cada día…
Otros días El Amo llegaba del trabajo, hacia algunas tareas y se situaba en su sillón, en silencio, fumaba y leía un rato, después se iba…
La esclava lo observaba, lo sentía, no interrumpía, solo estaba ahí atenta…
Hoy seria un día diferente, la situación era diferente.
El Amo llegó y fue directamente al sillón, encendió un cigarro y la llamó.
-Ven aquí- fue todo lo que dijo, el tono de su voz no era el de costumbre.
Ella se acercó y se postró a sus pies, el Amo acarició su cabeza, la tomó de una mano y la sentó junto a El.
Sujetó su cara entre las manos y mirándola a los ojos le dijo:
-Me has servido bien, soy el hombre más orgulloso que pueda existir por poseer a la mejor esclava, a la mejor mujer que pudiera nadie tener- y besó suavemente sus labios.
Ella temblaba, sabia bien lo que iba a pasar, no por nada era ya una extensión de Su Amo…
-… Te quiero, te quiero en todas tus facetas, en todos tus matices, en todos tus sentires, pero ahora debes irte, debo dejarte ir, hoy dejas de estar a mi servicio, eres libre.
La esclava no pudo contener una lágrima salir desde el fondo de su alma, tomó aire y dijo:
-Mi Amo, ¿puedo hablar?
-Eres libre, así que puedes hacer lo que te plazca.
-Agradezco cada minuto a su lado, la dicha de conocerlo y el placer de servirle. Su nombre no sólo está en mi cuerpo, sino en mi alma, su mano no solo moldeó este cuerpo para servirle, sino tocó todo mi ser, convirtiéndome en una mejor persona. No preguntaré el por qué ya no me quiere a su servicio, y como siempre atenderé a este deseo suyo.
El Amo giró el cuerpo de la esclava, y con dolor, quitó el collar que la distinguían como propiedad de El y que simbolizaba su esclavitud. Después besó ese cuello.
-¿Que cosas debo llevarme y que cosas debo dejar?
-Todo lo que te di, es tuyo, puedes llevarte lo que quieras, menos el collar.
-Señor, permítame conservar el collar, ese collar que fue elegido por Usted para mí, que tantos recuerdos tiene acumulados, prometo no hacer mal uso de El, permítame conservarlo por favor.
-Esta bien, tómalo, después de todo, te lo ganaste...
-Señor, ¿en realidad soy libre para hacer lo que me parezca conveniente?
-Tan libre como el viento, eres una mujer inteligente y sabrás tomar tus decisiones.
La esclava miró el collar, su collar y dejando escapar un suspiro, lo tomó con ambas manos, mirándolo fijamente.
No hay dolor en el alma de ella, no hay tristeza, ni desilusión, a través de sus ojos sólo se mira la devoción y amor por Él, por aquel que acaba de declararla libre.
Se levantó y en una maleta va metiendo todas las cosas que le regalo, las acaricia, las toca, las huele, suspira, lentamente acomoda todo, todo menos el collar.
Él la mira, no pierde cada detalle de sus movimientos.
Ella se viste, peina y arregla para partir, así, sin reclamos, sin dolor.
Finalmente ella está lista para partir, tiene en una mano la maleta y en otro el collar.
Se acerca para despedirse.
-Me voy Mi Señor, me llevo lo mejor que jamás pudo darme, me voy conmigo misma, soy lo mejor que pudo darme nadie, me enseñó lo maravilloso que una misma puede ser con la educación de alguien que sabe lo que tiene en las manos, siempre me cuidó, me protegió y se ocupó de mi, y mi gratitud por todo eso es eterna, pero antes de irme, debo decirle algo:
-Te escucho.
La esclava puso la maleta en el piso, tomó el collar en las manos y poniéndose de rodillas, exclama:
-Este collar, simboliza físicamente su posesión a mi persona- dice a la vez que va colocándose el collar nuevamente en el cuello y continúa- pero tengo un collar aun más fuerte, que es el collar de mi alma. El que Usted no me requiera más a su servicio, Mi Amo, no significa que yo dejo de pertenecerle, yo estaré ahí siempre, porque mi entrega no fue condicionada, Usted es y será siempre Mi Dueño.
Se levantó, no miró ni esperó a que su Amo dijera más nada. No había más nada que decir. Tomó la maleta y se dirigió a la puerta, no tuvo pasos lentos como quien espera a ser detenida en el último momento, ella conoce a Su Amo, ella sabe que no la detendrá, ella sabe lo que Su Amo siente…
Abrió la puerta, esbozando una sonrisa y salió a la calle… Ella sabe que no es libre, ella sabe que tiene un Amo, ella le pertenecerá para siempre y cuidará de ella misma, por si algún día, su Amo la llama a su lado y le permite servirle nuevamente.
Al cerrarse la puerta, El Amo sonrió con una mezcla de melancolía y orgullo mientras murmura:
-Lo sabía, no me equivoqué al elegirte…


Publicado el 07/04/2007

Feliz a Los Pies de Mi Amo
monique[V]

viernes, 3 de julio de 2009

Y Así Pasó (Parte 1)

