Situaciones

Relatos de Situaciones

lunes, 7 de diciembre de 2009

Confía...

Estaba en la planta baja de la casa, terminando de asear la cocina a media tarde cuando escuché que Mi Amo me llamaba desde la recámara.
Sequé mis manos con un lienzo, lo doble colocándolo en su lugar y me dirigí al segundo piso.
La tarde era templada, con una brisa que hacia mover los árboles que empezaban a reverdecer.
-¿Me llamó Mi Amo?- dije mientras tocaba la puerta.
Su suave voz me autorizó a entrar, lo cual hice colocándome de pie frente a El.
-Gírate lentamente, quiero verte bien, ese vestido te hace lucir hermosa.
No pude contener una sonrisa y sentir mis mejillas enrojecer, ya que aunque me lo dice constantemente, siempre me sabe a la primera vez que lo hizo.
Giré despacio levantando las manos sobre mi cabeza, mis pies descalzos elevaron sus talones para crear la sensación de usar zapatillas.
-Alto- dijo cuando le daba la espalda. Me indicó que separara las piernas y tomara mis tobillos sin doblar las rodillas y sobre todo no podría soltarlos hasta que El me lo indicará
Apoyé mis pies y me fui flexionando, haciendo el esfuerzo por alcanzar mis tobillos.
-Alguien esta descuidando el ejercicio según veo- Dijo con un tono serio.
Apreté los ojos y traté de agarrar los tobillos pero era una batalla que tenia perdida desde el inicio.
-Toma las pantorrillas o… ¿Tampoco las alcanzas?
-Si, esas si alcanzo bien Mi Amo.
Trastabillé un poco al perder el equilibrio, solté mis pantorrillas y puse las manos en el piso para no irme de bruces.
Al recobrar el equilibrio, volví a sostener mis pantorrillas.
Mi Amo levantó mi vestido dejando mis nalgas descubiertas, tiró de la tanga sacándome un gemidito, más de sorpresa (como si fuera la primera vez) que de dolor.
Acarició mis nalgas mientras decía:
-¿No te di la indicación en el idioma correcto?
Asentí con la cabeza. Jaló de la tanga más fuerte, yo apreté los labios para no gritar.
Traté de encontrar mi centro de gravedad, mi cabeza sonado con “Es fácil tu puedes” y entonces un toque de sus dedos en mi cadera rompió el equilibrio, nada del otro mundo, pero de nuevo me solté y antes de tocar el piso con las manos Mi Amo ya me sostenía por las caderas.
-Cobarde- me dijo mientras me daba un par de nalgadas- Anda vete a terminar lo que estabas haciendo.
El corazón de inmediato se me paralizó al oírlo.
-P... pero Mi Amo…
-Anda vete, todo está bien, sólo me aburrió el juego.
Bajé las escaleras lento, con el corazón en un puño “Se aburrió” era todo lo que me repetía para mis adentros.
Terminé y me fui a recostar al sillón, unos minutos después me volvió a llamar.
Subí como estampida las escaleras, toda desbocada.
Toqué y no esperé a que me autorizara a entrar. Su mirada me hizo ver mi error.
Regresé sobre mis pasos y volví a tocar. ¿Mi Amo puedo entrar?
Silencio, ni un ruido salía del cuarto. Esperé, mi corazón latía con fuerza, las manos me sudaban…
-Entra.
Tratando de contenerme pero no de disimular, avancé y me puse frente a El como siempre.
Con la mano me indicó que me girara, no hubo necesidad de más indicaciones, tomé la posición de minutos antes, tratando de sentirme firme para no soltarme, prácticamente me enterré las uñas en las pantorrillas y en mi cabeza un “Pase lo que pase no te sueltes, confía” Sentí sus manos en mis caderas y empezó a balancearme, primero poco, luego fue inclinándome cada vez más. Pero esta vez no me solté, cerré los ojos para no ver que tan cerca o lejos del suelo estaba, como si así no fuera a notar cuanto me inclinaba…
-¿Sabes que te pasaría en este momento si yo te soltara?- su voz era divertida.
-Me rompo el hocico Mi Amo.
Sonrió, yo sé que sonrió aunque no lo veía, sé que mis sonseras le hacen sonreír.
Me regresó a la posición inicial y ordenó que me enderezara mientras me nalgueaba un poco.
-Buena chica- me dijo- Vamos a tomar café.
De regresó después de la cena, se repitió la postura, las inclinaciones sólo que ahora añadió una sensación: Cuando me tenia con la nariz casi en el suelo emepzaba a jalarme despacio hacia el y de repente soltaba mi cadera volviendola a tomar casi al instante, mi nariz de nuevo cerca del suelo, el corazón palpintan sentía se salía por mi boca, un vació extraño en mi estómago y un grito contenido en mis labios:
Repetía el movimiento, nada hacia que pudiera preever cuando me soltaría y en cada vez sensación de pánico iba disminuyendo porque siempre me volvia a tomar a tiempo, y yo ya me sentía más confiada.
Al otro día, mientras bajamos para ir a desayunar, me indicó que adoptara la posición pero en el último escalón de la escalera, y que me asegurara que los dedos de mis pies quedaban una pulgada cerca del borde. Obedecí algo extrañada, pero confiada, tomó mi cadera, y repetimos el subir y bajar, mis ojos cerrados pero la respiración tranquila. Bien no entendía, pero obedecía.
En la oficina recibí Su llamada, la postura debía mantenerla al menos 5 minutos con la cabeza lo más levantada que pudiera y sobre todo, los ojos abiertos.
Cerré mi oficina, le indiqué a mi secretaria que no me pasara a nadie ni ninguna llamada y ejecuté la orden, después de dos minutos, comenzaba a aburrirme, pero después de tres me sentía cansada, casi al llegar a los 5 pensé que me caería, las corvas de las rodillas y la parte dorsal ý cervical me dolían.
Aliviada vi que concluían los 5 minutos, Envié un mensaje y seguí con mi día normal.
Pasado el medidía recibí un mensaje,”15 minutos” Aguanté la respiración y entre mis labios salieron las palabras mágicas “Si Mi Amo” Por suerte era la hora de la comida y nadie llamaría ni llegaría. Yo sabía que no iba a aguantar los 15 minutos, así que me acerqué a la pared, chequé distancia, tomé la posición y apoyé la frente en la pared. Según yo al tener un punto de apoyo extra, sería más fácil… Error, al poco tiempo el cuello resentía la carga pero no quería moverme…
-Estás bien tonta- oí la voz de Mi Amo detrás de mi- Ven acá.
-De verdad que sola no te puedo dejar, ¿Pretendes lastimarte o que? A ver acá a media oficina, vamos a ver como lo haces.
Creo que nunca había estado tan consciente de la duración de cada segundo.
Las piernas me temblaban, sudaba, sentía pinchazos en diferentes partes, hasta que por fin terminaron los 15 minutos.
-Despacio, muévete primero antes de incorporarte, ven acá.
Me tomó en sus brazos y acarició mi espalda mientras mi cabeza me gritaba “Urge regresar al gimnasio”
La escalera de la casa cuenta con tres secciones, cada una dividida por un escalón mas amplio Acá en México les decimos “descansos”.
Al ir subiendo y llegar al primer descanso, me dijo que me detuviera y cerrara los ojos. Me fue conduciendo, me hizo girar, caminar un par de pasos, girar media vuelta, un cuarto de vuelta, izquierda o derecha según me indicaba, hasta que estaba desorientada, después me indicó que me pusiera en la posición, un leve estremecimiento surcó mi espalda pero obedecí, repetimos las inclinaciones, mis uñas clavadas en mis pantorrillas, y cuando estaba más inclinada me ordenó abrir los ojos y alzar la cara, mi nariz casi rozaba el escalo siguiente y mis ojos miraron la estancia…
Temblé, sudé, mi acrofobia se hizo presente. Me quedé sin respiración a la vez que sentía que el corazón se salía por mi boca. Fueron unos instantes que me supieron a eternidad, más fue el terror que sentí que la obediencia lo que hicieron que no me soltara.
Mi Amo me atrajo hacia El mientras me decía que soltara mis pantorrillas, me abrazó por la cintura mientras me calmaba, mis ojos estaban fijos en lo que sentí era en ese momento la cima del mundo, pero poco a poco me fue tranquilizando y me hizo notar que no pasó nada.
Cuando me hallé tranquila, me dijo que lo repetiríamos, cerré los ojos, de nuevo giros, de nuevo la postura, de nuevo los vaivenes, de nuevo abrir los ojos y de nuevo la estancia frente a mis ojos, la nariz casi en el suelo.
-Pase lo que pase no te sueltes.
La sangre estoy segura abando no mi cuerpo, asentí con la cabeza no podía hablar, tenía miedo, mucho miedo, empezó a acercarme a El y si, lo que tanto temiía… Me soltó… abrí la boca pero nada salió de ella, mis manos paralizadas se quedaron clavadas en mis pantorrillas y de nuevo a tiempo me sujeto…
-¿Estás bien?- Su voz denotaba que se estaba divirtiendo.
Con trabajos asentí con la cabeza mientras sentía como me aproximaba a Él, para soltarme de nuevo y volverme a sujetar, para quién nos viera diria que eran centésimoas de segundo, para mi era una eternidad entre que me soltaba y me volvía a sujetar, cuando dejé de temblar, terminó el ejercicio.
A la mañana siguiente antes de terminar de bajar, repetimos, cerrar los ojos, girar desorientarme, y posición, pero como ya sabía yo lo que seguía empecé a llorar, temblaba sin control, pero sin soltarme, repetimos las inclinaciones, mientras Mi Amo me preguntaba si quería parar, con la cabeza decía que no, pero mi actitud parecía que era un si. De nuevo me abrazó y me tranquilizó.
Antes de salir a trabajar, repetimos, pero ya no lloré ya el miedo fue menor, me sentía más segura. Ahora hubo preguntas mientras el tiempo con los ojos abiertos fue mayor.
-Chiquita ¿Te imaginas que me da un calambre y te suelto?
Asentí con la cabeza ya que no podía hablar porque me quede sin aliento.
-Como me hubiera gustado ver la cara que pones- Dijo en tono divertido.
Al salir comentó que le daba gusto que no llorara porque arruinaría el maquillaje de mis ojos y hoy particularmente le habían gustado mucho, de nuevo me sonrojé y sonreí y con esa sonrisa me fui a trabajar.
Para el viernes por la mañana, ya no había miedo en mi, ni palpitaciones ni temblores, estaba ya totalmente confiada.
A media mañana recibí su llamada diciéndome que si tenía citas porque tenía que viajar cerca y quería que lo acompañara. Le dije que todo estaba bien y que estaría lista a la hora que me indicara. “Una hora, nos vemos en casa, lleva ropa cómoda, jeans que tanto te gusta esta bien, sandalias, o tenis”
Apenas el tiempo suficiente para cancelar todo y salir corriendo a cambiarme.
Cuando llegó estaba terminando de recoger mi pelo en una coleta.
Bajé las escaleras y me detuve en el descanso.
-¿Nos da tiempo de repetir el ejercicio?
Se rió.
-Eres una golosa de la adrenalina, anda vámonos, ya habrá tiempo.
Tomamos la autopista, el día era francamente delicioso, la música como siempre excelente, la charla ligera y la compañía inmejorable.
Yo como buen copiloto llevaba un mapa en las manos el cual dicho sea de paso, no tengo la más mínima idea de cómo usar.
-Mira- Me dijo señalando un letrero- Esta carretera tiene una desviación a la zona Arqueológica de Teotihuacan.
-Hace años que no la visito- Comenté.
-¿Quieres ir? Ahí podríamos comer.
La idea de entrada me pareció fascinante, ese contacto con las construcciones edificadas sin las facilidades de la modernidad resultan siempre atractivas para mi.
Es un encuentro con mis antepasados.
Al ingresar nos proporcionaron un mapa donde señalaban los diferentes accesos.
-Me gusta pararme al pie de la Pirámide de la Luna- Le dije. Una leve sonrisa, de esas que reconozco a veces en Mi Amo fue la respuesta.
-Ver la Calzada de Los Muertos extenderse hasta crear la sensación de que toca el horizonte me cautiva.- Comenté
-¿Y porque al pie y no desde la cima?
Temblé tan sólo de pensar en las alturas, mi acrofobia volvía a hacer acto de presencia.
-Tranquila chiquita, no te haré subir a la Pirámide de la Luna, hay un punto en donde se observa perfectamente toda la zona.
Respiré más que aliviada.
Caminamos, yo embelezada escuchando las explicaciones de Mi Amo sobre la construcción, el estilo de vida, mirando detalles que en lo común nadie repara, y si, orgullosa de cómo sabe sobre nuestras raíces.
Llegamos al pie de la imponente Pirámide del Sol. Alzar la vista y mirar a los turistas subiendo y bajando ayudados por las cadenas colocadas por las autoridades, me daba vértigo sólo pensar en tantos y tantos escalones.
Después de sacar unas fotos, y de algunas explicaciones, pasó lo que esperaba no pasara…
-Vamos a subir- Me dijo justo cuando tomaba la fotografía al pie de la Pirámide del Sol.
Un mareo se apoderó de mí, lo miré suplicante pero “casualmente” su atención estaba en otro sitio.
-Mi Amo… por favor…- las palabras no podían salir de mis labios, el estómago era un nudo, las rodillas se me doblaban.
-Te dije que te mostraría el mejor lugar para mirar el valle y que no subiríamos a la Pirámide de la Luna y soy un hombre de palabra. Déjate de tonterías y subamos, o acaso ¿Piensas dar un espectáculo a nivel internacional?- dijo mientras señalaba a los turistas.
Me sorprendí a mi misma asintiendo con la cabeza y avanzar, todo dentro de mi me decía que parara, que diera media vuelta y saliera corriendo de ahí pero no lo hice, había recibido una orden y obedecía.
Bastaron tres, si, tres pasos y me caí, ¡Por Dios! Tres pasos y ya estaba en el suelo, los turistas mirándome, Mi Amo preguntó si estaba bien, pero nunca si quería quedarme a nivel del piso, tomó mi mano y empezamos a subir.
-Fíjate donde pisas, pero no centres tanto la atención…
Fue ilustrándome en como subir, en los materiales, en las proporciones…
Las Pirámides de Teotihuacan no son de caras planas sino que están dividas en secciones, algo así como los descansos de una escalera, cada sección cuenta con una especie de terraza que permite tomar un respiro, dado que los escalones son pequeños.
Al llegar a la primera sección casi corrí a pegarme a la pared. Mi Amo me indicó que caminaríamos rodeando la Pirámide desde esa primera sección, yo iba prácticamente como lagartija pegada a la pared, sin querer ver mas que las piedras, pero Mi Amo me señalaba cosas o detalles que debía de observar y entonces lo veía caminar tan quitado de la pena por la orilla, con seguridad y aplomo, eso me ponía más nerviosa.
-Mi Amo por favor, por la orilla no- suplicaba con la esperanza de que se alejara del borde, pero no, siguió caminando así, y si, lo sé, divirtiéndose con mi manera de caminar tan particular.
Llegamos de nuevo a la escalera, faltaba para mi perspectiva, como media vida para llegar a la cima, pero a la vez me preocupaba como iba a bajar. Miraba arriba, miraba las escaleras hacia abajo y mis manos se aferraban a la cadena colocada para ayudar a las personas a subir y bajar.
-Continuemos- y extendió su mano para tomar la mía.
Iba a comenzar a subir cuando oí un “disculpe” con extraño acento y bastante apremiante, y vi a una mujer mayor que yo, de rasgos orientales, subir a toda prisa a cuatro patas la escalera, entonces pensé que era buena idea sentir así más seguridad… Una leve sonrisa se dibujó en mis labios cuando oí:
-Ni se te ocurra, a cuatro patas solo te pones para mí.
Suspiré porque a pesar del tiempo sigo sin saber como hace para saber lo que pienso.
Subimos e hicimos lo mismo al llegar a la siguiente sección, sólo que ahora estaba pensando en como iba a vivir ahí, porque no sabia ni como iba a bajar.
Al llegar a la tercera sección, Mi Amo me dijo que ya bastaba del juego de la lagartija y que dejara de hacerlo, que caminara normal.
Ciertamente todos los turistas se enfocan a subir y bajar, nadie rodea ni se asoma para otro lado, así que cuando llegamos a la parte posterior de la última sección antes de llegar a la cima, Mi Amo tomó mi mano y dijo:
-Vamos a ver que tal estuvieron las prácticas que llevamos toda la semana.
Sentí como si el mundo se abriera, pero cerré los ojos y extendí la mano… Comencé a llorar.
Inició giro a la derecha, izquierda, un cuarto regresa un paso… lo irregular del suelo hacia un poco mas complicado mi desempeño.
Entonces después de un rato cuando realmente no sabía hacia donde estaba me dijo:
-No vayas a dar un paso hacia el frente por nada del mundo- Temblé- Toma tus pantorrillas y no las sueltes, cualquier movimiento que hagas puede sacarme de equilibrio a Mi y no queremos eso ¿Cierto?
Como autómata tomé mis pantorrillas, las lágrimas eran más que evidentes, sin gimoteos ni sollozos, sólo resbalando por mi cara.
Entonces inició el ir y venir tomado de mi cadera, me inclinaba y yo temblaba…
-Por favor…- Susurré.
Entonces cuando sentí que estaba muy muy inclinada me acercó hacia El y… ¡Me soltó! Pensé en… en nada, el tiempo se me hizo realmente eterno hasta que me tomó nuevamente de la cadera y me atrajo hacia El, suspiré aliviada y justo cuando terminaba de sacar el aire me soltó nuevamente para volverme a tomar.
-Aún no abras los ojos- dijo mientras me abrazaba por la cintura- Eres muy obediente y me siento muy orgulloso de ti. Realmente te ves hermosa cuando lloras. ¿Lo hacemos de nuevo?
Mis ojos seguían cerrados inexplicablemente, mi mente y todo mi cuerpo gritaban que no, que no quería hacerlo de nuevo, pero mis labios emitieron un “Si Mi Amo”.
Besó mi cuello e indicó que tomará la posición
-Y recuerda- dijo- no vayas a dar ni medio paso al frente.
Y de nuevo hacia delante y hacia atrás, de nuevo a soltarme y a tomarme, poco a poco dejé de temblar, dejé de sentir miedo, y justo cuando me sentí mas inclinada Mi Amo dijo:
-Alza la cabeza lo más que puedas y abre los ojos.
Inhalé, alcé la cabeza y abrí los ojos y no daba crédito a lo que veía.
Mi lado izquierdo daba hacia la pared de la Pirámide y mi lado derecho al vacío, mi cara hacia la terraza, jamás había estado en la orilla como había pensado, realmente nunca estuve en riesgo mas grande que caer de bruces al suelo inmediato y no al vacío.
Mi Amo me ayudó a recobrar la vertical, me hizo girar y me abrazó.
Mi sorpresa era tal que no sabía que decir ni que pensar.
-Hoy hemos aprendido dos cosas chiquita.
-Si Mi Amo- interrumpí- que el miedo es relativo a lo que se piensa y no a lo que pasa.
Sonrió y acarició mi cabeza.
-Si también eso aprendiste pero aún más importante:
Tu fe ciega en Mí y que Yo jamás te pondría en real riesgo por nada.
Lo abracé agradecida por la lección. La última parte del ascenso fue pan comido cumplió su palabra, era la mejor vista de todo el valle y hasta fotos me saqué.
Al bajar, entrecerré los ojos, inhalé y tomé la mano de Mi Amo que me condujo sana y salva de regreso del cielo a la tierra.