Ya no había mas lágrimas en sus ojos, ni tiempo para derramarlas.
Hacia una semana que sus padres habían muerto victimas de una extraña enfermedad que la dejó casi sin dinero y sin fuerzas.
Faltaba terminar de empacar lo poco que le quedaba antes de desalojar esa hermosa mansión en la que vivió los 25 años que tenia de vida.
Sola y sin más nadie, se refugió en la única propiedad que le quedaba, una pequeña finca en las afueras de la ciudad, rodeada de un hermoso bosque y vistas montañosas, donde la luz juega con las sombras formando fantásticos paisajes.
Al llegar en su pequeño auto deportivo, fue recibida por el encargado de la finca, un hombre como de 30 años, bronceado y no mal parecido, de modales agradables y hermosa sonrisa.
-Bienvenida- le dijo al momento de tomar la puerta y ofrecerle la mano para ayudarla a bajar.
Ella, acostumbrada a esos detalles, ni siquiera tomó en cuenta la amabilidad del sujeto.
Bajó del auto y sin mirarlo siquiera, camino hacia la casa mientras le decía que bajara el equipaje.
Él la miró caminar hacia la casa, con ese traje negro suelto, largo, que no podía ocultar gracias al viento la bien cuidada figura, resultado de horas en el gimnasio. Y admirar como el aire jugaba con su larga cabellera.
Sonrió cuando la vió desaparecer dentro de la casa y tomó el equipaje.
Dentro de la casa, estaba una señora, que hacia las veces de mucama y cocinera.
Saludó a la muchacha, la cual no respondió el saludo.
-Súbeme un jugo fresco y acomoda mi equipaje, voy a tomar un baño.- dijo ella con indiferencia.
Estaba tan metida en su dolor, que se había vuelto fría y taciturna, altiva e indiferente.
Se despojó del vestido y se sumergió en la tina, sólo quería dejar de pensar, pero no podía.
¿Qué haría ahora? ¿Cómo seguiría adelante sola?
-No esta sola señorita- le dijo la señora mientras le ofrecía el vaso de jugo.
Acá estamos nosotros aún, deje que le hagamos compañía en lo que se recupera.
Ella sonrió, sin ganas por cierto, tomó el jugo y regresó a sus pensamientos.
Cuando el agua estuvo fría, salió de la bañera, entró en su habitación envuelta en una toalla inmaculada y notó toda su ropa en perfecto orden.
Sonrió y buscó unos jeans y una playera, era una mañana calurosa y quería dar un paseo.
Salió de la casa y se dirigió al bosque, caminó por esos lugares tan conocidos para ella, aspirando el aroma de los árboles y la hierba fresca, el silencio era tan notorio que se podía tocar con las manos.

-Ven...
La muchacha detuvo la caminata, al oír esa palabra. Volteó hacia todos lados y no miró a nadie.
-Ven a mí- volvió a escuchar.
La voz parecía venir de la nada, era una voz de hombre, pero no de alguien conocido.
-¿Quién anda ahí?
-Ven, no lo repetiré- obtuvo por respuesta.
Ella tenia la posibilidad de girar sobre sus pies o caminar hacia donde creía que venia la voz.
Dudó un momento...

-Vete, no quiero dudas cuando vengas a mí, ¡Vete ya!- La voz sonó tan autoritaria que espantó a la muchacha, quien salió corriendo despavorida.
En su huida, encontró al encargado.
-Señorita ¿Qué le ocurre? ¿Pasa algo?
-Hay alguien en el bosque, hay un hombre- dijo ella casi sin aliento.
-¿Lo vió? ¿Cómo es?
-No, no lo vi solo lo escuché.
Ella estaba tan aterrada que no le importó que la abrazara y acurrucara contra su pecho. Se quedaron así, hasta que ella recobró la compostura, se liberó de sus brazos y se alejó hacia la casa.
No podía sacar de su cabeza esa voz.

Por la tarde, después de comer, decidió ir de nuevo al bosque.
Caminó por la misma vereda mientras sentía su corazón agitarse.
-Regresaste, ¿vendrás a mí?
-¿Quién eres?
-Vete, no quiero dudas ¡Vete ya!

Y de nuevo el miedo, de nuevo la carrera y de nuevo el encargado listo a servirle de refugio y consuelo.
Preguntó a la mucama si había fincas cerca o campamentos o algo, a lo cual la mucama dijo que no, que no había nadie en muchas millas a la redonda.
La muchacha se metió a su recámara temprano, y dentro de la cama, seguía oyendo esa voz.
Los cambios y las emociones vividas no le permitieron dormir hasta cerca de la madrugada, cuando despertó era casi medio día.

Bajó y tomó un almuerzo ligero, y se dirigió al bosque, pero ahora por una vereda distinta.
-¿Me estás evadiendo?
-No, dijo ella- buscando de donde salía la voz.
-Pero tampoco me estás buscando.
Ella no respondió, pero oía a su corazón palpitar con fuerza.
-Cierra los ojos y por ningún motivo los abras ¿Esta claro?
-Si- dijo ella al momento de cerrar los ojos.
Intempestivamente, su boca fue tapada por una mano, mientras otra mano le tomaba por las muñecas. Para luego ser vendada y amarrada por las muñecas.
Después sintió como unos labios rozaban los suyos y después era depositada en el suelo.
Ella temblaba, pero no intentó huir, ni gritar, se quedó quieta, tal y como fue puesta en el suelo.
Tenia los pies desatados, no oía nada, no estaba amordazada, pero no quería moverse, y así pasó mucho tiempo.
Empezó a sentir frió, pero aun así no se movía... Sólo recordaba la voz, las manos sobre ella y esos labios...

-Señorita, ¿Qué fue lo que le pasó?- le decía el encargado mientras la desataba y quitaba la venda.
La abrazó y ella se dejó abrazar, se sentía segura a su lado.
Él la levantó en brazos y la llevó a la casa.
La depositó en la cama y la descalzó, ella no dejaba de mirarlo.
-¿Está bien? Ya no la dejaré ir sola de paseo.
Ella sonrió y no le dijo nada.
Él le dio agua y la arropó, ella se quedó dormida.
Cuando despertó, él estaba a su lado, en una silla, dormido, con la luz de la luna en su cara, se veía realmente hermoso.

Ella se levantó con cuidado, tomó sus zapatos y salió de la casa sin hacer ruido.
Caminó de nuevo al bosque.
Puso atención pero no oyó nada.
Esperó y... nada...
-¿Aún estás ahí? He vuelto, yo no me fui, me llevaron, ¿Dónde estás?
Silencio, no había órdenes, no había nada.
Una tristeza la abatió y empezó a llorar de nuevo, regresó a casa y se metió en la cama. Sin hacer ruido, sin despertar a nadie...