Feliz a Los Pies de Mi Amo
monique[V]

¿Gusta Cooperar?

Sonó el teléfono y apenas contesté oí su divina voz al otro lado.
-Mezclilla vieja, blusa sencilla transparente, sandalias planas y tu guitarra, pasó por ti en 10 minutos, más te vale que estés afuera esperándome.
Como torpedo salí disparada a cambiarme, tomé mi guitarra y bajé corriendo las escaleras, apenas a tiempo cuando llegaba Mi Amo por mí.
Subí al auto colocando mi guitarra en la parte posterior.
Con una sonrisa lo saludé.
-Buenas tardes Mi Amo, ¿Tendremos una reunión bohemia?
Sonrió con esa sonrisa que me causa escalofríos.
-Subiremos a un autobús y cantarás una canción, después pedirás cooperación entre los pasajeros, yo estaré ahí por supuesto y nada de hacer notar que me conoces ¿Entendido?
-S…si Mi Amo
¿Cantar? ¿Cooperación? ¡Me muero!
-Si no quieres…
-No, no, si quiero Mi Amo- Interrumpí
Estacionó el auto y nos dirigimos a la parada, El a unos pasos de mí.
Al llegar un autobús no muy lleno, lo observó y me indicó que no me subiera, así que esperamos al siguiente. No entendía bien porque no cualquiera, pero no dije ni hice nada.
Al fin parecía que uno le complacía e indicó me adelantará, con la cara como tomate pedí permiso al conductor el cual me miró extrañado y aceptó.
Subimos y me coloqué junto a la puerta posterior, Mi Amo se sentó en unos de los lugares de en medio.
Con voz temblorosa y escaso equilibrio medio canté una canción, después agradecí la atención y solicité la cooperación.
Avancé con mi guitarra en la mano y acercándome a cada pasajero, extendía la mano diciendo “¿Gusta cooperar? Las monedas iban siendo colocadas.
Al llegar a donde estaba Mi Amo le dije lo mismo, me miró y dijo:
-¿No le parece que está en posición de trabajar como para andar pidiendo limosna?- Su voz era alta, estoy segura que todo el pasaje lo escuchó, mi cara me ardía ya de vergüenza.
-¿No será que está buscando cliente para otro tipo de servicios?
Las cabezas giraron y los murmullos iniciaron.
Sacando valor de no se donde, dije:
-¿Será que el caballero requiere de ese otro tipo de servicio que puedo brindarle?
Algunas exclamaciones se escucharon.
-Creo no tienes suficiente carne que agarrar- Agarrando una de mis nalgas con fuerza
-No es lo que se tenga sino como se utilice- Respondí
Una señora me miró con esa cara que ponen cuando reprueban alguna conducta.
Mirando al señor que tenia junto dijo:
-¿No le parece que esta puta no tiene nada que ofrecer?
Quería bajarme corriendo, la vergüenza era cada vez más grande.
El señor se levantó de hombros pero no dijo nada.
Tomándome del brazo bajamos del autobús, muchos ojos nos siguieron en el descenso y no dejaron de mirarnos mientras cambiaba el color del semáforo. Mi Amo puso sus manos en mis senos y los apretó con fuerza haciéndome pegar un pequeño brinco.
El autobús siguió su marcha, Mi Amo sonrió divertido.
-Otro más, ¿verdad?
Asentí con la cabeza. De nuevo no subimos a cualquiera, cuando me autorizó el conductor a subir, noté que en ese autobús tampoco iban niños, comprendí el porque la selección.
Canté y empecé a pedir la cooperación, igual que en el anterior, esperaba de nuevo la pregunta pero Mi Amo nunca deja de sorprenderme.
-¿Tu no eres la puta que me cogí anoche?- Su voz era lo bastante alta como para que nadie dejara de oírlo. Muchas caras se voltearon a mirarme.
Negué con la cabeza.
-Estoy seguro que eres tu, estas tetas tan flácidas no se olvidan- Dijo al momento de apretarme un seno.
-Creo que me gustaría repetir, eres buena cogiendo ¿Vamos?
Asentí con la cabeza, mi rostro ya no estaba rojo sino lívido.
Al momento de levantarse paso su mano por mi entrepierna, estoy segura que el pantalón ya estaba mojado.
Bajamos del autobus y sin mas dijo:
-Uno más- Y se alejó de mi lado.
Apoye la guitarra en mi pie, pensando en cual seria ahora la situación, la parada empezó a llenarse de gente, casi todos gente joven.
Llegó por detrás de mí y nuevamente con voz fuerte preguntó:
-¿Sigues cobrando lo mismo?
-S…si- alcancé a musitar.
-¿Con mamada incluida?
Obvia decir las miradas algunas disimuladas y otras descaradas que se enfocaron en nosotros.
Asentí con la cabeza.
-Vamos entonces- y me tomó por la cintura.
Las miradas nos siguieron mientras nos alejábamos, la mano de Mi Amo pasaba de una nalga a otra mientras avanzábamos.
Mi entrepierna mojada, mi clítoris palpitante, los pezones erectos, la respiración entre cortada.
Subimos al auto. Lo puso en marcha sin decir media palabra.
Pero llegando a casa dijo:
-El collar y el huevo, te espero en la cama. Te has portado bien y mi perrita merece un premio…. Sobra decir los orgasmos que me provocó.

Feliz a Los Pies de Mi Amo
monique[V]

Reencontrandome

El aire húmedo soplaba con calma, mientras mis cabellos sueltos revoloteaban frente a mi rostro.
En esa casa, parecía no haber más nadie que yo; quién me viera a la lejanía, pensaría que estaba atada con las manos y piernas separadas sobre mi cabeza.
Las gotas de sudor resbalaban por mis mejillas haciendo que algunos cabellos quedaran adheridos a mi rostro denotando cansancio.
Tenia los ojos cerrados y la cabeza caída sobre un lado, a veces parecía como si las piernas separadas me flaquearan y fuera a dejar caer mi peso en los brazos, pero tomaba aire, sacudía la cabeza y mantenía la postura.
Un golpe seco en la entre pierna me hizo emitir un leve gemido y levantar la cabeza, no cerré las piernas y con trabajos, emití una sonrisa, cuando abrí los ojos, miré a Mi Amo de frente.
La sonrisa no desapareció de mis labios, ni siquiera al notar la seriedad en la cara de Mi Dueño, yo debo estar sonriente, salvó que El me indique otra cosa.
No había barra que mantuviera mis piernas abiertas, y aún así no las cerraba, ni por el cansancio, ni por nada, la indicación fue clara y yo obedecía.
-Ven
Solté las sogas de las que me sostenía para no caer, nada me ataba, solo la voluntad de Mi Amo…
Las piernas tardaron un poco en reponerse, pero adopté la postura de una perra a cuatro patas y me acerqué a Mi Amo.
-¿Aprendimos la lección?- Me dijo con tono cariñoso.
Solo alcancé a mover la cabeza afirmativamente, pero sin levantarla.
Una ráfaga de viento logró reanimarme un poco, después de estar tanto tiempo bajo el sol, que a pesar del clima frío, me había acalorado.
-Humm no estoy muy seguro de eso- dijo moviendo la cabeza negativamente.
Mi Amo sin acariciar mi cabeza como solía hacer, me guió debajo del árbol más cercano, sobre el césped y dejando que me echarse, mientras traía un cuenco con agua, la cual me indicó a beberla.
-Despacio o te hará daño- me dijo al ver como sorbía.
Levanté los ojos agradecida, con una sonrisa sincera.
-Vamos adentro- me dijo mientras daba media vuelta y se encaminaba hacia la casa.
Avancé, siempre a 4 patas detrás de El.
La estancia era amplia, fresca, con sillones forrados en piel negra, una mesa de centro desprovista de cualquier adorno, la alfombra era mullida, suave al tacto… Agradecí interiormente ese contacto...
Subí a la mesa a 4 patas, echando la cabeza hacia abajo, levantando el culo, separando las piernas. Yo era el adorno de la mesa.
Un par de nalgadas me hicieron respingar, pero después siguieron más y más, el color de mis nalgas iba cambiando hasta lograr un rojo subido, dejando marcas de ellas.
Apreté los dientes y los labios para no emitir sonido alguno, entonces sentí un leve tirón de cabellos, la indicación para que levantara la cara. El mango del fuete bajo mi barbilla me indicó que me irguiera.
Sin bajarme de la mesa y sin cerrar las piernas, coloqué las manos detrás de la cabeza, exponiendo los senos ofrecida.
La lengua del fuete chocó contra un pezón y después contra el otro, de manera precisa y certera. Después se repiten una y otra vez, las lágrimas empezaron a surcar mi rostro.
-¿Te duele?
Moví la cabeza afirmativamente, no puedo negar lo evidente.
-Baja de ahí, buscaré quién no sea tan quejumbrosa- El tono de desdén era muy marcado.
-Por favor…- Susurré
-Cállate, ¿Desde cuando las perras inútiles hablan?
Bajé de la mesa, obedeciendo, y me dirigí lentamente hacia mi rincón, muy lentamente, esperando que me llamara para darme otra oportunidad. Un remolino de sentimientos giraba dentro de mí, no alcanzaba a entender que pasaba.
Me incitó a darme prisa, parecía que no habría más oportunidades.
-Eres lenta, torpe, quejumbrosa, cada vez más inútil.
Las lágrimas iban en aumento, con pequeños sollozos acompañándolas.
Mi rincón de castigo estaba en la parte más alejada de la cocina, apenas con una frazada para no quedar en contacto con el suelo.
Me coloqué en mi lugar, no sin antes mirar a Mi Amo solicitando su perdón. Tal vez me dejaría dormir a los pies de su cama al menos.
-Tú no aprendes o no quieres aprender, no sabes tu lugar o no quieres saberlo, pero aprenderás, vaya que aprenderás.
Me recosté hecha un ovillo escondiendo la cara no con resignación, pero si con muchas ideas en mi cabeza. Me sentía enojada conmigo misma por no poder complacerlo, tanto que me esmeraba en ser mejor y no daba resultado, algo estaba haciendo mal y no entendía que era, pero no recurriría al camino fácil de preguntar que era, tenía que encontrar la razón por mis medios.
Los primeros rayos de sol me despertaron, estaba adolorida por la postura, moví lo más que pude los músculos para desentumirlos. Esperaba que Mi Amo apareciera pronto, necesitaba orinar.
A los pocos minutos apareció, me miró y le sonreí, sentía que mi aspecto era terrible. Mi Amo se apiadó de mí permitiéndome ponerme en pie.
-Ve a asearte, después desayunaremos.-Me dijo señalando hacia el jardín.
Lo miré un poco desconcertada, caminé titubeante.
El aspersor estaba puesto a medio jardín, bajé la cabeza y suspiré, no tendría un baño caliente. Las primeras gotas de agua fría chocaron contra mi piel produciéndome leves espasmos, al poco estaba empapada, temblando de frío pasé mis manos por el cuerpo, sacudí mis cabellos y busqué con que enjabonarme, a un lado había un jabón de pasta para ropa, no cabía duda, con eso debería hacerlo. Llené mi cuerpo de jabón y el pelo lo mas rápido posible, no podía ya controlar los espasmos y mis manos empezaban a ser torpes, traté de darme prisa para enjuagar cada parte, poniendo especial atención en mi entre pierna.
Cuando al fin logré enjuagarme, me alejé del agua, pegando los brazos a mi cuerpo tratando de recuperar un poco el calor, miré hacia la casa y Mi Amo me observaba pero sin hacer ningún ademán o gesto que me indicará lo que debía hacer.
Me quedé parada, temblando, con el cabello enredado y mi cabeza sin entender que pasaba.
Unos minutos pasaron que me supieron a eternidad antes de que Mi Amo me diera una toalla para secarme.
Mientras titiritaba trataba de controlarme, El me enredó en la toalla mientras las lágrimas empezaban a bajar por mis mejillas, la contracción muscular comenzaba a doler y debía relajarme, trataba de respirar profundamente, pero el llanto no me lo permitía.
-¿Enojada?- Me preguntó.
Negué con la cabeza, porque no era enojo, era incomprensión.
-¿Segura?- Inquirió.
Aseveré con la cabeza.
Mi Amo frotó mis brazos sobre la toalla, después las piernas, la espalda… El calor poco a poco regresaba a mi. Quien me mirara diría que tenía un aspecto realmente patético: el cabello hecho una maraña, la espalda encorvada, ojeras profundas en los ojos, los labios resecos y sin color, mirada apagada, manos y rodillas raspadas, sentía el alma dolida.
-Anda vamos a desayunar.
Pensé en café, tostadas, miel, fruta, jugo… tenia tanta hambre.
Al entrar en la cocina encontré un amasijo formado por avena y frutas en un plato puesto en el rincón de la cocina. Parecía que ni en ese momento seria tratada como persona. Retomé en ese momento mi postura a 4 patas, las rodillas me dolían.
Comí despacio tratando de no ensuciarme la cara, la mezcla no sabía mal, y debía tener miel o algo porque era dulce y pegajosa.
Junto había un cuenco con agua, lo sorbí despacio.
Sin poder evitarlo, empecé a llorar de nuevo, seguía sin comprender porque no había una tregua, porque el trato de esa manera. Eran dos días ya y ni siquiera una palabra amable, ni siquiera una razón de los castigos.
De reojo miré a Mi Amo quien me observaba inconmovible. Lo adoraba, lo amaba hasta la locura, ¿Qué era lo que hacia mal? Traté de repasar las órdenes y mi reacción, siempre tratando de hacerlo mejor, de ser exacta, precisa, no encontraba la falla, pero las cosas no salían como pensé que saldrían, me concentraba en obedecerlo, algo estaba haciendo mal, pero no me doblaría, no me daría por vencida, lograría verlo de nuevo complacido como antes.
-Ven acá.
Moviéndome lo más rápido posible me puse a sus pies.
Agaché la cabeza y sacando la lengua lo más que pude, recorrí alrededor de mi boca, buscando restos de esa cosa que me dio a desayunar.
-“Perfecto”- pensé- ni un solo rastro de comida- Entonces levante la cara y sonreí.
-Cariño sube a ponerte un vestido lindo, el verde te quedará perfecto, iremos a dar un paseo, si quieres báñate de nuevo, creo que ese cabello necesita de un buen shampoo. Maquíllate como te gusta, quiero que te sientas tan hermosa como eres.
-“¿Cómo? No entiendo- pensaba- ¿El verde? Ese vestido es tan normal… ¿Bañarme de nuevo? No me dijo si podía usar agua caliente o no, usaré la fría para que no crea que abuso…
Mi cabeza seguía así mil ideas de cómo ser “mejor”
-No olvides usar agua caliente linda, el agua fría no te sienta bien- su tono era cariñoso.
-“¿Qué pasa ahora? – seguía pensando.
El agua caliente era una verdadera delicia, casi logra hacer que olvidara lo que pasaba, pero reaccioné y me di prisa, sequé mi pelo, lo peiné, me maquillé deteniéndome en los ojos un poco mas, al momento de irme a vestir un pensamiento más llegó a mi “la tanga, no me dijo si ponerme ni cual” Sentí pánico…
-¿Lista?- Dijo entrando a la habitación.