-Buenos días señorita, ¿descansó? – Esa voz, esa voz la conoce ella, abre los ojos y no, era sólo la voz del encargado que la despertaba.
-Debemos ir por provisiones al pueblo, pero no queremos dejarla sola.
-Vayan, me quedaré en casa hasta que regresen.

El encargado salió de la recámara y ella vio salir la camioneta de la propiedad, entonces se vistió, ahora con un vaporoso vestido, sandalias y un pañuelo en la cabeza y salió de la casa rumbo al bosque.
Caminó y se detuvo en medio de la nada.
-¿Dónde estás? Dijo ella casi con súplica.
No obtuvo respuesta. Ella se sentó en el suelo y cerró los ojos, colocó sus manos en la espalda y esperó.

Al poco tiempo sintió sus manos atadas, no oyó cuando se acercaron a atarla, pero aún así. No abrió los ojos. Mansamente se dejó atar.
-Ayer te fuiste sin mi permiso.
-Yo no...
-Cállate, nadie te autorizó a hablar.
Ella sintió un escalofrío y bajó la cabeza.
-¿Tú sabes quién soy?
Ella negó con la cabeza.
-Me desilusionas, vete.
-No por favor, castígame, pero déjame acá.
-¿Debo repetir las órdenes? Dije claramente que te callaras, yo te diré cuando puedes hablar.
Sintió como era vendada y levantada del suelo, la atadura de sus manos impedían que tuviera buen equilibrio y el temor la invadio al percibir que debía caminar.
-Confía en mi- dijo la voz de manera autoritaria. Ella asintió con la cabeza y avanzó.
Una mano sobre su cuello la hizo hincarse y poner su vientre sobre lo que ella supuso era un tronco caído... Sintió su falda levantarse y el roce de unas manos por sus nalgas. Eran unas manos fuertes, firmes, pero se deslizaban suavemente sobre su piel. Luego de un tirón fueron arrancadas sus bragas y ella gimió.
Las bragas fueron introducidas en su boca, y extrañamente, la situación hizo que su entre pierna se empezará a humedecer.
Poco le duró la sensación placentera, un cinchazo cruzó sus nalgas, asustándola y haciéndola gemir, aunque no fue muy fuerte el golpe. Aún así, no se movió.
Cinco cinchazos mas surcaron su piel, y ella no se movió, pero las lágrimas asomaban a sus ojos.
Luego una mano acariciándola, la misma sensación, mano fuerte, pero con suave movimiento al acariciar pasando por toda su piel golpeada.
-Hermosa, te ves hermosa así.
Ella sonrió.
Seis cinchazos más surcaron lentamente sus nalgas, ella entonces soltó a llorar, pero aún así, no se movió.
La mano la volvió a acariciar, lo que le provocó un poco de consuelo.
-¿Eres virgen?
Ella asintió con la cabeza.
-Todo un regalo para mí, ¿no es así?
Ella no respondió.
-Mañana volverás a la misma hora- Sacó las bragas de su boca y bajó el vuelo de la falda para cubrirla.
Ella no oyó más nada por mucho tiempo...

-¡Señorita! ¿Qué pasó? ¿Está usted bien?
Era el encargado, con su voz preocupada y dulce, la desató y nuevamente la abrazó.
-Debemos denunciar esto señorita.
-No, tu no harás nada que yo no te indique dijo ella sin salir del refugio de sus brazos.
-Llévame a casa.
Él de nuevo la tomó en brazos y la llevó a casa.
Después de la comida, ella no podía evitar pensar en lo que había sentido, todavía le ardía la piel de las nalgas, quería regresar al bosque.
-Daré un paseo.
-La acompañaré, es peligroso que ande sola después de lo sucedido estos días.
-Tu té quedas acá, yo sé lo que hago.
Miró la expresión de preocupación del hombre y no pudo menos que sonreír.
-Si en dos horas no regresó, ve a buscarme, ya sabes donde.- Giró sobre sus talones y caminó hacia el bosque.

Su corazón latía con fuerza, su entre pierna estaba mojada, ahora no llevaba bragas.
Se colocó en el mismo lugar, en la misma posición sentada y cerró los ojos.
-¿Acaso no sabes obedecer? Te dije claramente que volvieras mañana.
-No podía esperar a mañana, simplemente no podía.
-Acá no se trata de lo que tu quieras, se trata de lo que yo indique. ¿Acaso quieres que no regrese mas?
-No por favor, acá estoy, úsame.
Una risa cruel surcó el bosque.
-¿Quién te crees que eres? Yo te usaré cuando yo quiera, no cuando tú lo desees.
-Levántate y gira.
Ella obedeció, sus ojos fueron de nuevo vendados y sintió como le tomaban una muñeca y una cuerda atarla para luego quedar de espaldas atada a un árbol, sintiendo la rugosa corteza contra su espalda.
Después sucedió lo mismo con sus tobillos, estaba abierta, expuesta e indefensa.
Sintió algo frío cortar su vestido, dejándola totalmente desnuda en un santiamén. Percibió el roce del viento sobre su piel... Se estremeció.
-Hermosos pechos- le dijo mientras estrujaba los pezones.
Ella gimió y sintió como empezaba a humedecerse.
Él pasó de un pezón al otro, pellizcando, retorciendo, hasta que ella empezó a pedir que se detuviera.
Él la abofeteo... ella bajo la cabeza.
Mañana cuando vengas a mí, no quiero ningún vello cubriendo tu cuerpo. Quiero inspeccionarte sin obstáculos, ¿Está claro?
-Si- dijo ella.
-¿Sí que?
-Sí... Señor.
Una nueva bofetada surcó su cara.
-Se responde “Si Mi Señor” Que no se te olvide.
-Sí Mi Señor.
Él rozó sus labios y pellizco de nuevo sus pezones, ella se estremeció y después silencio.