Yo petrificada, peinada y maquillada pero desnuda, parada a media pieza, sin lograr emitir un solo sonido.
-¿Qué pasa?- Dijo con voz tranquila.
- L…a ropa interior, n…o me dijo que hacer.- Empecé a temblar, a sollozar.
-Cariño- dijo al abrazarme- Usa la que quieras, la que tu gustes.
-“¿Cómo? ¿La que yo quiera? Si, seguro se cansó de mi incompetencia, seguro es eso, seguro me tratara lindo ahora para que cuando me diga que todo terminó, no me sienta mas culpable”- Mi cabeza seguía así.
-¿Sabes que me gustaría?- preguntó mientras íbamos en el auto.
-“Ay, pregunta, examen, piensa en la respuesta correcta, vamos, piensa,…”
-Ir al cine- dijo interrumpiendo mis pensamientos. ¿Cómo iba a adivinarlo? Una falla mas, ¡Demonios! No logro ser mejor.
Fuimos al cine, tomó mi mano antes de entrar, me preguntó por la película que me gustaría, todo tan normal, tan lindo, tan… “no no, alerta, no te distraigas, atenta” mi cabeza seguía ahí recordándome.
Después fuimos a comer, comida china, mi favorita, me conoce tan bien y yo…
Guardé silencio en el trayecto de regreso, la música llenaba el auto y Mi Amo tarareaba, bromeaba, yo reía, me sentía embelezada a su lado “atenta, no te distraigas, atenta” esos pensamientos me tensaban, “la sonrisa, no mires a los ojos, no niegues, lista, atenta”
-¿Recuerdas como se llama este tema?
-“No, no puede ser, ¿Cómo se llama? Vamos acuérdate…” Comencé a llorar.
Mi Amo me miró, no dijo nada y estacionó el auto en un parque. Me indicó bajar y caminamos a una banca bajo un árbol hermoso. El viento frío empezaba a soplar.
-¿Dónde se fue?
-“¿Quién? ¿De quien me habla? Piensa anda vamos, piensa”
-¿Sabes? Piensas demasiado, piensas de más, ¿Por qué estas así?
-Mi Amo, ¿Puedo hablar libremente?
-Siempre.
- No sé que hacer Mi Amo, no sé que espera de mi, siempre trato de hacer cosas que le gusten, pero nunca me dice si le gustan o no, dice que no le molestan, pero no que le gustan. A veces me trata con la punta del pie y me regaña, yo me esmero, pero no logro hacer que me diga que le gusta lo que hago, y así sin más, me trata lindo, sin merecérmelo, porque ya fallé… algunas fantasías que tenía simplemente ya no podrán ser…- El llanto impidió que pudiera seguir.
Escondí la cara entre las manos, me dolía el alma… Mi Amo esperó, esperó a que me calmara, a que estuviera mas tranquila para hablar.
-Alza la cara, y pon atención.
Inhalé, limpié mis ojos… “atenta, no te desconcentres, atenta, no puedes fallar mas”.
-Deja de pensar linda, de esa manera te estas acabando sola.
Realmente me sorprende la manera en que me conoce.
-Te voy a hacer unas preguntas, no es un examen, acá no hay exámenes, no hay respuestas correctas e incorrectas, sólo respuestas sinceras ¿Está claro?
-Si Mi Amo.
- ¿Por qué dices que no sabes que hacer?
- Porque un día me da una indicación, la aprendo, la ensayo y resulta que a la siguiente vez, las cosas ya no se hacen así.
- ¿Por qué dices que no sabes que espero de ti?
-Porque nunca sé como debo de reaccionar correctamente.
-¿Quién te dijo que no me gusta lo que haces?
-Cuando le pregunto si le gustan o me dice que no le molesta o me responde como si nada, o no me responde.
-Mmmmmm, ¿Quién dijo que no te mereces que te trate lindo?
-Pues yo, si no hago bien las cosas, es lógico que no me lo merezco.
-¿Y quien te dijo que no lo hiciste bien?
-Pues yo, porque no me lo dice.
-Mmmmm, ¿Te molesta que te trate con la punta del pie a veces y otras lindo?
-No, de verdad no me molesta que lo haga, me desconcierta que no se cuando es porque y cuando es para que.
-¿Recuerdas que te dije que mi responsabilidad era que estuvieras segura, protegida?
Afirmé con la cabeza. Una pareja pasó en ese momento, haciéndonos callar unos segundos, empezaba a refrescar y yo por consiguiente a temblar.
-A veces debo protegerte hasta de ti misma, algunas de tus fantasías, no son para ti, en vez de disfrutarlas, te dañarían física y emocionalmente, no es por no querer que también vivas las cosas, es solo que te conozco y algunas de ellas no son para ti. La mayoría las has vivido ¿O no? Incluso muchas que no te atreviste en su momento a decirme- Sonrió con complicidad.
Nuevamente mostraba cuan inconsciente había sido yo, cuan egoísta me estaba volviendo. Me conocía y me conocía bien.
-¿Me quieres? ¿Te gusta ser mi esclava?
-Mi Amo, lo adoro con toda mi alma, si no me gustara ser su esclava, no trataría de ser perfecta.
-¿Perfecta? No existe la perfección, te diré lo que veo.
-Por favor.
-Cuando iniciamos esto, eras natural, eras tu misma, no necesitabas un porque ni un para que, te bastaba obedecer y disfrutabas obedeciendo, fuera cual fuera la orden. No necesitabas explicaciones tu placer nato era obedecer. Ahora has dejado de obedecer para mi, haces las cosas para ti, por eso ya no te causan placer como antes, tu placer radica en obedecerme para mi y por mi, ahora estas en una competencia contigo misma, te está segando la soberbia y el orgullo, estos dos días, son una muestra de lo que haces, te has esmerado en ser mejor que tu misma, no en complacerme sino en ser mejor, eso… eso no te motiva a sonreir desde dentro linda, ahora necesitas la certeza de que acepto y disfruto lo que haces, ahora piensas mas en “ser mejor” que en “ser tu misma”.
Lo miraba, me sorprendía lo que decía, y no dejaba de tener razón. Hizo una breve pausa y continuó.
- Me gusta, me gusta saber que estas ahí, me gusta tu disposición, me gusta abrazarte o cogerte, y saber que puedo hacerlo, no como lo haces, sino que lo haces por mi y para mi, me gusta ver que disfrutas tanto si te hago llorar como si te trato como una reina…
-Pero… ¿Qué hay de malo en que me lo diga?- Interrumpí.
-No, de malo no hay nada, te lo estoy diciendo ¿o no? Ni tu ni yo estamos juntos por otra cosa que por el gusto de estar, por el placer de estar, si no me gustara lo que eres y lo que haces no estarías conmigo. Siempre estoy controlando tu entorno, cuidando tu respiración, tus reacciones. Si no me sintiera complacido, ni siquiera te pondría en aprietos, ¿Para que iba gastarme en algo que no me da placer? El detalle está en que las cosas así como las estas llevando no funcionan y no sólo no funcionan para mi, sino que tampoco para ti, piensa, ¿Cómo eras mas feliz? ¿Obedeciendo y estando o luchando contra ti misma?
Sentí tanta admiración por Mi Amo, más de la que ya sentía, aumento mi respeto por El, mi amor por El, una sensación de paz iba apoderándose de mi, una sensación que tenia mucho que no sentía.
-Pero… ¿Y todo eso que he leído? ¿El protocolo? ¿Los rituales? ¿Dónde queda eso de “saber lo que quiere y lo que piensa”?
Sonrió, movió la cabeza, me miró.
-Linda, eres tan romántica que si te dijeran que las esclavas deberían de saber volar, ya te veo lanzándote de los edificios intentado mostrarme que eres tan esclava como la que mas.
Sonreí, ciertamente creo eso mismo haría.
-Cada relación es diferente, cada una se finca en las bases que dan ambas partes, tú eres mi esclava, porque tu carácter es de sumisión, y las características de tu sumisión se acoplan a mis necesidades. Lo que has leído, son historias, unas reales, otras inventadas que plasman deseos y fantasías, tú eres real, yo soy real, lo nuestro es real, no te deshagas por lo que pasó y mucho menos por lo que no ha pasado, tenemos nuestro aquí y ahora.
-¿Te gusta sentir las lágrimas rodando por tus mejillas?
-Depende de que provoqué esas lágrimas.
-¿Lo ves? ¿Recuerda la sensación la primera vez que te metí castigada debajo del escritorio? ¿Lloraste? ¿Te dolió? ¿Lo disfrutaste?
-Si, cierro lo ojos y vuelvo a sentirlo Mi Amo, fue tan intenso, tan… excitante. Lloré como loca, me dolía el alma, lo disfruté tanto.
-¿Y cuando te usó para apoyar mis pies mientras veo una película?
-Si Mi Amo- dije emocionada, me gusta, lo disfruto mucho.
-¿Necesitaste una razón para hacerlo? ¿Necesitaste saber porque “te castigue”?
- Hummm no, realmente no pensé en eso, solo… Lo hice.
-¿Cuándo nos dormimos abrazados?
-Eso, eso es sensacional Mi Amo, poder dormirme entre sus brazos, sentir su respiración, su protección…
-Toda orden, indicación, acción son para ese momento, no para crear un manual. Si me da la gana llevarte al cine, lo hago y si me da la gana que te bañes con agua fría, lo hago, yo doy las órdenes, ese es mi privilegio, tu privilegio es obedecer o no obedecer.
Apreté los ojos tratando de contenerme, el impulso de tirarme a sus pies era tan fuerte que casi no lo logro. Estaba tan agradecida con sus palabras, con su preocupación hacia mí…
Tomó mis manos, miró mis ojos y dijo:
-Eres mía y solo mía, hasta en momentos en que tu no sabes donde estas parada, sin mas razón porque quiero que lo seas y porque quieres serlo, en el momento en que uno de los dos no quiera, esto se termina…
Lo miré alarmada.
-¿Eres mi perra?
-Siempre Mi Amo, suya y solo suya.
Sonrió, con un ademán me indicó que regresaríamos al auto.
Sé que voy a llorar, que me va a doler, y lo mejor de todo, se que voy a obedecer, por el placer de obedecerlo.
Mis lágrimas son suyas, mis sonrisas son suyas, toda yo soy suya, no necesito mas razones, El tomará de mi lo que quiera y de nuevo sentiré ese placer en dárselo en la cantidad que lo requiera.
Publicado el 21/01/08
Feliz a Los Pies de Mi Amo
monique[V]

domingo, 27 de septiembre de 2009

La Mesa del Fondo.

Cada tarde sin falta y a la misma hora, me acomodaba en las sillas que dan a la calle de esa cafetería situada en la avenida frente al parque.
Para entrar, había que bajar unos 5 escalones, lo que situaba las ventanas al ras de la banqueta, dando una vista surrealista de la calle. Estaba decorada en tonos de verde, y la iluminación no era exagerada, Tenia plantas situadas en partes estratégicas, más bien dando un toque de intimidad.
El aroma a café llenaba el ambiente y una música muy suave daba el toque perfecto para poder abandonarme a mi pasatiempo favorito.
La mesa del fondo pegada a las ventanas era mi favorita, desde ahí podía mirar toda clase de zapatos, zapatillas, medias, pies… sandalias… hummmm
Según la época del año, cambiaban de abiertos y con finas cintas, a botas de todo tipo… Todo un banquete óptico que estimulaba mis sentidos.
En las épocas de fiestas, los pies eran adornados por todo un repertorio de medias, desde las comunes y corrientes de nylon, arrugadas en las articulaciones, hasta decoradas y de malla.
Tal vez es que no reparaba en ellos, pero casi todos esos pies, eran femeninos.
Desde hacia unas semanas, cada viernes sin falta, aparecían esas medias de malla, con costura detrás enmarcando unas piernas perfectas, rematando con unas zapatillas de tacón muy fino y altísimo.
La dueña se paseaba unos minutos por frente a la ventana, se paraba exactamente frente a mi, cambiaba de posición, giraba, cualquiera diría que estaba modelando para mi pero… No, eso era imposible, nadie sabia que podía estar haciendo yo, frente a mi Express cortado, y la mirada perdida en la ventana…
Nunca en sábado, sólo los viernes… empecé a desear que fueran viernes todos los días, esperando mirar esas medias, esas zapatillas, ese ir y venir, pero nada…
La mesera que me atendía, ya no preguntaba que quería, me recibía con mi café Express cortado y siempre con una amplia sonrisa y un leve rubor en sus mejillas, poseía unos hermosos ojos color miel, una boca con una muy bien alineada dentadura… Por impulso, por reflejo, por morbo o curiosidad bajaba la vista cuando se retiraba tratando de mirar sus pies, pero el uniforme espantoso que usaban con falda hasta el piso y muy amplio, supongo con “crinolina” debajo, me impedía mirar… Debo reconocer que su andar era singular, el vaivén de sus caderas… Suspiré y regresé a mi postura habitual, esperando que aparecieran esas medias, esas hermosas medias negras… Dieron las 6 y llamé para pedir la cuenta.
-¿Se retira Señor?
-Si, he estado mucho tiempo acá, ¿Me da mi cuenta por favor?
Suspiró, titubeo un poco y dijo:
-¿Por qué no espera un poco mas? Total, un café más no le sentará mal.
-Hummm, si, tiene razón, 15 minutos podrían hacer la diferencia…
El café me fue servido por otra mesera y cuando iba a preguntar por mi mesera habitual de todos los días, miré incrédulo aparecer las medias frente a la ventana… La sangre pareció retirarse de mi cara para dirigirse a otra parte de mi cuerpo, mi respiración se agitó y tuve un primer impulso de lanzarme contra la ventana para besar esos pies angelicales…
-¿Señor? ¿Se siente bien?- fui cuestionado por la segunda mesera, con un tono preocupado y cortando ese primer impulso.
-S…i gracias.
Me reacomodé en mi silla a contemplar la razón de mi asistencia.
Camino lento, de un lado a otro, justo frente a mi giró, cambio posturas, juraría, me cortaría la cabeza de que lo hacia a propósito… Después de un rato, se marchó…
Dejé unos billetes sobre la mesa lo más rápido que pude y salí a buscar a la dueña de esas medias, de esas criminales zapatillas de tacón… Tarde, ni rastros de ella… Mi corazón parecía partirse… Caminé a casa, pensando, saboreando la imagen…
Viernes 4:30 en punto, entro en la cafetería, el día se me ha hecho eterno, sabía que ella estaría, pero ahora no esperaría a ver que se marchara, me pondría cerca de la puerta, y aunque no la viera caminar y girar, podría alcanzarla cuando apareciera… La mesera de siempre se acercó a mí con gesto adusto, noté su caminar… Hummm no sé, tal vez molesto.
-¿No irá a la mesa de siempre? Cuestionó con un tono que más que pregunta parecía un reclamo.
-No, hoy quiero estar cerca de la puerta.
Meneó la cabeza, giró sobre sus talones y se fue… 5 minutos después otra mesera me sirvió mi café… un café americano. Estaba tan absorto mirando por la ventana que no lo noté hasta que di el primer sorbo.
-¡Señorita! ¿Se puede saber porque me trajo este café?
-Lo siento Señor, Marissa me indicó que traerle antes de irse.
-¿Y quién diablos es Marissa?
-La mesera que lo atiende normalmente, pero en seguida se lo cambio.
“Marissa” me repetí para mis adentros, ¡vaya! Tantas y tantas tardes y no había reparado en su nombre.
Dirigí mi mirada a la ventana, dieron las 6 y nada, no aparecieron esas medias, esas zapatillas. Me preocupé, era la primera vez que faltaba a nuestra cita.
Tal vez, en el alegato del café ella se presentó y no la vi.… No, ella está ahí 15 minutos exactos, y es tan puntual.
Una sonrisa se dibujo en mis labios “nuestra cita” una cita a donde ella no se imaginaba que le extrañaría por no asistir. Pero mañana, mañana será el día.
Pagué y me retiré, pensando en el día de mañana.
Llegué media hora más temprano, y miré a Marissa torcer la boca en el momento en que me situaba en la mesa junto a la puerta.
-Señor, esta mesa es muy incómoda, se puede resfriar con las corrientes de aire, ¿Por qué no regresa a su mesa de siempre?
-Pues porque… óigame ¿Pero a final de cuentas no es asunto suyo?
Su rostro enrojeció, giró sobre sus talones pero alcancé a oír que murmuraba “Es mas asunto mío de lo que piensa” y se fue.
Esperé mi café y después de 15 minutos, llamé a Marissa para preguntarle porque no me había traído mi café.
-Esta… Esta no es mi mesa, así que no es asunto mío- y se fue, no supe si reírme o enojarme con su desplante, opté por lo primero, no pensaba ponerme de mal humor.
De nuevo las 6, pagué a “mi nueva mesera” alcé la mano para despedirme de Marissa, pero me dio la espalda… Que mujer más celosa de sus clientes.
Tuve que salir de la ciudad por motivos de trabajo, y para distraerme al salir de tanta junta y reunión, caminé por las calles, me encontré con una exposición del calzado… Tantas zapatillas, sandalias, botas, mujeres portando zapatos con plataformas que desafiaban la gravedad, luciéndolas con tanta naturalidad que cualquiera diría que nacieron con ellas puestas. La pasarela fue la puntilla que me hizo casi enloquecer, mirar a todas esas mujeres desfilando ante mis ojos, tan a la mano y tan lejos a la vez… Sudaba copiosamente, mil pensamientos me invadían, llegué a mi hotel y subí a la habitación, recostandome con toda la intención de pensar en mis medias de malla, con la costura detrás, con esos tacones y al cerrar los ojos dispuesto a hacerme una paja, la cara de Marissa apareció ante mi, su voz, sus caderas moviendo esa falda horrorosa… No, eso no podía ser, me levanté, me di un baño y decidí dormir.
Al regresar a mi ciudad, pasé a la cafetería, no era el horario habitual, así que regresé a mi mesa de siempre.
Marissa se acercó con cara de disgusto.
-¿Dónde se metió todos estos días? ¿Acaso ahora visita otra cafetería?
No pude menos que reírme, está mujer no sabia de límites.
Le sonreí sin responder y le pedí mi café… Express cortado por supuesto.
-Le trajeron esta nota cuando estuvo ausente- Me dijo Marissa mientras me extendía un sobre rotulado “al caballero de la mesa del fondo”
Mis manos temblaron ante el rotulo…
-¿Quién? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Cómo es?- Pregunté casi sin aire por la excitación.
Marissa sonrió estoy seguro que sonrió con burla y satisfacción.
-Una Señora, me la dio en la mano mientras señalaba su mesa, hace unos días, no me fijé bien como era, pero traía unas medias de malla y unas zapatillas de tacón de aguja muy altos.
-Gra…cias- alcancé a decir.
Sentí el sudor correr por mi frente mientras abría el sobre. Saqué la hoja escrita con una letra deliciosa y un aroma a “Amarige” que despedía suavemente.
“Haz sido un niño muy malo por ausentarte sin avisar, y eso no puede ser pasado por alto…” Mis ojos se abrieron como platos al leer esas palabras.
“… El viernes en punto de las 4 te quiero en tu mesa de siempre, ten mucho cuidado de no seguir con esos cambios de mesa”
-Viernes… ¡Mañana es Viernes!- exclamé casi con un grito. La gente a mi alrededor me miraba con gesto de extrañeza, lo cual me hizo darme cuenta donde estaba. Ni siquiera tomé mi café, pagué y salí.
Caminé un poco para tranquilizarme, el viento era fresco y removía las hojas secas de los árboles… “Mañana, mañana la conoceré”
Fui a casa y me metí a la cama, como si durmiendo el día pasara más rápido.
Me levanté temprano, me reporté enfermo en la oficina y fui a la barbería, una buena rasurada, un corte de cabello, regresé a casa y busqué la ropa que pudiera ser la adecuada al tan esperado momento, salí una hora antes… Caminé lento, tratando de calmarme… Miré una florería, pero no sabía que flores le gustarían… ¿Dulces? ¿Chocolates? No, nada, mejor nada, y así llegué media hora antes a la cafetería.
Me fui a mi mesa, y Marissa con una extraña sonrisa me sirvió mi café.
Las 4 en punto, mis ojos viajaban de la ventana a la puerta, cuando las vi. aparecer por la ventana, esas medias, esas zapatillas, esa costura que enfatizaba unas hermosas piernas… Me quedé paralizado, mirando, tratándo de contener esa excitación que en mi despertaba… Miraba la puerta, esperando que se dirigiera a ella, caminó a un lado, al otro, giró, posó y… y se fue… Esperé hasta las 7 y nada, no apareció, 15 minutos estuvo frente a mí, pero nunca entró.
Pagué y me fui… Una sensación de frustración me invadía…
Al otro día llegué a la hora de siempre, me senté, pero esta vez de espaldas a la ventana, no quería ver nada, no quería saber nada…
-¿Señor…?
-Mi café de siempre- Interrumpí a Marissa.
-Le han dejado otra nota.
Lentamente alce la cara, tomé el sobre… lo abrí… de nuevo el aroma…
No me atrevía a leerla... Tomé aire y procedí:
"Buen chico, así es como me gusta que seas, obediente, buen chico, me haces sentir orgullosa. Tal vez pronto te conceda besar mis pies ¿Eso te gustaría? Lo sé, pronto, más pronto de lo que piensas"
Mi respiración era por demás agitada, el sudor perlaba mi frente, mi mirada estaba clavada en esas frases.
Una servilleta cayó a mi lado, por instinto me agaché a levantarla y ahí estaban a un palmo de mi rostro, esas medias, esas zapatillas, ese aroma a Amarige… Quedé pretificado sin saber que hacer, no podía mover un solo músculo.
-Levántate- Sonó una voz autoritaria- y sígueme.
Miré girar los zapatos y me levanté, no podía dejar que se fuera sin mí…
La miraba de espaldas, pisando con firmeza haciendo sonar sus zapatillas de tacón de aguja, sus piernas torneadas eran coronadas por una cadera cautivadora con un vaivén que me pareció familiar… Un vestido negro, ajustado dejaba ver una silueta seductora, apetecible, y una larga cabellera ondeaba por su espalda.
-¿Marissa?- pregunté al momento de tomarla del brazo al salir de la cafetería,
Ella giró, su rostro era firme, con una leve sonrisa, un maquillaje que acentuaba sus hermosos ojos…
-Jamás me volverás a llamar por mi nombre, cuando te dirijas a mi, será como “Señora” o “Mi Señora” ¿Está claro?
Una oleada de excitación recorrió mi cuerpo y se situó justo entre mis piernas.
-Ss…i
-Si ¿Qué?
-Si Mi Señora.
-Buen chico, hoy sabremos de que estás hecho y veremos si realmente mereces besar mis pies y hasta tal vez hagamos algo por ese bulto que hay entre tus piernas.
Mi cara enrojeció al sentirme descubierto.
La miré emprender la marcha, con la vista fija en esos pies, esas medias… Y la seguí, ya vería que tendría que hacer para besar esos pies, y por calmar este “bulto” delator entre mis piernas.

Un Fin de Semana.