-¡Dios Mío Señorita!- exclamó el encargado mientras la cubría con una manta y retiraba el vendaje de los ojos de la joven.
Después cortó las sogas y de nuevo como se estaba haciendo costumbre, la abrazó y la llevó en brazos a la casa.
Ella sentía la protección de su pecho, y la felicidad de ser rescatada cada vez por el encargado.
Tomó un baño recordando los encuentros y los rescates.
Se metió a la cama y la humedad provocada por los recuerdos, volvió a aparecer.
Ella no sabia que prefería, si los golpes y el sometimiento de la voz autoritaria del bosque, o el ser rescatada por el encargado, sentir sus brazos y su portección.
Apenas empezaban los primero rayos del sol a aparecer y ella ya estaba depilándose, no quería ni un rastro de vello en su cuerpo, la orden fue precisa y no quería ser castigada por algo tan obvio.
Se puso un sobre todo y una sandalias, otro pañuelo sobre su larga melena y salió al bosque.
Llegó al lugar de los últimos días, se hincó, puso las manos en la espalda, agachó la cabeza y cerró los ojos y aguardó, aguardó tanto que sus rodillas y cuello ya resentían la posición.

-Eres una zorra, ¿Por qué viniste tan temprano?
-No me indicó a que hora debía presentarme.
Sintió el pañuelo en sus ojos, pero no hubo ninguna atadura.
-¿Desayunaste?
-No Mi Señor.
-Abre la boca.
Ella obedeció y sintió algo que no conocía hasta ese momento y la sensación la sobresaltó, pero no se retiro.
-¿Te gusta mi verga?
Ella no sabia que hacer, no se movía, no nada.
El rió divertido, la tomó por el cabello y la condujo en un vaivén sobre su verga,
-Presiona un poco con la lengua, mueve la garganta como si la fueras a tragar cuando la sientas más adentro. Cuidado con los dientes.
Ella obedeció solicita, eso le estaba gustando, él empezó a mover la cadera al copás, ella no paraba de chupar.
El movimiento se fue acelerando, a ella le costaba trabajo seguir el ritmo y adecuar la garganta, un par de arcadas dieron fe de ello.
Él no pareció tomar en cuenta eso, porque aceleró las embestidas en su boca, hasta que en un momento, la apoyó tan fuerte contra el que ella sintió sus vellos en la cara sin poder respirar a la vez que sentía que algo caliente inundaba su garganta, con fuerza y a borbotones, trago lo mas que pudo para no ahogarse, pero un poco de ese liquido amargo-dulzón salió por su nariz.
Él se convulsionó hasta que su leche dejó de salir, retiró la verga de la boca de la muchacha.
Ella instintivamente limpio sus labios con el dorso de su mano.
Una bofetada la envió de bruces al suelo.
-Acabo de alimentarte con mi leche, jamás debes limpiarte con las manos, usa tu lengua perra.
Ella no se atrevió a moverse, sintió sus manos atadas al frente y después conducida en distintas direcciones.
Después una mano en el cuello la hizo hincarse, sintió la tirantes de sus muñecas atadas en lo alto, pero sin despegar sus rodillas del suelo.
Luego él cubre todo rasgado por la espalda.
-Jamás desperdicies la leche de tu Señor ¿Está claro?
-Sí Mi Señor.
Una vara delgada surco su espalda.
Ella gimió.
-Cuenta perra y agradece cada golpe.
Ella contó hasta veinte, sentía como ardía su espalda, eran golpes precisos, rotundos.
Después sintió su mano en la entre pierna.
-Eres una puta, acabo de azotarte y estas húmeda.

Y de nuevo el silencio y de nuevo el encargado, pero esta vez no dijo nada. Sólo la desató, la cubrió, la abrazó y la llevó en brazos a la casa.
Al llegar, curó sus heridas, ella no emitió ningún sonido.
-¿Regresarás?
-¿Me rescatarás nuevamente si voy?
-Siempre, siempre estaré ahí para rescatarte- Y la besó.
Ella se quedó dormida... Él no se separó de ella.
La mucama subió comida para los dos, al verlos juntos, sólo sonrió.
El resto del día el encargado pasó cuidando a la muchacha y ella se mostró agradecida.
Al llegar la noche, cuando la luna alumbraba el rostro del encargado dormido en una silla, ella nuevamente se levantó despacio, se puso una bata solamente y se dirigió al bosque.
Llegó al lugar de siempre, tomó la posición que ya era costumbre y cerró los ojos y esperó...

Unas pisadas la sobresaltaron, pero no se movió, tomó aire y esperó... De nuevo silencio.
-¿Qué es lo que quieres?
-Ser tuya
-¿Por qué?
-Porqué siempre estarás para someterme y después para rescatarme.
Él sonrió complacido.
-¿Me servirás?
-Toda la vida.
Él la tomó en sus brazos, no la ató, no la vendó, no la sujetó, no hacia ya falta.
-Hazme tuya, sólo tuya para siempre.
-Sea como tú quieres, pero no olvides, eres sólo mía.
-Sólo tuya Mi Señor.
-¿Y si me alejo por un tiempo?
-Esperaré a tú regreso.
Él la levantó en sus brazos, y la regresó a la casa, y desde ese día, ella va al bosque donde Él la somete, ella se entrega, El la rescata y ella agradece el ser rescatada.
En un ir y venir de dolor y consuelo, de entrega y posesión.
En una vida de dominación y sumisión.

(Escrita y publicada entre el 15 y 24 de Enero de 2007)

monique[V]

miércoles, 10 de junio de 2009

Un Día Diferente.