Lo miré de reojo al encaminarme hacia la entrada para documentar equipaje, sentía como al momento de despedirnos, no quería soltarme ni yo a El…
El aeropuerto estaba a reventar, parecía que todo el mundo había decidido viajar ese día, había ruido, empujones, mil anuncios de los mil vuelos programados, pero parecía que no hubiera nada mientras estaba en sus brazos…
Mientras avanzaba en la fila, sentía como el corazón se me partía, me dolía realmente irme, me dolía más que las veces anteriores.
Ocupé mi lugar, ajusté los audífonos y dirigí mi mirada hacia la ventanilla, no tenia ganas de socializar con mi compañero de vuelo, no quería nada, mas que bajarme de ese aparato que me alejaba de Mi Amo, entrecerré los ojos y recordé lo acontecido los últimos días…
Atada al máximo en forma de X, mis articulaciones parecían romperse por la tensión, mientras mis ojos vendados hacían que mi oído se agudizara… Silencio, ese silencio que me enloquecía, ese no saber que pasaría, pero de pronto, una gota de agua cayo sobre mi cabeza, y después otra y otra, seguidas sin llegar a ser un chorro, sabia que era agua, porque la probé, pero era un goteo constante, que en un inicio no provocó nada en mi, pero al paso de los minutos, empezó a ponerme nerviosa, intranquila, y con frío, realmente una gota tras otra puede ser algo muy desesperante… Traté de distraerme contando las gotas, cuando sentí una pinza morder mi pezón derecho, un leve gemido escapó de mis labios, mas por la sorpresa que por el dolor… Esperé, estaba lista para la otra pinza, pero nada, solo el goteo inclemente sobre mi cabeza, no quise bajar la guardia, no quise que me sorprendiera la siguiente pinza, traté de enfocar el sonido de algún movimiento, pero esas gotas sobre mi cabeza parecían sonar cada vez mas fuerte, traté de mover la cabeza hacia el frente, intentando evadir el ruido insoportable que ya sentía con ese goteo, pero un fustazo me hizo recobrar la postura e inmediatamente, llego la otra pinza, el aire se me escapó por la sorpresa de ambas sensaciones y me llego claro y diáfano el sonido de la risa de Mi Amo.
-Creo que andas escandalosa- me dijo con un tono de enfado fingido.
“¿Cuál escandalosa, si solo fue un simple gemido? Escándalo el de estas gotas de agua” Me dije a mis adentros, pero claro, sigo sin saber donde tengo el altoparlante para que Mi Amo sepa lo que pienso.
-Cualquier ruido es simple o escándalos, todo es cuestión de percepción ¿No te parece?
-Si Mi Amo.
-Te voy a ayudar a ser mas silenciosa- Me dijo mientras colocaba una bola en mi boca, de esas bolas llenas de hoyos, que lo único que hacen es hacerme babear.
En eso estaban mis pensamientos cuando sentí un chorro de agua, fuerte, duro, frío dirigido a mis tetas, no eran chorros continuos, era como… como si intentara quitarme las pinzas, de repente, un chorro a mi cara, mas bien a mi boca, casi me ahogo, tosí lo poco que pude toser, no fue un chorro intenso, pero al no esperarlo, se fue de lleno y sin escalas hasta mi garganta.
Luego un chorro mas hacia mi entrepierna, después varios hacia mis senos hasta que la primera pinza voló, provocando el consabido dolor del paso de la sangre nuevamente… Más chorros a mi cara, a mi entrepierna, y las gotas en mi cabeza, y al fin la siguiente pinza salió de su lugar.
Cesaron los chorros de agua, cesó el goteo en mi cabeza, los hombros y las ingles me dolían, y oí el ruido de la secadora de pelo, luego sentí su calor por mi cuerpo, ¡Ah! Que agradable era al inicio, pero después, empezó a ser mas caliente y mas caliente, sentía que casi me quemaba. Sentía toda mi piel arder y mi boca… Mi boca babeando.
Sentí un paño recorrer mi cara y después retirar la bola…
-Gracias-musité.
Mis piernas fueron desatadas, después la presencia de Mi Amo frente a mí, para retirar las ataduras de mis manos y caer en sus brazos.
Me levantó en ellos llevandome dentro de la casa, pasé mis brazos por su cuello y me acurruqué en su pecho.
Entramos en la habitación, me depositó en la cama. Las cortinas estaban cerradas, y era escasa la luz, a pesar de ser casi medio día.
-Me divertí- comentó Mi Amo mientras se iba desnudando. A mi aún me dolían las articulaciones y el sonido de las gotas no acaba de abandonar mi cabeza.
-Date vuelta.
Obedecí, esperaba todo, menos lo que sucedió:
Mi Amo colocó aceite en mis hombros y lo esparció, sobando con cuidado mis articulaciones, hizo lo mismo con las piernas y con mi espalda. Realmente era una sensación agradable, relajante, la estaba disfrutando… Puso aceite en mis nalgas, las amasó, las acarició, dejó que el aceite escurriera entre ellas, fue sobando mi culo, lo fue relajando, mi entrepierna empezó a reaccionar a las caricias humedeciéndose, empecé a elevarlo, ofreciéndome, realmente me sentía caliente con esas caricias…
Mi Amo se fue recargando en mi espalda, y me dijo al oído:
-Eres tan puta y tan caliente, me encantas- Mientras me iba hundiendo su verga despacio, haciéndome conciente de cada milímetro que entraba en mi, abriéndose paso sin misericordia, provocándome ese dolor tan particular, de repente se detuvo, yo instintivamente empuje mi cadera hacia El, pero no me lo permitió.
-No es cuando tú quieras, sino cuando yo quiera.
-Si Mi Amo, disculpe a esta perra caliente que no puede contenerse.
-Vamos a hacerla que se contenga un poco- dijo al momento en que sus manos azotaban mis nalgas, una, dos, tres… diez veces cada una. Me ardían, pero mi entrepierna seguía mojada, anhelante… Entonces de un solo empujón la enterró, partiéndome casi en dos, ahogué un grito en la almohada.
Se quedo quieto, empecé a relajarme, y entonces la fue sacando, despacio, casi toda, sentía solo el glande dentro de mi… Mi respiración volvió a la normalidad, me relaje y sin aviso previo, la hundió de nuevo completamente, haciendo que las lágrimas aparecieran ante el dolor que sentía.
-Ahora contaras, cuando ya no sientas dolor contaras hasta tres- Me dijo mientras la retiraba nuevamente.
Respiré, el dolor iba desapareciendo y conté:
-Uno, dos, tre…- y de nuevo hasta el fondo, de nuevo el dolor, de nuevo mis lagrimas. Y de nuevo la retiro, yo temblaba sabiendo lo que seguía, las lágrimas ahora ya no se detuvieron… Pero conté…
-Uno, dos… - no esperó al tres, la enterró, pero ya no la retiró, mis lágrimas seguían surcando mis mejillas, mis sollozos iban en aumento. Entonces colocó su mano en mi clítoris, frotándolo sin dejar de cabalgarme.
-Córrete, córrete para mi ahora- fue la orden que de inmediato me provoco un orgasmo intenso, mientras sentía su semen llenarme.
Cuando terminaron mis espasmos, la retiro con suavidad, sobo mi culo y yo, sin pensarlo dos veces, me di la vuelta para limpiarlo, debía dejarlo reluciente.
No me lo impidió, y cuando terminé, se recostó junto a mí, poniendo mi cabeza en su pecho, acariciando mis cabellos.
-Gracias Mi Amo- le dije con suavidad.
-Eres mi tesoro chiquita, nunca lo olvides.
Nos quedamos dormidos, las horas pasaron y me desperté, lo miré ahí dormido, tranquilo, es maravilloso despertar y verlo ahí, ocupando la cama, sentir su respiración, su calor.
Me levanté con cuidado y me dirigí a la ducha, pero al abrir la llave, Mi Amo entró conmigo, me dispuse a enjabonarlo… me detuvo… sorprendida, me quedé un par de segundos inmóvil, cuando noté su erección, así que me ocupé de esa maravillosa parte de su cuerpo, por supuesto con mi boca, mientras sentía el agua tibia caer por mi cuerpo...
Me perdí en mi labor, disfrutando lo que hacía y me dejaba hacer, hasta que me regaló a borbotones su leche. Terminamos de ducharnos y nos arreglamos para salir.
Como ráfaga me arreglé, peinarme y ponerme linda, nada ostentoso, unos jeans, una playera, zapatillas planas, sin maquillaje y el cabello suelto.
Giré frente a Mi Amo, el cual sonrió complacido, me tomó por la cintura y salimos de la casa.
Al llegar al restaurante miré como las cabezas giraban algunas con disimulo, otras con descaro para observar nuestra entrada al lugar.
Ciertamente Mi Amo es muy, muy atractivo y yo sentía tener un “no sé qué, qué… qué sé yo” que llamaba la atención.
Nos sentamos en el gabinete de costumbre, la mesera puso dos tazas de café frente a nosotros haciéndome que entornara los ojos sólo con el aroma… Ciertamente es una de mis debilidades, el café.
-No, ella no tomará café- le indicó a la mesera- Sírvale un vaso de leche tibia.
Mis ojos pasaron del desconcierto al pánico, lo miré con esa mirada de súplica que solo las sumisas sabemos poner y El me miró con esa mirada que ponen los Amos cuando se divierten y hacen como que no ven.
-¿Mi Amo?
-No empieces a darme lata, es muy temprano para eso.
Bajé la mirada, deseé con toda su alma que las vacas estuvieran en cuarentena, que la pasteurizadora estuviera en huelga, que una llanta se ponchara al camión repartidor…
-No es bueno desearle mal a nadie, eso no esta nada bien.
-¿Cómo lo hace?
-¿Hablaste?
Moví la cabeza, y esperé en silencio mientras miraba a Mi Amo tomar su café.
Llegó la leche y Mi Amo untó un pan con mantequilla y mermelada.
“¿Pero que hice? ¿Si acabamos de despertar” Pensé…
-No es lo que hiciste, es lo que no hiciste, es la hora que no dices ni siquiera “buenos días” entonces, hay que recordarte que es el desayuno como si fueras una niña, leche, pan, mermelada, como chiquita. Te falla la educación ¿Estás de acuerdo?
¡Touche! Me pescó con algo tan obvio, tan sencillo, pensé en todo menos en decir “buenos días”.
Tomé el pan, lo miré, suspiré y lo mordí, pasándome entero el bocado. Y así hasta terminarlo.
“Pan, mantequilla y mermelada, y después dos horas haciendo ejercicio para bajarlos” Cerraba los ojos y pensaba.
Cuando abrí los ojos… otro pan estaba frente a mí a la vez que me acercaba el vaso con leche.
-Pero…
-No pasará nada por un par de sorbos, créemelo, sólo quiero ver tu cara.
Sonreí lo mejor que pude y di dos sorbos…
-Agua por favor- musité.
Mi Amo rió y acercó el agua.
-Tómala, pero dime que sientes.
-Náuseas, la intolerancia a la lactosa Mi Amo…
-Eres una chiquilla malcriada, tómate el agua- Me dijo sonriendo.
-Ahora si, ¿Qué quieres desayunar?
“¿Con el estómago revuelto?”
-Si quieres, pido por ti.
Y así transcurrió el desayuno, entre come y aguanta, hasta que al fin pidió la cuenta y salimos del lugar.
El día era espléndido, caluroso sin ser agobiante, regresamos caminando a la casa a cambiarnos para dar un paseo por la playa.
Yo con un bikini diminuto, cubriéndome lo estrictamente necesario, y un pareo atado a la cadera. Al llegar a las sillas en la playa, unté bloqueador en el cuerpo de Mi Amo, despacio, sintiendo cada milímetro de su piel, disfrutando el contacto, dejando que mis dedos se deslizaran por la espalda, por las piernas, por los pies, por los brazos… Regresé a su espalda, y acaricié, acercando mi cuerpo al de El.
-Sucia, estamos en público, ¿No te da vergüenza perra?
Regresé a la realidad, sentía la cara reventar…
-¿Hace cuanto desayunamos?
-Menos de dos horas
Me puso bloqueador, con calma, tocando “accidentalmente” mi entrepierna, mis senos… Juro que no soy de plástico, luego entonces… pues sí, me calenté.
Mi Amo hacia como que no se daba cuenta, lo conozco, pero disfrutaba poniéndome así.
-Caminemos- Dijo al momento que tomó mi mano.
Las olas mojaban nuestros pies, charlábamos, reíamos, parecíamos cualquier pareja…
-¿No tienes calor? Además, ingeriste muchas calorías, creo que alguien necesita ejercicio.
Nos metimos al mar, el agua, francamente estaba deliciosa. Nos fuimos adentrando hasta que el agua nos llegaba al cuello, el oleaje era suave, la brisa refrescante. El cielo adornado con escasas nubes era atravezado de cuando en cuando por las gaviotas.
-Dame el sostén… ¡Ahora!
Eso no daba pie a objeción alguna, temblé, y entregué el sostén. Lo hizo una diminuta bola y lo lanzó mar adentro.
-Traélo, procura encontrarlo.
Nadé como desquiciada, no podía perderlo, afortunadamente se extendió permitiendome localizarlo. Regresé y se lo mostré con aire de triunfo.
-Dame- y repitió el lanzamiento cambiando la dirección.
Nadé de nuevo, pidiendo que se extendiera nuevamente… “Deseo concedido” me pareció oir cuando lo encontré.
Regresé, empezaba a sentirme cansada, y se repitió el lanzamiento.
Afortunadamente lo volví a localizar, regresé ahora si ya dando ligeras muestras de cansancio.
-¿Uno más? ¿tal vez dos?
Asentí con la cabeza pniéndome atenta para no batallar mucho en localizarlo.
-Dámelo y da 10 pasos para atrás.
Obedecí y miré como Mi Amo se encaminaba a la orilla con mi sostén en la mano.
-Quédate todo el tiempo que quieras, disfruta el mar que tanto te gusta, te espero en las sillas o… Tal vez me aburra y me vaya, quién sabe.
No creí que de verdad me fuera a dejar ahí, sin sostén, en una playa pública y aún no era ni medio día.
Avancé unos pasos para poder sostenerme en pie con el agua al cuello, sin perder de vista a Mi Amo.
Después de las dos caminatas y haber nadado, el mantener el equilibrio dentro del mar, empezaba a agotarme y la decisión era mia, además no podía quedarme ahí hasta la noche, miré a Mi Amo, no distiguía sus facciones a la distancia, pero sabia que estaria sonriendo...
Miré a un lado, al otro y empecé a avanzar, doblando las rodillas buscando la complicidad del agua, hasta que ya no fue posible, así que cubrí mi pecho con los brazos y corrí como loca hasta las sillas…
No aparté la vista del suelo hasta que llegué al lado de Mi Amo que me esperaba con la toalla lista para envolverme. Levanté la cara y lo vi. sonriendo, complacido. Me tendí de espaldas y puso bloqueador en mi espalda en lo que me calentaba un poco.
Pasando el pareo por mi espalda, lo cruce al frente y lo anudé en el cuello para emprender el camino de regreso a casa.
-¿Qué pasaría si deshago este nudo?
Mis ojos de Piolín aparecían al mismo tiempo que el color de mi cara. Para calmarme cuando veía la sonrisa de Mi Amo divertido, hasta que llegamos a la casa.
Las demás horas pasan consecutivamente, entre escenas divertidas, apasionantes, toda una amalgama de sensaciones y de situaciones, siempre nuevas, siempre conocidas, nunca sé que vendrá el minuto siguiente y siempre disfrutando el momento actual…
Separarme de El me cuesta cada vez más, me duele cada vez más…
-¿Señorita?
Una voz me regresa a la realidad.
-¿Está bien? Ya han bajado todos los pasajeros, sólo falta Usted.
Me disculpo y bajo del avión corriendo prácticamente.
“La maleta, la hora, el transporte” Ciertas partes de mi cuerpo no me permiten moverme con la agilidad que me gustaría por obvias razones.
Llego a casa, enciendo la luz y ahí sobre la mesa encuentro un hermoso ramo de flores con un sobre.
Lo abro emocionada.
“Mi chiquita, aquí está el boleto de avión para que organices tus cosas y estés de regreso a mi lado o a mis pies, tenemos que hacer ciertos ajustes en tu vida, porque te requiero conmigo”

¿Hace falta decir más?

Cualquier Noche de Estas.

Estaba ahí, bañada en llanto, metida debajo del escritorio, en silencio, sólo las lágrimas y unos ahogados sollozos eran el reflejo de lo que había pasado…
Estaba ahí, sin nada que la obligara a estar, salvo la orden directa: “Métete a tu lugar, no quiero verte, das asco”.
En cuatro patas se dirigió lentamente a su lugar de castigo, era un sitio tan justo a su medida, que no podía descansar las caderas sobre las piernas, porque su espalda o sus nalgas tocarían el interior del escritorio, y tenía prohibido hacerlo…
Sus largos cabellos caían a los lados de la cabeza inclinada, no decía nada, sólo avanzaba pensando en ese lugar que tanto le dolía ocupar…
-Apúrate, ¿Quieres que te ayude?
Ella movió la cabeza y aceleró la marcha, mientras intentaba contener el llanto… Le ardían ya las rodillas y las manos de tanto estar a cuatro patas…
Entró en su lugar, bajó la cabeza y cerró los ojos, esa era la posición que debía adoptar, entonces, escuchó los pasos de su Amo dirigirse a la puerta, abrirla, apagar la luz y cerrarla… Luego silencio…
No pudo contener más el llanto, y con voz débil le llamaba:
-¿Amo? ¿Mi Amo? ¿Está ahí?
Nada, sólo silencio la rodeaba…
Los ojos seguían cerrados, la posición indicada seguía sin modificarla, se sentía sola pero aún así obedecía…
-¿Amo? ¿Mi Amo? Por favor, perdóneme, no me deje aquí, por favor…
Silencio y más silencio…
Las lágrimas ya mojaban el suelo, los minutos se hacían eternos, de repente…
-Ven acá
Ella salió pronta de su lugar y se dejó guiar por la voz, sin abrir los ojos, chocó con la cama, pero siguió la voz, seguía llorando, temblaba, pero obedeció…
Al llegar a los pies de Su Amo, que se encontraba situado junto a la puerta, se abrazó a sus pies, sin dejar de llorar.
El encendió la luz y la apartó con un pie. Dió unos pasos hacia la cama…
-Alza la cara, quiero verte.
Ella se irguió, sintió una punzada en la cintura por estar tanto tiempo agachada, pero no se quejó, tampoco abrió los ojos.
-Te ves tan hermosa bañada en llanto, abre esos ojos y déjame ver que tan hinchados están.
Lentamente abrió los ojos y cuando lo miró, el llanto se volvió mas intenso.
-Atiéndeme, así, así mismo que te ves tan hermosa.
Ella avanzó sobre las rodillas, sin dejar de llorar, puso las manos en la espalda y con los labios y los dientes, desabrochó el pantalón, lo fue desvistiendo, hasta lograr liberar la verga de Su Amo, que se erguía poderosa frente a ella.
Ahora lloraba, pero ya no de tristeza, sino de alegría, su corazón se sentía pleno de poder servir a Su Dueño.
Tragó cada pulgada ensalivándolo, pasando la lengua, mojándolo también con sus lágrimas…
De repente, la mano de Su Amo, empujó la cabeza hasta el fondo, de un golpe, haciendo que ella casi se asfixiara, la mantuvo así unos segundos, y la sacó de golpe, dejándola respirar un poco, para repetir el movimiento… Después, ella sola sin nada que la empujara, lo hacia, hasta el fondo, sin respirar, hasta que Su Amo la retirara…
La levantó rápidamente, la subió en la cama y la poseyó con frenéticos movimientos…
-¿La quieres?
-Si Mi Amo, por favor, regáleme su leche.
-Córrete para mí, dame todo mi puta.
Un intenso orgasmo se apoderó de ella, mientras El se corría abundantemente.
Al terminar, se retiró con suavidad, la acomodó en la cama y se recostó junto a ella, para acomodarla en su pecho.
-¿Sabes cuanto me gusta verte llorar?
-Si Mi Amo- dijo ella con una sonrisa.
-¿Sabes que te quiero?
-Si Mi Amo, y yo lo adoro.
-¿Sabes que te haré llorar de nuevo?
-Si eso le complace, es mi placer complacerle Mi Amo.
-Descansa, te necesito descansada.
Besó su frente, la acunó en sus brazos y acarició su cabello, ella sonreía feliz, mientras se quedaba dormida, porque al rato, al rato otra seria la historia.

viernes, 14 de agosto de 2009

Un Juguete.