Hoy fue un día diferente, desde que amaneció hasta que... pero permítanme contarles.
Siempre me despierto primero que Mi Amo, pero en esta ocasión, me despertó una fuerte sacudida.
Abrí los ojos espantada y adormilada, la luz del sol llenaba el cuarto y me deslumbraba, pero distinguía la figura de Mi Amo con la luz a sus espaldas a un lado de la cama.
Debí de haberme quedado dormida, porque Él ya estaba vestido y listo para salir.
Mi cabeza daba vueltas intentando saber que pasaba, ya que era sábado y ninguno de los dos teníamos agendado nada para ese día. Incluso por la noche me dijo que no pusiera el despertador para levantarnos tarde.
“Debe ser ya muy tarde” atiné a pensar.
-No, no es tan tarde, pero mi chiquita se me está volviendo perezosa- comentó Mi Amo (sí, sí, me leyó el pensamiento)
-Y como no quiero que eso pase, mereces un castigo- continuó- he dejado indicaciones por toda la casa, las cuales debes de ejecutar en orden, cada indicación tienen un número y un tiempo para realizarse. Yo voy a salir, así que tu misma me dirás como lo hiciste.
Giró sobre sus talones y antes de salir de la recámara, me dijo:
-La primera indicación esta en el espejo del baño, buen día chiquita, que te diviertas- y cerró la puerta.
“Necesito café porque aún estoy dormida” pensé.
La puerta se abrió y Mi Amo con una maravillosa sonrisa me dijo:
-Primero la indicación, ya tendrás tiempo para despertar y para tu café- y cerró.
Me quedé con la boca abierta, no deja de sorprenderme lo bien que me conoce.
Obediente que soy el 99.9% de las veces, me dirigí al baño y vi el papel:
“No puedes orinar, date una ducha con agua fría de 10 minutos para que despiertes...” decía la nota y en el momento pensé “¿Agua fría? Odio el agua fría” y seguí leyendo.
“... Busca la manera de lavar esa entrepierna caliente que tienes pero sin tocarte. Recuerda que sólo tienes 10 minutos y si, ya sé que odias el agua fría, recuerda que es castigo por floja no es premio”
Suspiré, y me metí a la ducha, ya temblando desde antes de girar los grifos.
Abrí al fin los grifos y salió el agua fría, mas bien, helada, por la época invernal.
Metí un pie y me alejé del agua... Pensé “dijo fría, no helada” Así que abrí un poco el agua caliente, para dejarla no tan helada y me metí de golpe, a pesar de no estar tan fría, para mí si que lo era, mis músculos se fueron tensando, empecé a temblar, rápidamente tome el shampoo y lavé mi cabello, después con jabón unte mi cuerpo, y rasuré mi pubis, pero al llegar a la entre pierna, sólo puse la espuma y deje que el agua hiciera el resto.
Pero como no me sentía limpia, me tumbé de espaldas en el suelo, de frente a la ducha, alcé las piernas y las abrí, recibiendo el agua fría directamente, fue una sensación extraña, yo toda temblando de frío y mi entrepierna queriéndose calentar con la sensación del agua.
Definitivamente no tengo remedio.
Salí temblorosa de la ducha y al ponerme mi bata de baño, noté un papel en la bolsa.
“¿Cómo vas chiquita? ¿Tiemblas mucho? A que te gusto la sensación del agua fría en la entrepierna, ¡sucia!. Ahora ve a la recámara y ponte la ropa que está sobre la cama”
Me quedé mirando el papel y pensé que no recordaba haber visto ropa en la cama cuando me levanté, pero bueno, estaba tan dormida que a lo mejor fue por eso.
Me dirigí a la recámara y hallé una extraña combinación de ropa sobre la cama... top negro, falda muy corta negra, medias negras y mis zapatillas mas altas, unos guantes de estambre negros y una bufanda.
Sonreí mirando como me iba a congelar con el atuendo, pero no mis manos y mi cuello.
Me vestí con calma... primero las medias, sintiendo como se deslizaban suavemente en mis piernas, luego la falda de la que cayó una notita “Apúrate que no tienes todo el día” decía la nota, sonreí y continúe con más rapidez.
Al ponerme las zapatillas había otra nota.
“Si café quieres tomar, esto es lo que debes hacer: Abre las ventanas y saluda a 5 personas que pasen por la calle, bastará un “buenos días” pero no puedes ir a orinar después. Ahora que si lo que quieres es orinar, entonces deberás tomar dos vasos con agua, poner una pinza en cada labio y en cada pezón, sin quitarte los guantes, caminar en 4 patas sin apoyar las rodillas, dos vueltas por toda la planta alta y después bajar por un hielo que meterás en la vagina, regresaras a 4 patas por la escalera y si goteas el piso, deberás regresar y limpiarlo con la lengua, al llegar al baño antes de orinar, quítate las pinzas. Tienes 10 minutos.”
Me quedé pensando un par de segundos:
El café me daría mas ganas de orinar, y no podría hacerlo después, además, los vecinos pensarían que enloquecí si salgo a saludar por la ventana, así que bajé por el agua, y regrese a la recámara, y ¡Dios! Que trabajo con los guantes, y ya empezaba a bailar de un lado a otro con las ganas de orinar, y el tiempo corriendo, al fin pude y caminé a 4 patas sin poner las rodillas, sentía que no sólo iba gotear sino a hacer un caminito, pero aguante, bajé por el hielo, y ¡que horror! escalofríos por todo mi cuerpo, ahí voy escalera arriba, apretadita apretadita, un par de gotas escaparon de mi vagina y de regreso a limpiar, jamás se me había hecho tan larga la escalera.
Al fin llegué al baño y mientras suspiraba aliviada tomé el papel higiénico para secarme y ahí tenia la siguiente nota:
“Sabia que no saludarías a los vecinos, ahora, ponte el huevo a máxima velocidad mientras tiendes la cama y aseas el cuarto tienes 15 minutos. No te puedes quitar los guantes ni la bufanda ¡Apúrate!”
Con cara de viciosa, zorra que soy después de todo, fui por el huevo y lo metí en la vagina, lo prendí y ufffffff me estremecí, pero bueno, me puse a tender la cama, asear el cuarto, un lío con los benditos guantes, y al ir a guardar los implementos de limpieza... Si, ahí había otra nota:
“¿No piensas apagar ese huevo chiquita viciosa? Ahora quiero que vayas a la escalera y pongas tus pies en el cuarto escalón, y tus manos en el primer escalón, de arriba hacia abajo, la cara al piso, así deberás estar 10 minutos, no puedes doblar las rodillas”
Bueno, pensé, eso le hará bien a mis pectorales.
Bajé, me puse en posición y ¡Ay! los guantes resbalaban por el escalón, sentía que me iba a quedar sin cara, y no fue tan fácil como pensé.
A los 10 minutos exactamente sonó el teléfono, contesté y Mi Amo me dijo:
-Eres una mañosa, apagaste el huevo pero ahí lo traes aun adentro, ¿Verdad?
-Es que Mi Amo...
-Es que nada, quiero oír 5 manazos en el clítoris por caliente. Abre bien esas piernas.
Puse el auricular de manera que lo escuchara y procedí a los manazos.
-Bien chiquita, prende el huevo, lo mas suavecito que se pueda en la TV hay un mensaje- Y colgó.
Prendí el huevo y fui por el mensaje, busque como desesperada encima de la TV, debajo, a los lados, en toda la sala y nada, No había nada busqué y busque, hasta que sonó el teléfono.
-¿Qué? ¿No lo encuentras? Volveré a llamar en 15 minutos y más vale que ya hayas cumplido tu tarea- y colgó.
Ay Dios, pero si no me dejó nada sobre la TV... ¡ah! ¡En la recámara tenemos otra! Subí corriendo y efectivamente, ahí estaba.
“Bien chiquita, ¿ves como cuándo quieres no eres tan cuadradita? Ahora por favor, ve a la tienda y me traes unos cigarros y de regresó, le pides a la vecina de la derecha, la de la casa azul, que te regale una taza de azúcar, recuerda que ya esta corriendo tu tiempo”.
Busqué mi portamonedas y abrí el armario para tomar un suéter, y si, ahí había una nota:
“Nadie te dio permiso de usar suéter, apúrate que se te acaba el tiempo”
Moví la cabeza y me admiré del como Mi Amo predice cada movimiento mío. La verdad adoro que me conozca tanto.
Tomé aire, cerré los ojos y salí a la calle, mi cara ardía de vergüenza y era la comidilla de los vecinos, sólo pedía que no hubiera una ventisca o todo mundo vería que no traía bragas.
Llegué a la tienda y pedí los cigarros, no sé que hora era realmente, pero había mucha gente y lógico, todo mundo me veía con cara de “¿Y esta loca que le pasa?”
El tendero tartamudeo al cobrarme. Salí lo más rápido que pude, pero no podía agitarme mucho, por miedo a que la falda me delatara, pero mis tacones hacían que mi cadera se moviera coquetamente haciendo voltear y dirigir las miradas a mi trasero.
Toqué en la casa de mi vecina y le pedí el azúcar.
-¿Tiene fiebre vecina? La miro como muy sonrojada- me dijo haciéndome sentir mas humillada- Tal vez sea por la poca ropa que trae, ¿No tiene frío?
-Ay vecina, si tuviera frío, no andaría vestida así, le dije con la mejor de mis sonrisas.
Me dio el azúcar y me dijo:
-Dejaron este sobre para Usted, parece que no la encontraron hace un minuto.
Agradecí la molestia y me dirigí a casa, abrí la puerta y el sobre.
Entre la humillación y el huevo brincando dentro de mi, ¡uf! Sentía que me escurrían las piernas.
“Bien mi zorrita, así que andas de coqueta con los vecinos ¿eh? Vas a provocar muchos reclamos a los maridos.
Anda a la cocina y toma café, pero no le pongas azúcar, ni crema.
Después, comete medio melón. Si no hay, tendrás que ir a comprarlo”
Caminé a la cocina pensando “que haya melón, que haya melón por favor”
Alguien el en cielo me quería mucho porque si había melón, aunque yo creo que Mi Amo sabia que si había y solo le encanta hacerme sufrir.
Al sacar el cuchillo para cortar el melón, encontré otra nota:
“Las buenas perras saben comer en sus platos y beber en sus cuencos, no lo olvides”
Así que al suelo a comer, ni hablar.
El melón francamente estaba delicioso, y el café me sentó bastante bien, lo estaba disfrutando cuando sentí una nalgada en el culo empinado.
-¿Cómo está mi perra viciosa?
Casi me ahogo entre el susto y el querer responder.
Mi Amo sonrió por la expresión de mi cara.
-Ven, vamos a la sala, hasta ahora no has sido tan mala.
-Párate de espaldas frente a mi, piernas abiertas, manos en la cabeza
La sola orden hizo que mi entrepierna se mojara más de lo que ya estaba, y todavía más al sentir los dedos de Mi Amo deslizarse por mis piernas.
Eres incorregible chiquita caliente, vamos a ver si se te baja por la buena o por la mala.
-Respuesta acertada, acelero el huevo, respuesta equivocada, un azote.
-Si Mi Amo.
-Habitantes de Veracruz en la época prehispánica
-Los Olmecas- zummmm acelera el huevo.
-Capital del Imperio Azteca
-Tenochtitlán- zummmmm mas rápido.
-7 x 4 x 2 +44-16/12
-¿Cómo dijo?
-La respuesta es 7, estaba muy fácil, así que serán dos.
zaz zaz
-Nombre del volcán mas importante de México
-Ay Mi Amo...
-Ah! ¿Rezongando? Pero si esta sencilla,
-Popocatépetl.
-Bien, pero por rezongona...
Zummmmm acelera el huevo, y me da 5 azotes.
-¿Sabes chiquita?
-¿Qué cosa Mi Amo?
Estos son cortesía de la casa. Cuenta
Zaz
-Uno, gracias Mi Amo
zaz
-Dos, gracias Mi Amo.
... zaz
-Diez, gracias Mi Amo
Yo ya no sabia si reia o lloraba, el huevo como loco dentro de mi, los azotes y la posición.
-¿Quieres decirme algo chiquita?
-Mi Amo por favor, déjeme correrme.
-No, aún no. Trae el plug y saca el huevo.
Regresé con el plug y el lubricante, y me empiné como sé que le gusta a Mi Amo.
Ni siquiera me contó hasta tres, lubricó mi culo y de un solo impulso metió el plug.
Luego me hizo girar, y pellizco mis pezones, eso me puso al límite del orgasmo, yo jadeaba prácticamente.
-Mi chiquita caliente, mira nada más como estás- me decía mientras metia dos dedos en mi vagina, los cuales metió y sacó rápidamente varias veces, poniéndome aún mas loca de lo que ya estaba.
-¿Quieres correrte ya?
-Si Mi Amo.
-Pues no, aún no tengo ganas de que te corras y si quieres ganarte el poder correrte, debes encontrar la última indicación.
-Si Mi Amo, ¿Dónde la busco?
-Está en el lugar donde encuentras más placer.
Sonreí feliz, esa estaba facilísima.
Me postré delante de Él y busqué en sus pies, y ahí estaba. La nota decía:
“También es el lugar donde más placer me da tenerte”
Besé sus pies y Mi Amo me giró, sacó el plug y metió su verga, de un golpe, hasta el fondo, sacándome un gemido, tomándome de mis pechos, me cabalgo hasta que escuché:
-Córrete para mi, dame toda tu leche, que es mía solamente.
Y de inmediato mi cuerpo tuvo un maravilloso orgasmo que hizo que se doblaran mis piernas, lo cual aprovechó Mi Amo para ponerme de rodillas ante Él y vaciar toda su leche en mi boca, la cual bebí hasta la última gota agradecida.
Gracias Mi Amo, por un día tan divertido y diferente.
Publicado el 04/01/07
monique[V]