-Chiquta, vamos a hacer un viaje, así que prepara tu equipaje. Tengo ganas de usar un juguete de manera diferente.
Mi Amo veía como mi cara iba cambiando con la noticia, realmente me gustaba vacacionar con Él.
Me ordenó tener lista mi maleta para el jueves, Él tenía que hacer un viaje de negocios, entonces nos encontraríamos en nuestro destino vacacional.
Debería de estar puntual en el aeropuerto y Él pasaría por mi, ya que su vuelo arribaria un poco antes.
El miércoles era yo todo carreras con los preparativos y dejando todos los asuntos de trabajo resueltos para no tener problemas. Checar las baterias, la ropa, los juguetes, ¿A cual se referiría Mi Amo?
El jueves llegué al aeropuerto sin contratiempo, en cuanto abandoné de la sala de llegadas, busqué a Mi Amo con la mirada y entonces sonó mi teléfono celular.
-No podré pasar por ti, tuve un pequeño contratiempo, pero alguien te llevará a nuestro hotel, se amable, y disfrútalo- Ese tono de voz, parecía que le divertia no haber ido por mi y sobre todo, el énfasis en ser obediente y divertirme… Algo más había ahí.
Dí unos pasos y miré a una mujer, más o menos de mi edad, guapa, de buen porte, sosteniendo un letrero donde se leía mi nombre, me acerqué a ella y me identifique.
-Mucho gusto, tengo indicaciones de llevarte a tu hotel, vamos a mi auto- Me extendió su mano e hizo el ademán normal de saludar de beso en la mejilla, pero debía tener mala punteria, porque me planto el beso a media boca, yo abrí los ojos como Piolin y contuve el aliento, pero no dije nada.
Nos enfilamos hacia el estacionamiento en silencio, hasta llegar a una camioneta, acomodamos mi equipaje y me subí con calma.
-¿Tu viaje estuvo bien?
-Si muy amable en preguntar… Disculpe, no me ha dicho su nombre.
El silencio fue la respuesta, así que no insisti, total, que más me daba como se llamara.
Su mano derecha se desprendió del volante de manera casi desenfadada y la colocó sobre mi asiento, sin ningún disimulo baje la mirada para observar que movientos hacia con la mano, estaba segura que acariciaba el asiento y acercaba su mano a mi pierna.
Me acomodé en el asiento, aclaré la garganta, pero nada, la mano seguía su camino a mi pierna.
Cuando descaradamente acarició mi muslo...
-Pues no se que opine, pero creo que se está tomando mucha confianza ¿no le parece?- le comenté.
Apretó su mano en mi muslo sacándome un gemido, giró a mirarme y con una sonrisa respondió:
-No, y eso que apenas comienzo.
Justo en el momento en que iba a quitar su mano de mi pierna, sonó de nuevo el celular...
-¿Todo bien chiquita?-
-Mi Amo, está señora le ha agarrado cariño a mi pierna.
Escuche la risa de Mi Amo al otro lado del teléfono.
-Déjate hacer, quiero que cuando llegues al hotel estés lista- Y colgó.
¿Lista? ¿Lista para qué? Pensé.
Entramos en un estacionamiento subterráneo. Se estacionó en un lugar apartado.
La miré, pero no dije nada. Se bajó de la camioneta y subió por la puerta de atrás.
-Pon las manos detrás del asiento- Obedecí, y comenzaba a temblar.
“Dejate hacer” había sido la orden de Mi Amo.
Colocó unas esposas en mis muñecas y de inmediato puso sus manos desde atrás sobre mis senos, los acarició… Yo temblaba…
Desabotonó mi blusa, sin ninguna prisa, dejando fuera mi sujetador, dio un pequeño pellizco a mis pezones, parecía que sabia exactamente cuanta presión ejercer…
Levantó el sujetador dejando al aire mis senos, un gemido escapó de mis labios y sin darme cuenta, separé las piernas.
-Eres tan puta como me dijo Tu Amo, ni se te vaya a ocurrir gritar- Me susurró al oido y pasó la punta de la lengua por toda mi oreja, bajando por el cuello… Mis senos subían y bajaban al compás de mi respiración agitada…
El estacionamamiento estaba particularmente solo, lo cual me provocaba sentimientos encontrados… No había nadie que nos viera, lo cual no aumentaria mi vergüenza, pero por otro lado, nadie podría ayudarme si algo pasaba.
Justo pensaba en eso, cuándo recordé que Mi Amo había sido explícito: “dejate hacer” era la orden, y yo taaannnn abnegada que soy, pues…
La mujer accionó la palanca que hace reclinar el asiento, dejándome casi acostada, esposada y en esa posición, estaba mas que a su merced. Bajó también el respaldo del otro asiento.
Descendió de la camioneta y abrió la puerta de mi lado, se quedó ahí de pie, recorrió con solo un leve roce de la yema de sus dedos mis piernas, lentamente, primero por fuera, luego por encima, luego por dentro… Cuando se acercaba a mi coño, aguante la respiración, sentia la tanga toda empapada… Sus dedos se detuvieron y empezaron el roce de nuevo, mientras sus labios se cerraban en uno de mis pezones, que ya estaban duros y erectos a estas alturas…
Lo lamió, lo chupó, su lengua jugó con el mientras sus dedos rozaban suavemente mis piernas… cuando estaban por llegar a mi coño, sus dientes se clavaron en mi pezón a la vez que me daba un manazo bastante fuerte justo entre mis piernas… Lancé un leve gritó que trate de contener apretando los labios… Sus dientes no soltaban mi pezón sino por el contrario, lo jalaban…
Subitamente, me soltó, y de un tirón me quitó la tanga.
-Abre bien esas piernas de puta, estás toda escurriendo, eres un zorra caliente. Esta tanguita servirá más dentro que fuera.
-No por favor… -Alcancé a musitar, sin éxito… Metió cada centímetro de la tanga en mi coño, y aunque traté de oponerme, se quedó en un intento…
Sus dedos ahora jugaban con mi clitoris, mientras la otra mano se ocupaba de mi otro pezon. Lo retorcia, jalaba y golpeaba… mientras sus dedos me frotaban ahora con mas rapidez…
-¿Te quieres correr?
-No- articularon mis labios, pero todo mi cuerpo se retocia dicendo que si.
-Sólo Mi Amo puede dar la autirización para correrme, nadie más tiene ese poder.
Sus dedos arrementieron con mas velocidad, yo sentía que no podría aguantar más.
-Mi Amo, Mi Amo- empecé a gemir entrecortadamente, cerrando los ojos mientras seguia con mi lucha por no correrme...
-Ni se te ocurra correrte o lo pagarás- Ordenó Mi Amo que ya estaba sentado junto a mi del lado del conductor.
Mis ojos lo buscaron a la vez que mi cuerpo luchaba por contener el orgasmo cuando la tanga fue sacada de golpe de mi coño, haciendome gritar.
-Solo queria ayudarte a obedecer querida- Me dijo la mujer en un tono bastante hipócrita.
Cuando mi cuerpo recobró la calma y mi respiración su ritmo, levantaron el respaldo y soltaron mis manos, la mujer abrió la puerta.
-Pásate para atrás, fue la orden de Mi Amo.
Obedecí y la mujer se situó junto a Él.
Hicimos una parada en un restaurante para comer algo, yo con la falda corta sin tanga, me sentía algo incómoda y la mujer con un vestido que le llegaba casi a las rodillas, de gasa, escote discreto, zapatillas no demasiado altas, que torneaban bien sus piernas, el color de la tela, resaltaba con su piel y la forma del vestido, resaltaba con buen gusto su figura. El contraste entre ella y yo era evidente sin lugar a dudas.
-Abre las piernas.
-Pero Mi Amo no tengo tanga…
-¿Pregunté?
Moví la cabeza negativamente y abrí ligeramente las piernas.
-Te sientes muy simpática hoy ¿verdad?
Mi cara adquiria un hermoso tono rojo, mientras mis piernas se iban separando… Un señor sentado exactamente frente a mi, puso una expresión en su cara, que me hubiera reido mucho sino fuera porque yo era el motivo de esa expresión.
-¿Puede acompañarme al tocador?- Le preguntó la mujer.
Y esa sonrisa de Mi Amo apareció y de nuevo empecé a temblar.
Asintió con la cabeza, así que me levanté y acompañé a la señora esa al tocador.
Nada mas al entrar yo, cerró con seguro la puerta, me tomó por el cuello y me besó…
Los ojos de Piolín aparecieron de nuevo en mi cara, a la vez que la apartaba de mi.
-¿Se ha vuelto loca?
Con una rapidez increible, metió la mano por debajo de mi falda y enterró sus dedos en mis nalgas, restregando su cuerpo con el mio.
Como pude, me solté y ella me cerró el paso hacia la puerta.
-Más vale que aproveches y uses el sanitario, quién sabe cuándo puedas usarlo de nuevo.
Sin pensarlo dos veces, me metí en uno de los apartados y cerré, a como estaban las cosas, no queria mas “atenciones” de su parte.
Cuando salí, ella ya no estaba, así que me fui a la mesa, y si, ahí estaba, muy cerca de Mi Amo, charlando de no sé que cosa.
Iba a sentarme cuando se pusieron de pie y se dirigieron hacia la salida, yo obviamente los seguí. De repente parecía que yo no existía, ni siquiera una mirada a ver si venía con ellos.
Llegamos al auto, y ella se apropió del asiento del copiloto, cerró la puerta frente a mi cara, miré a Mi Amo quién me dijo:
-¿Qué esperas? Subete atrás o ¿Te piensas ir caminando?-
Pude ver la cara de triunfo de la señora.
Me subí a la camioneta con la cabeza baja y en silencio.
-¿No me digas que te pensabas subir adelante?- Dijo la mujer.
Yo no respondí, no había necesidad.
Mi Amo no decía nada, sólo nos observaba, sonreía con esa sonrisa que me hace temblar, sudar… Esa mirada que me traspasa y llega hasta muy dentro de mi…
Con la simple mirada me dominaba, y no iba a dar un espectáculo donde pareciera que estaba celosa, cuando en realidad no lo estaba.
La mujer sonrió con cinismo y sacó un cigarro, lo encendió y se lo dio a Mi Amo, luego se volteó hacia mi y me ofreció uno, cuando lo iba a tomar, quito la cajetilla y dijo:
-No, no tengo ganas de que fumes.
Mi Amo me miraba por el espejo, y pude ver que le hizo gracia lo que pasó.
-¿Estás molesta?
Negué con la cabeza, no estaba molesta, estaba triste.
Llegamos al hotel y fue cuando empecé a preguntarme ¿Qué hacia la mujer con nosotros?
Pronto iba a saberlo.
Nos dieron la habitación y casualmente el botones no alcanzó a cargar mi equipaje, así que lo hice yo.
Al llegar, la hizo pasar primero, a mi, me dejó afuera. El botones tomó el equipaje de mis manos y lo metió, después de recibir su propina, se retiró, yo seguía afuera… Vi a Mi Amo acercarse a la puerta la cual cerró frente a mi. Yo no supe que decir ni que hacer, así que me senté a un lado de la puerta ¿Qué otra cosa podía hacer? Mi equipaje estaba dentro, mi boleto de regreso, mi dinero…
Media hora después se abrió la puerta, la mujer tenía una sonrisa de triunfo que creo jamás se borraría de su cara, me indicó que entrara, yo no me moví ni un milímetro, entonces escuche la voz de Mi Amo indicándome que entrara.
Queria odiar a la mujer, pero no podía, ella solo estaba disfrutando su lugar y su triunfo, y yo conociendo el mio.
Tenía la esperanza de que la mujer solo estuviera un rato con nosotros, así que traté de tomar las cosas con calma.
-¿Pensabas quedarte afuera?- Me preguntó Mi Amo.
No moví un pelo, no sabía que responder.
-Metete a bañar, debes de estar toda sucia.
Me dirigí a mi maleta, para buscar ropa limpia.
-No la necesitas, apúrate.
Me bañé lo más rápido posible, y me paré en la puerta, no sabía donde ponerme, con la mirada, Mi Amo me indicó un rincón, y ahí me dirigí para echarme.
Hundí mi cabeza entre los brazos, los oia platicar y reirse, los dos tumbados en la cama, sin tomarme en cuenta, empezaba a quedarme dormida cuando que llegó la señora y tomándome de pelo, me hizo casi arrastrarme hasta la cama.
Me hincó a un lado, junto a Mi Amo, apoyé la frente en el borde y sentí su mano acariciar mi cabeza, eso me hizo relajarme un poco.
La mujer subió a la cama, Mi Amo se levantó y se situó en un sillón.
-Atiéndela- Me dijo-
Las lágrimas que tanto habían luchado por salir, al fin surcaron mi cara, pero aún así obedecí, lo único que me debía importar era obedecer y complacer a Mi Amo.
Subí a la cama y acaricié sus senos, apreté sus pezones, lami y chupe, descendí hasta el ombligo con mi lengua, para después situarme frente a su pubis, me fui metiendo entre sus piernas, mientras oia sus jadeos, recorrí el clitoris lentamente con la lengua, con suavidad…
La mujer arqueaba la espalda y tomaba mi cabeza con sus manos hundiéndome más, casi no podía respirar, de repente se quitó, se pusó detrás de mi y empezó a propinarme nalgadas, duras, fuertes, giré la cabeza buscando la mirada de Mi Amo, pero El sólo la veía a ella.
No sé cuanto tiempo estuvo así, pero debieron haberle ardido las manos porque tomó un cinturón y continuó golpeándome, yo estaba ya loca de dolor, llorando abundantemente.
Al fin se cansó y de nuevo puso mi cara entre sus piernas, jalándome fuertemente del cabello, me pegó a ella, mis lágrimas mojaban sus muslos, mientras mi lengua hacia su trabajo, cada vez con más rapidez, yo sólo pensaba que tal vez, cuando ella terminara se iria y podría quedarme al fin con Mi Amo.
Cuando estaba a punto de correrse y pidió permiso para hacerlo, oi que Mi Amo le decía que no, entonces detuve el movimiento y oí su suspiro de frustración...
Mi Amo me llamó a su lado, hincada frente a Él, puse la punta de mi lengua en su verga, y me la fui metiendo despacio, entonces sentí el cinturón en mi espalda, yo seguí con mi labor, y la señora con el suyo, de pronto, Mi Amo se levantó, y la llevó a la cama, la recostó con mucho cuidado, y me llamó a su lado.
Después de penetrarla, me indicó que con la lengua, los lamiera a los dos, pero sólo en las entrepiernas.
La besaba, la acariciaba, y ella a El… Oi como su respiración iba cambiando, entonces con un ademán, Mi Amo me hizo alejarme.
Me eché a un lado de la cama, no podía mirarlos así, pero si los escuché.
Me ardia la espalda y las nalgas, esa mujer debía estar muy enojada por la manera en que me golpeó. Después de un rato, levanté la cara ante el silencio. Los dos estaban dormidos.
Busqué una manta y me acurruqué en un rincón. Al cabo de un rato, también me quedé dormida.
Cuando desperté, ellos no estaban, me había quedado sola en la habitación, así que decidí tomar un baño en la tina, relajarme y no pensar.
“Debe de haberla llevado al aeropuerto, o algo asi”, me decia para mis adentros una y otra vez. Salí de la tina y las horas pasaban, miré televisión, y nada, tomé la manta de nuevo y me acurruqué en la cama, a pesar del baño, aun estaba adolorida…
Empezó a vencerme el sueño cuando los oi entrar, pero no me moví.
-¿Quién te dijo que podías usar la cama?- Gritó la mujer- Quitaté-
Mi Amo jamás me ha gritado, pero parece que ella tenía autorización para hacerlo.
Miré a Mi Amo y con un movimiento de la cabeza, me dijo que no me moviera de ahí, lo cual por supuesto, molestó a la mujer.
Cuando levanté la mirada, la vi llevando un collar, mis ojos se abrieron al verlo y busqué la mirada de Mi Amo, que como siempre, sabe lo que estoy pensado.
“¿Por qué ella trae collar y yo no?” Fue la pregunta en mi interior.
-Ella se lo ha ganado- Dijo Mi Amo.
-¿Así que quieres la cama? Pués acuéstate bien y separa las manos y las piernas.
Metió su mano en mi coño y al notar que estaba yo seca se dirigió a su maleta.
Sacó una bolsa con pinzas.
-De la cadera para arriba- Le indicó Mi Amo.
Agradecí que recordara lo mucho que me dañan las pinzas en las piernas.
La mujer colocó pinzas en mis labios, en mi cintura, en mis senos, en mis pezones y al final colocó una en el clítoris. Yo no quería moverme, por miedo a que se soltara una pinza y me doliera más.
La pinza en el clitoris empezaba a ser la mas dolorosa, sobre todo cuando la mujer la hacia oscilar.
Se desnudó y se sento en mi cara. De frente a mis piernas, Me costaba respirar.
Empezó a moverse y eso hacia que las pinzas bailaran haciendome sentir mas su presencia. Mientras mi lengua se metia en su coño lo mas posible.
La húmedad que ella despedía era increíble, y esta iba aumentado conforme quitaba las pinzas de mi cuerpo, con pequeños golpes que hacian que emitiera gemidos de dolor, era lo único que podía hacer, eso y llorar.
Justo cuando iba a quitar la pinza de mi clítoris, Mi Amo la detuvo, se acercó y quitó la última pinza con mucho cuidado… Se lo agradecí tanto...
Mi Amo se paró delante de ella, que seguía sobre mi cara, y El le metió la verga en la boca.
Mientras yo la cogia por el coño con la lengua, Mi Amo la follaba por la boca. Ambos se corrieron intensamente.
Después de limpiarlos a los dos, se metieron a bañar juntos, y yo me fui a mi rincón.
La mujer salió del baño y me dio el collar, no entendía que pasaba.
Soltó disimulada carcajada y me dijo en voz baja.
-Este collar, nunca será tuyo, sólo queria que lo miraras, nunca sentirás la satisfacción de estar antes que ninguna, te lo dirá, pero nunca lo verás, ahora ayúdame a ponérmelo.
-Eso a mi no me importa- le dije más por defenderme que porque en realidad no me importara.
-Mentira, te ocupa demasiado tiempo preocuparte si eres o no la favorita, y creo que ahora te queda claro… Desde el auto hasta esta noche, yo he sido la que esta a su lado.
Se levantó al oirlo salir del baño.
-Mira que linda, se ofreció a ayudarme a abrochar mi collar- Le dijo con una voz suave y mimosa.
Ambos se metieron en la cama, yo en mi rincón sólo sollozaba hasta que el sueño me venció…
-Vístete que es tarde- me despertó Mi Amo- hay que ir al aeropuerto.
¡Al fin se va! Me dije a mis adentros.
Lo más rápido que pude, hice mi maleta, y estuve lista, ya no me importó ir atrás, al cabo ella ya se iba y yo tendría todo el fin de semana con Mi Amo.
Llegamos al aeropuerto y cual no seria mi sorpresa cuando Mi Amo me dio mi boleto.
La mujer fue por un café y me quedé a solas con Mi Amo.
-¿Mi Amo?
-Dime.
-No entiendo.
-No hay nada que entender, tu te regresás a tu casa y yo me voy con ella de fin de semana, ¿Qué tiene eso de complicado para entender?
-¿No me dijo que tenía ganas de usar un juguete de manera diferente?
Tomandome de la barbilla, me dijo con una leve sonrisa en el momento que la mujer llegaba:
-Tú eres mi juguete y te usé de manera diferente ¿No es así?
Los altavoces llamaron a mi vuelo, tomé mi maleta y giré sobre mis talones para dirigirme a la sala de abordar…
-Chiquita, lo hiciste bien, estoy orgulloso.
Dió media vuelta y se fue con ella, yo caminé hacia mi vuelo, con la satisfacción de haberlo complacido.
Publicado el 02/07/07
monique[V]