Buscando Revancha

Eran las 4 de la tarde, estaba terminando de enviar unos correos y levantando la cocina... Eso de poder trabajar desde la casa, me queda más que excelente.
Mi Amo había ido a la oficina después de comer y me quedé sola, para terminar mis pendientes y poner todo en orden para su regreso.
Traía ropa normal y un mandil, cuando sonó el timbre de la puerta.
Tomé una toalla para secar mis manos, pensando que tal vez seria un vendedor.
Pregunté antes de abrir, quién tocaba y una voz femenina me respondió con una pregunta. Odio a la gente que responde con preguntas.
-¿Esta el dueño de la casa?
-¿Quién lo busca?- dije desde mi lado de la puerta.
-¿Está o no está?- la voz sonaba cínica, desagradable y conocida.
-¿Quién lo busca?- dije en tono cansado y un poco burlón.
-¿Es que acaso no te han enseñado a responder una pregunta?- dijo elevando el tono de la voz.
-Supongo que eso lo dice por Usted, porque yo pregunté primero- dije conteniendo la risa.
-Déjate de estupideces y abre esa puerta.
-¿Por qué debería de abrirla?
-Porque si no la abres, te arrepentirás, yo tengo aún las llaves de esta casa.
-Si tiene las llaves, entonces para que tanto alboroto, entre y santo remedio-le dije dando media vuelta rumbo a la cocina.
El timbre sonaba y sonaba como desquiciado acompañado con golpes en la puerta.
-¿Qué? Ya sé, olvidaron las llaves que nunca ha tenido, ¿verdad? Le dije desde la ventana del piso superior, por supuesto con la mejor de mis sonrisas.
-Te vas a arrepentir.
-Ardo en deseos de arrepentirme.
-Te enseñaré buenos modales.
-Me encantará aprenderlos cuando Usted los tenga dominados- Y cerré la ventana.
Pero olvidé poner el seguro de la puerta posterior, y cuando me agaché a guardar unas cacerolas, sentí un fuerte empujón que me envió de bruces al suelo.
-Te dije que te arrepentirías- Fue lo último que escuché antes de sentir un fuerte golpe en la cabeza y perder el sentido.
Cuando desperté, estaba desnuda y amarrada en el baño.
Mis manos suspendidas sobre mi cabeza y mis piernas separadas por una barra.
-Así que por una ramera como tú es que no logro la atención de Tu Amo.
-No me culpe a mi por sus deficiencias señora, si Mi Amo no la atiende, es porque no le despierta apetito hacerlo.
Una fuerte bofetada cruzó mi cara, haciéndome sangrar la boca.
Tomándome por el pelo, alzó mi cara y miré sus ojos llenos de odio. No pude menos que sonreír al ver esa expresión de su cara.
-Así que te parece graciosa la situación, me supongo.
-Señora, me tiene atada de pies y manos, y sé que tratará de desquitar su impotencia con mi cuerpo, pero a pesar de ser yo la atada, usted es la que no puede liberarse de lo que siente.
-Así que eres muy valiente.
-No tanto como usted que me inmoviliza por miedo a dejarme en igualdad de condiciones.
-Cuando Tu Amo regresé no quedará nada de ti, nada de ese cuerpo que le satisfaga, nada de esa tonta esclava altanera que eres, y entonces, Tu Amo se fijará en mi, porque te dejaré inservible.
-jajaja señora, Usted no conoce ni remotamente a Mi Amo, y si le hace feliz hacerme pedazos pensando que con eso logrará atraer a Mi Amo hacia usted, yo sé que logrará todo lo contrario, pero no creo que pueda entender las cosas.
Con el puño cerrado golpeo mi abdomen, dejándome casi sin aire, repitió los golpes varias veces, como si yo fuera un costal de boxeo.
Cuando se cansó, tomo una vara y justo cuando iba a descargar el primer golpe, una mano la detuvo en el aire.
-¿Se puede saber que está pasando aquí?- Era Mi Amo, que había vuelto de la oficina antes de tiempo.
Yo no tenia aire ni fuerzas para responder. Mi Amo desamarró mis piernas, me sostuvo entre sus brazos para desatar mis manos. Me abrazó y cobijó contra Él, y mientras acariciaba mi cabello me decía:
-Acá estoy chiquita, tranquila.
Intentaba responderle, pero aún no recuperaba el aliento.
Con mucho cuidado, me levantó en brazos y me llevó a la cama, y con suavidad me depositó en ella. Después se volvió a la mujer y le dijo:
-¿Estás loca o qué es lo que te pasa? ¿Crees que es correcto lo que haces? ¡Ni siquiera están en igualdad de condiciones! ¡Jamás te metas con mis pertenencias!
-Pero Mi Amo...
-Yo no soy Tu Amo, acaba de entenderlo de una buena vez, no lo soy y no lo seré, no te lo mereces.
-¿Es por ella que no me tomas bajo tu servicio? Yo puedo ser mejor esclava que ella.
Me levanté lentamente de la cama, ya respuesta y con la cabeza mas serena.
-Ya te dije que no conoces ni remotamente a Mi Amo.
Mi Amo se sentó junto a mi en la cama.
-Si Él no te toma para su servicio, es por ti misma, no por mi.
-¡Cállate! Tú no eres nadie para decirme el porque de las cosas, tu no sabes nada.
-Sé lo que tengo que saber, y eso es lo que me mantiene junto a Mi Amo. Usted compite por un lugar a Su lado, yo simplemente disfruto el lugar que Mi Amo me da a su lado.
La mujer estaba fuera de si, y lógicamente no entendía ni media palabra.
-Cúbrete-ordenó Mi Amo.
Me levanté y vestí con la ropa que tenía antes puesta.
-¿Mi Amo?
-Dime
-¿Puedo hacerle un thé para que se tranquilice la señora?
La mujer levantó la cara, la sorpresa no podía estar mejor dibujada en un rostro, como se le veía a ella.
-Pero... Te acabo de golpear, te he dicho de mil maneras que quiero quitarte de en medio, que quiero tu lugar junto a El y tú... ¿Quieres hacerme un thé para que me calme? ¿Por qué no tratas de desquitarte, de golpearme, de defenderte?
-Señora, si Mi Amo lo permite, vamos a tomar un thé y hablemos, deje de gritar y escuche, disipemos dudas, ¿Podemos hacer eso Mi Amo?
-Anda a hacer el thé, yo la llevo a la sala.
Me retiré a la cocina a preparar el thé, cuando regresé con el servicio para tres, ellos ya estaban en la sala. Mi Amo en su sillón fumaba un cigarro, mientras la mujer había perdido toda su altanería y estaba sentada al borde del sofá.
Puse la charola en la mesa y miré a Mi Amo, sabía lo que esa expresión denotaba, pero tenía la mirada fija en la mujer.
-Siéntate- me dijo, indicándome con la mirada donde debía sentarme.
Me coloqué a sus pies, apoyando mi cabeza en sus piernas.
Tocó mi cabeza autorizándome para hablar sin problemas.
-Dígame algo, ¿qué es lo que tanto me envidia?
Levantó la mirada y sus ojos eran una mezcla de incredulidad, odio y tristeza.
-Mírate donde estás, a Sus pies, tranquila, feliz, y yo... ¿Qué te hace pensar que te envidio?
-Señora, usted no sabe lo que está buscando, y solo está tratando de ocupar un lugar que ni siquiera conoce.
-Tu llegas mucho tiempo después a su vida y estás a sus pies, con un semblante de paz.
-No señora, se equivoca radicalmente, no se trata de llegar y ocupar el lugar, todo es parte de un proceso, de simbiosis, de aceptación, no es sólo el llegar y descubrir ciertas características y empatías sexuales, esto no es solamente el que me use y me deje usar, no sólo son azotes y orgasmos, no es sólo poner mi vida en manos de Mi Amo y que Mi Amo me tomé bajo su cuidado.
Mi Amo acaricia mi cabeza, y con sus dedos me indica que me calle.
-Quiero una vida intensa, quiero sentir, quiero gozar, quiero reír, quiero amar y sentir que me amen...
-Señora- la interrumpo- Ahí está en sus palabras la diferencia en el porque yo estoy aquí y no usted. Usted quiere para usted misma, piensa en usted y solamente en usted. Por eso es que no tiene un lugar en esta casa, y no lo tendrá irrumpiendo de esa manera, con mentiras, con engaños, con exigencias.
Me mira sin entender que le estoy diciendo.
-Usted- continúo- debe entender que para estar aquí donde estoy, lo mas importante es Mi Amo, lo que Él quiere, lo que Él necesita, lo que Él ordena y para conseguirlo, Usted debe de definir sus prioridades, desde que la conocí, no hace mas que retarme, desafiarme, pero ¿sabe? Mi Amo me ha educado, ha invertido su tiempo, su paciencia, me conoce, y por lo tanto, me domina, y yo, me entrego a Él sin condiciones, ¿Sabe porque?
-¿Por qué?- me pregunta ya sin tanta sorpresa.
-Porque confío en Él y Él confía en mi- levanto mi vista hacia Mi Amo, y sonriendo continúo- Porque pase lo que pase y haga lo que haga, Mi Amo sabe que aquí estoy, a sus pies, y yo sé que estaré a sus pies, mientras esa confianza no se rompa. Mientras yo siga entregada y Él se sienta contento con mi entrega.
-Nadie puede entregarse eternamente.
-Eso sólo se sabrá con el tiempo señora, mientras tanto, yo disfruto el aquí y el ahora, y mientras Mi Amo me quiera, mientras me sienta valorada, mientras me sienta protegida, sienta que lo que hago le gusta y complace a Mi Amo, me sentiré plena y por lo tanto, entregada.
La mujer se levantó, suspiró, y camino hacia la puerta... Antes de salir, se volvió para mirarnos y no dijo una sola palabra, simplemente salió de la casa.
-Chiquita, anda por tu collar, que hoy tendremos una noche intensa, prepárame un baño, velas y vino, que me siento contento.
Publicado el 26/06/06
monique[V]